Novedades editoriales

25 de abril de 2017

El arqueólogo español que levanta colosos en Egipto


Hace ya 14 años de la primera vez que Miguel Ángel López Marcos se enfrentó a un gigante. Ha llovido tanto que, baqueteado en tales lides, va camino de lidiar con su décimo coloso. En los últimos tres lustros este arqueólogo castellano ha librado una batalla contra el tiempo y los achaques de las esculturas de proporciones faraónicas que permanecían esparcidas o enterradas entre las ruinas del templo de Amenhotep III, el más imponente de los recintos que una vez habitaron la antigua Tebas.

Vamos en su búsqueda con el eco aún fresco del extraordinario hallazgo de un coloso sumergido en el fango de un descampado de Matariya, un populoso barrio de El Cairo. Un descubrimiento que ha asombrado a la Egiptología pero que López Marcos explica sin demasiada excitación. "Algo he oído pero se trata de un coloso más pequeño de los que acostumbro a reconstruir, de unos ocho metros. Su restauración será sencilla", dice a pie de obra desde la turística Luxor, donde apura su enésima campaña como miembro del proyecto que dirige la arqueóloga germano-armenia, Hourig Sourouzian.

"Jamás imaginé que pudiera hacer algo así. Fue un trabajo que comencé aplicando los conocimientos a los problemas que me encontraba", señala este soriano de 53 años que, repartido en dos temporadas, dedica seis meses al año a rescatar, ensamblar y curar a los colosos que flanqueaban los pilonos del templo. El complejo de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) -bisnieto del gran Tutmosis III y padre del hereje Ajenatón- es una rara avis en la ribera occidental de Luxor.

Fue construido en la frontera entre los campos verdes y la tierra desértica, donde se halla el resto de templos. Consta de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila y un santuario... Cientos de esculturas -retratos del faraón, su familia y sus dioses más queridos- se despeñaron. "Se piensa que la mayoría de las figuras cayeron a la vez. Según cuenta Estrabón, sucedió en el terremoto que se registró en el 27 a.C. Fue el mayor temblor y la causa del derrumbe de casi todo el templo", indica el experto.

"Los bloques fueron reutilizados para levantar un templo y algún palacio de época ramésida. Todos los colosos y las piezas que no podían se transportadas las dejaron aquí. De arquitectura no ha quedado nada. La sala hipóstila debía ser increíble pero solo quedan las basas de las columnas". De desempolvar la estatuaria que una vez lució en los muros del templo se encargan el español y la cuadrilla que administra, compuesta por 35 obreros.

Tres condenados por traer a España piezas expoliadas de yacimientos egipcios


El Juzgado de lo Penal número 2 de Valencia ha condenado a un año de prisión a tres hombres que introdujeron en España, a través del Puerto de Valencia, obras arqueológicas expoliadas de excavaciones ilegales de Egipto.

En el interior de un contenedor fueron localizadas 36 piezas arqueológicas de figuras humanas y de animales, ánforas pequeñas, vasijas y cofres de madera pertenecientes a dinastías del Antiguo Egipto y con un valor de tasación de entre 214.000 y 253.000 euros.

Según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV), el juez considera a los tres hombres, de nacionalidad egipcia, autores de un delito de contrabando y, además de la pena de cárcel, les impone una multa de 500.000 euros.

Durante la vista, los tres reconocieron los hechos y se conformaron con el año de cárcel solicitado por el Ministerio Público. La sentencia absuelve a un anticuario contra el que el fiscal no formuló acusación, según las mismas fuentes.

Los hechos sucedieron en 2014, cuando los ahora condenados, coordinados con otro grupo de personas encargado del expolio en Egipto, organizaron la entrada en España de piezas arqueológicas robadas en excavaciones ilegales desde este país con el propósito de venderlas "con evidente ánimo de lucro".

El cargamento viajó en un buque con bandera de Luxemburgo, desde el Puerto de Alejandría, con destino Barcelona y escala en el Puerto de Valencia. Para el transporte, colocaron las piezas en el interior de jarrones de cerámica de gran tamaño que, a su vez, embalaron en 182 cajas e introdujeron en un contenedor.

Cuando el barco llegó al Puerto de Valencia, los agentes de la Guardia Civil detectaron una anomalía en la carga, por lo que intervinieron el contenedor. Allí localizaron 36 piezas arqueológicas, de figuras humanas, de animales, ánforas pequeñas, vasijas y cofres de madera que estaban ocultas y sin declarar en la aduana.

Bajo el techo del faraón Tutmosis III


El cartonaje, decorado con vivos azules, rojos, verdes y amarillos, solo tiene un milímetro de grosor. Está muy bien conservado, pero es tan frágil que con solo tocarlo con el dedo podría romperse. En su interior, separada de la superficie por un vacío de unos cinco centímetros, descansa la momia de quien en los siglos XI o X antes de Cristo ostentó el preciado título de Sirviente de la Casa Real. “No sabemos cuál era exactamente su función pero era un alto funcionario llamado Amon Renef. Los rayos X han revelado que conservaba la dentadura completa y probablemente era una persona joven, con todos los huesos en su sitio”, relata la arqueóloga Myriam Seco (Sevilla, 1967), recién llegada al Museo Egipci de Barcelona, donde el lunes impartía un seminario sobre los últimos hallazgos de la misión arqueológica del Templo funerario del faraón Tutmosis III, conocido como el Napoléon egipcio, que dirige tenazmente en Luxor desde el 2008.

El hallazgo de este cartonaje, “de una calidad y un colorido increíble”, ha sido premiado como uno de los 10 descubrimientos del 2016 en Egipto por la revista ‘Luxor Times’. “Estaba en un nicho muy pequeño y estrecho y para no romperlo tardamos ocho días en poder sacarlo con garantías –cuenta Seco-. Lo resguardaba un sarcófago antropomórfico que estaba totalmente comido por las termitas, solo quedaban la cara y los pies. Sobre él había una guirnalda de flores”.

La radiografía reveló que la momia de Amon Renef no tenía amuletos en su interior. “Seguramente porque el cartonaje está decorado con muchas divinidades protectoras, como Isis y Neftis, la cobra del disco solar, los cuatro hijos de Horus, una cabeza de carnero y otra de halcón y Anubis”, continúa la arqueóloga, mientras señala una pieza expuesta en el Egipci, de la misma época, el Tercer periodo intermedio, y con trazos similares, aunque con colores mucho menos vivos y sin el cuerpo de la noble dama que lo ocupó en su día.

La tumba de este relevante sirviente real lleva a Seco a pensar que puede haber otras alrededor, pues el proyecto del templo de Tutmosis III, patrocinado por la Fundación Botín, Cajason, Cemex y Santander-Universidades, no para de dar sorpresas datadas a lo largo de “1.000 años de historia”. En septiembre iniciará la décima campaña con un equipo de más de 30 especialistas -egiptólogos, topógrafos, fotógrafos, dibujantes…-, la mayoría españoles, y 150 ayudantes egipcios y calcula que dentro de unos siete años el macrocomplejo podrá por fin visitarse como un museo al aire libre.

Cuando en el 2008 la arqueóloga sevillana inició el proyecto, los muros del templo estaban completamente cubiertos de arena y a su alrededor descubrieron lo que debió ser como el “basurero”, con toneladas de restos de cerámica de ofrendas -vasijas, ostracas, fragmentos de estelas...-. Ahora, en el perímetro del templo (de 100 metros de fachada por 160 de fondo) del próspero Tutmosis III, hijastro de la reina Hatshepsut, han hallado un complejo religioso posterior, de un sacerdote, Jonsu, que veneraba aún al faraón conquistador en la época de Ramsés II.

20 de abril de 2017

Los tesoros que dejó atrás el «saqueador de tumbas» en Deir el Bahari


Entre los siglos XIX y XX, decenas de arqueólogos y aventureros envueltos en una pátina de romanticismo, desde Belzoni a Howard Carter, se acercaban como moscas a un Egipto que se dibujaba, en el imaginario colectivo europeo, preñado de tumbas, pirámides, momias y tesoros faraónicos, buscando el reconocimiento de un descubrimiento tras otro. Sin embargo, la egiptología como ciencia arqueológica, años después, es mucho más que llegar y besar el santo, como demuestra la expedición liderada por el español Antonio Morales, que desde 2015 investiga y cataloga los tesoros científicos menospreciados por los pioneros de la egiptología en dos tumbas de más de 4.000 años de antigüedad en la necrópolis de Deir el Bahari.

El egiptólogo Herbert Winlock (1884-1950) pasó como un torbellino por las tumbas de la colina de Deir el Bahari en la orilla occidental de Luxor, junto a la antigua Tebas, dirigiendo una expedición del Metropolitan de Nueva York en los años 20. Casi un siglo después, el trabajo que queda en la necrópolis es ingente: «Winlock excavó muchas tumbas, pero publicaba muy pocos datos. Tenía muy buen estilo escribiendo. A lo mejor publicaba un artículo de seis páginas, y dos eran sobre detalles mundanos como la visita de la señora tal o cual, y sólo dos se dedicaban a la información arqueológica extraída de las tumbas. Se dedicaba a la épica más que al trabajo científico», explica a ABC el egiptólogo sevillano.

El equipo de Morales, con 20 profesionales internacionales de diferentes disciplinas (desde geólogos a expertos en momificación) sigue los pasos de Winlock en las tumbas de Ipi (TT 315) y Henenu (TT 313), visir y tesorero real del reinado del faraón Mentuhotep II y su sucesor Amenemhat I. «Aquí queda mucha arqueología por hacer», asevera.

Pese a lo poco publicado por Winlock sobre estas dos tumbas, que datan del periodo conocido como Reino Medio (hacia el 2000 a.C.), su arquitectura y organización se utilizan como referentes de estudio de sepulcros de periodos posteriores (el Reino Nuevo). Sin embargo, las investigaciones del equipo de Morales, auspiciadas este año por primera vez por la Universidad de Alcalá de Henares, están cambiando esos paradigmas a cada piedra que extraen. «Como apenas se sabía nada, todo lo que sacamos está cambiando lo que creíamos conocido. Por ejemplo, se pensaba que la estructura estándar es una zona pública con un patio muy extenso, de unos 100 metros, seguido de la zona privada. Sin embargo, en el sepulcro del visir Ipi hemos visto que los arquitectos cortaron la roca madre para hacer una rampa central en el patio», sostiene Morales mientras pelea con la burocracia egipcia por obtener los permisos para que visitantes puedan acceder al yacimiento.

Egipto presenta una gran estatua de Ramsés II recién restaurada


Una gran estatua de granito del faraón Ramsés II, que estaba destruida en 57 trozos, vuelve desde este miércoles a adornar el templo de Luxor, en Egipto. La talla ha sido restaurada para volver a ser una sola pieza de 11 metros de altura y 75 toneladas de peso. El Gobierno la ha presentado en una ceremonia iluminada a orillas del Río Nilo.

Ramsés II fue el más poderoso y reconocido de los ancianos faraones. Reinó hace más de 3.000 años y se le conoce también como Ramsés el Grande o como Ozymandias. Lideró numerosas expediciones para expandir el imperio egipcio hacia el norte hasta Siria, y hacia el sur a Nubia, en la frontera con Sudán.

Los pedazos de la escultura de este emperador fueron encontrados entre 1958 y 1960. Sin embargo, pasaron cuatro décadas antes de que volvieran a ser unidos para dar forma a Ramsés II. Egipto organizó la presentación de la estatua la noche de este miércoles en el templo de Luxor, un día después de que fuera encontrada cerca de ahí una tumba intacta de la época faraónica.

El Gobierno ha impulsado una serie de proyectos arqueológicos para recuperar zonas o realizar nuevos descubrimientos que impulsen el turismo, golpeado por los múltiples ataques terroristas que han ocurrido en el país en los últimos años. Hisham El Demery, jefe de la Autoridad de Desarrollo Turístico, mostró su alegria por considerar que la afluencia de turistas atraídos por el Egipto clásico, Luxor, Aswan, los cruceros por el Nilo... "está volviendo a los niveles normales".

18 de abril de 2017

Descubren un tesoro de hace más de 3.000 años oculto en Tebas


El ajuar de un nuevo personaje resucita en la tierra árida de la Tebas que Homero bautizó como la ciudad de las cien puertas. Una misión de arqueólogos egipcios ha desempolvado la colección funeraria de un noble de Reino Nuevo que hace más de tres mil años sirvió en los pasillos judiciales de la actual Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.

La sepultura de Userhat -hallada en la ladera de Dra Abu el Naga, donde también excava el proyecto español Djehuty- comparte arquitectura con los nobles vecinos. Una típica tumba en forma de T que comienza con un gran patio al aire libre, se interna en la roca con una primera habitación rectangular y discurre hacia la cámara funeraria a través de un angosto pasillo.

La expedición, que continúa horadando sus entrañas, halló la entrada al enterramiento tras abrirse paso por los 450 metros de escombros que sepultaban el patio. Según Mustafa al Waziri, director de antigüedades en Luxor y jefe de la expedición, el nicho contiene decenas de estatuas, ataúdes y momias.

Así, en la estancia que inauguraba el descanso eterno del noble el equipo descubrió un ataúd de madera "bien conservado y decorado con coloridas escenas", ha detallado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un escueto comunicado.

Junto al sarcófago, los expertos localizaron un pozo de nueve metros de profundidad que dirigía a dos habitaciones. En la sala oriental, desperdigado entre montañas de desechos, se escondía un pequeño tesoro de máscaras funerarias, ushabtis [figurillas funerarias colocada en las tumbas del Antiguo Egipto con la creencia de que sus espíritus trabajarían para el difunto en la otra vida] y la tapa de un ataúd. "La segunda estancia está ubicada en el lado oeste pero no ha sido aún excavada por completo", precisa la nota.

No son las únicas alhajas que han sido desenterradas. Siguiendo la senda marcada por el corredor de la tumba, la misión se ha topado con una cámara interior que guardaba una colección de sarcófagos de la dinastía XXI (1069-945 a.C.) con las momias envueltas todavía en lino. El nicho almacenaba también sendas colecciones de ushabtis tallados en bella fayenza [cerámica con un acabado vítreo], terracota y madera y vasijas de barro de diferentes formas y tamaños.

14 de abril de 2017

"Sin una vocación clara no se puede llevar una vida como la mía"


Aunque el domicilio oficial de Myriam Seco (Sevilla, 1967) está en El Cairo, en Sevilla conserva un apartamento embutido en la laberíntica y amplia casa paterna, una especie de museo de antigüedades que deja claro que pertenece a una larga y fructífera saga de orfebres hispalenses: los Seco Velasco. Allí, aprovechando una de sus periódicas visitas a la ciudad, le hacemos esta entrevista acompañados por uno de los muchos perros que habitan el domicilio. Mujer de fuerte vocación y voluntad férrea, Myriam Seco tuvo que abandonar Sevilla tras licenciarse en Historia Antigua para poder consumar su sueño de ser egiptóloga.

No fue fácil. Después de doctorarse en la Universidad de Tubinga tuvo que fatigar en numerosos yacimientos hasta que, finalmente, pudo tener un proyecto propio de envergadura: la excavación del templo de Tutmosis III, en Lúxor, que cumplirá una década el próximo año. Con anterioridad también saltó a los titulares por el descubrimiento y excavación de un pecio fenicio en las costas del Líbano.

9 de abril de 2017

Nombran al egiptólogo Zahi Hawass Embajador de la Herencia Cultural de IFPSD


EL famoso arqueólogo egipcio y ex ministro de Antigüedades Zahi Hawass fue nombrado este sábado como “Embajador oficial para el Patrimonio Cultural”, por la Federación Internacional para la Paz y el Desarrollo Sostenible, conocida por sus siglas en inglés como (IFPSD).

Hawass es uno de los más célebres egiptólogos del mundo, y en los últimos años ha adquirido gran renombre fuera de los círculos arqueológicos por sus frecuentes apariciones en documentalestelevisivos dedicados al Antiguo Egipto, además es explorador honorario de National Geographic

La presidenta de IFPSD, Sally Kader, expresó que la federación eligió a Hawass por su contribución al campo de la arqueología, tanto en excavación como en conservación.

“Sus principales descubrimientos en Egipto son conocidos en todo el mundo”, dijo Kader, dijo además que Hawass es capaz de “atravesar su pasión y programas de televisión para llegar a los hogares de personas de todo el mundo”.

Kader anunciará la cita del famoso arqueólogo en una ceremonia especial el 19 de abril en la sede de la ONU en la ciudad de Nueva York.

El evento contará con la presencia de la mayoría de los Embajadores de las Naciones Unidas, junto con expertos y colaboradores mundiales en los campos de la cultura, los museos y la arqueología.

Hawass dijo a un medio que estaba profundamente honrado de recibir el título, diciendo que hablaría en el evento sobre el salvamento del patrimonio arqueológico y cultural de Siria, Libia e Irak.

“Trabajare en cooperación con la Liga Árabe, arqueólogos de todo el mundo, así como instituciones estadounidenses para salvar estos monumentos arqueológicos en peligro de extinción”, dijo Hawass.

Los secretos de Egipto que esconde la policromía


Un enorme espacio diáfano e impoluto, varias camillas, batas blancas y aparatos gigantes e indescifrables copando la sala. El aspecto del torreón norte, donde se ubica el laboratorio de restauración, del Museo Arqueológico Nacional (MAN)luce casi como un quirófano de hospital. Aunque, en este caso, los pacientes han sobrepasado ya los varios miles de años. Preparadas para ser analizadas se encuentran cinco piezas egipcias seleccionadas por el museo sobre las que un equipo de científicos europeos realizan un novedoso estudio técnico y material de las policromías.

“Hay pocos museos que cuenten con laboratorio propio. Es muy importante para el departamento de conservación disponer de uno, porque a la hora de intervenir las obras tenemos que conocerlas exhaustivamente para poder intervenir con garantías”, sostiene Teresa Gómez, Conservadora jefe del Departamento de Conservación del MAN. El proyecto fue solicitado por la galería y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) al proyecto MOLAB, laboratorios móviles europeos que se enmarcan dentro de la plataforma de investigación cultural Iperion.

El análisis de las policromías desde un punto de vista multidisciplinar con la tecnología puntera que traen estos laboratorios se traduce en varias vertientes fundamentales para descubrir muchos más detalles de las piezas. “Conocer la policromía egipcia nos va a dar también mucha información sobre su estado de conservación y sobre las intervenciones históricas que ha tenido. Y también ver la incidencia de los compuestos orgánicos volátiles, es decir, los agentes contaminantes”, asegura Gómez. El MAN tiene, además, otro proyecto en marcha para controlar la contaminación del museo, una línea de investigación a la que le están dando mucha importancia, según detalla la conservadora. Esta línea también está incluida en el estudio europeo. “Hemos seleccionado unas obras que están en depósito y otras que están en exposición, y vamos a comprobar la incidencia de la contaminación sobre la policromía en uno y otro caso”.

3 de abril de 2017

Tras las huellas de los guardianes del sur de Egipto


Escarbar entre legajos, recuerdos y sepulturas en busca de una retahíla de antepasados puede ser una aventura conmovedora, perturbadora o terriblemente estéril. Si el propósito es tejer el mapa de una familia ajena, que habitó hace 4.000 la tierra ardiente del sur de Egipto, resulta una misión aún más intrincada.

Una tarea de tintes novelescos a la que se dedica desde hace cerca de una década la expedición española que excava las entrañas de la colina de Qubbet el Hawa, una necrópolis de los reinos Antiguo y Medio donde hallaron el descanso eterno los gobernadores de Elefantina. Las pesquisas que tratan de desenmarañar el árbol genealógico se centran en la estirpe que administró la provincia durante la dinastía XII (1939-1760 a. C.) y que inició un vecino llamado Sarenput I.

"A esta familia la conozco casi mejor que a la mía", bromea Alejandro Jiménez, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Jaén y director de uno de los proyectos con más solera de la Egiptología española. Es primera hora de la mañana -el reloj marca las 7.30 horas- y las cuadrillas de obreros, supervisadas por los miembros de la misión, escudriñan todos los rincones del paisaje. El cementerio que agujerea la árida montaña se halla a orillas del Nilo, frente al entramado urbano de Asuán, a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo.

Uno de los frentes más cotizados de la excavación, el que ha arrojado el gran descubrimiento de esta campaña, se sitúa en la tumba QH34bb, una oquedad de dos metros y medio de profundidad a la que se accede por una escalera de madera. Al final del pozo, en una de sus paredes, se abre un nicho estrecho, con las proporciones justas para albergar un cuerpo. "En realidad, son dos ataúdes. El exterior está destrozado por las termitas y el interior se encuentra en buen estado. Por primera vez hemos hallado un enterramiento intacto", explica Jiménez mientras la linterna va desvelando los restos del tesoro.

Sepultado bajo una capa de polvo y arena, el ajuar se camufla en los costados de la momia, envuelta en un cartonaje policromado en el que se distinguen máscara y collares. "Es un lujo. Hace 80 años que no se encuentra nada así. Eso que ves allí son maquetas de barcos y de escenas cotidianas. Es una práctica que va desapareciendo gradualmente en Egipto y que tenía un significado religioso en el tránsito hacia el más allá y de representación del funeral", comenta el experto, entusiasmado con la entrada en escena de un personaje hasta ahora desconocido. "Es el hermano de Sarenput II. Lo supimos por los jeroglíficos del ataúd. Al leerlos, nos dimos cuenta de que venían tres nombres: Shemai, seguido por los de su madre Satethotep y su padre Jema".

Revista Egiptología 2.0


Curso on-line



Exposición temporal: Animales sagrados del Antiguo Egipto (Museo Egipcio de Barcelona). Del 22 de febrero al 30 de septiembre de 2017.