Novedades editoriales

11 de mayo de 2011

Proyecto Djehuty


El proyecto

Excavación, restauración y publicación de las tumbas de Djehuty y de Hery, nos. 11 y 12 en Dra Abu el-Naga, una de las necrópolis de la orilla oeste de la antigua Tebas, en la región de Luxor. Se espera, además, que las tumbas sean abiertas al público una vez finalizados los trabajos.

Los trabajos durarán al menos unos cinco años. En invierno se llevará a cabo una campaña de trabajo de campo. El resto del año se analizarán y estudiarán en despachos, bibliotecas y laboratorios los materiales y la información recabada. Si bien la primera campaña será de un mes, febrero del 2002, las siguientes serán de dos meses.



Integrado por españoles y por egipcios. Desde el comienzo se concibió como un proyecto hispano-egipcio. La cooperación es, hoy más que nunca, un aspecto fundamental. Los miembros del equipo egipcio han sido elegidos y serán dirigidos por Mohamed el-Bialy, Inspector Jefe del Servicio de Antigüedades de la orilla oeste en Luxor. El equipo español se ha formado en torno a José Manuel Galán, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid. Tres de sus colaboradores provienen de la universidad de Sevilla: el profesor José Miguel Serrano, Margarita Conde y Antonio Morales. De la universidad de Salamanca procede Andrés Diego Espinel. Ana de Diego es de la universidad de Alcalá de Henares y Alicia Torija de la Complutense de Madrid.

Difusión

El proyecto pretende compartir sus investigaciones tanto con los especialistas egiptólogos del mundo, como con todos aquellos interesados en la egiptología y con los que sientan alguna curiosidad por saber más sobre la civilización del antiguo Egipto. Para los primeros, se tiene previsto publicar una monografía de carácter científico en lengua inglesa, además de artículos en revistas internacionales de egiptología y de comunicaciones en congresos. Para el público general se publicará un libro de carácter divulgativo en castellano, artículos en revistas de amplia difusión, así como notas de prensa de forma periódica. Previsiblemente, el proyecto hará público los resultados de sus investigaciones a través de Televisión (Antena 3 Temática).

Nuestra página web en Internet actualizará todos los días, durante el transcurso de las excavaciones, el Diario de Excavación on-line. Durante el resto del año, se actualizará aproximadamente una vez al mes, con el fin principal de mostrar el Progreso de las Investigaciones.


Historia del Proyecto (por José Manuel Galán): A comienzos del mes de diciembre del año 2000, viajé a Luxor buscando un proyecto de investigación que se adecuara a mis intereses, es decir, un proyecto que aunara el trabajo arqueológico y de restauración con el trabajo epigráfico y, a ser posible, que éste pudiera ser de cierta relevancia para el estudio de la historia del antiguo Egipto.

En mi búsqueda conté con la inestimable ayuda de Mohamed el-Bialy, Inspector Jefe del Servicio de Antigüedades de la orilla oeste en Luxor. Después de visitar juntos la decena de tumbas de nobles de la dinastía XVIII que formaban mi lista de posibles proyectos, él me mostró la tumba de Djehuty y de Hery en Dra Abu el-Naga. Inmediatamente estuvimos de acuerdo en que mostraban un enorme potencial y que, desde luego, bien merecían todos nuestros esfuerzos.

En enero del año 2001 el profesor Hans Goedicke me invitó a trabajar con él dos semanas en Baltimore. Entre otras cosas, nos dedicamos a buscar información en la bibliografía especializada sobre las dos tumbas y sus propietarios, con el fin de conocer los estudios que se hubieran podido realizar en el pasado. Tras comprobar cuán poco se había hecho y lo mucho que quedaba todavía por hacer, a comienzos de la primavera solicité al Servicio de Antigüedades de Egipto que me concedieran el permiso oficial para excavar, restaurar y publicar las tumbas de Djehuty y de Hery.


Desde el momento en que el Servicio de Antigüedades me concedió el permiso solicitado, en su asamblea del día 3 de abril, comenzó la no menos ardua tarea de buscar patrocinadores. El proyecto ha tenido la inmensa fortuna de contar como patrocinador con el apoyo anímico, logístico y económico de Telefónica Móviles. El equipo de Promoción Cultural de Telefónica Móviles ha colaborado de una forma inestimable. Además, han contribuido generosamente al proyecto la Fundación Telefónica y la Asociación Española de Egiptología.

Los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York el día 11 de septiembre y la incierta situación política que se vivió en otoño del año 2001 en Oriente Medio y en Oriente Próximo retrasaron algunas de la gestiones necesarias para la puesta en marcha del proyecto. Con la llegada del invierno paradógicamente se disiparon las nubes. En diciembre y en enero los preparativos alcanzaron un ritmo frenético. Ya sólo nos queda que la policía egipcia nos de el permiso de seguridad necesario para que la expedición se ponga en marcha.

Contecto histórico

Los inicios de la Dinastía XVIII

Los Hicsos y la "reconquista" tebana


La presencia en el norte de Egipto de las poblaciones denominadas hicsas se fue haciendo latente en todo el Delta oriental, ganando terreno desde Avaris y Menfis hacia el sur, hasta que bajo el rey Dedumesiu I (Dinastía XIII) controlaron la mayor parte del doble país. Estos hicsos eran poblaciones que anteriormente los egipcios habían denominado "asiáticas". A pesar de la imagen negativa que las fuentes posteriores, de origen tebano, proyectaron, hoy en día sabemos que en el plano político, económico, religioso y cultural, los hicsos levantaron grandes cimientos que serían retomados por la nueva dinastía nativa (XVIII) para dar inicio al Reino Nuevo.

A la vez que las poblaciones hicsas afianzaban su dominio en el norte, una nueva dinastía en el sur, la XVII, iniciaba sus intentos por controlar el Alto Egipto, donde parecen haber gobernado desde Elefantina hasta Abidos. Una lista de reyes bajo el nombre de Antef nos ha llegado como máximos exponentes de estos gobernadores de la ciudad de Tebas deseosos de tomar el control de todo el país. No será hasta la llegada de Seqenenre Tao II, llamado "el Bravo", cuando el conflicto directo entre tebanos e hicsos se abra, con los inicios de los primeros choques militares. Seqenenre Tao II tuvo por consorte a la reina Ahhotep I, quien sería considerada una figura clave en la historia de los inicios de la XVIII dinastía. Ella fue madre de dos príncipes tebanos que tomaron el poder real y lo llevaron a las máximas consecuencias tras deshacerse del control hicso en el norte: Kamose y Ahmose. La tumba de Seqenenre Tao aún no ha sido encontrada, aunque su momia se salvó del pillaje en época ramésida, cuando fue oculta junto a otras en el "cachette" de Deir el-Bahari. "La Disputa de Seqenenre y Apofis" es un relato que muestra el choque entre el rey hicso y el gobernante tebano, y nos ha llegado a través de una sola copia de época del rey Merneptah.


A Seqenenre le sustituye su hijo Kamose, quien accede al trono con una titulatura que anuncia un programa más agresivo contra los hicsos (uno de sus nombres de Horus sería "El que doblega las Dos Tierras"). De su reinado debemos destacar un texto del año 3, que nos ha llegado a través de dos estelas erigidas en Karnak, y una tablilla (llamada "Tablilla Carnavon"). De estas fuentes podemos deducir que Kamose inicia su ataque hacia el norte, enviando río abajo una expedición naval que llegaría hasta la región de Avaris. No se alcanzó la victoria total, pero el control hicso parece haber quedado muy debilitado.

A la muerte de Kamose, retoma el control y la presión sobre los hicsos su hermano Ahmose (ca. 1570 a. C.), quien inicia nuevos ataques en el año 11 de su reinado. Conquistó primero Menfis y después Avaris, y persiguió a los hicsos hasta la ciudad de Sharuhen, en el año 16.

La política interior a inicios de la dinastía XVIII

Tras la reconquista y la expulsión de la zona del Delta de las últimas poblaciones y tropas hicsas, Ahmose siguió con la reorganización del país. Las estructuras que existían desde el Reino Medio se mantuvieron y Ahmose inició una política de acercamiento a las familias de los principales gobernadores provinciales para ganarse su obediencia. Sin duda alguna, Ahmose confió los cargos importantes a dignatarios que hubieran apoyado con fidelidad la causa tebana. Tebas y el-Kab parecen haber funcionado como los verdaderos enclaves centrales en estos inicios del Reino Nuevo.

La nueva administración inicia el control de nuevo de la irrigación, evidentemente poniendo de este modo en funcionamiento el sistema fiscal, intentando recuperar las zonas que habían sido controladas por los hicsos. En el plano económico debemos ver cómo la apertura que Egipto vive a inicios del Reino Nuevo hacia el Próximo Oriente hará que numerosas materias primas lleguen hasta el país. Como consecuencia, se desarrolla la producción artística, como puede apreciarse, por ejemplo, en el mobiliario funerario de la reina Ahhotep o las estelas reales de Ahmose en Abidos y Karnak.


En cuanto a la construcción de grandes monumentos en el reinado de Ahmose, tenemos noticias de ciertos trabajos realizados en Buhen, en la Segunda catarata, y también sabemos que realiza trabajos de edificación en el templo de Amón en Karnak y en el de Montu en Armant. En el primero manda erigir varias estelas y construye una capilla o naos para la barca sagrada. También en el III pilono apareció una estela, llamada "Estela de la Tempestad" porque relata cómo Ahmose dio órdenes de reconstruir algunos edificios tras una gran tormenta que asoló parte del complejo religioso. Otra estela del III pilono, la "Estela de la Donación", nos habla de la concesión de un "Segundo sacerdocio de Amón" para la esposa de Amón, Ahmose-Nefertari. En Abidos manda construir dos cenotafios en adobe, uno para él mismo y otro para la reina Tetisheri. En el año 22 reabre las canteras de Tura, para atender las necesidades de piedra para la construcción de un templo a Ptah en Menfis y otro en Luxor. También sabemos a través de las últimas excavaciones en Avaris que el propio Ahmose inició una reedificación de este centro, como lo muestran restos de una plataforma y un palacio sobre lo que parece haber sido una fortificación hicsa.

En cuanto a los enterramientos de la época, las últimas excavaciones en la necrópolis de Dra Abu el-Naga han demostrado que existe una continuidad entre la dinastía XVII a los inicios de la XVIII, ya que la elite y los principales personajes de este período usarán el enclave de Naga como lugar de reposo, aunque aún las tumbas de algunos de estos reyes tebanos no han sido halladas.

Al igual que sus descendientes, su momia fue reubicada en el "cachette" de Deir el-Bahari y su tumba en Dra Abu el-Naga no ha sido encontrada. De su reinado debemos destacar además la presencia de una figura muy importante como consorte suya, la reina Ahmose-Nefertari, quien se convertirá en una de las mujeres -junto con Ahhotep- más interesantes a inicios del Reino Nuevo.

Contexto cultural

Constructores y artesanos de las tumbas


La comunidad de trabajadores especializados que residía en el pueblo de Deir el-Medineh eran los encargados de la construcción de las tumbas reales. Esta comunidad vivió aislada debido a la necesidad de ser discretos y guardar el secreto que imponía la construcción de las tumbas reales. Por ello, la comunidad respondía directamente ante el visir y era controlada por los Medjay, el cuerpo de guardias que vigilada la necrópolis real.


Las jornadas laborales tenían una duración variable, según las dimensiones de la tumba. La jornada de trabajo comenzaba al amanecer y duraba unas ocho horas, con una pequeña interrupción a las cuatro horas para trabajar. Los trabajadores se organizaban en equipos que trabajaban bajo la supervisión de una arquitecto. El equipo se subdividía en dos grupos que trabajaban simultaneamente bajo las órdenes de dos capataces. EL jefe del equipo, nombrado por el faraón mismo o por el visir, era el responsable del trabajo, comprobaba los motivos de las ausencias laborales de los trabajadores y trataba con el visir por mediación de un escriba. Los capataces tenían que inspecionar la distribución del material guardado en los almacenes y hacer la lista de los trabajadores presentes y ausentes. EL número de miembros del grupo no era fijo, pero por término medio oscilaba entre 30 y 60 personas, aunque esta cifra se podía incrementar hasta 120 personas.

Programa de construcción

Una vez que había sido elegido el lugar de construcción del enterramiento, se confiaba la ejecución del proyecto al arquitecto y los artesanos de Deir el-Madina: El primer paso cocnsistía en dibujar la planta de la tumba, especificando las características arquitectónicas así como la decoración, las pinturas y los textos que se representarían en las paredes. Las obligaciones de los trabajadores eran especializadas y complementarias: canteros, yeseros, escultores, dibujantes y decoradores trabajaban coco con codo y simultaneamente en una especie de cadena de montaje.


Los canteros eran los primeros en entrar en acción. Mientras progresaban las excavaciones que iban penetrando en la montaña, los yeseros alisaban las paredes de las zonas más cercanas a la superficie y colocaban una capa de muna, una especie de yeso obtenido a partir de aarcilla, cuarzo, piedra caliza y paja triturada., sobre la que aplicaban una capa más ligera de yeso, hecho de arcilla y piedra claiza, para acabar enjalbegando la pared con aljez disuelto en agua. La decoración, que era elegida por los sumos sacerdotes junto con el faraón, se confiaba a los artistas. La superficie a tratar se subdividía en numerosos cuadrados por medio de almagre y un cordel atado a un palo, con el fin de colocar correctamente las figuras y los textos, de manera que las porporciones se respetaran de acuerdo con los cánones establecidos. Los dibujantes trabajaban bajo la supervisión de un dibujante-jefe que hacía las correcciones necesarias en carboncillo. Después intervenían los escultores, que comenzaban a labrar la roca para obtener un bajorrelieve al que luego darían color los pintores.


La tumba

Las tumbas de Djehuty y de Hery están excavadas en la falda sur de la colina rocosa de Dra Abu el-Naga. La puerta de la tumba de Djehuty (nº 11) sirve también de entrada para la tumba de Hery (nº 12), pues su puerta permanece enterrada.

La tumba de Djehuty poseía originalmente un recibidor abierto y sin techo. El recibidor fue cerrado y techado por el Servicio de Antigüedades de Egipto en los años 60 para proteger los relieves, las inscripciones y la estatua de Djehuty que están esculpidos en sus paredes. Sobre una de ellas, se representa un banquete funerario que incluye un arpista seguido de un par de mujeres que cantan y marcan el ritmo con sistros. A ambos lados de la puerta original de la tumba se grabaron sendas estelas con una extensa inscripción biográfica de Djehuty.



La sala transversal también posee decoración en relieve, mostrando un variado repertorio de escenas acompañadas de inscripciones. En el suelo se excavó un pozo, y en una de las paredes laterales se abre una galería que conduce a la tumba de Hery. En la pared opuesta se abre otra galería que comunica con una esquina del recibidor. Esta galería está hoy llena de escombros, muy probablemente conteniendo momias de ibis y cerámica de época tardía.

El estrecho pasillo que conduce hasta el santuario del fondo también está decorado con relieves, representando la peregrinación fluvial hacia Abidos (donde se encontraba el templo principal de Osiris, rey de los difuntos), una escena de caza en el desierto, rituales realizados frente a la momia, etc.
El acceso al santuario del fondo, donde probablemente habrá una estatua de Djehuty sentado junto con su esposa, está cortado por una montaña de escombros que llega casi hasta el techo.


La tumba de Hery (nº 12), es anterior en el tiempo que la de Djehuty. El recibidor y la sala transversal no pueden verse en el estado actual de la tumba. Las paredes del pasillo que se dirigía hacia el santuario del fondo están decoradas con finos relieves, representando un banquete funerario, una cacería en el desierto, una procesión funeraria, etc.
La parte de la tumba donde debería encontrarse el santuario está lleno de escombros con huesos de animales (ibis) y cerámica rota. La sala tiene un pilar muy tosco, y se convierte en una galería que conduce de vuelta hacia el pasillo que une las dos tumbas. Todo este "anexo" sigue estando cubierto de escombros, con pozos y oquedades excavados en la roca.

En la obra fundamental de B. Porter & R. Moss, "Topographical bibliography of ancient Egyptian hieroglyphic texts, reliefs, and paintings", vol. I, publicada en 1927 y revisada en 1960, puede encontrase un plano y una descripción de las dos tumbas. Su plano, sin embargo, omite muchas detalles de interés. Por otro lado, la descripción comete el error de asignar a la tumba nº 11 de Djehuty objetos que sin duda proceden de la tumba de un homónimo que desempeñó el cargo de "supervisor de los países extranjeros del norte". Estos objetos fueron adquiridos en el siglo XIX en el mercado de antigüedades y algunos de ellos se exhiben hoy en el Louvre. Conviene tener presente que el nombre de Djehuty era muy común en aquella época, como así lo demuestra también la interesante tumba nº 110 en Abd el-Qurna.


Localización



Información

Web del proyecto

Revista Egiptología 2.0


Curso on-line



Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.