Novedades editoriales

14 de junio de 2018

“Ser faraón no era un chollo, no podía ni tener sexo cuando quería”


Aunque 3.000 años parezcan una eternidad, el Egipto de los faraonestambién tuvo su inicio. Esta génesis no demasiado conocida ha sido la encargada de inaugurar el ciclo de conferencias organizado con motivo de la exposición ‘El Egipto de los faraones’ en el CaixaForum de Barcelona con piezas procedentes del British Museum.

A cargo del egiptólogo Josep Cervelló, director del Institut d’Estudis del Pròxim Orient Antic de la UAB, este primer encuentro con el antiguo Egipto se ha desarrollado bajo el cartel de ‘todas las entradas vendidas’, una situación que se repetirá en las próximas conferencias del ciclo, que ha coordinado la revista Historia y Vida para celebrar su 50 aniversario. “El mérito de este éxito es de los faraones”, bromeó Cervelló antes de entrar en materia y de dar la bienvenida también al centenar de personas que seguían la conferencia desde una pantalla en una sala anexa al auditorio.

¿Y por qué el mundo del antiguo Egipto genera esta expectación? No hay una única respuesta a tal fascinación, aunque, sin duda, vale la pena adentrarse a sus inicios para encontrar las primeras explicaciones, tal y como hizo el egiptólogo catalán este miércoles en Montjuïc.

Para ello, rebobinó en el tiempo hasta llegar al 5.000 a.C, época neolítica, cuando el valle del Nilo inició una economía de producción basada en la agricultura y la ganadería, en la que la sociedad todavía era igualitaria, sin jerarquía social. En ese momento empieza a forjarse una cultura unitaria en el alto Egipto que acabará imponiéndose en todo el país y que ya apunta aspectos identificativos de la civilización, como el culto a los difuntos, elajuar funerario, la momificación (aunque era natural, producida por la propia arena del desierto), e incluso la creencia en el más allá (tal y como demuestran los restos de comida encontrados en los entierros para garantizar la vida post mortem del fallecido). Y todavía más: los cuerpos se enterraban con la mirada hacia occidente, donde en época histórica se encontraría la entrada al reino de Osiris. Sin duda, todo tiene su inicio.

El origen de la figura del faraón no parece ser tan remota, aunque 4.000 a.C. tampoco son cuatro días. En esa época, conocida como la cultura de Nagada, empieza la jerarquización social. Unas estatuillas de barbudos y el hallazgo de algunas tumbas y ajuares más lujosos que el resto son signos inequívocos de ello, aunque solo se pude hablar de líderes, ya sean espirituales o de cacería.

Descubren una serie de pinturas rupestres en el desierto de Egipto


Una misión de arqueólogos egipcios y estadounidenses ha descubierto varias pinturas rupestres y tumbas prehistóricas en una excavación en una zona desértica del sur de Egipto, informó hoy el Ministerio de Antigüedades.

El yacimiento está ubicado en un antiguo oasis al este del Nilo, el área del valle Um Tineidba, cerca de la localidad Al Kab, en la provincia de Asuán, y alberga restos arqueológicos de varios periodos, en su mayoría anteriores a las dinastías faraónicas, pero también incluye un asentamiento de la época romana.

Los arqueólogos han encontrado tres concentraciones de arte rupestre de la época de la civilización Naqada, que datan de entre el 3500 y el 3100 a.C., en un momento inmediatamente anterior a la invención de la escritura jeroglífica, según un comunicado del Ministerio.

Las ilustraciones de gran tamaño representan a animales de la zona, entre ellos un toro, una jirafa, un adax (antílope), un arruí o carnero de berbería y varios burros.

El jefe de la misión arqueológica, John Coleman Darnell, de la Universidad de Yale, aseguró en el comunicado que el dibujo del adax, en especial, merece ser incluido en los logros artísticos del primer Egipto.

El arte rupestre proporcionará a los arqueólogos importantes pistas sobre la religión y la comunicación simbólica de los egipcios en la época anterior a la primera dinastía faraónica.

En la zona también se han encontrado varias tumbas que parecen pertenecer a habitantes del desierto que tenían vínculos tanto con el valle del Nilo como con el mar Rojo, pues se han encontrado tanto figuras funerarias habituales de los pueblos que habitaban el valle, como conchas y corales procedentes de la costa.

Al sur de este yacimiento se ha descubierto un «enigmático» asentamiento romano de época tardía, según afirmó el director del sector de Antigüedades del Ministerio, Ayman Ashmaui.

7 de junio de 2018

Los faraones reinan en CaixaForum Barcelona


Dos figuras en relieve, una de un hombre con barba, trenza lateral y las manos atadas, y otra, de un jefe libio tatuado, representan a dos prisioneros extranjeros que los artesanos egipcios inmortalizaron en un par de azulejos de fayenza, un material vidriado similar a la cerámica, que junto a otros muchos decoraban los suelos de uno de los palacios en que residía Ramsés III (que reinó entre el 1184-1153 aC.). Así, el rey, pisando simbólicamente a aquellos enemigos, demostraba y reafirmaba su dominio y control sobre ellos. De ese poder, ejercido durante 3.000 años, de su vida cotidiana, de sus funciones como guerrero y protector, adorador de los dioses, de su tránsito al inframundo o su relación, bélica o comercial, con otros países, hablan las 164 piezas de ‘Faraón. Rey de Egipto’. Desde minúsculas joyas y delicadas tallas hasta impresionantes estatuas monumentales, pasando por papiros y relieves, provenientes del British Museum, componen la exposición, que hasta el 16 de septiembre recala en CaixaForum Barcelona.

“El faraón legitima su poder y su derecho a reinar por su conexión con los dioses egipcios. Eran los intermediarios entre los dioses y los humanos. Eran la encarnación del dios Horus, el último faraón divino. Y mantienen esa relación con los dioses construyendo templos para ellos, donde los satisfacen con ofrendas y rituales”, explica Marie Vandenbeusch, cocomisaria de la muestra, junto a Neal Spencer, ambos conservadores del British.

Siendo enterrados en pirámides primero y luego en el Valle de los Reyes, los faraones daban el primer paso para viajar al mundo de los muertos y, como el dios solar Ra, “renacían cada día al alba”. Sin embargo, eso no los libraba de los saqueos de sus tesoros. La pieza que cierra la exposición, un impresionante fragmento de la tapa del sarcófago de Ramsés VI, es un ejemplo de ello. “El cuerpo del faraón no fue hallado en su tumba sino en la de Amenhotep II, que reinó 30 años antes que él, porque unos sacerdotes, para preservarlas de los ladrones, decidieron reunir a todas las momias reales que pudieron en esa tumba”, explica Spencer.

No hay inscripciones en otra de las piezas estrella de la muestra: es una cabeza, que por sus rasgos delicados, los comisarios certifican que pertenece a Tutmosis III, quien llevó al imperio a su máxima extensión de territorio. Lleva la corona del Alto Egipto combinada con el ureo (la cobra), tallada en la frente, símbolos reales. “Es de limolita verde, una piedra muy dura y difícil de esculpir”, aclara Vandenbeusch, antes de recordar que fue el hijastro de la reina Hatshepsut, regente antes que él y cuyo nombre intentó hacer desaparecer de la historia de los faraones. Cerca de esa cabeza, una estela muestra cómo el nombre de él se talló sobre el de ella. No fue el único rey maldito. También el hereje y monoteísta Akenatón, condenado al olvido por haber ‘osado’ adorar a un solo dios, Atón, amenazando al poderoso clero de Amón.

3 de junio de 2018

Myriam Seco: ''Sandel es un hombre con ideas y valores, lo que el mundo necesita''


Myriam Seco Álvarez (Sevilla, 1967) supo que quería ser arqueóloga desde niña y hoy se ha convertido en una egiptóloga de referencia. Seco, que estudió en la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Historia Antigua en 1990, se doctoró cinco años después con la tesis 'Representaciones de niños en las tumbas privadas de Tebas durante la XVIII dinastía en Egipto' en la Universidad de Tubinga.

Posteriormente, trabajó en diversos yacimientos arqueológicos en Egipto y Líbano, haciendo también incursiones en la arqueología submarina y, desde hace dos décadas, la andaluza, que habla seis idiomas y ha fijado su residencia en el país de las pirámides, dirige las labores de excavación del templo funerario del faraón Tutmosis III en Luxor. Considerada como la arqueóloga española más importante, esta semana se estrenó como jurado del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.

Los expertos, sobre el futuro del Templo de Debod: ''Conservarlo al aire libre es francamente difícil''


Cuando el Templo de Debod fue cedido a España el 30 de abril de 1968 como compensación por «salvarlo» de ser anegado por las aguas de la presa de Asuán, el Gobierno egipcio permitió que se instalara en Madrid, al aire libre, como «solución provisional hasta que se dieran los medios técnicos para poder cubrirlo», y que siguiera la estela de los otros tres santuarios recuperados en la Campaña de Nubia. Sin embargo, han pasado 50 años y el debate sigue abierto: ¿Es mejor cubrirlo para proteger sus milenarias losas del invierno madrileño, la contaminación y la acción humana; o es preferible mantenerlo a la intemperie, con restauraciones puntuales, para no modificar el bello efecto paisajístico que dibuja este monumento icónico?

Mucho se ha debatido sobre ello, pero ninguna propuesta se ha materializado en un proyecto tangible. Para encontrar las posibles soluciones técnicas que aúnen ambas sensibilidades, el Ayuntamiento de la capital convocó ayer la primera jornada con expertos de distintas disciplinas. El objetivo del Consistorio, según explicó a ABC la Directora General de Intervención en el Paisaje Urbano y Patrimonio Cultural del Ayuntamiento, Marisol Mena, es ver las «alternativas que propone la ciencia y en el plazo de un año presentar los distintos planes concretos». «Estamos abiertos a todas las opciones, queremos dejar sobre la mesa la solución óptima para el templo, un plan que continúe el próximo gobierno», sostuvo.

Para sacar estas conclusiones, los expertos se basarán en los datos que arroja la monitorización de la temperatura, los niveles de CO2 y la humedad del templo. «Tenemos que interpretar esos datos que hemos extraído, pero podemos decir que no están en niveles alarmantes ni preocupantes», indica Mena. No obstante, adelanta que se va a instalar un sistema de gestión de las visitas «online» para regular la afluencia de público y que la renovación museográfica protegerá las inscripciones del interior del roce de los más de mil visitantes diarios.

No obstante, para la conservadora Cristina Cabello el paso del tiempo y la climatología adversa de Madrid son implacables con el monumento: «Conservar el Templo de Debod al aire libre es francamente difícil», concluyó Cabello, que pertenece al Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos de la Universidad Autónoma, y que destacó que la opción más costosa, pero más segura para conservar los sillares de arenisca es integrar el templo en un museo bajo techo. Tanto el responsable de la conservación del Templo de Debod, Alfonso Martín Flores, como la conservadora jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias del Museo Arqueológico Nacional, Carmen Pérez Díe, apostaron por construir un museo bajo la montaña de Príncipe Pío. «Se podría hacer un museo sobre Nubia y traer las 3.500 piezas que fueron rescatadas junto al templo y que tenemos en el Arqueológico», propuso Pérez.

31 de mayo de 2018

Los curiosos métodos anticonceptivos del Antiguo Egipto


Sin importar la civilización o la época, un embarazo siempre ha sido la máxima expresión del amor entre un hombre y una mujer. Además al tener descendencia, las parejas aseguraban la continuidad de las costumbres a través de la siguiente generación; lo que ha permitido forjar una cultura.

De la misma manera que lo hicieron sus padres, los hijos se encargarían de cuidarlos y guiarlos una vez que alcanzaban la ancianidad. No obstante como no todas las parejas podían tener bebés, adoptaban a otros niños huérfanos para proteger la estructura familiar y su camino a la vejez.

Los primeros tratamientos de fertilidad


A diferencia de otras civilizaciones en el Antiguo Egipto se veía la infertilidad como una enfermedad y no una pestilente maldición. Y gracias a esa mentalidad, se permitieron investigar y así crear los primeros estudios médicos. Aunque la condición estéril únicamente se le atribuía a la mujer, en ningún momento se le infravaloró; sino que se le atendió con el merecido respeto.

De esta manera se comenzaría a practicar los primeros tratamientos apoyados en una medicina intuitiva, conjuros y rituales para combatir a los males en la reproducción.

Gracias a la observación, surgían los inicios de la ginecología en el Antiguo Egipto; y con ello sembraron los cimientos de las pruebas de embarazo como también de la anticoncepción.

El descubrimiento estaba en la orina, a través de la cual habían notado la presencia de una hormona que delataba si una mujer estaba encinta o no.

También podían saber el sexo del bebé a través de este método. La guardaban en un recipiente al que le echaban dos tipos de semillas: cebada y trigo; Dependiendo de si brotaba una u otra, sería niño o niña.

Estos conocimientos fueron recogidos en diferentes documentos que se conocen como papiros; los cuales fueron escritos por los sabios, tras la repetición de patrones médicos. A partir de ese momento surgen los primeros estudios sobre la sexualidad y la reproducción. Los egiptólogos hallaron y descifrar algunos como: «Papiro Kahoun» (1.900 a.C) y el Papiro Ebers, (descubierto en 1.800 a.C durante el siglo XIX).

El «test»


Al igual que en la actualidad- también se daban diferentes escenarios en los que un nacimiento podía implicar bien un sinfín de bendiciones para unos; o bien una serie de catastróficos infortunios -entre los que la madre y el niño podían perder la vida durante el embarazo- y sin contar las numerosas complicaciones sociales que se daban por causa de las relaciones extraconyugales.

«En Egipto existían varios tipos de pruebas de embarazo como la exploración del cuerpo femenino –observar el cambio de color de la piel, la hinchazón de pechos, etc.-, que verificaban hasta cierto punto el embarazo», escribió Clara Ramos Bullón en su libro«Breve Historia de la vida cotidiana del Antiguo Egipto: costumbres, cultura, tradiciones».

Los «Papiros de Berlín» conforman la primera documentación que recoge las primeras pruebas de embarazo, el tratado de pediatría más antiguo, así como los peculiares métodos anticonceptivos.

Sin embargo por las razones que fueran, no todas las mujeres estaban dispuestas a recibir la maternidad, y buscarían por todas las formas evitar ese estado. Entre los métodos preventivos más extraños destacó: el uso de tampones bañados en miel, la inserción de heces de cocodrilo en la vagina o también una masa pastosa que resultaba de triturar espinas de acacia ; pues al parecer contenía goma arábiga, la cual actuaba como un potente espermicida.

Clara Ramos Bullón recoge estos hechos curiosos en su obra, donde asimismo relata: «El periodo de lactancia, que podía prolongarse durante un periodo de tres años, reducía la posibilidad de un nuevo embarazo».

Embarazos problemáticos


El camino a la vida entre la concepción y el nacimiento nunca fue ajeno al peligro, tanto para la madre como para el nonato.

Los abortos involuntarios era uno de los mayores miedos de las mujeres encintas; en los que además de perder al bebé ellas quedaban expuestas a la muerte por incontrolables hemorragias. Por esta razón se colgaban amuletos y, se encomendaban a ciertas deidades como: Isis (protectora de la madre y el nonato), y Taweret (diosa de la fertilidad).

La importancia de la descendencia
En la actualidad, muchos mayores son víctimas del abandono y otros son atendidos por cuidadoras. Sin embargo, en el Antiguo Egiptocomo en otras civilizaciones los ancianos eran un pilar fundamental para la familia y la sociedad.

Para los egipcios uno de los ritos más importantes, y que le daba algún sentido a la inevitable muerte era la «maat» -un ritual funerario-; y que tenían que llevar a cabo sus descendientes.

De esta manera, las siguientes generaciones permitieron no solo que los ancianos heredaran a la humanidad su sabiduría; sino que las costumbres que crearon identidades colectivas continuaran vivas a través de los siglos.

Artículo: Eugenia Miras.

Un comité de expertos se reúne en Cibeles para decidir el futuro del templo de Debod


En enero de 2020 se cumplirá medio siglo desde que el Templo de Debod arribó a Madrid tras un largo periplo emprendido por España para salvarlo de las aguas de la presa de Asuán, en Egipto. La elección del parque del Cuartel de la Montaña para emplazar, a la intemperie, el monumento milenario ha sido, desde entonces, objeto de controversia. La complejidad técnica y el gran desembolso que supuso traer el santuario hasta Madrid -costó a las arcas públicas un total de 525.000 dólares- determinaron que esta joya nubia se instalara al aire libre. El próximo viernes 1 de junio, por primera vez, un encuentro con expertos nacionales e internacionales abordará cómo proteger el templo de las agresiones externas que amenazan con degradar sus vetustas losas.

La sala Berlanga del Palacio de Cibeles acogerá, según han confirmado fuentes del área de Cultura y Deportes del Ayuntamiento, de 9 de la mañana a siete de la tarde, distintas mesas de trabajo, en las que se extraerán las conclusiones para desarrollar un plan director que marcará las pautas del proyecto arquitectónico con el que blindar el templo. En estas ponencias y mesas redondas se explorará la posibilidad de instalar una gran cúpula protectora, como ha reclamado en varias ocasiones el Grupo Municipal Socialista. También se planteará la inclusión del templo en un complejo museístico, como ocurre en los otros tres templos «donados» por Egipto en 1970: el de Dendur está en el Museo Metropolitano de Nueva York; el de Ellesiya, en el Museo Egipcio de Turín; y el de Taffa, en el Rijksmuseum van Oudheden de Leiden.

«Por primera vez se van a reunir expertos en arquitectura, arqueología y egiptología para estudiar conjuntamente cuál sería la situación óptima de conservación y divulgación del templo de Debod y supone el primero de los pasos para la celebración del 50 aniversario del Templo Debod », afirma a ABC la directora general de Muses, Bibliotecas y Archivos, Belén Llera. Esta jornada llega tras el acuerdo presupuestario firmado en marzo de 2017 con el PSOE. En un principio, se iba a celebrar en diciembre del año pasado; pero, para cuadrar las agendas de todos los ponentes, se tuvo retrasar hasta esta primavera.

Entre la pléyade de conocedores de la materia invitados al foro estarán investigadores del CSIC, miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, catedráticos de la Universidad «Gabriele d’Annunzio» de Chieti-Pescara (Italia), de la de Alcalá de Henares, de la Politécnica de Madrid, de la Autónoma de Madrid, de la de Zaragoza, así como el jefe de la división de arqueología del Museo de San Isidro, el jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias y del Oriente Próximo del Museo Arqueológico Nacional, responsables del Departamento de Patrimonio Histórico de la Fundación Montemadrid y representantes del Comité Científico de Europa Nostra.

29 de mayo de 2018

Un cocodrilo sagrado en el sótano del British Museum


En los sótanos del British Museum de Londres hay un gran cocodrilo del Nilo de cuatro metros con fauces terribles y mirada hostil. Hace mucho que no se mueve, pero no por ello su presencia es menos perturbadora. Además, está en compañía de un montón de momias. Momias egipcias, por todas partes (el museo posee 80 humanas y 300 de animales), colocadas en altas estanterías que parecen nichos. Algunas en sus ajados e historiados ataúdes, otras sueltas, envueltas en sus viejos vendajes. Una necrópolis inesperada tan lejos de Egipto. Todo está debajo de las salas del centro por las que discurre la ruidosa multitud de los visitantes. Es el misterioso espacio de los almacenes, uno de los lugares más sorprendentes y excitantes de los museos, un sitio donde se guardan cosas tan interesantes como las que se exhiben bajo los focos (¡e incluso más!) y donde se pueden tener visiones muy extrañas y vivir experiencias insólitas. No en balde las salas de reserva —otra forma de denominar a los almacenes— han tenido siempre fama de inquietantes. ¿Qué ocurre allí? ¿Qué se guarda? ¿Qué diálogo establecen entre ellos los objetos depositados fuera de la vista del público?

La preparación de una gran exposición que incluye obras de los fondos del British Museum (además de otras que están expuestas) es una ocasión magnífica para asomarse a ese mundo oculto y desconocido. Y a la vez para descubrir cómo se organiza una muestra internacional de primer orden, paso a paso, desde la idea original hasta la selección de piezas y su traslado.

La exposición Faraón. Rey de Egipto, producida en el marco del acuerdo entre el Museo Británico y la Fundación La Caixa, se inaugurará el próximo 8 de junio en el CaixaForum de Barcelona (hasta el 16 de septiembre) para luego exhibirse en el de Madrid (del 17 de octubre al 20 de enero de 2019). La muestra se compone de 140 objetos que cubren 3.000 años y las 30 dinastías (más los persas y los Ptolomeos griegos) de la historia del Antiguo Egipto, y que sirven al propósito de explorar los ideales, símbolos e ideología de la monarquía faraónica. Entre el material, desde minúsculos pendientes hasta grandes estatuas de piedra, pasando por papiros y estelas. Se trata de poner al público cara a cara con los reyes desaparecidos y explicar a través de ellos, de su poder y de sus funciones, la civilización egipcia.

Acceder a los fondos del British Museum y a todos sus espacios no públicos es un proceso complejo. La seguridad es exhaustiva. Quedamos en la verja exterior del museo para un minucioso proceso de identificación y acreditación. De la mano de Marie Vandenbeusch, responsable del departamento del Antiguo Egipto y Sudán y comisaria de la exposición que se prepara, atravesamos puertas que se abren con tarjetas, recorremos pasillos y bajamos escaleras. De repente accedemos a una de las salas públicas y nos damos casi de bruces con una estatua moái de la isla de Pascua. Avanzamos entre la muchedumbre un rato para volvernos a introducir, a través de un espacio vetado al público, en otro dédalo de pasadizos.

27 de mayo de 2018

Descubren parte de un baño de la época grecorromana en el delta del Nilo


Un equipo de arqueólogos del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio ha descubierto en la provincia de Al Garbiya, en el delta del Nilo, partes de un edificio de ladrillo que se cree que es un baño de la época grecorromana, informó hoy este organismo en un comunicado.

La construcción que ha sido desenterrada hasta el momento tiene 16 metros de largo, 3,5 metros de ancho y 1,8 metros de alto, y fue encontrada durante los trabajos de excavación en el sitio arqueológico de San al Hagar, en esa provincia ubicada al norte de El Cairo, se indica en la nota.

El director del Departamento de Antigüedades de la época antigua, Ayman Ashmawy, explicó en el comunicado que probablemente la construcción corresponde a un baño del periodo grecorromano (332 a.C.-395 d.C.) y que la misión seguirá excavando para intentar sacar más partes a la luz.

Asimismo, han sido descubiertos en el interior de del presunto baño vasijas de cerámica, estatuillas de terracota y utensilios de bronce, agregó el comunicado.

El jefe de la misión arqueológica, Said al Asal, destacó que el descubrimiento más destacado es una moneda de oro de rey Ptolomeo III (246-222 a.C.), fabricada durante el reinado de Ptolomeo IV (222-205 a.C.) para honrar a su predecesor y progenitor.

La moneda tiene 2,6 centímetros de diámetro y pesa unos 28 gramos, y en una de sus caras aparece la cabeza coronada de Ptolomeo III.

La dominación griega de los Ptolomeos se inició en Egipto con la conquista del país por Alejandro Magno, en el año 332 antes de Cristo, y finalizó con la toma de Alejandría por los romanos, 30 años antes de Cristo, cuando gobernaba el país Cleopatra VII.

17 de mayo de 2018

Descubren lo que podría ser la evidencia más antigua de nuestra secuencia del alfabeto


En el año 1995 un equipo de arqueólogos descubrió una pieza inscripta de cerámica inscrita hace unos 3.400 años, en una tumba que perteneció a Sennefer, quien fuera canciller del rey Tutmosis III en la ciudad de Tebas (posteriormente Luxor).

La singular pieza se distingue por tener inscrito un texto en hierático, una forma de escritura jeroglífica egipcia, todas las palabras parecen lo que puede ser una frase mnemotécnica equivalente al B, C y D.

Un lado de la pieza de cerámica contiene una serie de símbolos jeroglíficos egipcios que representan las palabras “bibiya-ta”, que puede significar caracol de tierra; “garu”, palabra que puede significar paloma y “da’at”, una palabra que puede significar papagayo.

Hace más de 3.000 años, la “g” habría representado el sonido que la “c” actual, lo que significa que la primera letra de cada una de estas palabras es el equivalente antiguo de “BCD”,

Frente a estas tres palabras se encuentran unos símbolos, que debido al deterioro de la pieza dificulta su interpretación, pero podrían deletrear “elta’at”, una palabra que puede significar lagarto.

Es posible que todos los signos juntos formaran la frase: “el lagarto y el caracol, la paloma y el papagayo…”, una frase que pudo haber ayudado a la persona que escribió el texto a recordar el orden correcto del antiguo precursor del alfabeto de hoy, nuestro abecedario.

El investigador Thomas Schneider, profesor de Egiptología y Estudios del Cercano Oriente en la Universidad de Columbia Británica, se refirió al hallazgo indicando: “Este descubrimiento sería la primera certificación histórica de nuestra secuencia de alfabeto”.

El alfabeto que usamos hoy se deriva del utilizado por los fenicios, una civilización que floreció hace unos 3.500 años en el Mediterráneo oriental y se distinguieron por utilizar lo que los estudiosos llaman un idioma semítico.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Faraón. Rey de Egipto (Caixa Forum Barcelona). Del 8 de junio al 16 de septiembre 2018.