Novedades editoriales

12 de enero de 2020

El templo de Debod, un puzle que volvió locos a los arqueólogos


Se conocía como el “país de oro”. No en vano, la región de Nubia, situada en el estrecho corredor originado por la prolongación del Alto Egipto hacia la desembocadura del Nilo, constituía una de las principales fuentes de oro y materias primas (pieles, ébano, marfil, incienso...) del antiguo Egipto. La riqueza y variedad de sus recursos convirtió la zona en un destacado lugar de intercambio comercial y cultural entre los pueblos del África negra y los mediterráneos.

Una de sus aldeas, Debod, en la llamada Baja Nubia (hoy entre la primera y la segunda cataratas del Nilo), marcaba uno de los límites naturales de Egipto. Justamente allí, hace dos milenios, Adijalamani, rey de Meroe, ordenó levantar un pequeño templo en honor a Amón, padre de todos los dioses. Que en la actualidad podamos contemplar ese monumento en el parque del Oeste de Madrid es fruto de una larga historia, nacida de la voluntad de unas naciones por conservar el patrimonio cultural mundial.

De Amón a Isis

Levantado entre 200 y 180 a. C., el templo de Debod constituía un lugar de paso para los peregrinos que recorrían la ruta sagrada hacia el gran centro religioso dedicado a la diosa Isis en la cercana isla de Filé. El edificio era conocido como “capilla de los relieves” debido a las escenas rituales representadas en sus muros. En ellas podían leerse proclamas como “El rey Adijalamani hace el monumento a su padre Amón” o “Amón que habita en Debod”, claros certificados de la razón de ser del templo, honrar a Amón, “el oculto”.

Pero la posterior intervención de tres reyes de la dinastía ptolemaica (Ptolomeo VI Filómetor, Ptolomeo VIII Evérgetes II y Ptolomeo XII Neo Dioniso) fue reorientando el culto de este santuario en beneficio de la diosa Isis, a la que se dedicó una nueva sala añadida al núcleo original.

Más tarde, tras la anexión de Egipto al Imperio romano, los emperadores Augusto y Tiberio realizaron nuevas obras de ampliación en el templo. Entre ellas destacan la construcción de un pronaos (vestíbulo) de fachada columnada, con un acceso flanqueado por otras dos columnas, y la decoración de los muros internos del mismo.

Algunos siglos después, entre 535 y 537 d. C., el emperador Justiniano decretó el cierre de los templos egipcios –entre ellos el de Debod–, una de sus medidas para cristianizar la región de Nubia. A partir de entonces, el templo de Debod sería visitado tanto por nómadas como por peregrinos paganos, cristianos e incluso por musulmanes.

Inevitable decadencia


La primera referencia moderna al templo de Debod corresponde a una breve descripción del lugar realizada por el danés Frederic-Louis Norden en 1737. Pero la más extensa y detallada la ofrecería en 1813 el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, que fue enviado a inspeccionar la zona por orden de Napoleón Bonaparte.

A lo largo del siglo XIX, el templo continuaría recibiendo numerosas visitas de occidentales –entre ellas la del considerado padre de la egiptología, Jean-François Champollion–. Ellas permitirían documentar la evolución del deterioro del santuario, agudizado en 1868 por el efecto de un fortísimo terremoto.

En 1907, la construcción de la primera presa de Asuán (conocida como la presa baja) constituyó un serio revés para el templo: este pasaba a permanecer bajo el agua entre ocho y diez meses al año, quedando libre tan solo en verano. Su estado de conservación era cada vez peor, y la piedra arenisca, así como la policromía y algunos de sus relieves, sufrió daños poco menos que irreparables.

A la vista de su deterioro, el Servicio de Antigüedades de Egipto, de la mano del arquitecto egipcio Al Barsanti, realizó una primera reconstrucción del santuario. Tras la conclusión de la obra, el alemán Günther Roeder llevó a cabo un estudio exhaustivo con documentación fotográfica, dibujos de planos, alzados y comentarios. Su trabajo sigue siendo, un siglo después, la principal referencia bibliográfica del templo de Debod.

A finales de los años cincuenta, Egipto planteó la ejecución de una nueva y gigantesca presa en el curso alto del Nilo, capaz de almacenar más de 150 millones de metros cúbicos de agua. A raíz de la presentación del proyecto, la Unesco se apresuró a poner en marcha la bautizada como Campaña de Nubia en abril de 1959. Había que salvaguardar los monumentos y yacimientos arqueológicos de aquella región antes de que fueran sumergidos bajo las aguas para siempre.

Un año después, bajo la dirección del profesor Martín Almagro Basch, se constituía el Comité Español para el salvamento de los tesoros arqueológicos de Nubia. Además de aportar fondos para el salvamento de los templos de Abu Simbel y Filé, el gobierno español colaboró en la excavación de yacimientos de la Nubia sudanesa y egipcia. Se llevaron a cabo hasta siete campañas arqueológicas, cuyos resultados se detallaron en once volúmenes de memorias.

Manipulación precipitada


En 1961 el templo de Debod fue trasladado piedra a piedra hasta la isla de Elefantina, frente a la ciudad de Asuán, y se realizaron algunas excavaciones de los cimientos de la construcción y en los alrededores del templo. Estos trabajos, ejecutados a expensas de la Unesco, los dirigió el Servicio de Antigüedades de Egipto, asistido por una misión arqueológica polaca.

Según el profesor Almagro, se llevaron a cabo con demasiada precipitación, renunciando a salvar elementos esenciales de la construcción: “No se recuperó ninguna de las piedras del fundamento de la construcción, ni siquiera aquellas sobre las cuales arrancaban los muros, que tenían un interés por su labra. Solo a base de los antiguos planos y secciones que dejaron los estudios llevados a cabo por los arqueólogos que se ocuparon del templo se pudo reproducir la forma de la moldura que ofrecían los bloques sobre los que se cimentó”.

El 30 de abril de 1968, la presidencia de la República Árabe Unida (el nombre oficial de Egipto por entonces) certificaba la adjudicación de este templo egipcio a España. En su decreto anunciaba que se ofrecía “el templo de Debod al gobierno español y a su pueblo, en consideración por sus esfuerzos en la contribución a la salvaguarda de los templos de Abu Simbel”. Era una gran noticia.

Viaje a una nueva casa

El templo de Debod quedó almacenado en la isla de Elefantina hasta abril de 1970, momento en que sus bloques, embalados en cajas, fueron transportados hasta el puerto de Alejandría. Un mes más tarde, el vapor Benisa zarpaba de esta ciudad costera egipcia en dirección a España con los bloques del templo a bordo. Desde Valencia se transportaron por carretera hasta Madrid, donde fueron almacenados en el alto que ocupaba el antiguo Cuartel de la Montaña.

En el momento de la entrega, el Servicio de Antigüedades de Egipto facilitó al profesor Almagro un plano del santuario, un croquis de los alzados con una numeración de la situación de los bloques y una colección de fotografías hechas sin referencia alguna. Pacientemente, el equipo de reconstrucción español tuvo que interpretar el plano y subsanar algunos errores .

Algunos bloques compartían referencia topográfica, alrededor de cien habían perdido su numeración y fue preciso averiguar la verdadera ubicación de otros cuatrocientos, lo que complicó enormemente los trabajos de reconstrucción.

Mientras tanto, se decidió en qué lugar de la capital se situaría el templo egipcio. Sería cerca de la plaza de España, junto al paseo del pintor Rosales, en el parque del Oeste.

Manuel Herrero Palacios, arquitecto jefe de los servicios de jardines y parques del ayuntamiento de Madrid, se encargó del proyecto. El templo de Debod debía constituirse en elemento central del parque.

Para su emplazamiento, Herrero diseñó una plataforma que permitiría conservar la orientación este-oeste que el templo tenía originalmente. Tras montar los bloques sobre una base de piedra, que aislaba el conjunto del contacto con el suelo, el templo fue recuperando su aspecto.

Se completó con piedra blanda de diferente color, traída de Salamanca, de forma que pudiera distinguirse la parte original de la añadida. La terraza se cubrió para proteger el templo de las inclemencias del tiempo, y se trataron químicamente algunos bloques exteriores para garantizar su buena conservación. Se intentó, además, recrear una atmósfera similar al clima nubio mediante la instalación de aire acondicionado caliente en el interior del templo.

Luego se reconstruyeron dos de los tres portales de piedra de acceso al templo, a los que rodearon de un estanque poco profundo para evocar el ambiente fluvial original. Tras dos años de intenso trabajo, el 18 de julio de 1972 quedó inaugurado el “nuevo” templo de Debod. Tal como lo podemos visitar en la actualidad.

Artículo: Carles Padró Sancho.

Polémica en Egipto por el traslado de esfinges de Lúxor a El Cairo


El Ministerio de Antigüedades de Egipto comenzó el pasado mes de diciembre, el traslado de cuatro esfinges del templo de Karnak, ubicado en la ciudad de Lúxor, a la plaza de Tahrir, situada en el centro urbano de El Cairo. Se trata de una medida que no ha sido bien recibida entre los círculos turísticos y arqueológicos de Lúxor.

Según ha informado Egypt Independent, la acción se enmarca en el proyecto de mejora de la plaza Tahrir, que incluye la decoración del espacio con diferentes elementos arqueológicos, como un obelisco faraónico o las cuatro esfinges de Lúxor.

A este respecto, los círculos turísticos y arqueológicos de la ciudad denunciaron que están despojando a la urbe de su patrimonio. Mohamed Qenawy, miembro de la Cámara de Turismo y Empresas de Viajes de Lúxor, señaló que la reubicación de las esfinges y otras estatuas tendrá un impacto negativo en este enclave egipcio. Al mismo tiempo, consideró que reunir estos artefactos en un mismo lugar los hace más vulnerables a las pérdidas y daños.

En esta misma línea se manifestó el director del Centro de Estudios, Diálogo y Desarrollo de Lúxor, Mohamed Abo Saleh, quien instó al Ministerio de Antigüedades a revisar su decisión. Desde el citado departamento, por su parte, insistieron en que las esfinges trasladadas forman parte de las 60 que están ubicadas detrás del primer edificio del templo, aclarando así que no proceden de la Avenida de las Esfinges que une los templos de Lúxor y Karnak.

Abo Saleh, a su vez, señaló que los residentes de la ciudad estaban enfurecidos por el despojo de 122 objetos, entre los que figuran algunas posesiones de Tutankamón, de los museos o templos de Lúxor, a lo largo de 2018. Y es que los ciudadanos apostaban por crear un museo que mostrara nuevos hallazgos arqueológicos, no por perderlos.

Actualmente, también se especula con el traspaso de estatuas al Gran Museo Egipcio durante el año 2020, cuando está prevista su apertura, entre las que se encuentran algunas del Templo de Lúxor descubiertas en 1989.

6 de enero de 2020

Egiptología 2.0 nº18 (enero 2020)


Bienvenidos al Nº 18 de la Revista Egiptología 2.0, correspondiente al mes de enero del nuevo año 2020. Abrimos este nuevo número con un gran artículo de Alberto A. Vela Rodrigo: Las pirámides Napatienses de los faraones negros: Una morada en Nubia para la eternidad.

La región de Nubia, localizada en Sudán del Norte, fue en su día el hogar de tres reinos Kush: Kerma (2600-1520 a.C.), Napata (1000-300 a.C.) y Meroe (300 a. C.-300 d.C.).

Kush era rica en materias primas, sobre todo en oro, así que los egipcios desde muy pronto ambicionaron explotar estos recursos. Textos egipcios relatan, desde tiempos del faraón Narmer las expediciones hacia Nubia, pero fue en el Imperio Medio, cuando conquistaron la Baja Nubia. Desde Mentuhotep II se emprendió la campaña y desde Sesostris I la conquista se puede considerar concluida. En decimoctavo año del reinado de este último se condujo una campaña contra Nubia en la que se menciona por primera vez el nombre de Kush. La conquista fue en esta etapa puramente militar.

En el Segundo periodo intermedio, los egipcios pierden el control de la zona: aprovechando la invasión de los hicsos, los nubios destruyeron los fuertes y liberaron el país. Surgió entonces en Kerma, una poderosa dinastía local, que la convertiría en capital del Reino de Kush. En documentos de la época de Kamose, se considera el espacio nubio/egipcio dividido en tres áreas independientes: el reino de Kush, el Alto Egipto y el reino hicso en el delta del Nilo.

En la sección de entrevistas, hablaremos con José Miguel Parra Ortiz: Licenciado y Doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid, donde también obtuvo un máster en Traducción. Es también especialista en el Reino Antiguo, formó parte del equipo del Proyecto Djehuty, que excava las tumbas de dos nobles de la XVIII dinastía (Djehuty y Hery), ha impartido numerosos seminarios y conferencias y es colaborador habitual de publicaciones especializadas.

Alberto A. Vela nos hablará de las pirámides napatienses de los faraones negros, con José Antonio Moya, conoceremos los denominados ‘‘Nomos’’ y nos explicará las diferentes estrategias y poder en el Egipto faraónico, Julio López Saco nos ablará de la presencia y el dominio asiático en el antiguo Egipto, con María Dolores Martín Martín, recorreremos las espectacular tumba de los hijos de Ramsés II (KV5), Heródoto de Halicarnaso nos desvelará todos los secretos de la IV Dinastía, Marta Pérez Torres nos desvelará todos los secretos de las enigmáticas cabezas de reserva, con Alberto A. Vela Rodrigo, conoceremos las principales colecciones egipcias públicas y privadas de España, María Isabel Cubas nos explicará todo sobre el origen de la Dinastía Ramésida, visitaremos la exposición temporal: ‘‘Tutankhamón: La tumba y sus tesoros’’ y finalizaremos recorriendo los restos arqueológicos del Oráculo de Amón de Siwa, con Bartomeu Egea Resino.

Todo ello junto con nuestros contenidos habituales y un artículo especial de Alfonso Daniel Fernández: ‘‘ Muerte en Amarna: Incidencia del comenta Halley en el cisma religioso de la XVIII Dinastía’’.

Sumario

6. Entrevistas - José Miguel Parra Ortiz: ‘‘Me gusta desde siemprela civilización egipcia’’.

9. Testimonios del pasado - Momia infantil ‘‘Nesi’’.

13. Arquitectura- Las pirámides Napatienses de los faraones negros: Una morada en Nubia para la eternidad.

21. Estado - Los Nomos: Estrategia y poder en el Egipto faraónico.

29. Historia - Presencia y dominio asiático en Egipto: imagen de los Hicsos.

34. Arquitectura - KV5: La espectacular tumba de los hijos de Ramsés II.

42. Faraones - La IV Dinastía: el esplendor del Reino Antiguo egipcio.

49. Museos - Principales colecciones egipcias públicas y privadas de España.

58. Arte - Cabezas de reserva, un misterio sin resolver.

62. Historia - El origen de la Dinastía Ramésida.

67. Exposiciones - Tutankhamón: La tumba y sus tesoros.

71. Hoy viajamos a... - Oráculo de Amón de Siwa.

78. Especiales - Muerte en Amarna: Incidencia del comenta Halley en el cisma religioso de la XVIII Dinastía.

132. Novedades Editoriales - Historia del Egipto faraónico / Cleopatra.

134. Noticias - Noticias destacadas del trimestre.

Descargar - Egiptología 2.0 nº18 (enero 2020).

29 de diciembre de 2019

Hallan en dos tumbas los enigmáticos conos usados en el Antiguo Egipto


Durante milenio y medio las representaciones visuales del antiguo Egipto mostraron a sus habitantes portando sobre la cabeza un cono blanco del que los expertos no habían logrado encontrar ninguna prueba. Hasta ahora. Una misión arqueológica acaba de anunciar el descubrimiento de la primera evidencia en una tumba de la ciudad fundada por el hereje Ajenatón.

«El hallazgo nos confirma que los conos en la cabeza fueron realmente usados en Egipto», señalaba Anna Stevens, arqueóloga en la Universidad Monash de Melbourne (Australia) y principal autora de un estudio publicado en la revista Antiquity. La expedición ha encontrado dos vestigios de los conos de color blanco en sendos enterramientos localizados en Tell Amarna, la ciudad establecida por Ajenatón a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al culto a Atón.

Los conos, realizados en cera, entre 1347 y 1332 a.C., son testimonio del tiempo en el que el antiguo Egipto fue gobernado por el primer monarca monoteísta de la Historia, esposo de la esquiva Nefertiti y padre del mediático Tutankamón. «Ahora podemos decir que esos conos fueron portados por los difuntos pero podrían haber cumplido otras funciones», reconoce Stevens.

Hasta ahora, las únicas pruebas de su existencia se hallaban en murales de las tumbas pertenecientes a la élite faraónica y desperdigadas, también, en estelas, papiros o ataúdes. En las imágenes, el cono aparece sobre hombres y mujeres que participan en banquetes, actividades de caza o artísticas, rituales funerarios y cultos a divinidades.

El primero de los conos fue rescatado en 2010 de un enterramiento del cementerio sur de Amarna. Está vinculado al cadáver de una mujer que falleció cuando su edad oscilaba entre los 20 y 29 años. La tumba había permanecido intacta y el cono fue hallado in situ, colocado aún sobre su cabeza y una cabellera bien preservada. La pieza que cambia la historia conocida se hallaba despedazada en seis piezas, con unas proporciones totales de 80 milímetros de altura y 100 milímetros de anchura.

La secuela fue, en cambio, desempolvada un lustro más tarde en el cementerio norte, en las entrañas de una oquedad reservada para un individuo de entre 15 y 20 años que aún se hallaba en desarrollo y del que no ha podido determinarse el sexo. La fechoría de los cazatesoros revolvió los restos pero el cono -hallado en tres piezas, una de ellas de mayores dimensiones- quedó a salvo del expolio, resguardado entre el cabello.

Hallan en Egipto una esfinge real


Un grupo de arqueólogos descubrió este sábado al sur de El Cairo, Egipto, una pequeña esfinge real.

Según informa un comunicado del Ministerio de Antigüedades, está realizada de piedra caliza, mide 35 centímetros de alto y 55 centímetros de largo. El hallazgo se produjo en medio de unos trabajos de inspección arqueológica en la necrópolis de Tuna el Yebel (gobernación de Menia).

El director general del Ministerio, Gamal El Samastaui, destacó los "rasgos y detalles claros y hermosos de la cara" que caracterizan la pieza y, en su opinión, demuestran "la habilidad del antiguo artista egipcio". Asimismo, prometió continuar la investigación y la excavación arqueológica en la zona hasta poder explicar cómo llegó la estatua hasta esta "misteriosa" área.

Se trata de un sitio arqueológico donde durante los últimos tres años de excavaciones se encontró un valle de momias, varios cementerios y catacumbas con muchos ataúdes de piedra y madera. Los expertos estiman que las momias de la zona están en buenas condiciones.

El lugar es conocido especialmente por una estela fronteriza del faraón Akenatón encontrada allí, que marcaba el límite noroeste de Amarna, la capital, durante el breve período de Atonismo en la historia antigua de Egipto (siglo XIV antes de la era común). Sin embargo, la mayoría de los monumentos y restos desenterrados se remontan a épocas posteriores.

La esfinge está acompañada por una colección de amuletos cerámicos de la deidad Bes, vasijas de barro de varias formas y tamaños, y una botella de alabastro, entre otros objetos.

Hallan un busto único de Ramsés II


Un extraño busto real de granito rojo del faraón Ramsés II ha sido descubierto en unas excavaciones realizadas en una propiedad privada en el área de Mit Rahina, zona que alberga los vestigios de Menfis, la capital del Antiguo Egipto, cerca de Giza. El hallazgo se ha registrado de casualidad, en unas prospecciones que se han llevado a cabo después de que la policía local detuviese al propietario de la finca por rebuscar bajo tierra sin los permisos necesarios.

La pieza, de 105 centímetros de alto y 55cm de ancho, representa a Ramsés II, tercer faraón de la dinastía XIX, engalanado con el símbolo del Ka, que para los antiguos egipcios tenía el significado de la fuerza vital, el poder, el espíritu. Se trata de un ejemplar único, pues solo se conserva otro busto similar -y realizado en madera- con este emblema: el de Hor I, rey de la XIII dinastía, expuesto en la actualidad en el Museo de El Cairo.

"Este descubrimiento arqueológico es uno de los más raros que se han registrado. Se trata de la primera estatua de granito con el símbolo del Ka de la que se tiene constancia", ha destacado Mustafa Waziri, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. El busto se conserva en bastante buen estado, solo con la zona de la nariz y la boca algo erosionada. En la parte trasera está inscrito con jeroglíficos.

En las mismas excavaciones, los arqueólogos también han sacado a la luz una colección de enormes bloques de granito rojo y piedra caliza grabados con escenas que muestran a Ramsés II durante el ritual religioso Heb Sed, destinado a renovar la fuerza física y la energía sobrenatural del faraón. Según informa el periódico egipcio Ahram, este conjunto podrían pertenecer a un gran templo dedicado a la adoración del dios Ptah, el "señor de la magia".

28 de noviembre de 2019

Encuentran tres sarcófagos de 3.500 años de antigüedad en una necrópolis de Egipto


Un grupo de arqueólogos franceses, encabezado por Frederic Colin, de la Universidad de Estrasburgo, halló tres sarcófagos de madera de unos 3.500 años de antigüedad en la necrópolis de Asasif, ubicada en orilla occidental del Nilo en Tebas, cerca de Deir el Bahari (Egipto), según lo anunció este miércoles el Ministerio de Antigüedades de ese país árabe.

El comunicado detalla que los hallazgos pertenecen a la dinastía XVIII, dominante entre 1.500 y 1.295 a.C. Asimismo, indica que se encuentran en buen estado de conservación y que en ellos hay inscripciones jeroglíficas y varios motivos cromáticos.

Uno de los sarcófagos, que mide 180 centímetros de largo, está pintado de blanco y marrón y carece de inscripciones. El segundo, con longitud de 190 centímetros, está pintado de amarillo y corresponde a una mujer que se llamaba Rao; mientras que el tercero, de 195 centímetros y adornado con jeroglíficos y decoraciones cromáticas, contiene los restos de una mujer cuyo nombre era T Abu.

El mes pasado, un grupo de arqueólogos encontró en Luxor –ciudad egipcia edificada sobre las ruinas de Tebas– un área de producción artesanal especializada del período del Imperio Nuevo de Egipto, con 30 talleres de los siglos XVI-XIII a.C.

26 de noviembre de 2019

Exposición: Tutankhamón. La tumba y sus tesoros


Tutankhamón. La tumba y sus tesoros ofrece una oportunidad única para adentrarse en el mundo de la arqueología del antiguo Egipto. Comienza un fantástico viaje en el tiempo y descubre las cámaras funerarias y los tesoros del Faraón tal y como fueron descubiertos por Howard Carter en 1922.

Howard Carter - Arqueólogo, artista y descubridor de un sensacional hallazgo

La biografía de Howard Carter es única entre los arqueólogos. A los 17 años era un artista de gran talento, gracias a lo cual fue inicialmente contratado por el Egypt Exploration Fund para copiar las pinturas de vivos colores que adornaban las paredes de las tumbas del Egipto Medio. No mucho tiempo después, comenzó sus propias excavaciones, bajo la dirección de su maestro, Flinders Petrie.



En 1900, el dotado joven arqueólogo ascendió al cargo de Inspector Jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto. Sin embargo, pocos años después su brillante carrera en el Servicio llegaría a un abrupto final, por un altercado con unos turistas indisciplinados. En 1909, Howard Carter comenzó su colaboración con Lord Carnarvon. Con el paso del tiempo, Carter logró convencer a Carnarvon para dar comienzo a un proyecto muy especial:

La búsqueda de la tumba del olvidado faraón Tutankhamón, en el Valle de los Reyes

Lord Carnarvon financió el proyecto durante cinco años, a partir de 1917, pero el esfuerzo resultó infructuoso. En noviembre de 1922, durante la última temporada de excavaciones, Carter acabó teniendo suerte, y presentó su sensacional descubrimiento ante un mundo atónito. Esto desató un frenético interés en la prensa, como nunca hubo otro igual, y un verdadero furor por Tutankhamón, que dejó su huella en la era de los Locos Años Veinte.


Tutankhamón, un rey y su época

Tutankhamón ascendió al trono en 1332 AC, a los 9 años de edad, y fue uno de los últimos reyes de la XVIII Dinastía. Su padre fue el faraón Hereje, Akhenatón. El nombre de su madre sigue siendo desconocido hoy en día. Según los más recientes estudios, el joven faraón sufría de graves dolencias. El logro más significativo de su reino fue el abandono de las radicales reformas religiosas introducidas por su padre, que habían desestabilizado el país.

Su muerte sigue siendo un misterio a día de hoy.


Tutankhamón falleció tras haber ocupado el trono durante un periodo de nueve años, probablemente a causa de una infección derivada de una herida abierta en la rodilla.

Su tumba, imágenes para la eternidad

El fotógrafo Harry Burton documentó todos los aspectos del trabajo realizado en la tumba de Tutankhamón, desde la elaboración del inventario inicial al traslado de los últimos descubrimientos al museo. Únicamente en las fotografías de Burton alcanzó el Faraón la verdadera inmortalidad.

Los ojos y la memoria de Carter

El Museo Metropolitano envió a Burton como fotógrafo de las excavaciones – era “los ojos y la memoria de Carter”. Con su enorme cámara y sus descomunales placas de negativos, recorría incansablemente la distancia que separaba el yacimiento, de su laboratorio (que había montado en la tumba de Seti I) y del improvisado cuarto oscuro, en la tumba vecina (Nº 55).

Todas las etapas del trabajo de excavación quedaron documentadas en fotografías, hasta el más mínimo detalle.


El resultado de ese laborioso esfuerzo son 2.800 negativos de vidrio de gran formato, que documentan con la mayor precisión todos los descubrimientos, su ubicación en la tumba y cada uno de los pasos que dieron los excavadores en su trabajo. Carter le animó paciente e incondicionalmente a llevar a cabo su trabajo, mostrando una predilección que no hizo extensiva a ningún otro miembro de su equipo, y gracias a sus fotografías, Burton fue el primer y único fotógrafo arqueológico que llegó a ser famoso en todo el mundo.

Réplicas elaboradas por expertos artesanos

Las exposiciones sobre las fascinantes obras de arte de Egipto han disfrutado de una gran popularidad desde hace muchos años. Tutankhamón. La tumba y sus tesoros aspira a generar una nueva tendencia en este campo: que los visitantes puedan experimentar la historia de una emocionante excavación arqueológica. Sin embargo, esta ambición se enfrenta a una limitación: los delicados objetos originales que han de ser conservados no pueden, y no deben, ser presentados en el complejo escenario de una exposición.


Los tesoros

La exposición Tutankhamón. La tumba y sus tesoros, muestra más de 1.000 piezas. Aquí puedes ver una pequeña muestra de la exuberante riqueza artística del antiguo Egipto.

Información

Del 23 de noviembre de 2019 al 19 de abril de 2020. Espacio 5.1, IFEMA. Avd. Partenón, nº 5 (28042, Madrid).


Horario

Martes a domingo: de 10:00 a 21:00h.

El último pase a la exposición se realizará una hora y media antes del cierre. No se permitirá ningún acceso posterior a la exposición.

Estos horarios podrán verse modificados en función de festividades o períodos vacacionales. Consulta el calendario.

Entradas


Compra de entradas.

25 de noviembre de 2019

Egipto halla por primera vez una momia completa de un cachorro de león


El Ministerio de Antigüedades de Egipto ha presentado este sábado en la zona arqueológica de Saqqara, al sur de El Cairo y donde se encuentran las primeras pirámides del país, 75 estatuas y varias momias de animales, entre ellas cachorros de león, pájaros, cocodrilos y gatos.

“Hoy podemos anunciar que esta es la primera vez que encontramos una momia completa de un león pequeño”, ha explicado durante un acto en el parque arqueológico el jefe del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Mustafa Waziri. Ha detallado que también se han hallado cinco felinos grandes, uno de los cuales ha sido identificado como un león, mientras que los demás están siendo analizados para determinar de qué clase son, si bien se cree que podrían ser leopardos.

Los felinos eran muy importantes en el Antiguo Egipto, sobre todo los gatos, que eran considerados dioses y la necrópolis de Saqqara era un cementerio para estos animales. Los egipcios creían que los gatos eran manifestaciones de la diosa Bastet, gata del Antiguo Egipto y la diosa de la felicidad y de la armonía, protectora de los humanos y del hogar.

Durante la presentación de los animales momificados, el ministro de Antigüedades egipcio, Jaled al Anani, ha destacado que “este es un descubrimiento de cientos de estatuas y momias de animales en la zona arqueológica de Saqqara”, todas ellas pertenecientes al último periodo (664-332 a.C.). El ministro también ha explicado que en este reciente descubrimiento se encontraron 75 estatuas de gatos en madera y bronce, de diferentes tamaños.

En la zona arqueológica de Saqqara se han realizado grandes descubrimientos en los últimos dos años, entre ellos la tumba bien preservada del sacerdote Wahtye de la quinta dinastía y el mayor escarabajo del mundo, según ha recordado Al Anani. Las momias de los animales y las estatuas encontradas últimamente han sido expuestas hoy en diversas vitrinas ante la mirada de decenas de personas que se han acercado a la presentación que el Ministerio de Antigüedades egipcio ha organizado en Saqqara.

Las vitrinas que han tenido mayor expectación eran la de los cachorros de león y la del escarabajo gigante. Para los antiguos egipcios los gatos y los escarabajos eran sagrados, estos últimos considerados un amuleto de vida y de poder que traía suerte. Los animales eran momificados como ofrendas religiosas.

Deir el-Medina, la agitada ciudad de los constructores de tumbas


El estudio del antiguo Egipto nos tiene acostumbrados a sugerentes biografías de faraones y reinas. Sus colosales monumentos hablan del esplendor de una civilización construida en los márgenes del Nilo para gloria de sus soberanos y sus dioses. Sin embargo, el paso del tiempo ha dejado a la sombra de la historia a los hombres y mujeres que la hicieron posible. Pocas veces los historiadores han podido satisfacer su curiosidad sobre cómo era la vida de la gente común.

En este sentido, la aldea de Deir el-Medina es única: en ella vivían los constructores de las tumbas del Valle de los Reyes y del Valle de las Reinas. Su nombre, el “Lugar de la Verdad”, hacía honor a su responsabilidad de preparar con éxito el acceso de los soberanos al más allá. Así, consagrada por entero al descanso eterno del faraón y su familia, esta comunidad de obreros era a todas luces especial. Y no solo por la relevancia de su trabajo, sino también por las condiciones en que lo hicieron.

Su estrecha convivencia tras los muros de la aldea generó todo tipo de situaciones que transcendieron el ámbito profesional. Deir el-Medina reunía todo lo necesario para ser el escenario perfecto de intrigas y conflictos: cercanía al poder, prestigio, rivalidades y, por supuesto, una alta instrucción cultural. La arqueología da fe de esta vitalidad cotidiana. Desde que en 1922 un equipo francés comenzara la excavación metódica del yacimiento, ha sido asombrosa la variedad de los hallazgos.

Aquí la espectacularidad de los objetos cede el paso a su valor informativo. Entre ellos abundan los papiros que detallan historias de sus habitantes, rescatando para nosotros sus nombres, sus vivencias y sus miedos. Además, se han conservado miles de retales de sus vidas en forma de fragmentos de caliza y cerámica (los llamados ostraca). Dado que eran abundantes y baratos, sirvieron como soporte para escribir textos o dibujar bocetos de toda índole, algunos de ellos maravillosos ejemplos de la maestría de los artistas.

Muchos, usados como papel en sucio, se acumularon durante años en un profundo pozo que sirvió de basurero. Gracias a esta documentación, el día a día de estos artesanos, seguramente de los mejores de Egipto, se nos presenta extraordinario y fascinante. Una instantánea de la sociedad egipcia que, aunque separada de la nuestra en varios miles de años, sorprendentemente no nos es tan ajena.

El origen de Deir el-Medina se remonta a principios del Reino Nuevo (siglos XVI-XI a. C.), cuando los faraones escogieron la orilla occidental tebana como nuevo lugar para excavar sus necrópolis. Se formó entonces una comunidad que incluía desde simples canteros a dibujantes, pintores, escultores, arquitectos o albañiles, y fue instalada en un pequeño valle pocos kilómetros al sur de su lugar de trabajo.

En última instancia rendían cuentas al visir, delegado del faraón, aunque para su buen funcionamiento se creó una larga jerarquía administrativa que controlaba hasta el más mínimo detalle. Todos ellos componían una institución que recibió el nombre genérico de “la Tumba”. Porque si algo caracterizó a Deir el-Medina fue el encierro y la rígida disciplina a que estaban sometidos sus habitantes.

Custodiados por el desierto y una alta muralla de adobe, sus vidas y, sobre todo, sus secretos encargos fueron siempre objeto de una estricta vigilancia. La presencia policial era constante, especialmente en las puertas que daban acceso al recinto. Desde el puesto de control situado al norte del muro se organizaba la vida pública de la aldea. Nada pasaba desapercibido. De hecho, el “ escriba de la Tumba” debía registrar todo lo que sucedía en ella a diario.

Anotaba meticulosamente desde temas laborales, como los turnos de los obreros o la entrega de raciones y material de trabajo, hasta asuntos privados de interés general, como las visitas, los litigios judiciales o las defunciones. Era uno de los personajes más importantes de la aldea, y gracias a sus archivos conocemos el devenir de la comunidad a lo largo de toda su existencia.

Este espacio cerrado, tras sucesivas ampliaciones, tuvo cerca de 135 metros de largo por 50 metros de ancho, y llegó a albergar en época de Ramsés IV hasta 120 hombres. La organización de los obreros en dos equipos de trabajo –llamados “el de la izquierda” y “el de la derecha”– determinó incluso el aspecto de la aldea. Una calle larga y estrecha la dividía en dos, y a cada obrero y su familia se les concedía una vivienda en el lado que les correspondiera.

Las casas se sucedían apiñadas unas con otras y abiertas a la vía central. Alargadas y rectangulares, tenían una superficie de unos 70 m², y estaban realizadas siguiendo un mismo plano: habitaciones alineadas que incluían una cocina y despensas subterráneas. Ante la estrechez de los espacios, las azoteas cobraron protagonismo. La vida en Deir el-Medina estuvo marcada por la rutina.

La jornada laboral de los artesanos se componía de ocho horas con una pausa para comer. Su semana constaba de diez días y descansaban los dos últimos, además de librar las festividades del calendario litúrgico. Por otra parte, podían disponer de su tiempo en los períodos en que no tuvieran trabajo en las tumbas o ninguna tarea fijada. En caso de ausencia, los motivos debían estar debidamente justificados. Se registraron razones tan diversas como “picadura de escorpión”, “duelo por un hijo”, “madre enferma” o “la esposa tiene la regla”…

Cada mañana, los dos equipos, dirigidos por su respectivo jefe, abandonaban el recinto escoltados y avanzaban superando los puestos de guardia que jalonaban el camino hacia las necrópolis. Allí trabajaban en el lado de la tumba que tenían asignado, el derecho o el izquierdo, ocupándose primero de dibujar, después de esculpir y por último de pintar.

La recompensa a su trabajo les llegaba a finales de mes en forma de sacos. Cada trabajador percibía una paga que se realizaba en especies: cereales, verduras, pescado, telas, aceites... No es de extrañar que los obreros elevaran sus quejas cuando empezaron a producirse retrasos en los pagos. Corría el año 29 del reinado de Ramsés III cuando se documentan las primeras huelgas conocidas en la Antigüedad.

Un papiro redactado por el “escriba de la Tumba” Amennakht dejó constancia de cómo se desarrollaron los acontecimientos. Empujados por “el hambre y la sed” salieron de su aldea y, como en una manifestación moderna, protagonizaron una sentada ante los templos de Tebas-oeste, guardianes de los almacenes de grano, cuyo volumen empezaba a escasear. Ante las fuerzas del orden exigían: “¡Escribid al Faraón, nuestro buen señor, a este propósito, y escribid al visir, nuestro superior, para que nos den las provisiones!”.

Hartos de las infructuosas negociaciones, las movilizaciones se repitieron durante los siguientes meses hasta cuatro veces. Aunque se intentó calmar los ánimos avanzando parte del salario, los retrasos continuaron, ante la indiferencia de las autoridades tebanas, demasiado ocupadas en la organización de ese macroevento que era el jubileo del Faraón. Al grito de: “¡No regresaremos!, ¡díselo a tus jefes!”, denunciaron las irregularidades en la gestión.

Solo se dieron por satisfechos cuando el gobernador de Tebas tomó cartas en el asunto y les dispensó 50 sacos. Las fuentes vuelven a mencionar el tema en el año 31 y en el 32, el último de Ramsés III, informando de nuevas huelgas. No serían las últimas.

Los artesanos se instalaron en Deir el-Medina junto con sus familias, y a partir de ese momento las vidas de todos ellos quedaron ligadas inexorablemente al servicio de la comunidad. Hasta tal punto que el futuro de la misma estaba asegurado por el relevo generacional. Lejos de la rigidez impuesta por la administración, trataron con gran naturalidad sus temas privados. Papiros y ostraca aportan una información inestimable sobre las relaciones personales y familiares.

Las muestras de cariño se repiten, como cuando un padre asegura a su hija que en caso de ser repudiada por su marido podrá regresar a su casa. Un tierno testimonio nos ha llegado en forma de carta escrita por un esposo, uno de los últimos escribas y jefe de Deir el-Medina, a su mujer difunta para declararle el vacío tan grande dejado por su marcha. Pero abordaron sus disputas del mismo modo.

Los casos de adulterio son numerosos y no faltan al respecto todo tipo de reproches: “¿Por qué eres tan sordo a un buen consejo? No eres realmente un hombre, porque eres incapaz de dejar embarazada a tu esposa, pero eres demasiado avaro para adoptar a un huérfano”.

En esta comunidad, eminentemente masculina, destacó el influyente papel de la mujer. Aunque encargadas de tareas domésticas como la elaboración del pan o vestidos, muchas sabían leer y escribir.

Los artistas se deleitaron en plasmar sobre ostraca situaciones tan íntimas como la de una joven amamantando a su recién nacido, momentos de su aseo personal o escenas eróticas. En Deir el-Medina se han encontrado los mejores ejemplos de poesía amorosa, y los problemas de pareja son uno de los temas recurrentes en los papiros jurídicos.

La abundante documentación demuestra el alto nivel cultural, por otra parte atípico en el resto de Egipto, del que hizo gala un gran número de miembros de la aldea.

En un mundo tan pequeño y cerrado como Deir el-Medina, pocas cosas escapaban al conocimiento general, especialmente en lo que a delitos se refiere. Existía un tribunal, compuesto por los propios artesanos, encargado de solucionar conflictos y que era intransigente con los casos de robo. Muchos documentos recogen procesos en los que cada una de las partes exponía sus argumentos bajo juramento, y tras investigar las sospechas se dictaba el veredicto.

En ocasiones, los afectados hacían valer sus relaciones e influencias, con lo que se adivinan las grandes diferencias sociales que separaban a unos y a otros. Fue el caso del escultor Qaha, que denunció a una mujer por un hurto aun sabiendo que era la hija del poderoso escriba Amennakht (célebre por su papiro sobre las huelgas de Ramsés III).

Y es que a veces la corrupción era contemplada con tanta naturalidad que no resulta extraño que un padre detallara en un ostracon los objetos que regaló a los dos jefes de equipo y al “escriba de la Tumba” para asegurar la promoción de su hijo. O que determinados funcionarios emplearan a los obreros en beneficio propio.

Sin embargo, existieron claros abusos de poder, y algunos de ellos fueron denunciados. Por ejemplo, el de Paneb, jefe del equipo de “la izquierda” en tiempos de Seti II. Había arrebatado el cargo al hermano de su antecesor, y este le acusó en un papiro de haber actuado impunemente durante años, lucrándose a sus anchas. Entre sus delitos estaba incluso el de haber robado una tumba del Valle de los Reyes.

Las autoridades eran efectivamente conscientes de la tentación que suponía rondar cerca de las riquezas que se acumulaban en las tumbas. Por eso los artesanos debían prestar juramento de denunciar cualquier rumor que escucharan sobre complots. Pero a finales del Reino Nuevo, cuando se agudizó la crisis económica, los pillajes en las necrópolis reales y nobiliares comenzaron a ser muy frecuentes. Se descubrió a varias bandas de ladrones, y sus autores fueron condenados a muerte en los casos en que fue probada en un juicio su culpabilidad.

Especialmente escandalosos fueron los procesos abiertos por Paser, alcalde de Tebas, cuyas investigaciones destaparon una red de corrupción que salpicó a la administración. Numerosos miembros de la comunidad de Deir el-Medina se vieron sentados en el banquillo de los acusados. Entre ellos estaba Amenua, descendiente de una saga de célebres pintores, que fue absuelto de la acusación de haber desvalijado la tumba de Ramsés III. La aldea quedó sumida en un declive imparable, reflejado incluso en la calidad de la decoración de las tumbas.

La documentación de los últimos años está marcada por la agonía de la comunidad. A finales del Reino Nuevo toda la orilla occidental de Tebas sufrió constantes ataques de grupos de bandidos. Eran una muestra más del cercano fin de una época en la historia de Egipto. Inseguros en el seno de su aldea, los servidores del “Lugar de la Verdad” se vieron obligados a abandonarla lentamente e instalarse en el vecino templo de Medinet Habu, cuyo aspecto se asemejaba ya a una fortaleza.

Aunque se intentó resucitar la vida de la aldea, los problemas de abastecimiento no cesaron y el trabajo escaseaba. La extinción de la dinastía ramésida marcó su destino final. Ahora su labor más importante sería la de restaurar las momias reales saqueadas y trasladarlas a un escondrijo seguro. Finalmente, los nuevos faraones fijaron su residencia en Tanis , al norte del país, y con ella sus tumbas.

El Valle de los Reyes fue abandonado y la institución de “la Tumba” dejó de tener sentido. La disolución del equipo de artesanos no se hizo esperar. El espacio donde se levantó Deir el-Medina no volvió a ser ocupado, de modo que es uno de los pocos de Egipto que más completos han llegado hasta hoy.

Su conocimiento supone todo un reto para arqueólogos, historiadores y papirólogos, desbordados ante el estudio interminable del material excavado. Un puzle que ofrece la cara más humana y apasionante del antiguo Egipto.

Artículo: Crisina Gil Paneque.

Revista Egiptología 2.0


Curso on-line