Novedades editoriales

23 de mayo de 2019

María José López: ''Las mujeres transmitían la legitimidad en el Egipto faraónico''


«La función de la mujer en el Antiguo Egipto era muy importante porque era ella quien transmitía la legitimidad dentro de la realeza. Un hombre para ser faraón tenía que estar casado con la princesa primogénita, es decir la primera hija nacida de la unión del faraón anterior y su esposa principal. Eso suponía que a veces se diera el caso que se unieran hermanos o medio hermanos entre sí». Lo explicó el pasado lunes la arqueóloga María José López-Grande (Madrid, 1958) en su primera conferencia dentro del ciclo 'Tardes amb la història', organizado por la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera (Amaef) en el Museo Monográfico de Puig des Molins.

En esta charla, la profesora del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid habló del papel de las reinas, las princesas reales, las esposas extranjeras y las concubinas. En el Antiguo Egipto «los faraones podía tener innumerables mujeres, lo que no significaba que a todas las conocieran carnalmente. A veces solo eran matrimonios nominales, fruto, por ejemplo, de acuerdos diplomáticos para estrechar lazos entre estados», detalló. Era el caso de las llamadas esposas extranjeras, «que venían de muy lejos acompañadas de un gran séquito que podía rondar entre las 150 y las 300 personas, lo que suponía un gran aporte cultural en cuanto a lengua, costumbres e indumentaria».

En esta primera charla sobre las mujeres en la realeza, López-Grande se refirió a figuras femeninas destacadas de la antigüedad egipcia como Mutenmuya, una princesa de Mitanni que llegó a Egipto como esposa diplomática y acabó convirtiéndose en esposa principal de Tutmosis IV. De esa unión nació Amenhotep III. «Este faraón lo que hizo fue inscribir en el templo de Lúxor unos textos y unas escenas que hacían ver que su madre había sido fecundada por el dios y no por el faraón y por eso, a pesar de ser una princesa real, tuvo legitimidad para gobernar», aclaró la arqueóloga. A esa estrategia había recurrido tiempo atrás la que fue la única faraón mujer de Egipto, Hatshepsut. De ella, la egiptóloga explicó que «era princesa real, se casó con un faraón medio hermano suyo y cuando murió asumió la regencia de un pequeño príncipe nacido de una esposa secundaria». En el templo de Deir el-Bahari inscribió en textos jeroglíficos que era hija del dios Amón, lo que la legitimó para ser faraón de la dinastía XVIII de Egipto.

López-Grande citó otras reinas del Antiguo Egipto como Tiyi, «que alardeó siempre del poder que tenía», Nefertiti, la esposa real de Akenatón, y Nefertari, que tuvo un papel «muy importante en la historia», al propiciar el cese de las hostilidades entre Egipto y el Imperio Hitita con su correspondencia diplomática al emperador Hattusili III y a su esposa, la también influyente emperatriz Puduhepa. Por supuesto, también habló de Cleoplatra VII, la última reina de Egipto, perteneciente a la dinastía de los Ptolomeos, «que defendió como pudo la independencia de Egipto frente al aplastante poder de Roma». Tras su muerte, en el año 30 a.C, Egipto se anexionó al Imperio Romano.

20 de mayo de 2019

El penúltimo misterio de Tutankamón


Hongos u orín de murciélago? Cuando la arqueología mundial empieza a prepararse para el centenario (en 2022) del descubrimiento más célebre de la arqueología, el de la tumba de Tutankamón, un nuevo misterio rodea al mausoleo. ¿Qué son esas manchas escampadas por todo el recinto?

Un equipo de especialistas del Getty Conservation Institute (GCI), poderosa organización cultural radicada en Los Angeles, emitió hace poco un informe en el que afirma que esos puntos oscuros que salpican las pinturas de la tumba real corresponden a hongos. De ser así, podría estar en peligro el estado de conservación de la fastuosa cavidad del Valle de los Reyes. ¿Qué hongos son? ¿Son nocivos para las maravillosas pinturas?

Sucede que esas mismas manchas ya fueron estudiadas en los años 90 por un profesor y químico barcelonés, Eduard Porta, que determinó que son orines de murciélagos oxidados, aunque también haya hongos.

En aquella época, la Egyptian Association of Antiquities (EAO) comisionó al experto catalán para investigar las condiciones de conservación de la tumba de Tutankamon de cara a su futura restauración. “Visité la tumba de Tutankamón varias veces, para discutir las necesidades de conservación y restauración de las pinturas y para preparar un programa sobre las acciones a realizar; primero, estábamos de acuerdo en que el tema más importante era conocer la composición y la procedencia de las manchas marrones que se ven por todas las paredes de la tumba. Esas manchas espeluznantes de color marrón son muy duras, sólidas, compactas y están bien adheridas a la pintura y las paredes originales, y presentan cristalizaciones sobre las pinturas cuando se observan con una lupa. Además, realizamos una prueba y nos dimos cuenta de que estas manchas eran extremadamente duras”. Las muestras fueron analizadas en los laboratorios de la Universitat de Barcelona, donde Porta era profesor.

Estas investigaciones fueron presentadas y publicadas en 1994 en un congreso de internacional sobre pintura egipcia en la Université Libre de Bruselas, por invitación de la Fundación Egyptologique Reine Elisabeth.

El científico también se preocupó de comparar el estado de la tumba en aquella época con las fotografías tomadas por los equipos del descubridor, Howard Carter, en 1922. Las manchas ya estaban, y fue el propio Carter quien dijo entonces que aquellas manchas eran hongos. Esta afirmación se ha ido replicando durante décadas por expertos y no tan expertos.

Hace ahora diez años, en 2009, el Supreme Council of Antiquities (SCA) egipcio, la máxima administración cultural del país, junto al instituto Getty, anunciaron el inicio de nuevos trabajos de restauración en la tumba de Tut. Porta les remitió su informe. Sin respuesta, pese a la buena relación que mantienen: durante seis años, Porta fue coordinador de la restauración de la tumba de Nefertari, esposa de Ramsés II, financiada por el GCI.

La fortaleza oriental del ejército del faraón, al descubierto


Los faraones no contaron con un ejército profesional y nacional hasta el reino nuevo, hacia el 1500 a.C. Hasta entonces las tropas eran más bien milicias controladas y armadas por patriarcas familiares, ya fueran alcaldes de pueblos o gobernadores de provincia. Cuando el monarca les necesitaba para emprender una campaña, sus cabecillas cedían a sus uniformados. Retazos de la historia castrense de los faraones acaban de aparecer en el norte de la península del Sinaí, la frontera oriental del imperio.

Una misión egipcia ha firmado el hallazgo de las ruinas de una fortaleza militar. Fueron levantadas durante la dinastía XXVI (664-525 a.C.), en tiempos de la última estirpe de faraones nativos que gobernaron el país antes de la conquista de los persas en el 525 a.C. Un siglo que la historia bautizó como período saita, porque la corte estableció su sede en la ciudad de Sais, emplazada en el delta del Nilo.

El descubrimiento ha arrojado luz sobre nuevas zonas del yacimiento de Tell el Kadwa. La labor de los arqueólogos ha rescatado los vestigios de lo que fueron las torres norte y sur de la fortaleza militar, construida en ladrillo de barro. Hace una década, otra expedición había desenterrado ya el muro oriental de la fortificación, considerado entonces el más antiguo de la historia egipcia.

La misión, no obstante, está aún lejos de concluir. El último castillo construido en el páramo llegó a tener 16 torres, de las que de momento solo han aparecido cuatro. Los vestigios de los castillos previos también ha comenzado a aflorar. Según Nadia Jedr, jefa del departamento del Bajo Egipto en el ministerio de Antigüedades, las tapias de las fortificaciones más vetustas tenían siete metros de anchura en comparación con los once metros de las más recientes.

El proyecto ha desvelado, además, que intramuros del recinto más antiguo se crearon estancias colmadas de arena, restos de cerámica y escombros con la intención más probable de mitigar la presión de los muros. A juicio de Jedr, las salas pudieron ser usadas también como almacenes de agua, un rasgo distintivo de la arquitectura saita.

La aparición de ambos muros ha dejado al descubierto otras partes del callejero del enclave, que habían permanecido más de dos milenios ocultas bajo la arena. Los miembros del equipo se han topado con restos de viviendas edificadas en el lado occidental del castillo. En el área, ha aparecido un fragmento de amuleto de fayenza (cerámica con un acabado vítreo) que lleva el nombre del rey de Psamético I, el fundador y primer rey de la dinastía.

13 de mayo de 2019

Piezas egipcias jamás vistas, en exhibición en Río de Janeiro


El Museo Nacional de Río de Janeiro presentó 27 piezas egipcias jamás vistas por el público, entre ellas los amuletos de la momia de Sha-amun-en-su, recuperadas tras el incendio que consumió al inmueble el año pasado y que acabó con buena parte de la memoria histórica de Brasil.

La colección egipcia del Museo, con 700 piezas, era considerada la mayor de América Latina, y hasta el momento solo se recuperó poco más de la tercera parte de la muestra.

Entre los objetos más representativos presentados hoy por el Museo están los amuletos de la sacerdotisa Sha-amun-en-su, cuyo féretro estuvo cerrado por más de 2,700 años, hasta el incendio de septiembre pasado.

Gracias a una tomografía de 2005 se identificó a los amuletos que acompañan a la sacerdotisa y reconocerlos de entre las piezas reencontradas durante las búsquedas adelantadas entre los escombros.

Los investigadores también recuperaron varias estatuillas, entre ellas la de la “Dama egipcia”, elaborada en piedra caliza entre los años 1,500 y 1,450 antes de Cristo y que representa a una mujer de élite trabajando.

Hasta el momento, el equipo de investigadores ya recuperó más de 2,700 piezas del museo, de las cuales 200 de la colección egipcia.

Luciana Carvalo, paleontóloga y una de las coordinadoras del núcleo de rescate del acervo científico del Museo, dijo que la mayor parte de las piezas encontradas estaba en el primer piso.

“No teníamos idea de cuánto podríamos rescatar. Pensamos que sería poca cosa”, aseguró la científica, quien señaló que el panorama cambió cuando el material acumulado tras el incendio comenzó a retirarse.

“Tuvimos la sorpresa de que las colecciones que estaban en el primer piso, y que eran constituidas por material un poco más resistente, sobrevivieron. Eso dio un aliento, una esperanza de que podríamos rescatar una gran parte de ese material”, explicó.

6 de mayo de 2019

Los sacerdotes que cuidaron el culto del faraón que imitó a su padre y construyó una pirámide a su lado


Permanecían desde hace más de cuatro milenios agazapados bajo la arena, a un tiro de piedra de las pirámides de Giza, una de las millas de oro de la Egiptología. Con el boato habitual, la tierra de los faraones ha anunciado este sábado el hallazgo del cementerio donde fue horadada la tumba de dos sacerdotes vinculados a Kefrén, el monarca cuya pirámide preside una de las mesetas más fotogénicas del mundo.

"Hay que entender una cosa. Todo lo que se descubre en esta necrópolis es importante porque es uno de los lugares más mágicos del planeta", arguye el controvertido Zahi Hawass, ex ministro de Antigüedades. A unos metros, asoma la oquedad que sepultaba, hasta ahora, la biografía de Behnui-Ka y Nwi Who, los dos sacerdotes que compartieron vida de ultratumba.

"Ambos fueron enterrados en la misma sepultura", reconoce a este diario Mustafa al Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades. El más agraciado por los cargos fue, sin embargo, Behnui-Ka. Desconocido hasta la fecha en el perímetro de Giza, el finado presumía de ser sacerdote de Maat -la diosa de la Verdad, la Justicia y la Armonía cósmica-, el funcionario judicial más veterano de la corte y purificador de los reyes Kefrén, Userkaf y Niuserre.

Nwi Who llegó a ostentar cinco títulos, entre ellos, el de supervisor de los nuevos asentamientos y el purificador de Kefrén. A ambos difuntos les unía su pleitesía al hijo de Keops, que construyó una pirámide de proporciones similares a la de su progenitor. En realidad, el monumento es unos metros más bajo que la Gran Pirámide pero fue edificado sobre una base rocosa, responsable última de su disfrazada superioridad.

La tumba de Behnui-Ka y Nwi Who es una suerte de panteón familiar. Un miembro de la misión egipcia encargada de firmar su hallazgo trabajaba a mediodía de este sábado en el angosto corredor de la sepultura, tallada en piedra caliza. Un tesoro que procede de la dinastía V (2500-2350 a.C.) y que guarda aún inscripciones y decoración junto a una estatua huérfana de información escrita de uno de los dueños de la tumba en compañía de su esposa y su hijo.

El descanso del dúo se halla en las faldas de un árido promontorio. Desde su cima, las pirámides, la última maravilla del mundo antiguo en pie, se divisan henchidas de esplendor. Iconos de la fiebre de la dinastía IV (2630-2500 a.C.) por construir sus cenotafios o tumbas encerrados bajo pirámides. "La tumba está conectada a ese período. Son sacerdotes que cuidaron del culto al rey. Ésta es una prueba de que la adoración a Kefrén se mantuvo al menos hasta la dinastía VI", replica Hawass.

1 de mayo de 2019

La tumba de una madre y su hijo, la huella de los últimos faraones en Asuán


Desde su muerte en 1957, un sencillo edificio de arenisca rematado con una cúpula alberga el cuerpo del Aga Khan III, líder religioso de la secta musulmana de los ismaelíes. No es el único que descansa sobre la colina con vistas al Nilo. Una misión italo-egipcia ha hallado ahora una tumba con 35 momias, difuntos de la época grecorromana, la última de los faraones.

Al enterramiento, horadado en la roca de la montaña, se accede por una escalera flanqueada por bloques esculpidos que conducen hasta las cámaras funerarias. La puerta, encontrada durante los trabajos de excavación, estaba sellada por un muro de piedra. La tumba, sin embargo, fue expoliada en la antigüedad.

La sepultura está ubicada en Asuán, a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo. "Es un descubrimiento muy importante porque añade información a una parte de la historia de Asuán que estaba perdida", comenta Patrizia Piacentini, profesora de Egiptología de la universidad de Milán y directora de la expedición que ha sellado el hallazgo.

Sus entrañas han arrojado el nombre de su propietario. Los fragmentos de un ataúd de madera contenían el nombre de su dueño, identificado como Tjt y arropado por invocaciones a las deidades de la primera catarata, Khnum, Satet y Anuket, y Hapy, el dios del Nilo. "Conocíamos tumbas y necrópolis que datan del segundo y tercer milenios pero no sabíamos dónde se hallaba la gente que vivió en los últimos tiempos de los faraones", desgrana la académica.

El enterramiento y sus moradores vivieron en una época que discurre entre el 332 a.C. y el 395 d.C. En la oquedad el equipo ha rescatado restos de una treintena de hombres, mujeres y niños. Cuatro de las momias fueron localizadas en una pequeña estancia y el resto en una sala en la que han aparecido también cadáveres de niños sepultados en un nicho lateral.

En la habitación se guardaban, además, objetos relacionados con el tráfico funerario como vasos de betún empleado en el embalsamamiento y una camilla realizada con madera de palma y lino. "Sobre la pared norte de una de las salas había una extraordinaria camilla intacta hecha de palma y lino, utilizada por la gente que depositaba las momias en la tumba", reseña Piacentini.

Los únicos cuerpos que sobrevivieron en condiciones aceptables, sin demasiados achaques, son dos momias que los arqueólogos creen que corresponden a una madre y su hijo. Una pareja que será ahora estudiada antes de ser devuelta a los confines de la tumba.

20 de abril de 2019

Abren al publico el templo de Opet en Luxor tras meses de restauración


Las autoridades egipcias han abierto al público tras nueve meses de restauración el templo de Opet, situado en el complejo del templo faraónico de Karnak, frente a la ciudad monumental de Luxor (sur).

El ministro de Antigüedades, Jaled al Anani, aseguró que durante la restauración se ha realizado un "trabajo continuo para limpiar el hollín negro que fue acumulado durante épocas por los residuos de aves y murciélagos".

Este proceso ha revelado por primera vez varias escenas, entre ellas las pinturas que muestran el rey Amenhotep III (1410-1372 a.C.) y su relación con las diosas, destacó Al Anani.

Los arqueólogos han usado materiales que no causan ningún daño a los colores del interior del templo, ahora abierto a los visitantes, indicó el ministro.

Por su parte, el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri, aseveró que el templo fue construido entre la época de Tutmosis III (1479-1425 a.C.) y su sucesor Amenhotep II (1427-1401 a.C.).

El templo de Opet se emplaza en Karnak, en Luxor, un gran museo al aire libre que acoge además el templo faraónico de Hatshepsut, así como el Valle de los Reyes, entre otros lugares emblemáticos.

Está dedicado a la diosa Opet, representada con la forma de un hipopótamo y reverenciada para pedir protección a las mujeres que estaban en proceso de dar a luz.

Egipto abre enterramiento "más grande" descubierto en la necrópolis de Luxor


El primer ministro egipcio, Mustafa Madbuli, inauguró hoy el acceso al enterramiento situado en la necrópolis de Dra Abu al Naga, cerca de Luxor, descubierto por una misión egipcia y considerado como el "más grande" de la orilla occidental de esta ciudad monumental.

En una ceremonia a la que han acudido responsables egipcios del Ministerio de Antigüedades y diplomáticos extranjeros en esta zona del sur de Egipto donde estaba la antigua Tebas, la capital de los faraones, el político expresó su "felicidad" con este nuevo descubrimiento, que convertirá el lugar en una "nueva atracción turística".

Este descubrimiento llega después de que la misión arqueológica egipcia removiera "los escombros acumulados de otras misiones extranjeras" durante más de 200 años que cubría toda la zona, según explicó el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri.

La misión pudo encontrar una cámara completa de adobe con un pozo profundo dentro de un pequeño patio de piedra en el medio del cementerio, lo que parece apuntar a que pertenece a la época ramésida (siglos XIII a XI a.C.) "por compartir muchas características con la necrópolis de Deir el Medina", también en Luxor, afirmó Waziri.

Dentro de las tumbas se halló "una gran colección de ushebtis", que se colocaban en la tumba de los difuntos para acompañarlos en la otra vida, de "diferentes tamaños y hechas de fayenza azul", y también se descubrió "un papiro escrito en hierático y envuelto en lino", indicó.

Waziri añadió que el enterramiento "se caracteriza por una serie de escenas coloridas y claras en las columnas de sus entradas que llevan textos en los que queda registrado los nombres y títulos de los propietarios de las tumbas", la mayoría pertenecientes a una clase alta de la sociedad.

En los últimos años, Egipto está realizando una serie de anuncios de descubrimientos con el objetivo de alentar el turismo, un sector que se vio seriamente afectado por los acontecimientos ocurridos desde 2011 en el país árabe.

9 de abril de 2019

Egipto convierte la apertura de un sarcófago en un espectáculo de televisión en directo


Lejos de preservar los límites de la investigación científica y su buena reputación, Egipto ha decidido alimentar el espectáculo en torno a la Egiptología, bendecida por una legión de fanáticos. La última prueba de la nueva política del régimen es haber celebrado a primera hora de este lunes la primera apertura de un sarcófago retransmitida en directo por televisión. Un hito firmado por Discovery Channel tras el desembolso de una cantidad de dinero que no ha sido desvelada.

Durante dos horas, el programa Expedition Unknown: Egypt Live ha emitido la apertura en riguroso directo para 95 países. Un espacio presentado por el estadounidense Josh Gates con el controvertido egiptólogo Zahi Hawass como maestro de ceremonias. Fuentes del ministerio de Antigüedades egipcio dijeron desconocer el evento a pesar de contar con la presencia del secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades Mustafa al Waziri y la confirmación de la cadena de haber establecido una cooperación.

Pese a las repetidas consultas, las autoridades no han proporcionado a este diario información sobre la suma de dinero pagada por el canal de televisión para un show que ha tenido como escenario una red de cuarenta tumbas descubiertas recientemente por una misión de arqueólogos en la rural Minya, a unos 250 kilómetros al sur de El Cairo. La corrupción ha sido durante décadas un sello de la administración egipcia.

En los últimos años, el ministerio ha desarrollado una auténtica obsesión por hacer caja con los periodistas acreditados en El Cairo que solicitan acceso a las misiones arqueológicas extranjeras o la realización de reportajes en museos. Un afán recaudador marcado por la más absoluta opacidad que, a pesar de su voracidad, no ha tenido ningún efecto en el penoso estado de limpieza de los principales monumentos del país y la falta de formación del personal encargado de su custodia.

Convertir los nuevos hallazgos y la investigación científica en un circo mediático, al alcance del mejor postor, es la última tendencia de las autoridades. Con un gran despliegue de cámaras y siempre bajo los focos, Hawass y Gates se han deslizado este lunes por la geografía del enterramiento para destapar un sarcófago de piedra que albergaba la momia de un alto sacerdote egipcio que habitó la tierra de los faraones hace 2.500 años.

Una "aventura" en la que ambos han abonado la expectación dando pábulo a las supuestas maldiciones de quienes profanaban las tumbas y ensalzando la singularidad de una apertura cuando cada año se hallan y abren decenas de enterramientos en el país. "Nunca en mis cincuenta años de carrera he experimentado algo a esta escala. Este hallazgo es muy especial y totalmente único. Esto es lo que me mantiene. Lo que me hace sentir joven y vivo", ha declarado quien fuera el máximo responsable del patrimonio local durante las postrimerías de la dictadura de Hosni Mubarak.

Una onubense entre los arqueólogos que investigan en las pirámides egipcias de Giza


Cristina Morales. Todo lo que rodea a la civilización egipcia ha llevado siempre un halo de misterio, debido a lo llamativo de sus vestimentas, lo arriesgado de sus construcciones y la innovación que siempre estuvo presente en sus inventos y enseres cotidianos. Victoria Almansa Villatoro es una joven onubense de 28 años que siempre soñó con ser egiptóloga y participar, de primera mano, en las excavaciones en tierras egipcias. Un cómic de Asterix y Ovelix que le regaló su abuelo, y en el que las aventuras se desarrollaban junto a Cleopatra, fue su primer contacto con esta cultura y la mecha que encendió la llama de su inquietud por esta civilización. Vicky, como le gusta que le llamen, lleva desde sus inicios participando en varios museos y proyectos que tratan de conocer más sobre las pirámides de Egipto.

Estudió el Grado de Historia en la Universidad de Sevilla, donde además realizó un curso sobre Lengua y Escritura Egipcia Jeroglífica. Siempre tuvo clara su formación, por lo que, incluso antes de empezar la carrera, entró en contacto con el mundo de la investigación, pues con 17 años acudió todas las tardes durante casi un año al laboratorio de Arqueología de la Universidad de Huelva para ayudar a los arqueólogos. El último cursó de grado disfrutó de una beca Erasmus en Sicilia, entrando en contacto con varios proyectos. La onubense se graduó en 2013 y, nada más terminar sus estudios, se marchó a Pisa para hacer una especialización, el Máster de Orientalística y Egiptología en la Universidad de la ciudad italiana de dos años de duración. Además, también ha participado en varias excavaciones y proyectos en otras ciudades como Turín.

Actualmente reside en Providence, en la costa este de Estados Unidos, ya que es estudiante del tercer año de doctorado en el departamento de Egiptología y Asiriología de la Brown University. Entre sus tareas como doctoranda se encuentran servir de asistente para determinadas asignaturas del departamento y en el próximo año se encargará de impartir su propio curso de lengua egipcia. Precisamente, en estos últimos meses, ha estado inmersa en un trabajo de campo en Giza (Egipto), participando en la campaña de 2019 del Giza Plateau Mapping Project. Aunque ha participado en diversas excavaciones, lo cierto es que se considera más filóloga que arqueóloga, ya que su especialidad es el lenguaje egipcio antiguo y la escritura jeroglífica.

En dicho proyecto, la onubense está excavando el Templo a Valle de Micerinos, en el que ya ha conseguido importantes hallazgos. Entre los mayores descubrimientos de la campaña destaca la Ciudad Perdida de los Trabajadores de Giza, un yacimiento en el que se excavaron las casas y tumbas de las personas que participaron en la construcción de las grandes pirámides. Con un detallado estudio de su dieta y objetos de vida cotidiana, el proyecto determinó que estas personas se trataban de trabajadores cualificados y miembros de una clase social alta. Por lo tanto, la teoría del empleo de esclavos y látigos en la construcción de las pirámides (o incluso extraterrestres) que comúnmente se ha estudiado en el colegio, queda completamente descartada.

Todas las pirámides por regla general tienen un templo superior junto a la pirámide, y una calzada que baja hasta el nivel del Nilo donde se situaba el templo a Valle de Menkaura (IV dinastía) que es interesante por la presencia de casas que fueron construidas posteriormente (VI dinastía), decretos reales en piedra, y el descubrimiento de cuatro estatuas que representan uno de los ejemplos más bellos y mejor conservados del arte egipcio del Reino Antiguo, las tríadas de Menkaura, y la díada de Menkaura junto a una mujer. El grupo en el que participa Victoria Almansa, investiga justo la zona donde esas estatuas aparecieron entre 1909 y 1910. El templo fue excavado por primera vez por la expedición de Reisner, profesor en Harvard, y el Museum of Fine Arts de Boston. Una vez que terminó su excavación, lo cubrió enteramente de arena para su conservación, como es práctica común en la arqueología egipcia. Ahora este grupo, en el que está inmersa la onubense, trata de levantar esa arena y volver a sacar a la luz el templo, para realizar un nuevo estudio.

La egiptóloga nunca imaginaba participar en un proyecto de tal magnitud, ya que se están consiguiendo grandes avances y hallando informaciones de interés, lo que ha hecho que tenga una gran repercusión mediática. El director de este proyecto y del grupo Ancient Egypt Research Associates (AERA), al que pertenece la onubense, Mark Lehner, es uno de los arqueólogos más famosos de Estados Unidos y actualmente la mayor autoridad en cuanto a las pirámides, la esfinge y otros yacimientos en Giza. Lleva excavando en esa zona desde hace más de 40 años, consiguiendo volver a participar en grandes descubrimientos en el propio campo, algo muy complicado ya que pocos proyectos extranjeros consiguen concesiones arqueológicas en la meseta de Giza. Para conocer mejor su trayectoria y su participación en este último proyecto, hablamos directamente con la egiptóloga onubense Victoria Almansa Villatoro.

Revista Egiptología 2.0


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