Novedades editoriales

17 de septiembre de 2018

Descubren una esfinge de arenisca de hace más de dos mil años en Egipto


Un grupo de arqueólogos egipcios ha descubierto una esfinge de arenisca en un templo del Valle de Asuán, mientras retiraban el agua acumulada en la excavación del lugar, según informa el Ministerio de Antigüedades de Egipto.

La esfinge fue encontrada en templo de Kom Ombo, una ubicación que ha permitido a los expertos datar la escultura. Probablemente pertenece a la época ptolemaica (323-30 a.C.), ya que se encontró en el lado sureste del templo en cuestión, el mismo lugar donde fueron encontrados hace un par de meses dos relieves de piedra arenisca del rey Ptolomeo V.

Abdel Moneim Saeed, director general de Antigüedades en Aswan, ha informado que la misión llevará a cabo más estudios arqueológicos para conocer más información sobre la recién descubierta esfinge.

Además, Moneim Saeed ha señalado que los dos relieves están grabados de piedra arenisca con inscripciones jeroglíficas y demóticas y, tras su descubrimiento, fueron trasladados al Museo Nacional de Civilización Egipcia en Fustat para su conservación y para formar parte de la colección del centro.

9 de septiembre de 2018

La tumba de Mehu, un poderoso visir que vivió en Egipto hace 4.300 años, abre al público por primera vez


La tumba de Mehu, un poderoso visir que vivió hace 4.300 años en la época de los primeros faraones egipcios, ha sido abierta al público por primera vez. Se encuentra en la zona de las pirámides de Saqara, al suroeste de El Cairo.

Los frescos de vivos colores, los bajorrelieves y bellas inscripciones jeroglíficas hacen de esta tumba "una de las más bonitas y más completas" del Imperio Antiguo, ha destacado el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Mustafa Waziri, en declaraciones a periodistas.

La tumba, descubierta en 1940, se ubica a un centenar de metros de la pirámide escalonada de Zoser, el monumento de piedra más antiguo del mundo y el más importante de Saqara, la necrópolis de la antigua ciudad de Menfis, la capital de los primeros faraones.

El propietario de la tumba, Mehu, fue visir durante el reinado del faraón Pepi I (2325-2150 a.C.), al inicio de la VI dinastía, lo que le granjeaba amplios poderes, como ser jefe del palacio real o el superior de los jueces, según ha explicado el renombrado arqueólogo Zahi Hawas.

El experto ha asegurado que la tumba es "única" porque gracias a ella se ha descubierto que el dios Jentiamentiu también era venerado en la zona del delta del Nilo y no solo en el Alto Egipto, como se creía antiguamente. Los jeroglíficos del enterramiento muestran que ese dios tenía una "conexión personal" con Mehu, según ha relatado Hawas, lo que da fe de la importancia que tuvo este visir en su época.

No en vano, el enterramiento tiene unas dimensiones dignas de la realeza, 500 metros cuadrados repartidos en cuatro cámaras completamente decoradas y un amplio patio descubierto.

Mehu también recibió el privilegio de poder enterrar a su hijo y su nieto en el mismo sitio, algo que no podían hacer la mayoría de los nobles de la época, por lo que podría considerarse como "una tumba real", en palabras de Waziri.

Las paredes de las cámaras y pasillos están pintadas con ricos frescos que ilustran escenas de la vida diaria del Antiguo Egipto, como la danza, la pesca y la caza o la fabricación de piezas de oro.

3 de septiembre de 2018

Un incendio consume el Museo Nacional de Río, uno de los más antiguos de Brasil


Un incendio de grandes proporciones ha consumido durante la noche del domingo el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, la más antigua institución científica y de historia natural del país, creado por el rey Juan VI en junio de 1818, cuando Brasil aún era una colonia de Portugal. El recinto tenía una colección de 20 millones de piezas, desde momias egipcias, adquiridas por el emperador Pedro I, al fósil más antiguo de América Latina, encontrado en Brasil, conocido como Luzia, de casi 12.000 años de antigüedad. En la mañana de lunes, el fuego ya era considerado controlado y los bomberos se preparaban para entrar en el local para evaluar las perdidas.

El centro guardaba también la mayor y más importante colección indígena y la biblioteca de antropología más rica del país. Las llamas empezaron alrededor de las 19.30 (00.30 hora española), cuando el público visitante ya se había retirado. Todavía no se conocen las causas del accidente, sin embargo, el Museo Nacional sufría por falta de apoyo financiero para la manutención básica de sus actividades. Las imágenes aéreas en la televisión muestran el palacio en la Quinta da Boa Vista completamente tomado por el fuego y la dificultad de los bomberos para controlar el incendio. Antes de servir para exposiciones, el edificio fue casa de la familia real portuguesa.

El museo no recibía integralmente los 100.000 euros que necesitaba para su manutención desde hace cuatro años, según informes de la prensa brasileña. Al menos 10 de los 30 espacios de exposición estaban cerrados y solo 1% de la colección estaba expuesta al público. En este año, la institución llegó a cerrar sus puertas durante 10 días después de una huelga de los empleados responsables de la limpieza del local que reclamaban sueldos atrasados. Desde 1946, el Museo Nacional está asociado a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), que desde hace tres años también estaba sometida a recortes de presupuesto, como consecuencia de la crisis financiera de Río de Janeiro.

El incendio ha conmocionado al país y a la comunidad científica que vio en el incendio el reflejo de la negligencia de Brasil con su memoria. “Es una catástrofe insoportable”, lamentó Luiz Fernado Dias Duarte, subdirector del Museo Nacional. “Son 200 años de memoria, ciencia, cultura y educación, todo perdiéndose en el humo por falta de apoyo y conciencia de los políticos brasileños”, dijo Duarte en una entrevista a la televisión. Su desahogo encuentra apoyo en la realidad. Cuando el museo cumplió 200 años, el pasado junio, ningún ministro de Estado aceptó la invitación para asistir a la ceremonia. La dirección del museo negociaba con el Banco Público de Fomento (BNDES) fondos para su manutención, incluso con un programa de prevención de incendios. Pero el fuego llegó antes que la ayuda.

28 de agosto de 2018

El contenido del sarcófago más grande del mundo sale a la luz


El pasado mes de julio un equipo de arqueólogos descubrieron un sarcófago de granito negro en Alejandría (Egipto). La tumba no había sido abierta nunca; en su interior encontraron los restos de tres cuerpos.

Hasta el 19 de agosto, diversos arqueólogos y conservadores se acercaron al centro de conservación donde residen los hallazgos para estudiar los malolientes restos. El Ministerio de Antigüedades de Egipto ha anunciado por medio de un comunicado que, además, tres pequeñas piezas de oro con dibujos se descubrieron en el interior del sarcófago.

La revista científica «Live Science» se puso en contacto con diversos expertos que no participan en la investigación para consultarles el significado de los dibujos descubiertos, ya que los arqueólogos del ministerio no hiceron comentarios en el comunicado sobre el sentido de las imágenes.

El primero de ellos se trata del dibujo de una serpiente, que no tiene capa. Las serpientes sin capa «tienen connotaciones de renacimiento (ellas mudan su piel) y esto resultaba perfecto para una conexión funeraria», explicó Jack Odgen, el presidente de la Sociedad de Historiadores de Joyería. Además, Odgen añadió que «se relacionaban con la diosa Isis».

Otro dibujo muestra una rama de palma de trigo, los cereales eran «motivos decorativos comunes relacionados con la fertilidad y el renacimiento», explicó Ogden.

Sin embargo, el dibujo más enigmático muestra lo que podría ser la vaina de una amapola de opio dentro de un santuario, pero no está clara el significado del símbolo.

Además, uno de los cuerpos presentaba una incisión en el cráneo de 1,7 centímetros de diámetro, correspondiente a una trepanación. Una práctica médica muy habitual en la antiguedad, ya que se creía que podía ser la cura de una gran variedad de enfermedades. «Se trata de la cirugía más antigua que se conoce desde la prehistoria, pero es raro encontrarlo en Egipto», ha apuntado Zeinab Hashish, un experto en esqueletos que trabaja para el ministerio.

También avanzaron en las investigaciones de los tres esqueletos. Una mujer que tenía entre 20 y 25 años cuando murió y dos hombres que rondaban los 30 o 40 años en el momento de su muerte.

Descubren un antiguo papiro egipcio que describe una prueba de embarazo


Un equipo de expertos está trabajando para interpretar los manuscritos no publicados que forman parte de la Colección Papyrus Carlsberg ubicada en la Universidad de Copenhague (Dinamarca). Uno de los documentos encontrados ha revelado la discusión médica más antigua sobre los riñones, diversos tratamientos para enfermedades oculares y la descripción de una prueba de embarazo, según ha informado «Live Science».

En el antiguo Egipto para averiguar si una mujer se había quedado embarazada debía orinar en dos bolsas, una que contenía trigo y otra que contenía cebada, según reza el papiro, el sexo del niño estaría determinado por qué grano brotó primero, y si ninguno brotó, la prueba era considerada negativa.

Una prueba de gran similitud fue descubierta en un texto medieval alemán datado en 1699. La investigadora del proyecto, Sofie Schiødtexplicó que «muchas de las ideas plasmadas en los documentos médicos del antiguo Egipto aparecen también en textos griegos, romanos y posteriores, extendiendose hasta la Edad Media del Medio Oriente».

La extensa colección incluye aproximadamente 1.400 manuscritos, la mayoría de los cuales datan del año 2.000 a.C., una gran parte de estos textos no han sido traducidos desde su donación a la universidad en 1939.

Junto a la información médica, los documentos contienen referencias a astronomía, botánica y astrología. Los papiros científico-médicos de Egipto son escasos y la traducción de estos textos podrían proporcionar información de gran valor sobre los fundamentos de la ciencia y la medicina en el mundo antiguo.

6 de agosto de 2018

Continúa el misterio de la tumba de la esposa de Tutankamón


El Valle de los Reyes es un cementerio del antiguo Egipto donde se encuentran las tumbas de la mayoría de los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX (Imperio Nuevo). Antes de construir la cripta cavaban agujeros donde depositaban ofrendas. En la zona oeste del Valle, un equipo de arqueólogos ha descubierto recientemente una colección de estos «depósitos», sin rastro de la tumba.

En el año 2010, se encontraron cuatro de estos almacenes cerca de la tumba del rey Ay (el último marido de Anjesenamón, la viuda del rey Tutankamón). En su interior permanecían un jarrón pintado de azul, cuchillos con asas de madera y la cabeza de un bovino. Las excavaciones en la zona se renaudaron en enero de 2018 tras un escáner en el Valle de los Reyes en el que se observaba un extraño vacío que podría indicar la entrada a la tumba.

La cercanía de los depósitos a la tumba del rey Ay, ha planteado la posibilidad, según da cuenta «Live Science», de que se trate del mausoleo a la reina Anjesenamón, esposa del rey Tutankámon.

El equipo de arqueólogos, dirigidos por Zahi Hawass —ex ministro de antigüedades—, cavó en el lugar donde el radar indicaba que podría estar ubicada la entrada a la tumba, pero no encontraron nada. Hawass comentó durante una conferencia en el Royal Ontario Museum de Toronto en 2013 que estaba convencido de que aún quedan más sepulcros reales por descubrir: «La tumba de Tutmosis II y deRamsés VIII aún no se han encontrado».

A pesar de este pequeño fracaso, el equipo de Hawass continúa excavando. «Mi experiencia con el radar me ha enseñado que el aparato no ha hecho nunca un descubrimiento en Egipto», ha señalado el líder del proyecto. El uso del radar demostró en 2016 ser problemático en ese terreno. Un escaneo mostró una cámara oculta en la tumba de Tutankamón, que pruebas posteriores desmintieron.

La gran mayoría de descubrimientos en el Valle de los Reyes se realizaron mucho antes de que inventara este artefacto. Howard Carter fue el responsable de localizar la tumba de Tutankamón en 1922, tras largos años de intensas excavaciones. En 2014 un equipo suizo-egipcio encontró una cámara llena de restos momificados de príncipes y princesas —la tumba KV 40—, que fue localizada por primera vez en 1899. Y

El Templo de Debod, tercer verano consecutivo cerrado al público por problemas de temperatura


A los habituales carteles de «cerrado por vacaciones» que cuelgan durante el mes de agosto en comercios y locales de hostelería, este verano, por tercer año consecutivo, hay que sumar otro en una de las atracciones turísticas de la capital: el de «cerrado por problemas técnicos» del Templo de Debod, que no admite visitas. Ésa es la explicación que consta en la página web del Ayuntamiento de Madrid sobre el edificio. En realidad, el problema es la climatización del Templo, que no acaba de arreglarse.

Desde 2016, este templo que Egipto le regaló a España en 1968, ha encadenado multitud de cierres por problemas de temperatura. Ese año, el Gobierno municipal de Ahora Madrid ya comprometió una partida presupuestaria de 200.000 eurospara las cuentas de 2017, destinada a subsanar el problema, pero el conflicto que el Ayuntamiento, liderado por la alcaldesa, Manuela Carmena, mantuvo con el Ministerio de Hacienda por haber incumplido sistemáticamente la regla de gasto impidió que la pudiera ejecutar a tiempo. La partida, incluida en las Inversiones Financieramente Sostenibles (IFS), fue una de las que retuvo el departamento del ministro deHacienda por aquel entonces, Cristóbal Montoro, ante la «desobediencia» del equipo del Palacio de Cibeles.

Un retraso que en Ahora Madrid no esperaban. Pero el caso es que una vez zanjada la polémica económica con el Gobierno central, tampoco retomaron el asunto en los plazos establecidos. El Consistorio preveía empezar las obras de climatizacióndel Templo de Debod el pasado mes de marzo y que estuvieran listas para este verano, pero no fue hasta el 11 de junio, según confirman fuentes municipales, cuando se comenzó a subsanar la incidencia, por lo que el tiempo se ha echado encima y en estos meses de calor no se abrirá al público el emblemático edificio.

La propia alcaldesa indicó en la última comisión de Cultura, área de la que es responsable, que la nueva reapertura, ya con la avería arreglada, está prevista para febrero de 2019, aunque su equipo cree que quizás sea antes. «Con estas obras se renueva el sistema de climatización averiado en 2011 y que ha obligado a cierres temporales cuando las temperaturas eran extremas», indica el Ayuntamiento, que heredó el problema cuando llegó a Cibeles. Además, recuerdan que también «se está preparando una renovación de la museografía».

Cita con la momia de la mala suerte


“¿Propósito de la visita?”. Tengo una cita con una momia. La funcionaria del control de inmigración del aeropuerto de Gatwick ha alzado una ceja y me ha observado fijamente retándome a que le siguiera tomando el pelo. Pero, aunque me retracto en seguida para no buscarme líos (bastante apuro es llevar en el pasaporte aún un visado para Siria), es verdad: tengo una cita en Londres con una momia. Y no una cualquiera, sino la famosa momia de la mala suerte. A la que se le han atribuido muertes y calamidades sin cuento (?) y hasta el hundimiento del Titanic, una maldición en toda regla, vamos, que se adelantó a la de Tutankamón. Ir a encontrarse con ella, con la momia, puede considerarse periodismo de alto riesgo, me digo (¿deberían subirme las dietas?), y, aunque de natural escéptico, no las tengo todas conmigo.

En realidad, la momia de la mala suerte, aunque siempre se la ha denominado así, The Unlucky Mummy (recítese con la voz de Boris Karloff o Lon Chaney Jr., añadiendo al final un “uuuuuuh), no es una momia sino una cubierta antropomorfa de madera y yeso pintado que se colocaba dentro del ataúd sobre el cuerpo embalsamado para preservar su aspecto de cara a la eternidad y que tiene los rasgos de una mujer. El objeto se encuentra en el British Museum donde forma parte de la colección de antigüedades egipcias con el número de identificación 22542, que, recalquémoslo, suena al Lote número 249, el terrorífico relato canónico de momias malignas de sir Arthur Conan Doyle. Mide 1,62 metros, tiene vivos colores (lo único vivo, esperemos), está cubierto de inscripciones jeroglíficas, con conceptos solares y osiríacos, lo corriente en estos casos, y representa a una persona de alta alcurnia, seguramente una sacerdotisa, con peluca, un gran collar y las manos colocadas de una manera extraña, emergiendo horizontalmente de su pecho y con las palmas mirando hacia afuera.

A la momia de la mala suerte se le achaca, además de rondar por el museo, incluso a horas intempestivas, haber provocado la muerte o la miseria de sus sucesivos propietarios y también de los que trataron de trazar la historia de sus maldades, entre ellos algún notable periodista (así que valórese el riesgo de este reportaje). Personajes famosos que se han relacionado con la momia son Arthur Conan Doyle, Henry Rider Haggard, que escribió sobre el caso, W. B. Yeats, o Henry Stanley, amigo del primer propietario. También han tenido que ver con ella la Golden Dawn y el Ghost Club. En 1921, el mismísimo The Times publicó un artículo que recogía la especie de que quien interfería con la dichosa momia se ponía en peligro, “tal es la virulenta naturaleza de la princesa”.

Llegado a la estación Victoria, me dirijo al museo en un autobús típico de dos pisos como el que persiguen las momias en The Mummy returns, por ir creando ambiente. Mis instrucciones son acceder al centro, dirigirme al departamento de Antigüedades de Egipto y Sudán “y llamar al timbre” para encontrarme con la joven egiptóloga suiza y responsable de exposiciones (ha comisariado la que actualmente se exhibe en CaixaForum en Barcelona, Faraón, con fondos del British), Marie Vandenbeusch. El acceso al departamento es una puerta con código en medio de la escalera este. Me abren al pulsar un intercomunicador y decir mi nombre, como si fuera un garito ilegal. Vandenbeusch se muestra muy amable pero tiene poco tiempo (y menos para momias malditas) así que me lleva a paso de carga a la sala 62 (“Egyptian Death & Afterlife, Mummies”) de la sección egipcia del museo. Y de repente ya estamos frente a la vitrina tras la que está 22542, la momia perversa.

Pues no da mucho mal rollo, oye. “¿Qué esperabas, que te saltara encima?”, dice la egiptóloga con sorna. No sé, “una espeluznante chispa de vitalidad, algún débil signo de conciencia en los ojos que acechan en las profundidades de las órbitas vacías”, como describía a la momia que le perseguía Smith Abercrombie en el mencionado relato de Conan Doyle. “Es una pieza muy bonita. No hay nada misterioso ni siniestro en ella”. La dama pintada, que tiene los ojos enormes –esos ojos que dicen que se mueven para seguirte por la sala-, nos mira sin perder detalle de la conversación y con cara de no haber roto nunca un plato. La cartela a sus pies es muy somera, solo dice: “Tablero de momia pintado de una mujer sin identificar. Finales de la 21 dinastía-principios de la 22, alrededor de 950-900 antes de Cristo. Procedente de Tebas”. Y da un apunte de la decoración: discos solares alados, la diosa Nut flanqueada de pájaros-ba y muchas pequeñas imágenes de divinidades. Nada de la maldición y las muertes que perturbaron tanto a la sociedad victoriana y luego eduardiana y la hicieron tan escalofriantemente célebre. De hecho la mayoría de los visitantes (las egipcias son las salas más populares del British Museum) pasan por delante sin detenerse. ¡Si supieran quién es la que los mira! Habría que contar toda la historia, ¡el morbo que le daría a la exhibición! Marie me observa fijamente cuando se lo comento, y suspira. Mira su reloj, se resigna a que va a perder la hora del almuerzo conmigo y con la momia (a mí no me parece que seamos tan mala compañía).

“En el catálogo del museo”, explica, “se ofrece algo más de información”. El objeto fue comprado por unos viajeros ingleses (cuatro o cinco según las fuentes) entre 1860 y 1870. Se dice que dos recibieron heridas graves en sendos accidentes con armas y los otros vieron mermadas sus fortunas. Mrs. Waewick Hunt, hermana de uno de los viajeros, Arthur E. Wheeler, heredó la pieza de éste, pero al meterla en casa, por lo visto, sus ocupantes sufrieron una serie de catastróficas desdichas. La mismísima Madame Helena Blavatsky, la teósofa, detectó una “influencia maléfica” en el objeto y urgió a la propietaria a deshacerse de él: de esa forma llegó donada al museo en 1889, en un interesante lote que incluía varios cocodrilos momificados y una mano de momia que aún llevaba un anillo.

La historia más remarcable de la pieza es la de que viajaba a bordo del Titanic y que su presencia provocó la catástrofe. “Es innecesario decir que no hay nada de verdad en todo eso”, recalca Marie, en la línea oficial del museo. Ciertamente, acuerdo, si la momia hubiera viajado en el Titanic no estaría ahora aquí delante nuestro, o alguien se acordaría de haberla visto subiendo a uno de los (insuficientes) botes salvavidas. Pero nadie oyó gritar “¡las mujeres, los niños y las momias primero!”. Marie debe tener hambre porque parece impaciente. “La momia nunca ha salido del museo excepto para una exposición temporal en Taiwan en 2007”. Me pregunto qué secreto designio habría en enviarles la momia de la mala suerte a los pobres taiwaneses que sin duda habrían preferido la piedra de Rosetta. Quien sí viajaba en el Titanic era W. T. Stead, otro periodista (!), editor y espiritista, que fue uno de los que propagaron los rumores de la malignidad de la momia. Stead se ahogó en el naufragio: eso es predicar con el ejemplo.

“Se han dado muchas opiniones sobre la identidad de la difunta (la iconografía y el color indican que es una mujer), cuya momia de verdad no se ha encontrado nunca, pero lo cierto es que no sabemos quién es”, me explica Vandenbeusch. En el objeto no aparece el nombre, que seguramente estaba inscrito en el ataúd. Era, evidentemente, alguien de alto rango y en los antiguos catálogos del British Museum se la describe como sacerdotisa de Amón-Ra.

El reputado E. A. Wallis Budge, que fue conservador del museo de 1894 a 1924, sugirió que era de sangre real, una princesa. Pero Wallis Budge era un pinta que saqueó Egipto para llenar las salas del British y aunque oficialmente deploraba leyendas como la de la momia de la mala suerte no dejó de ver el potencial de esas supersticiones para dar popularidad a las salas egipcias del museo.

La historia no oficial de nuestra momia, en la que se mezclan informaciones verdaderas, rumores, sensacionalismos de la prensa y verdaderas memeces la cuenta Roger Luckhurst de manera documentadísima en un libro de referencia sobre las maldiciones faraónicas y su sentido cultural, The mummy’s curse, the true history of a dark fantasy (Oxford, 2012). En el centro de la maldición está Thomas Douglas Murray, un Lord Carnarvon avant la lettre, que sería el miembro del citado grupo de viajeros británicos que adquirió originalmente la momia a unos ladrones de tumbas árabes como recuerdo de su viaje a Egipto. Murray, que ya habría visto algo raro en la pieza, saqueada de un pozo de la necrópolis tebana y por lo visto cabreada, le endosó el regalito a su colega Wheeler, tras sufrir él y los demás compañeros de viaje diferentes desastres y morir un fotógrafo que intentó hacerle un retrato al objeto. En total, los más imaginativos atribuyen 11 muertes a la momia, además de muchas otras maldades e incontables tropezones de turistas en las escaleras del British Museum.

Según la leyenda, entrar en el museo no amansó a la momia, que siguió provocando calamidades; parece que incluso que la dibujaran le molestaba, qué tía. Especial interés (sobre todo para mí) tiene la historia de la muerte del periodista Bertram Fletcher Robinson, que fue reportero en la guerra contra los Bóers y el primero en divulgar los supuestos maleficios de la pieza, pese a las advertencias. Falleció repentinamente en 1907 a los 37 años a causa de unas fiebres que algunos atribuyeron a los” guardianes elementales” de nuestra momia. Era amigo de Conan Doyle y le había ayudado en el argumento y las localizaciones de El perro de los Baskerville, así que de maldiciones ya sabía un rato.

“Son todo soberanas tonterías, claro, cuentos ocultistas, medias verdades y teorías conspiratorias, aunque resultan interesantes para ver cómo se forja un mito de la cultura popular; de hecho, los antiguos egipcios no tenían el concepto de maldición de la momia, que es una idea moderna”, recalca Vandenbeusch, mientras yo miro a 22542 a ver si hay que aplacarla. “Desde que estoy aquí no ha pasado nada de nada, y me dicen los conservadores de más edad que hace mucho, en los últimos treinta años, que nadie comenta ningún incidente ni rumor. A lo mejor es que está a gusto instalada en esta sala, tiene mucha buena compañía, la mayoría sacerdotes y sacerdotisas de Karnak, quizá es feliz ahora”. Marie esboza una sonrisa. Pasa un niño ante la momia sin ni mirarla y yo le susurro: “Ten cuidado, te comerá”. El chaval reacciona haciéndonos una peineta a mí y a la momia. “Claramente no produce miedo, incluso emana paz, ¿no te parece?”, apunta por encima de mi hombro la egiptóloga, que por lo visto ha decidido hundirme el reportaje. Me reservo para otra ocasión el preguntarle si es verdad que en los fondos del British Museum están las Tablas de los Diez Mandamientos entregadas a Moisés.

Cuando Marie se marcha a sus cosas de egiptóloga, no sin antes quedar para ir algún día juntos a Montserrat a fin de visitar las momias egipcias de la abadía, aunque con ella seguro que no encontramos el Grial, hago como que voy a ver la sección de Asiria pero vuelvo en seguida, a seguir investigando. A ver si atrapo a la momia en pleno maleficio. No me fio de su cara de buen rollo. Su expresión me recuerda a la de Patricia Velásquez como Anck-Su-Namun cuando el faraón la pilla con las manos (de Imhotep) en la masa y se lo cargan. Imagino una realidad paralela, un secreto. Y que yo lo desvelo. Al cabo de un rato estoy mareado, no sé si por algo tipo Lord Carnarvon o de tanto mirar fijo y no haber almorzado. Me marcho al fin del cubil del ser misterioso sin pruebas pero con una sensación rara, como si me fueran a salir escarabajos por la boca. Vago confundido por Bloomsbury y de repente estoy frente a una librería de ocultismo. La dependienta me mira alarmada y traza unos signos arcanos en el aire.

No creo en maldiciones, a priori. Pero el avión de Vueling acumula ya un retraso inexplicable por causas que no sean sobrenaturales. Me encuentro varado en la sala de embarque como en una polvorienta mastaba, pensando tontamente en si las maldiciones se pueden llevar como equipaje de mano. Dicen que la mala suerte de la momia está neutralizada. Ya veremos.

Artículo: Jacinto Antón.

22 de julio de 2018

Exposición: Pasión por el Egipto faraónico. 200 años de coleccionismo en el Museo Egipcio de Barcelona


En el marco del 25º Aniversario de la Fundació Arqueològica Clos, la exposición Pasión per el Egipto faraónico. 200 años de coleccionismo en el Museu Egipci de Barcelona está formada por más de un centenar de piezas del fondo de la colección permanente del museo y de documentos de la Biblioteca Jordi Clos Llombart.


Desde hace años se realiza un riguroso seguimiento de las piezas para poder reconstruir su historia más reciente. El resultado ha sido muy fructífero y lo suficientemente relevante como para realizar una exposición que muestre al público la universalidad del interés por el antiguo Egipto a partir de la experiencia y el patrimonio del Museu Egipci de Barcelona; algunas de las piezas expuestas acumulan 200 años de historia en el mundo del coleccionismo, pasando de mano en mano hasta incorporarse en el fondo permanente del museo.


La exposición permite descubrir de cerca a una cincuentena de coleccionistas privados, varios museos y algunos de los anticuarios y casas de subastas con más prestigio y tradición. Personajes desconocidos para el público en general y otros más mediáticos como Rodolfo Valentino, Terenci Moix, Lord Carnarvon o la familia de Winston Churchill, estuvieron vinculados de una u otra manera con las piezas que se exponen.


Algunas de éstas provienen de instituciones egiptológicas tan emblemáticas como el Pitt Rivers Museum de la Universidad de Oxford o el Museum of Fine Arts de Boston, así como de excéntricos personajes de principios del S.XIX que dejarán de fascinarnos por su extravagante personalidad pública. Conoceremos de cerca los motivos de muchas pasiones por Egipto, los medios que hicieron posible desarrollarlas y sus resultados.


La exposición incluye una presentación visual que recoge los momentos más importantes de la vertiente coleccionista de Jordi Clos, con una selección de las obras que año tras años se han ido incorporando que muestran como de una pasión personal se crea uno de los museos más emblemáticos de la ciudad de Barcelona.

Información


Del 12 de julio al 31 de diciembre de 2018. Museo Egipcio de Barcelona. Calle Valencia nº 284 (08007, Barcelona).


Horario

Horario de invierno. (7/01-21/06 y del 12/09-30/11). De lunes a viernes de 10:00 h a 14:00 h y de 16:00 h a 20:00 h. Sábado de 10:00 h a 20:00 h. Domingo de 10:00 h a 14:00 h.

Hoario de verano. (22/06- 11/09). De lunes a sábado de 10:00 h a 20:00h. Domingo de 10:00 h a 14:00h.

Semana Santa y festivos. De lunes a sábado de 10:00 h a 20:00 h. Domingo de 10:00 h a 14:00h.

Entrada general: 11 €.

Más información

Museo Egipcio de Barcelona

Descubren un taller cerámico egipcio de hace 4.500 años


Descubierto el taller de cerámica más antiguo conocido del antiguo Egipto, que data de hace 4.500 años, durante los trabajos realizados por arqueologos en el Templo de Kom Ombo, cerca de Asuán.

Según Mustafa Vaziri, secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades, la ubicación de este taller ubicado en el área entre la entrada al Museo del Cocodrilo y el Río Nilo, y se remonta al período de la cuarta dinastía egipcia (2613-2494 antes de Cristo), el período principal de la construcción de las pirámides.

Explicó que el taller consiste en una perforación semicircular para la fabricación de cerámica en forma de moldes (vasijas de cerámica), diseñada en un área vecina del taller. También hay bloques de piedra circulares para golpear la arcilla y colocarla en recipientes, informa el Ministerio de Antigüedades.

La misión también encontró en el taller la rueda de piedra más antigua para la industria alfarera del antiguo Egipto en forma de una mesa giratoria y una base hueca, que es una especie de rueda que se movía a mano.

A pesar de la gran cantidad de escenas que muestran el desarrollo de las técnicas utilizados para hacer cerámica, hasta ahora no se había encontrado ninguna rueda de alfarería real que datara de la era del viejo estado.

Los arqueólogos creen que este taller es uno de los descubrimientos más raros y excepcionales que arrojan luz sobre la naturaleza de la vida y las industrias cotidianas en el antiguo Egipto, y el desarrollo del arte egipcio antiguo para mejorar y desarrollar las herramientas de la industria para cumplir con las necesidades la vida cotidiana.

Revista Egiptología 2.0


Curso on-line



Exposición temporal: Faraón. Rey de Egipto (Caixa Forum Barcelona). Del 8 de junio al 16 de septiembre 2018.