Novedades editoriales

7 de enero de 2019

Egiptología 2.0 nº14 (enero 2019)


Iniciamos 2019 con el Nº 14 de la Revista Egiptología 2.0, correspondiente al mes de enero de 2019. Abrimos este nuevo número con un gran artículo de Hipólito Pecci Tenrero: ‘‘ El monarca, Egipto y el Exterior.’’

En estas fechas, Madrid acoge una gran exposición en el Centro Cultural CaixaForum, denominada “Faraón. Rey de Egipto”, llevando a que, ante nosotros, se abra una gran parte del conocimiento que, sobre la antigua sociedad egipcia, se tiene en la actualidad.

Recorriendo una a una las piezas, nos adentraremos en el arte e historia de los períodos de mayor esplendor de Egipto. Una historia que tuvo sus comienzos lejos de las riberas del Nilo, y que presenció el asentamiento de las primeras poblaciones hacia el 5500 a. C., cuando, tanto en el Norte como en el Sur, florecerían una serie de culturas que constituyeron los cimientos del gran estado y civilización egipcia.

Así, en el territorio que posteriormente sería conocido como Alto Egipto, se sucederían las poblaciones Tasienses, Badarienses, y Amratienses, ésta última también conocida como Nagada I, sustituida más tarde por la cultura Gerzeense, proveniente del Delta, mientras que las tierras septentrionales serían testigo del desarrollo de las culturas Merindense, El-Omari o Fayum A, Gerzeense y Maadiense, y aunque, cada una de ellas dejó su impronta en el posterior reino de Egipto, no sería hasta Nagada II, etapa ubicada en el periodo Predinástico Medio, y conocida también como Gerzeense, cuando comenzarían los procesos que finalizarían con la unificación del espacio durante el Predinástico Final, hacia el 3100 a.C.

En la sección de entrevistas hablaremos con Mari Carmen Pérez Díe. Doctorada en Egiptología, Directora del Proyecto arqueológico: Heracleópolis Magna, desde 1984 y de forma ininterrumpida hasta la actualidad, siendo ésta la primera excavación que Egipto concedió a España y Conservadora-jefe del Departamento de antigüedades Egipcias y del Próximo Oriente del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Julio López Saco nos hablará de los elementos mítico-religiosos en los Textos de las Pirámides y los Textos de los Sarcófagos, con Alfonso Daniel Fernández Pousada conoceremos los canales astronómicos de la Gran Pirámide, Sandra Pajares nos narrará la increíble historia del traslado del Obelisco de Luxor a París, de la mano de Javier Sánchez conoceremos los panteones neoegipcios del Cementerio de Los Remedios en Cartagena, Heródoto de Halicarnaso nos desvelará todos los secretos de los enigmáticos retratos de El Fayum, con Cláudia Barros desmitificaremos el Harén Real, Gerardo P. Taber nos hablará de arte Egipcio 2.0 bajo la mirada al Realismo Aspectivo de Marc Erwin Babej, recorreremos las salas de la exposición temporal: ‘‘ Dioses de Egipto’’ y finalizaremos visitando Tanis en San el-Hagar, de la mano de Bartomeu Egea Resino. Todo ello junto con nuestros contenidos habituales y un artículo especial de Valeria Salgado-Marín: ‘‘ De sincretismos, conflictos y desbalances en el Egipto Helenísitco. Una aproximación al panorama socio-religioso desde Zeus- Amón hasta Serapis.’’

Sumario

6. Entrevistas - Mari Carmen Pérez Díe: ‘‘Cada pieza tiene un mensaje diferente. Lo importante es saberlos interpretar.’’

9. Testimonios del pasado - Estela Metternich.

14. Faraones - El monarca, Egipto y el Exterior.

26. Textos religiosos - Elementos mítico-religiosos en los Textos de las Pirámides y los Textos de los Sarcófagos.

31. Astronomía - Los canales astronómicos de la Gran Pirámide.

59. Arquitectura - El traslado del Obelisco de Luxor a París.

63. Arquitectura - Breve estudio iconográfico de los panteones neoegipcios del Cementerio de Los Remedios. Cartagena.

70. Momificación - Los retratos de El Fayum.

75. Vida cotidiana - Desmitificando el Harén Real.

81. Arte - Arte Egipcio 2.0. Una mirada al Realismo Aspectivo de Marc Erwin Babej.

90. Exposiciones - Dioses de Egipto (Goden van Egypte).

94 - Hoy viajamos a... - Tanis en San el-Hagar.

99. Notas egiptológicas - El tesoro de Beacon Hill.

102. Especiales - De sincretismos, conflictos y desbalances en el Egipto Helenísitco. Una aproximación al panorama socio-religioso desde Zeus- Amón hasta Serapis.

110. Novedades editoriales - La inmortalidad en el Antiguo Egipto / La arquitectura metafísica del Antiguo Egipto.

112. Noticias - Noticias destacadas del trimestre.

Descargar - Egiptología 2.0 nº14 (enero 2019).

17 de diciembre de 2018

Los vivos colores de la tumba de un alto sacerdote egipcio de hace 4.400 años


Wahtye sirvió como notable sacerdote en la corte faraónica de hace 4.400 años. Su biografía había permanecido desde entonces oculta. Hasta este sábado. Una misión egipcia ha hallado su tumba, ricamente decorada, en las arenas de la necrópolis real de Saqqara. Y las autoridades le han otorgado el título del "enterramiento más bello" de un año que agoniza.

"Es el hallazgo del año: una tumba privada excepcionalmente bien conservada y colorida, con estatuas incluidas, que pertenece a un sacerdote de la élite que trabajó durante la quinta dinastía", ha proclamado Jaled el Anani, el ministro de Antigüedades egipcio, durante el transcurso del tradicional boato con el que el régimen ha presentado en sociedad a Wahtye.

El difunto ostentó importantes cargos durante el reinado de Neferirkara (2458-2438 a.C.), el tercer faraón de la dinastía V. El equipo de arqueólogos egipcios se topó con su relación de títulos el pasado noviembre al retirar los escombros que cubrían la entrada a la tumba. Fue en el dintel de la puerta donde aparecieron las tres líneas de jeroglíficos que le rescataron del olvido.

Según la memoria escrita en la piedra, Wahtye fue sacerdote de la purificación real, supervisor del rey e inspector de la barca sagrada. La identidad del finado también asoma por los muros de la oquedad cuyo plano está formado por una sala rectangular de 10 metros de largo, tres de ancho y tres de alto que contiene un sótano al final. El páramo tiene, además, cinco pozos de enterramiento aún por excavar y dos puertas falsas que corresponden al difunto y su madre.

Los frescos -exultantes de color como si hubieran sido pintados ayer- le muestran junto a su madre Merit Meen y algunos miembros de su familia. Las paredes dibujan, además, un fascinante universo, una ventana en el tiempo para descubrir los secretos de la producción de cerámica, la elaboración de vino, las actuaciones musicales, la creación de ofrendas religiosas, la caza o la producción de muebles funerarios.

"Vais a disfrutar viéndolo", avisaba el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa al Waziri, a la comitiva de diplomáticos y periodistas que suele asistir al anuncio de hallazgos. Uno de los tesoros de la tumba es la serie de 24 estatuas esculpidas en la roca que acompañan a 18 nichos.

Con el color aún intacto, las figuras representan al propietario de la sepultura y su familia. Un imponente legado al que se suman otras 31 de una persona aún por identificar que aparece de pie o sentada en la posición de escriba y que escoltan 26 nichos de menor tamaño. "Podría ser del difunto o de algún pariente", sugiere Al Waziri.

La necrópolis de Saqqara -el principal complejo funerario de Menfis, a unos 25 kilómetros al sur de la meseta de Giza- se ha convertido en un filón para unas autoridades ansiosas por anunciar hallazgos y promocionar, de paso, un turismo que está regresando gradualmente tras más de un lustro de agitación política.

Las seis joyas de la egiptología española


Son maravillas rescatadas durante sucesivas y arduas campañas de excavación. La cuidada selección de un inventario que suma decenas de miles de piezas, desde sarcófagos, momias o estelas hasta vasijas, papiros, figurillas funerarias y materiales de embalsamamiento. Un gigantesco puzzle que avala la labor reciente de la egiptología española, una recién llegada si se compara con la tradición centenaria de franceses, alemanes o británicos. La selección aquí presentada -firmada por equipos multidisciplinares donde conviven arqueólogos, arquitectos, restauradores, topógrafos o antropólogos- abarca milenios de historia, a menudo agazapados entre los estratos de cada uno de los yacimientos.

Como en Heracleópolis Magna -a unos 150 kilómetros al sur de El Cairo-, la más veterana de las expediciones españolas en Egipto. "Nuestro hallazgo más espectacular es, sin duda, la tumba de Hotep-Uadjet. Sus paredes están pintadas con escenas funerarias, mostrando al difunto sentado delante de una mesa de ofrendas", explica Carmen Pérez Die, su máxima representante desde hace décadas. Un recorrido por el tiempo que también evoca Myriam Seco, quien codirige desde 2008 la tarea de rescatar el templo funerario de Tutmosis III. "Nuestras expectativas iniciales se han ampliado. En un mismo lugar vamos a poder contar más de 1.000 años de la historia de Egipto porque hemos encontrado hasta una necrópolis de época tardía".

En la sureña Luxor, a un tiro de piedra de los muros que el empeño de esta sevillana han vuelto a erigir, se cita cada febrero el proyecto "Djehuty", a las órdenes de José Manuel Galán. Desde 2002, la misión escudriña una necrópolis excavada en la falda de una colina rocosa. Su último hallazgo, un jardín funerario, acaeció el pasado año. "Se conservan en muy buen estado las semillas que se plantaron hace 4.000 años. El jardín promete ofrecer una información interesante y prácticamente única sobre el uso de las plantas con fines religiosos y funerarios e, indirectamente, sobre el medio ambiente en la antigua Tebas", pronostica su "mudir" (director, en árabe).

En la orilla occidental de Luxor ha hallado refugio, además, el equipo de Antonio Morales, con un prometedor futuro. "Nuestra excavación se ubica entre la meseta de Asasif y la colina septentrional de Deir el Bahari, donde se levantan los complejos funerarios de los principales oficiales de finales de la XI y principios de la XII dinastía. En los últimos dos años hemos conseguido extender la concesión, incluyendo una docena de tumbas en varios sectores de trabajo", comenta esperanzado. Una misión detectivesca que comparte con el proyecto de Miguel Ángel Molinero, también en los pliegues áridos de Luxor. "Cuando empezamos a trabajar, uno de los objetivos era identificar el nombre del propietario, pues sabíamos que el que se le daba entonces era incorrecto. En la tercera campaña, en 2014, apareció un relieve que lo representa. En años posteriores, otros textos de la tumba añadieron más información sobre él. Se llamaba Nisemro y no era egipcio sino nubio", desliza.

Precisamente, enfrascado en la aventura de descifrar la historia de Nubia, cava más al sur, en Asuán, el ejército de Alejandro Jiménez. Su necrópolis de gobernadores de Elefantina guarda aún secretos por doquier. "Para llegar, por ejemplo, al pozo norte de la tumba QH33 tuvimos que excavar doce metros cúbicos de cenizas, cerámicas, huesos, maderas y restos diversos de ajuar", rememora este jiennense. Las seis misiones y sus joyas aquí expuestas son una proeza más de la comunidad científica española, ignorada por las autoridades -a diferencia de otros países europeos, la diplomacia de nuestro país no ofrece ayuda alguna en Egipto-; víctima de los apuros financieros -entre los miembros de estos proyectos, figuran investigadores precarios, doctorandos afincados en el extranjero, científicos en paro o autónomos que aprovechan su período vacacional-; y ejemplo, en fin, de una tenacidad a prueba de burocracia egipcia, aduanas y contratiempos. Un esfuerzo titánico que tiene como recompensa desempolvar joyas como éstas, auténticos retazos de la historia de la Humanidad.



El ataúd de Neb que regresó de entre los muertos

José Manuel Galán Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director de la misión.

El ataúd de Neb data aproximadamente del año 1600 a.C. Es tipo "rishi", antropomorfo y con la tapa reproduciendo las alas que le servirían al difunto para volar y poder salir y entrar de su tumba. El finado saldría al amanecer para disfrutar de las ofrendas que le pudieran invocar y regresaría a la cámara sepulcral al anochecer. Estaba acompañado por figurillas funerarias de madera y de barro halladas en una capilla de adobe muy próximas al pozo donde se encontró el ataúd, que se exponen desde 2015 en el Museo de Luxor. El ataúd de Neb está tallado en un solo tronco de sicomoro. El exterior se recubrió con una fina capa de mortero blanquecino que luego fue enteramente pintada de negro (el color asociado con la resurrección, al evocar la tierra fértil y, por tanto, al dios Osiris). La tapa reproduce la momia del difunto, con las piernas, pies, brazos y manos envueltos junto con el cuerpo, dejando sólo visible la cara. El cuerpo de Neb mide 1,65 metros de altura y tendría alrededor de 45 años. La tapa incluye una fórmula de invocación de ofrendas: "Una prerrogativa que el rey concede y (también) Osiris, señor de Abidos, que otorgue una invocación de ofrendas de ungüentos e incienso, carne de vacuno y ave, alabastro y lino, ungüentos e incienso, todo tipo de alimentos y todo lo apropiado y puro de lo que vive un dios, (para) el ka del osiris Neb".


Heryshef y su esposa la diosa Hathor, en relieve

Carmen Pérez Die, conservadora jefe del departamento de antigüedades egipcias y Oriente Próximo del Museo Arqueológico Nacional de Madrid y directora de la excavación.

Heryshef fue el dios principal de Heracleópolis Magna y en su honor se levantó un templo encontrado por Henri Édouard Naville a finales del siglo XIX y excavado por William Matthew Flinders Petrie y por la misión española que lleva en el yacimiento desde hace más de medio siglo. Heryshef [vinculado en el periodo helenístico de Egipto con el Heracles griego] se representa como una deidad con cabeza de carnero y cuerpo humano. Las menciones a este dios en la mitología egipcia datan de muy antiguo y pronto se convirtió en un dios universal con especiales atributos de fertilidad y poder. En el relieve, procedente del templo de Heryshef, el dios está acompañado por la diosa Hathor, que fue su esposa fiel. Delante de ambos aparece una mano extendida, posiblemente del faraón Ramsés II, ya que los cartuchos con su nombre están inscritos. Por su situación en el templo este relieve pudo estar colocado en la puerta de acceso al patio peristilo, formando parte de la cara interior del pilono. El monumento se halla a unos 15 kilómetros del Nilo y la influencia del río en la orientación del templo puede considerarse nula. En cambio, el aspecto astronomico parece haber jugado un papel fundamental en la orientacion del templo. El sol, en su cenit diario coincide exactamente con el eje longitudinal del santuario.


La ''titulitis'' del Visir Dagi


Antonio J. Morales es profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y director de la expedición.

El sarcófago pertenece al visir Dagi. En su interior, en la parte superior, hay una inscripción monumental que detalla sus nombramientos y, más abajo, textos religiosos escritos en jeroglíficos cursivos que plasman los rituales necesarios para su resurrección. Durante el reinado del faraón Mentuhotep II, el visir Dagi acumuló una gran cantidad de títulos y se convirtió en uno de los oficiales más importantes de la época. Fue nombrado visir, alcalde, juez, director de trabajos, supervisor del tesoro, entre otros cargos. Sin embargo, la preparación y decoración de su sarcófago en caliza debió realizarse pronto en su carrera, pues el único título oficial que aparece inscrito en el mismo es el de "supervisor del portal", un cargo de carácter religioso o administrativo. Con la decoración de su sarcófago, Dagi deseaba asegurarse la vida eterna. Para ello se inscribieron en un registro superior su nombre, sus cargos y la licencia del rey y Osiris, que permitía enterrarse en la necrópolis tebana. En su pared frontal, la famosa lista de ofrendas reflejaba los múltiples donativos que se establecían para su culto funerario y para la preservación de su persona como espíritu (ka). El resto de inscripciones incluían numerosos ensalmos de protección y regeneración que debían garantizar la resurrección del difunto y su vida eterna como un ser.


Las alhajas de una dama sin nombre


Myriam Seco es directora del Proyecto de excavación del templo funerario Tutmosis III.

En 2014 comenzamos a excavar el sector sur de la sala hipóstila del templo. Localizamos dos tumbas y en una de ellas nos llevamos la sorpresa de hallar una colección de joyas de oro que pertenecían a una dama de la clase alta tebana. Una de las piezas más destacadas, en perfecto estado, es una pulsera con dos cables conectados por un nudo que lucía en ambas muñecas y que tenía una misión protectora. También llevaba un colgante dorado con forma de concha, muy típico del reino Medio y un amuleto cilíndrico formado por la combinación de pequeñas cuentas de amatista y oro. Además, portaba una tobillera plateada en cada tobillo, con características similares a los brazaletes. Su preservación fue un hecho muy especial porque todas las tumbas cercanas fueron saqueadas ya en la antigüedad. La salvó que el techo del enterramiento cediera por la humedad. Cuando los ladrones entraron a robar, no lograron acceder al sarcófago, que con el tiempo y la acción de las termitas se fue desintegrando. Tras retirar los bloques del derrumbe, lo que encontramos fue un esqueleto con algunos restos de momificación colocado en un ataúd de madera deshecho. Al limpiarlo, nos percatamos de que llevaba joyas. No sabemos la identidad de la que llamamos "la dama de la tumba número 14" porque desapareció el sarcófago y la estela funeraria familiar que sí hemos encontrado en otras tumbas fue robada. Las únicas certezas es que era joven y bajita.


Los misterios de Heqab III


Alejandro Jiménez es profesor de la Universidad de Jaén y director del proyecto.

Durante nuestra tercera campaña, seguimos excavando el gran complejo funerario QH33. Soñábamos con hallar una cámara y así fue. Lo que no esperábamos es que estuviera sellada y que ese cierre fuera original. Nadie había abierto el enterramiento desde 1825 a.C. Tras una apertura parcial y un reconocimiento preliminar documentado fotográficamente, volvimos a sellar la sepultura hasta que la capilla funeraria estuviera completamente excavada. Un objetivo que nos llevó tres campañas más. En 2013, abrimos definitivamente la cámara y accedimos al magnífico ataúd de madera de cedro así como al ajuar. Allí apareció Heqaib III. Es muy posible que fuera el último gobernador de Elefantina enterrado durante la Dinastía XII en la necrópolis, ya que los siguientes gobernadores parece que fueron enterrados en la necrópolis real. Una de las cuestiones más interesantes que encontramos en el enterramiento de Heqaib III fue una ofrenda de la madre del gobernador Sattjeni V, que le dejó una fuente cerámica con ofrendas a su hijo. Esta dama, ante una crisis en la que desaparecieron los herederos masculinos, se convirtió en la portadora de los derechos dinámicos. Ellas, como descendientes directas de la línea de los gobernadores, solucionaron la crisis a través de matrimonios, cuyo resultado fue el aumento de la descendencia, asegurando su continuidad.


Las incógnitas de la mesa de ofrendas

Miguel Ángel Molinero Profesor de Historia Antigua de la Universidad de la Laguna y director del proyecto.

Es uno de los ejemplos más bellos aparecidos de mesas de ofrendas. Más allá de la calidad en su ejecución y de la originalidad de alguna de las imágenes que lo componen, como el oryx, su interés está en los interrogantes históricos que plantea: cuál es su cronología y, desde una perspectiva más amplia, dónde fue elaborada y para quién. Nuestro problema es que el último estudio general sobre mesas de ofrendas tiene un siglo y ya no responde a las preguntas que nos hacemos hoy. La mesa apareció en un contexto arqueológico claro, pero no puede aclarar nuestras dudas. La tumba TT 209 fue construida para Nisemro hacia fines del siglo VIII a.C., pero fue abierta cuatro siglos después para albergar nuevos enterramientos. Como la mesa apareció sobre el suelo podríamos pensar que corresponde al propietario original, pero está rodeada por recipientes cerámicos de época persa y, por tanto de un momento de reutilización ¿se hizo para el primer ocupante o para los que fueron enterrados en la segunda fase? Para complicar la situación, la materia prima sobre la que está elaborada, una arenisca anaranjada de grano grueso, es muy semejante a la utilizada en las mesas nubias y su estilo también recuerda el de los ejemplares de esta procedencia ¿pudo haber sido tallada en la región de la que era originario Nisemro y haber sido traída como parte de un ritual de enterramiento en el que se combinaron las tradiciones egipcias y nubias?.

Artículo: Francisco Carrión.

4 de diciembre de 2018

La faraona de Egipto que fue casi exterminada de la historia es tan importante como Cleopatra


Como suele suceder con la mayoría de los cargos de poder a lo largo de la historia, los faraones del Antiguo Egipto eran hombres. Sin embargo, algunas intrépidas mujeres llegaron a ese lugar, como es el caso de Hatshepsut. Aunque el trono le correspondía desde un comienzo, fue relegada varias veces frente a sus parientes y esposo, para finalmente ocupar el lugar.

En Egipto, los faraones tenían esposas secundarias, mujeres de harén con las que tenían hijos. En caso de no engendrar un heredero con la esposa principal, uno de esos niños podía acceder al trono. Hatshepsut era la única hija sobreviviente del matrimonio principal del faraón Tutmosis I, pero al ser mujer se prefirió a uno de sus medio hermanos para suceder al padre.

A los 12 años tuvo que casarse con Tutmosis II, su medio hermano, como forma de consolidar el reinado de este. Ser hijo de una esposa secundaria no daba demasiado prestigio y su padre, Tutmosis I, había tenido el mismo problema porque su padre no había engendrado heredero en su matrimonio inicial. Al unirse Hatshepsut con Tutmosis II el poder se hacía mayor para él, teniendo un vínculo más fuerte con la familia real.

La cuestión se complicó cuando no lograron tener un heredero varón, porque Tutmosis II murió al poco tiempo y su hijo con una esposa secundaria era muy pequeño para reinar. Así es que Hatshepsut se convirtió en reina regente, algo bastante común en esos casos. Manejó los asuntos de estado en nombre de su hijastro. Luego, en un momento dado, decidió nombrarse a sí misma como faraona aunque legalmente Tutmosis III debía serlo.

Hubo otras antes que ella, pero fue la primera en ser faraona cuando el heredero aún estaba vivo. En un comienzo los historiadores y arqueólogos tuvieron la teoría de que era por ansias de poder, pero con un poco de investigación es fácil darse cuenta que no era así. Más bien parecía ser una forma de proteger a Tutmosis III quien corría peligro de perder el trono por el mismo motivo que su padre al no ser hijo de una esposa principal. Hatshepsut le dio una educación ejemplar y completa que lo prepararía mucho más que cualquier otro faraón en el pasado.

Estando en el poder ella podría haberlo asesinado, pero no lo hizo. Cuando Tutmosis III fue adulto se convirtió en militar y ella lo nombró comandante supremo de los ejércitos. Incluso con todo ese poder estratégico el joven no decidió quitarla del poder.

Así se destapa en directo un sarcófago de una momia egipcia intacta de hace 3.000 años


Un equipo de arqueólogos francés descubría a principios de mes dossarcófagos de hace 3.000 años en El-Asasef, una conocida necrópolis que se encuentra en la orilla occdiental del Nilo. Una de ellas ya fue abierta y examinada por las autoridades egipcias, que, con la segunda, han decidido realizar estaproceso frente a las cámaras por primera vez.

«Uno de los sarcófagos tiene un estilo rishi, propio de la XVII Dinastía egipcia, mientras que el otro correspondía a la XVIII», ha afirmado Khaled Al Anani, ministro de Antigüedades. «Las dos tumbas -continuaba Al Anani- fueron descubiertas con las momias en su interior».

La XVIII Dinastía data del siglo 13 antes de Cristo y en ella reinaron algunos de los faraones más famosos, como Tutankamón y Ramsés II.

Antes de abrir este sarcófago, que pertenecía a una mujer identificada como Thuya que estaba envuelta en lino, frente a las cámaras, las autoridades egipcias ya habían hecho lo propio con el otro ataúd, cuyos restos han sido identificados como los de Thaw-Irkhet-if, supervisor de la momificación en el citado lugar sagrado.

Para sacar a la luz la tumba fue necesario remover trescientos metros cúbicos de tierra a lo largo de cinco meses. Fue construida durante el Reino Medio -hace 4.000 años- y reutilizada en el último periodo, contenía cinco máscaras coloreadas y cerca de mil estatuas Ushebti, las pequeñas figuras se depositaban junto al difunto para servirlo en el Más Allá. También había momias, esqueletos y calaveras, y los techos estaban pintados con dibujos del propietario y su familia.

Egipto ha dado a conocer una docena de descubrimientos desde comienzos de año. El país espera que estos hallazgos hagan reavivar el interés de los turistas por los templos de los faraones y sus pirámides, que buscan otros destinos desde el levantamiento político de 2011.

25 de noviembre de 2018

Descubren una tumba en Egipto de 3300 años


Una misión de arqueólogos egipcios y franceses localizó una tumba casi intacta que contenía las momias de un sacerdote y su mujer. Procede del siglo XIII AC.

En el interior de la tumba en una necrópolis de la antigua ciudad de Luxor además de dos imponentes sarcófagos policromados había cerca de mil estatuillas.

Khaled el-Anani, ministro egipcio de Antigüedades, destacó la riqueza del enterramiento y la variedad de objetos: "Encontraron una nueva tumba del periodo Ramesside con pinturas muy hermosas, pinturas en color, con una representación de la Reina Ahmose-Nefertari y su hijo Amenhotep I ambos deificados durante el período de Ramesside.

Encontraron muchas piezas de interés, los hallazgos más destacados por supuesto, son los dos sarcófagos que estaban dentro de la tumba".

Según los responsables de la excavación, en el sur de Egipto, en la necrópolis de Al-Assassifla, la importancia del descubrimiento radica en la posición destacada que ocupaba el propietario de la tumba, sacerdote en la que fue capital del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto, pero sobre todo en el hecho de que se encuentra intacta.

Las autoridades egipcias anuncian regularmente descubrimientos arqueológicos, para contrarrestar las acusaciones de falta de rigor científico y negligencia en la conservación de sus antigüedades.

Hallan inscripciones de la era del faraón Ramsés II


Los arqueólogos que efectúan excavaciones en El Cairo hallaron dos bloques de piedra caliza con inscripciones de un ingeniero de la época del faraón Ramsés II, uno de los monarcas más longevos de la antigüedad.

El Ministerio de Antigüedades dijo que los artefactos fueron hallados en el templo de Ra, el dios egipcio del sol, en el barrio cairota de Matariya.

Según el egiptólogo Mamdú el-Damaty, las inscripciones revelan que el ingeniero supervisó la construcción de una cabina con asiento usada por Ramsés II en festejos y reuniones públicas. Este faraón reinó durante más de 60 años, entre 1279 y 1213 a.C., aproximadamente.

Egipto suele anunciar los descubrimientos arqueológicos para despertar interés en sus tesoros e impulsar el turismo, fuertemente afectado por la inestabilidad política tras la insurrección de 2011.

19 de noviembre de 2018

La joven egipcia que permaneció 3.700 años con el feto "cabeza abajo" dentro de su tripa


Hace 3.700 años una madre murió poco antes de dar a luz al hijo que había gestado durante meses. El óbito de ambos acaba de aparecer en una pequeña tumba en el sur de Egipto, fruto de las excavaciones de una misión italo-estadounidense que horada las entrañas del lugar desde más de una década en busca de respuestas a la vida en tiempo de los faraones.

La progenitora, cuyo nombre se desconoce, tenía alrededor de 25 años y estaba cercana al parto. Su cadáver permanecía en una estrecha oquedad en posición contraída y envuelto en cuero. El bebé descansó durante milenios en el interior de su madre, alojado en su área pélvica. Según los primeros análisis, el feto ya se hallaba cabeza abajo, por lo que los estudiosos barruntan que madre e hijo pudieran fallecer durante el nacimiento.

El esqueleto de la parturienta también revela que sufría una desalineación pélvica, "probablemente resultado de una fractura que no se curó correctamente", según la nota divulgada por el ministerio de Antigüedades egipcio. Un achaque que, a juicio de la misión liderada por la egiptóloga italiana Maria Carmela Gatto, de la universidad británica de Leicester, podría haber provocado complicaciones durante el parto y desembocado en la muerte de ambos.

Los restos de madre e hijo han asomado en un enterramiento casi intacto excavado en un pequeño cementerio usado inicialmente por nómadas que se trasladaron a Egipto desde una zona desértica de la vecina Nubia durante el Segundo Período Intermedio (1750-1550 a.C.).

En la sepultura, dos vasijas de cerámicas acompañaron a la pareja en su viaje hacia la otra vida: una pequeña jarra bellamente modelada y desgastada por años de uso y un tazón con una superficie pulida roja y un interior negro manufacturado por comunidades nómadas siguiendo como patrón el estilo nubio.

La sorpresa que ha captado el interés de los arqueólogos es una ofrenda que completaba el ajuar de la tumba, elaborada a partir de cáscaras de huevo de avestruz sin terminar de ensamblar. Algunas de ellas aún conservan el orificio central que debía atravesar el collar. La razón de su hallazgo desconcierta a la expedición. Algunos sostienen que podría proporcionar algún dato de la difunta, como su trabajo como reputada fabricante de cuentas y el deseo de su familia de colocar en su enterramiento el material en el que trabajaba para honrar su memoria.

El proyecto arqueológico Asuán-Kom Ombo -que horada desde 2005 zonas arqueológicas próximas a la sureña ciudad de Asuán, a 800 kilómetros al sur de El Cairo- ha firmado investigaciones que desvelan una "época histórica crucial" anterior a la unificación del valle del Nilo en la que se establecieron los fundamentos políticos sobre los que se construyó el fascinante Egipto de los faraones.

12 de noviembre de 2018

Dos momias de escarabajos, un hallazgo único en las arenas de Egipto


Asomaron en pareja, escondidos en un pequeño ataúd de caliza, y son un hallazgo tan singular como desconcertante. Una misión egipcia ha hallado en las arenas de la necrópolis de Saqqara las momias de dos escarabajos, las primeras de la que se tiene constancia en el antiguo Egipto, junto a decenas de gatos momificados que hallaron sepultura en el principal complejo funerario de Menfis, la primera capital de Egipto.

"Es un hallazgo singular. Hemos descubierto los ataúdes de dos escarabajos momificados. Son únicos", reconoce Sabri Farag, director general de la necrópolis de Saqqara, a unos 25 kilómetros al sur de la meseta de Giza. Es mediodía y bajo un sol radiante una comitiva de diplomáticos y periodistas se desliza por los alrededores de la pirámide de Userkaf para asistir al anuncio del enésimo descubrimiento de la tierra de los faraones.

La misión arqueológica que firma el hallazgo comenzó a horadar el terruño hace ocho meses. Y los resultados no han tardado en aparecer en una árida geografía en la que conviven humanos y animales. "Saqqara se convirtió en un gran centro para animales sagrados durante el antiguo Egipto", admite Farag desde el interior de la una de las siete tumbas desveladas por la expedición. Tres pertenecen al reino nuevo y fueron usadas siglos después como cementerio de gatos. De las otras cuatro descuella la de Khufu-Imhat, el supervisor de la construcción de edificios en el palacio real.

"Estamos ante un descubrimiento muy importante. Durante las tareas de excavación localizamos dos cajas. Uno de los sarcófagos, de caliza y con un insecto tallado en su exterior, contiene más de 200 escarabajos mientras que el segundo, rectangular y con tapa decorada con tres insectos en negro, alberga dos escarabajos momificados", detalla Mustafa al Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades. "Desde que dimos con ellos, hemos preguntado a museos de Estados Unidos, Italia, Francia, Bélgica o Reino Unido en busca de ejemplares similares. Y la respuesta ha sido que no existen. Tienen ataúdes de escarabajos pero no momias. Estamos muy orgullosos", añade.

El culto a la fauna en el Egipto de los faraones alcanzó su cenit entre los periodos tardío (656-332 a.C.) y ptolemaico (332-30 a.C.) cuando, ajenos a su destino como súbditos romanos, decenas de miles de peregrinos adquirían animales embalsamados y los depositaban en enormes catacumbas con la esperanza de que el dios encarnado por los restos escuchara sus ruegos. Así, junto a los insectos envueltos en lino, el equipo ha rescatado de las entrañas decenas de momias de gatos.

5 de noviembre de 2018

Egipto reabre la pirámide de Guiza tras su restauración


La segunda de las tres famosas pirámides de Guiza será reabierta al turismo esta semana tras culminar el trabajo de restauración que duró unos dos meses, dijo el miércoles el Ministerio de Antigüedades de Egipto.

A través de un comunicado señaló que la pirámide del rey Kefrén, una de las tres grandes pirámides que engalana la provincia de Guiza, al sur de El Cairo, reabrirá el jueves.

Ashraf Mohi al-Din, director de la Meseta Guiza, dijo que el proceso de restauración incluyó las escaleras que dan a la pirámide.

De igual manera se realizaron cambios a su sistema de alumbrado interno y el refuerzo de partes débiles de los corredores y el templo funerario.

El ministerio dice que cerrará la tercera pirámide, la del rey Mikerinos, para comenzar a restauraciones.

Las pirámides de Guiza, patrimonios culturales de la humanidad según la UNESCO, datan de la cuarta dinastía durante el Imperio Antiguo.

Las pirámides de Guiza es el nombre genérico que se da a las tres grandes pirámides: la de Keops, la de Kefrén y la de Micerinos, construidas por los antiguos egipcios hace unos 4,500 años en la necrópolis del mismo nombre, a las afueras de la actual ciudad de El Cairo.

Tan solo la pirámide de Keops, conocida también como la Gran Pirámide, la más antigua y mayor de todas, y la única de las Siete Maravillas del mundo clásicas que aún perdura, está construida con unas 170,000 toneladas de piedra caliza, más de 2.3 millones de bloques de piedra con un peso medio de dos toneladas y media por bloque, que tuvieron que ser movidos cada día durante al menos 20 años.

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