Novedades editoriales

20 de abril de 2019

Abren al publico el templo de Opet en Luxor tras meses de restauración


Las autoridades egipcias han abierto al público tras nueve meses de restauración el templo de Opet, situado en el complejo del templo faraónico de Karnak, frente a la ciudad monumental de Luxor (sur).

El ministro de Antigüedades, Jaled al Anani, aseguró que durante la restauración se ha realizado un "trabajo continuo para limpiar el hollín negro que fue acumulado durante épocas por los residuos de aves y murciélagos".

Este proceso ha revelado por primera vez varias escenas, entre ellas las pinturas que muestran el rey Amenhotep III (1410-1372 a.C.) y su relación con las diosas, destacó Al Anani.

Los arqueólogos han usado materiales que no causan ningún daño a los colores del interior del templo, ahora abierto a los visitantes, indicó el ministro.

Por su parte, el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri, aseveró que el templo fue construido entre la época de Tutmosis III (1479-1425 a.C.) y su sucesor Amenhotep II (1427-1401 a.C.).

El templo de Opet se emplaza en Karnak, en Luxor, un gran museo al aire libre que acoge además el templo faraónico de Hatshepsut, así como el Valle de los Reyes, entre otros lugares emblemáticos.

Está dedicado a la diosa Opet, representada con la forma de un hipopótamo y reverenciada para pedir protección a las mujeres que estaban en proceso de dar a luz.

Egipto abre enterramiento "más grande" descubierto en la necrópolis de Luxor


El primer ministro egipcio, Mustafa Madbuli, inauguró hoy el acceso al enterramiento situado en la necrópolis de Dra Abu al Naga, cerca de Luxor, descubierto por una misión egipcia y considerado como el "más grande" de la orilla occidental de esta ciudad monumental.

En una ceremonia a la que han acudido responsables egipcios del Ministerio de Antigüedades y diplomáticos extranjeros en esta zona del sur de Egipto donde estaba la antigua Tebas, la capital de los faraones, el político expresó su "felicidad" con este nuevo descubrimiento, que convertirá el lugar en una "nueva atracción turística".

Este descubrimiento llega después de que la misión arqueológica egipcia removiera "los escombros acumulados de otras misiones extranjeras" durante más de 200 años que cubría toda la zona, según explicó el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri.

La misión pudo encontrar una cámara completa de adobe con un pozo profundo dentro de un pequeño patio de piedra en el medio del cementerio, lo que parece apuntar a que pertenece a la época ramésida (siglos XIII a XI a.C.) "por compartir muchas características con la necrópolis de Deir el Medina", también en Luxor, afirmó Waziri.

Dentro de las tumbas se halló "una gran colección de ushebtis", que se colocaban en la tumba de los difuntos para acompañarlos en la otra vida, de "diferentes tamaños y hechas de fayenza azul", y también se descubrió "un papiro escrito en hierático y envuelto en lino", indicó.

Waziri añadió que el enterramiento "se caracteriza por una serie de escenas coloridas y claras en las columnas de sus entradas que llevan textos en los que queda registrado los nombres y títulos de los propietarios de las tumbas", la mayoría pertenecientes a una clase alta de la sociedad.

En los últimos años, Egipto está realizando una serie de anuncios de descubrimientos con el objetivo de alentar el turismo, un sector que se vio seriamente afectado por los acontecimientos ocurridos desde 2011 en el país árabe.

9 de abril de 2019

Egipto convierte la apertura de un sarcófago en un espectáculo de televisión en directo


Lejos de preservar los límites de la investigación científica y su buena reputación, Egipto ha decidido alimentar el espectáculo en torno a la Egiptología, bendecida por una legión de fanáticos. La última prueba de la nueva política del régimen es haber celebrado a primera hora de este lunes la primera apertura de un sarcófago retransmitida en directo por televisión. Un hito firmado por Discovery Channel tras el desembolso de una cantidad de dinero que no ha sido desvelada.

Durante dos horas, el programa Expedition Unknown: Egypt Live ha emitido la apertura en riguroso directo para 95 países. Un espacio presentado por el estadounidense Josh Gates con el controvertido egiptólogo Zahi Hawass como maestro de ceremonias. Fuentes del ministerio de Antigüedades egipcio dijeron desconocer el evento a pesar de contar con la presencia del secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades Mustafa al Waziri y la confirmación de la cadena de haber establecido una cooperación.

Pese a las repetidas consultas, las autoridades no han proporcionado a este diario información sobre la suma de dinero pagada por el canal de televisión para un show que ha tenido como escenario una red de cuarenta tumbas descubiertas recientemente por una misión de arqueólogos en la rural Minya, a unos 250 kilómetros al sur de El Cairo. La corrupción ha sido durante décadas un sello de la administración egipcia.

En los últimos años, el ministerio ha desarrollado una auténtica obsesión por hacer caja con los periodistas acreditados en El Cairo que solicitan acceso a las misiones arqueológicas extranjeras o la realización de reportajes en museos. Un afán recaudador marcado por la más absoluta opacidad que, a pesar de su voracidad, no ha tenido ningún efecto en el penoso estado de limpieza de los principales monumentos del país y la falta de formación del personal encargado de su custodia.

Convertir los nuevos hallazgos y la investigación científica en un circo mediático, al alcance del mejor postor, es la última tendencia de las autoridades. Con un gran despliegue de cámaras y siempre bajo los focos, Hawass y Gates se han deslizado este lunes por la geografía del enterramiento para destapar un sarcófago de piedra que albergaba la momia de un alto sacerdote egipcio que habitó la tierra de los faraones hace 2.500 años.

Una "aventura" en la que ambos han abonado la expectación dando pábulo a las supuestas maldiciones de quienes profanaban las tumbas y ensalzando la singularidad de una apertura cuando cada año se hallan y abren decenas de enterramientos en el país. "Nunca en mis cincuenta años de carrera he experimentado algo a esta escala. Este hallazgo es muy especial y totalmente único. Esto es lo que me mantiene. Lo que me hace sentir joven y vivo", ha declarado quien fuera el máximo responsable del patrimonio local durante las postrimerías de la dictadura de Hosni Mubarak.

Una onubense entre los arqueólogos que investigan en las pirámides egipcias de Giza


Cristina Morales. Todo lo que rodea a la civilización egipcia ha llevado siempre un halo de misterio, debido a lo llamativo de sus vestimentas, lo arriesgado de sus construcciones y la innovación que siempre estuvo presente en sus inventos y enseres cotidianos. Victoria Almansa Villatoro es una joven onubense de 28 años que siempre soñó con ser egiptóloga y participar, de primera mano, en las excavaciones en tierras egipcias. Un cómic de Asterix y Ovelix que le regaló su abuelo, y en el que las aventuras se desarrollaban junto a Cleopatra, fue su primer contacto con esta cultura y la mecha que encendió la llama de su inquietud por esta civilización. Vicky, como le gusta que le llamen, lleva desde sus inicios participando en varios museos y proyectos que tratan de conocer más sobre las pirámides de Egipto.

Estudió el Grado de Historia en la Universidad de Sevilla, donde además realizó un curso sobre Lengua y Escritura Egipcia Jeroglífica. Siempre tuvo clara su formación, por lo que, incluso antes de empezar la carrera, entró en contacto con el mundo de la investigación, pues con 17 años acudió todas las tardes durante casi un año al laboratorio de Arqueología de la Universidad de Huelva para ayudar a los arqueólogos. El último cursó de grado disfrutó de una beca Erasmus en Sicilia, entrando en contacto con varios proyectos. La onubense se graduó en 2013 y, nada más terminar sus estudios, se marchó a Pisa para hacer una especialización, el Máster de Orientalística y Egiptología en la Universidad de la ciudad italiana de dos años de duración. Además, también ha participado en varias excavaciones y proyectos en otras ciudades como Turín.

Actualmente reside en Providence, en la costa este de Estados Unidos, ya que es estudiante del tercer año de doctorado en el departamento de Egiptología y Asiriología de la Brown University. Entre sus tareas como doctoranda se encuentran servir de asistente para determinadas asignaturas del departamento y en el próximo año se encargará de impartir su propio curso de lengua egipcia. Precisamente, en estos últimos meses, ha estado inmersa en un trabajo de campo en Giza (Egipto), participando en la campaña de 2019 del Giza Plateau Mapping Project. Aunque ha participado en diversas excavaciones, lo cierto es que se considera más filóloga que arqueóloga, ya que su especialidad es el lenguaje egipcio antiguo y la escritura jeroglífica.

En dicho proyecto, la onubense está excavando el Templo a Valle de Micerinos, en el que ya ha conseguido importantes hallazgos. Entre los mayores descubrimientos de la campaña destaca la Ciudad Perdida de los Trabajadores de Giza, un yacimiento en el que se excavaron las casas y tumbas de las personas que participaron en la construcción de las grandes pirámides. Con un detallado estudio de su dieta y objetos de vida cotidiana, el proyecto determinó que estas personas se trataban de trabajadores cualificados y miembros de una clase social alta. Por lo tanto, la teoría del empleo de esclavos y látigos en la construcción de las pirámides (o incluso extraterrestres) que comúnmente se ha estudiado en el colegio, queda completamente descartada.

Todas las pirámides por regla general tienen un templo superior junto a la pirámide, y una calzada que baja hasta el nivel del Nilo donde se situaba el templo a Valle de Menkaura (IV dinastía) que es interesante por la presencia de casas que fueron construidas posteriormente (VI dinastía), decretos reales en piedra, y el descubrimiento de cuatro estatuas que representan uno de los ejemplos más bellos y mejor conservados del arte egipcio del Reino Antiguo, las tríadas de Menkaura, y la díada de Menkaura junto a una mujer. El grupo en el que participa Victoria Almansa, investiga justo la zona donde esas estatuas aparecieron entre 1909 y 1910. El templo fue excavado por primera vez por la expedición de Reisner, profesor en Harvard, y el Museum of Fine Arts de Boston. Una vez que terminó su excavación, lo cubrió enteramente de arena para su conservación, como es práctica común en la arqueología egipcia. Ahora este grupo, en el que está inmersa la onubense, trata de levantar esa arena y volver a sacar a la luz el templo, para realizar un nuevo estudio.

La egiptóloga nunca imaginaba participar en un proyecto de tal magnitud, ya que se están consiguiendo grandes avances y hallando informaciones de interés, lo que ha hecho que tenga una gran repercusión mediática. El director de este proyecto y del grupo Ancient Egypt Research Associates (AERA), al que pertenece la onubense, Mark Lehner, es uno de los arqueólogos más famosos de Estados Unidos y actualmente la mayor autoridad en cuanto a las pirámides, la esfinge y otros yacimientos en Giza. Lleva excavando en esa zona desde hace más de 40 años, consiguiendo volver a participar en grandes descubrimientos en el propio campo, algo muy complicado ya que pocos proyectos extranjeros consiguen concesiones arqueológicas en la meseta de Giza. Para conocer mejor su trayectoria y su participación en este último proyecto, hablamos directamente con la egiptóloga onubense Victoria Almansa Villatoro.

8 de abril de 2019

La reina que recuperó su nombre y lugar en la historia cuatro milenios después


Los faraones siguen guardando secretos. Enigmas, algunos, tan insondables hasta ahora como la identidad de quienes recorrieron los pasillos de la corte. En las inmediaciones de la pirámide del monarca Dyedkara, una misión egipcia ha hallado los vestigios de Setibhor, una reina que vivió a finales de la V dinastía, hace más de cuatro milenios.

Su nombre ha asomado repentinamente en una columna de granito rojo de la zona sur de un complejo piramidal hasta ahora anónimo. El recinto se halla a un tiro de piedra de la pirámide de Dyedkara Isesi, el penúltimo faraón de la dinastía V, que reinó entre el 2380 y el 2342 a.C. La presencia del monumento en la necrópolis real de Saqqara, a unos 25 kilómetros al sur de El Cairo, había sido un quebradero de cabeza para los egiptólogos durante las últimas décadas.

Un interrogante resuelto ahora por un columna hallada en una zona porticada del complejo, recientemente desenterrada. Su nombre está tallado en relieve en el eje de la columna. "La que ve a Horus [dios del cielo, la caza y la guerra, representante del Bajo Egipto] y Seth [deidad del caos, la sequía y el desierto representante del Alto Egipto], grande del Cetro, grande en alabanzas, esposa del rey, la querida Setibhor", reza la inscripción.

La columna que ha unido las piezas junto a bloques de piedra caliza y fragmentos de decoración en relieve del templo de la reina se encontraron fortuitamente durante los trabajos de exploración y documentación del complejo piramidal de Dyedkara. La estructura de Setibhor es una de las primeras pirámides levantadas a finales de la V dinastía en el sur de Saqqara y el mayor de los monumentos funerarios construidos para una reina en el imperio antiguo.

Un plano que arroja sorpresas. Su templo funerario, sin ir más lejos, despliega estancias y elementos arquitectónicos como columnas palmiformes que, hasta ahora, se creían reservadas para los reyes del imperio antiguo. Los expertos sostienen que la magnitud de su recinto y su título sugieren que Setibhor desempeñó una papel destacado en la corte. Tal vez, barruntan, intervino para ayudar a su marido Dyedkara a acceder al trono. A cambio, el monarca le construyó un complejo fastuoso para su vida de ultratumba.

Reconstruir la existencia de Setibhor y reivindicar una memoria hasta ahora extraviada no ha sido el único logro de la expedición. En el mismo cementerio de Saqqara, se han topado con la tumba de un noble. Un dignatario llamado Khuwy que vivió durante la misma época que la reina y su esposo. Una oquedad en forma de L que también ha sorprendido a los miembros del equipo, asistido por expertos internacionales.

"En la pared norte de la tumba, la misión ha localizado la entrada a una subestructura única, la primera vez en la que se muestra un plano inspirado por el diseño de las subestructuras de las pirámides reales de la dinastía V", apunta Mustafa el Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades.

Unas estancias que se inician con un pasadizo descendente que conduce hasta un vestíbulo. En el muro sur una entrada conecta con una antecámara que guarda aún una decoración que representa al dueño de la tumba sentado frente a una mesa de ofrendas. En las paredes este y oeste aparecen dibujadas un listado de ofrendas y la fachada de un palacio. Más allá, se encuentra una pequeña estancia usada como almacén, atestado de derrumbe, y una cámara funeraria huérfana de decoración.

"Parece que el espacio de la estancia fue ocupado casi por completo por un sarcófago de piedra caliza, que fue destruido totalmente por ladrones de tumbas en la antigüedad", indica Mohamed Megahed, jefe de la misión arqueológica. A pesar de la acción de los cazatesoros, el equipo ha rescatado los restos humanos del noble, con rastros aún de momificación. "El hallazgo de esta tumba subraya la importancia de la era de Dyedkara y el final de la dinastía V", arguye Megahed.

Su equipo ha aplicado, además, un remozado a la pirámide de Dyedkara. Una labor de consolidación y restauración de la que jamás había disfrutado hasta la fecha. Excitada por los hallazgos, la misión continuará en busca de nuevas pesquisas sobre un periodo de la historia egipcia que fue protagonista de una rápida mutación de las ideas y creencias religiosas, con el final de la tradición de construir de templos solares y la aparición del Texto de las Pirámides en el interior de las pirámides de los monarcas.

Artículo: Francisco Carrión.

3 de abril de 2019

Egiptología 2.0 nº15 (abril 2019)


Bienvenidos al Nº 15 de la Revista Egiptología 2.0, correspondiente al mes de abril de 2019. Abrimos este nuevo número con un interesante artículo de Ildefonso Robledo Casanova: ‘‘El Juicio de los Muertos en el antiguo Egipto.’’

En su obra “Isis y Osiris” Plutarco nos ha transmitido una valiosa información acerca del mito de Osiris, antiquísimo monarca que según la leyenda habría traído la civilización al Valle del Nilo. Asesinado por su hermano Seth, que sentía envidia de él y ansiaba usurpar su trono, Osiris habría de retornar de nuevo a la vida gracias a los poderes mágicos de Isis, su esposa y hermana, que contó con la ayuda de Anubis y Thot.

Los Misterios de la muerte y resurrección de Osiris, habrían de ofrecer desde entonces a los hombres la esperanza de una vida eterna en el Más Allá. Convertido Osiris tras su vuelta a la vida en Señor del Reino de los Muertos habrían de producirse diversos enfrentamientos entre su hijo Horus, que pretendía vengar a su padre y acceder al trono en cuanto heredero legítimo y Seth, su tío. Se ha conservado un texto, que hoy conocemos como “Las aventuras de Horus y Seth”, fechado en los tiempos de Ramsés V, si bien su origen posiblemente haya que remontarlo a los tiempos del Reino Medio, en el que se narran las disputas entre los dos dioses por la herencia de Osiris. En el mismo se nos ofrece una rica información acerca del Gran Juicio que con ese motivo se celebró en el Tribunal de los Dioses (la Enéada), que estuvo presidido por Atum, el Gran Dios Primordial, llamado Señor Universal en el texto.

En la sección de entrevistas, hablaremos con José Miguel Parra Ortiz: Doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid y poseedor de diversos años de experiencia en la investigación y conocimiento del Reino Antiguo. Además, es colaborador asiduo en revistas como Historia y Vida o National Geographic. Con el fin de saber más sobre su última publicación editorial y conocer su visión sobre temas como las perspectivas de futuro de las campañas de excavación españolas, los retos de la Egiptología o incluso el debate acerca de la tumba de Cleopatra, nos ha concedido esta entrevista.

Marta Pérez nos hablará de la abeja en el antiguo Egipto, conoceremos el proceso histórico de continuidad y evolución de la Religiosidad egipcia de la mano de Julio López Saco, Cláudia Barros nos explicará si Egipto era un posible “mercado” de esclavos, nos adentraremos en el templo de Nefertari en Abu Simbel con Sandra Pajares Sotillo, Heródoto de Halicarnaso nos explicará en qué consistía el festival de Opet, daremos un breve paseo por la literatura egipcia con Alberto Fernández Boo, Gerardo P. Taber nos ofrecerá una mirada a la obra de Ahmed Abdel-Wahab en la Bibliotheca Alexandrina, degustaremos la comida del antiguo Egipto con María Isabel Cubas, visitaremos la gran exposición temporal: ‘‘Toutânkhamon, le Trésor du Pharaon’’ y finalizaremos recorriendo el templo de Qasr el-Agiz con Bartomeu Egea Resino.

Todo ello junto con nuestros contenidos habituales y la primera parte de un artículo especial de Alfonso Daniel Fernández: ‘‘El lenguaje astronómico como subtexto del discurso mitológico en el antiguo Egipto’’.

Sumario

6. Entrevistas - José Miguel Parra: ‘‘Este libro es fruto del deseo de hacer accesible a la gente un conocimiento que en muchas ocasiones iba a quedar fuera de su alcance’’.

9. Testimonios del pasado - El Zodiaco de Dendera.

13. Mitología - El Juicio de los Muertos en el antiguo Egipto.

26. Vida cotidiana - La abeja en el antiguo Egipto.

29. Religión - Religiosidad egipcia: un proceso histórico de continuidad y evolución.

37. Sociedad - Egipto, un posible “mercado” de esclavos de la Antigüedad?.

46. Arquitectura - El templo de Nefertari en Abu Simbel.

51. Mitología - El festival de Opet en el antiguo Egipto.

58. Textos religiosos - Un breve paseo por la literatura egipcia.

63. Arte - Una mirada a la obra de Ahmed Abdel-Wahab en la Bibliotheca Alexandrina.

70. Vida cotidiana - La comida en el antiguo Egipto.

74. Exposiciones - Toutânkhamon, le Trésor du Pharaon (Tutankhamón, el tesoro del faraón).

79. Hoy viajamos a... - Templo de Qasr el-Agiz.

84. Especiales - El lenguaje astronómico como subtexto del discurso mitológico en el Antiguo Egipto (Primera Parte).

113. Novedades editoriales - Los oasis de Egipto / La tumba de Tutankhamón.

115. Noticias - Noticias destacadas del trimestre.

Descargar - Egiptología 2.0 nº15 (abril 2019).

25 de marzo de 2019

Tutankamón ocupa París con 150 piezas de su tumba


París acoge lo que algunos llaman el regreso de la momia: 150 objetos de la tumba de Tutankamón –50 de ellos salen por primera vez de Egipto- serán expuestos hasta septiembre en 2.000 metros cuadrados de la Grande Halle de La Villette. Un tesoro colosal, valorado en mil millones de dólares y que además se desplaza por última vez –en total, diez escalas que no incluyen España-, antes de instalarse en su domicilio definitivo, el nuevo Gran Museo de Egiptología de El Cairo, que abrirá entre los próximos años 2020 y 2022.

Como lo exige la financiación moderna de tales establecimientos, e incluso el propio valor económico de lo expuesto, el periplo es rentable: el nuevo museo cairota percibirá un porcentaje del total recaudado en cada ciudad.

En ese sentido, la escala francesa promete. Hace más de medio siglo, una muestra más pequeña –45 piezas, 25 de las cuales regresan ahora– inauguró la era de las exposiciones de record Guinness, con su millón doscientos mil visitantes y la parafernalia de guías audio, catálogo de lujo y productos derivados- que se volvería usual.

Joyas de oro, esculturas, vendas de oro de la momia, un ataúd en miniatura, los guantes de lino bordados que protegieron las manos del rey niño, una “figura de Horus, bajo los trazos de un halcón solar, descubierta en el ángulo sudeste de la cámara, detrás de un carro”, serán expuestos esta vez “desde un punto de vista egipcio, con la sensibilidad de un pueblo, de una nación, sobre su propia historia”, según el doctor Mostafa Waziry, secretario general del Consejo Supremo de las Antigüedades, en El Cairo.

Estrella del viaje, la pieza más difícil de transportar es el Guardián, estatua de 1,90 metros, hallada delante de la cámara funeraria. Es la primera vez que esta pieza imponente, realizada hace 33 siglos, de madera, bronce y resina negra, sale del museo egipcio en el que la dejó Carter.

Tanta complejidad obligó al ministerio egipcio de antigüedades a recurrir a IMG, el mayor organizador de acontecimientos culturales y deportivos del mundo, con el que había colaborado, ya, en el 2005, en otra exposición viajera. Juntos acordaron “luego de largas y difíciles negociaciones”, el valor conjunto de las obras. IMG pactó luego con un consorcio de 22 compañías, coordinadas por Lloyd’s of London, los seguros. Y en la escala parisina, Francia garantiza la seguridad de las obras.

18 de marzo de 2019

El Museo Egipcio de Barcelona, como un faraón con sandalias nuevas


Como las botas de Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, esas sandalias de hoja de palma que ahora lucen enmarcadas en una vitrina del Museo Egipcio de Barcelona también estaban hechas para caminar. O, como mínimo, para dar esquinazo a Jordi Clos, coleccionista infatigable e impulsor de la Fundación Arqueológica Clos que llevaba casi dos décadas persiguiendo sin éxito tan exquisita pieza del Reino Nuevo. «Todos los museos las querían», relativiza ahora que las zapatillas, fechadas entre el 1550 y el 1070 antes de Cristo e ideadas como parte de un ajuar funerario, ya han ingresado oficialmente en su colección y en los fondos del Museo Egipcio de Barcelona.

Es más: las sandalias forman parte de un «conjunto excepcional» que el museo barcelonés acaba de adquirir, justo a tiempo para celebrar por todo lo alto su XXV aniversario, en la casa de subastas Pierre Bergé & Associés de París. «Febrero es un mes poco propicio para las subastas, así que hemos tenido menos competencia», celebra Clos mientras descubre las vitrinas que agrupan los 18 objetos recién llegados.

Es ahí donde reciben, a la espera de encontrar su ubicación definitiva,piezas de gran valor histórico y cultural como un vaso de alabastro con el nombre de la reina-faraón Hatshepsut y un tubo que contenía kohl, cosmético utilizado por los egipcios como pintura ocular, y en el que figura nada menos que el nombre del faraón Amenhotep III.Otro de los objetos destacados, explica el conservador del museo, Luis Manuel Gonzálvez, es una placa que acogía elementos asociados al ritual de apertura de la boca y en la que se conserva un cuchillo peseshkef del 2.300 antes de Cristo. Nada comparable, sin embargo, a las dos estatuas de sacerdotes que, según Gonzálvez, enriquecerán el relato escultórico del museo y completan los alrededores del poder faraónico.

Se trata, detalla el conservador, de dos estatuas de piedra calcárea de sacerdotes que «ayudaron a llevar a cabo la función sagrada del faraón». En concreto, una corresponde a Gemefsetkap y se duda de si procede del Reino Antiguo o de una época muy posterior, cuando durante las las dinastías XXV y XXVI se intentó imitar el esplendor pasado.

La otra, incompleta, reproduce a un sacerdote del dios Montu que, y ahí está lo excepcional, luce la característica piel de leopardo que vestían ritualmente los sacerdotes. «Es la única pieza del museo en la que podemos apreciar tan característica indumentaria», destaca Gonzálvez.

Los muros del templo de Tutmosis III empiezan a asomar de debajo de la arena


En el undécimo año de trabajo en el yacimiento del Templo de Millones de Años de Tutmosis III, la misión dirigida por la arqueóloga española Myriam Seco ha concluido las excavaciones que dejan por fin al descubierto los muros exteriores de un monumento olvidado en los años 30 y engullido por la arena.

“Es una noticia muy buena que hayamos terminado de excavar las terreras fuera de los muros perimetrales”, asegura a Efe Seco en referencia a las excavaciones que se llevan a cabo en el exterior del templo (1490-1436 a.C.), ubicado en la ciudad monumental de Luxor, en el sur de Egipto.

“Hemos avanzado muchísimo, todavía queda una gran parte por excavar, pero el interior del templo se puede terminar en pocos años y ya hemos empezado con la musealización”, dice la arqueóloga antes de participar en un acto sobre arqueología organizado ayer por el Instituto Cervantes de El Cairo.

La española lleva desde 2008 liderando la misión que asumió el desafío del que el suizo Hebert Ricke desistió en los años 30 del siglo pasado, tras lo cual el templo de Tutmosis III quedó abandonado, olvidado y enterrado bajo la arena del desierto de Luxor, en la orilla occidental del Nilo, donde se encuentran una gran cantidad de monumentos del Antiguo Egipto.

Aunque la misión se concentra actualmente en la terraza superior del templo del “faraón guerrero”, en la campaña arqueológica del pasado otoño fueron excavadas también dos tumbas nuevas de una de las tres necrópolis que se han descubierto hasta el momento en el yacimiento.

Entre las necrópolis, destaca una en la que fueron enterradas 50 personas de estrato social bajo que vivieron durante la XI Dinastía (2150-1990 a.C.) y cuyas tumbas no fueron saqueadas, puesto que su humilde condición nunca llamó la atención de ladrones o cazatesoros.

“Estamos encontrando ajuares intactos que nos están dando mucha información”, explica Seco, refiriéndose a dicha necrópolis. Por otra parte, la sevillana destacó que una de las zonas del templo más destacadas, el segundo patio, se ha terminado de excavar en su totalidad y se está trabajando para hacerla accesible al público.

Los restos del astillero naval de los últimos faraones


Bajo la arena quedaron las huellas del lugar donde los últimos faraones construyeron sus barcos. Una misión egipcia ha hallado los restos de un astillero naval en los confines de un yacimiento arqueológico del norte de la península del Sinaí. Un pequeño tesoro formado por vestigios de madera y clavos de hierro y bronce que arroja luz sobre la historia naval del antiguo Egipto.

Unas tapias levantadas con piedra caliza, delimitando la planta de los edificios, ha desempolvado la geografía del taller donde se ensamblaban y reparaban embarcaciones durante la época ptolemaica. Los Ptolomeos reinaron la tierra de los faraones durante tres siglos, entre el 320 a.C. y el 30 a.C. cuando la conquista romana finiquitó su dominio.

El lugar donde se forjaron los últimos navíos del Egipto faraónico se ubica en la ladera sur del asentamiento de Tel Abu Saifi, en el norte del Sinaí y en el emplazamiento donde más tarde se construyó la fortificada ciudad romana de Sila.

Sobre la tierra se han hallado dos oquedades de estructura rectangular empleadas para reparar y construir los buques. La de mayores dimensiones -de seis metros de ancho- está emplazada al este y compuesta por dos paredes paralelas que se extienden hacia el sur, en dirección hacia las aguas de un lago y un ramal del Nilo que desaparecieron después.

Una agonía que también condenó al astillero. Según Nadia Jadr, responsable del departamento de arqueología marina, la mayoría de los grandes bloques de piedra caliza fueron arrancados de sus ubicaciones originales y reutilizados en épocas posteriores cuando el puerto extravió su función.

La existencia de las cuencas no han sido las únicas pesquisas de la otrora floreciente actividad que habitó el árido páramo. Del interior de las cuencas el equipo de arqueólogos locales ha rescatado restos de madera en descomposición, los últimos rastros de las tablas empleadas en la reparación o los residuos de balsas y navíos. También han aparecido a varios metros bajo tierra clavos de hierro y bronce de diferentes formas y tamaños que una vez, hace más de dos milenios, sirvieron para dar forma a los barcos.

No son, sin embargo, los únicos hallazgos que han aflorado durante la excavación. La misión se ha topado, además, con amuletos de peces del Nilo y una pequeña colección de cerámica local e importada. Vasijas que ha sobrevivido en perfecto estado y que levantan acta de la vida que protagonizó el cercano puerto de Abu Usifi, descubierto en la década de 1990, en vísperas de la conquista romana.

Cerrado al turismo y los periodistas, el norte del Sinaí -donde el ejército egipcio libra una batalla contra la sucursal local del autodenominado Estado Islámico- es un terruño que oculta aún tesoros. Su orografía escarpada y a orillas del mar Rojo, puente entre África y Asia, fue la ruta empleada por Egipto para viajar hacia el Levante desde tiempos prehistóricos. Célebre por sus canteras de cobre y turquesas y de ecos bíblicos, la península es un filón arqueológico que aguarda tiempos mejores.

En 2013 una misión franco-egipcia halló los restos de un importante puerto faraónico en el que, en época del faraón Keops, atracaban los barcos con sus bodegas repletas de bronce y otros minerales procedentes del Sinaí. Las cuevas horadadas en la roca, las cuerdas de aquellos navíos, las anclas de piedra y varias decenas de papiros -los más antiguos hasta la fecha- ayudaron a dibujar el primer puerto de la historia. Una pieza más del puzzle que cuenta el modo en el que los egipcios se echaban a la mar.

Artículo: El Mundo.

Revista Egiptología 2.0


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