Novedades editoriales

23 de julio de 2020

Reabre la exposición de Tutankhamón de Ifema


La exposición ‘Tutankhamón: La Tumba y sus Tesoros’ reabrió el pasado mes 16 de julio en el recinto ferial de Ifema tras el cierre obligado por el estado de alarma a consecuencia de la pandemia sanitaria del coronavirus.

La muestra arqueología y del Antiguo Egipto podrá verse una vez más en Espacio 5.1, el recinto para grandes exposiciones de Ifema, que se ha adaptado con medidas de seguridad sanitaria para garantizar la salud de visitantes y trabajadores.

Según han explicado a Efe fuentes de la organización, la exposición finalizaba inicialmente el mes de junio, pero la promotora local Sold Out y la productora alemana SC Exhibitions han firmado un nuevo acuerdo para prorrogar la muestra hasta Navidad.

Por ello, esta reapertura supone una nueva oportunidad para disfrutar de la reconstrucción de la tumba y los tesoros del joven faraón con aforo reducido.

Será obligatorio el uso de mascarillas, habrá dispensadores automáticos de gel hidroalcohólico en puntos estratégicos de las salas y tienda, y un sistema de desinfección de las audioguías, han explicado los organizadores en una nota de prensa.

La exposición, que desde su estreno el pasado 23 de noviembre de 2019 ha sido visitada por más de 100.000 personas en Madrid, estará disponible de jueves a domingo.

A lo largo de más de 2.000 metros cuadrados de exposición, los visitantes pueden conocer todos los detalles sobre la historia de Tutankhamón y los trabajos de excavación en el Valle de los Reyes, descubrir las tres cámaras funerarias del faraón tal como fueron encontradas en 1922.

También podrán contemplar las más de 1.000 piezas que componen el tesoro de la cámara donde se encontró su cuerpo, incluyendo la Máscara de Oro, una de las joyas más preciadas desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Los arqueólogos hacen caer un mito de 3.000 años: la dinastía de los hicsos no invadió el Antiguo Egipto


Hasta ahora se creía que los hicsos, un misterioso pueblo nómada del Oriente Próximo, habían invadido Egipto hace más de 3.600 años. Tradicionalmente se ha creído que accedieron al poder tras realizar una invasión desde el este, donde se han encontrado vestigios arquelógicos relacionados con su cultura.

Los faraones de la décimo quinta dinastía fueron hicsos y gobernaron Egipto entre aproximadamente el 1638 y el 1530 a.C. Siempre se ha considerado que este era el primer periodo de la historia en que este imperio fue dirigido por gobernantes de origen extranjero.

Sin embargo, un grupo de científicos e historiadores de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) ha demostrado que los Hicsos no son miembros de un pueblo invasor, sino que se trata de una minoría presente en la región durante generaciones.

En un estudio publicado en la revista estadounidense PLOS ONE, el equipo dirigido por Chris Stantis investigó los restos humanos de la capital de los hicsos, Tell el-Dab'a (en el nordeste del delta del Nilo) para explorar los orígenes de esta dinastía.

Realizaron análisis de isótopos de estroncio al esmalte de los dientes de 75 humanos enterrados en la antigua ciudad capital de los Hicsos de Tell el-Dab'a, en el nordeste del delta del Nilo.

Los científicos descubrieron que un gran porcentaje de la población sí eran extranjeros que emigraron de una amplia variedad de otros lugares; sin embargo, este patrón era cierto tanto antes como durante el reinado de la dinastía Hicsos, lo que desmiente la teoría de una repentina invasión de este pueblo. Por ello, los autores del texto publicado apuntan que eventualmente los hicsos llegaron al poder después de vivir allí durante generaciones.

Este es el primer estudio que utiliza la química arqueológica para abordar los orígenes de los gobernantes hicsos, pero los autores señalan que se necesitarán más investigaciones y técnicas químicas más amplias para identificar los ancestros específicos de este pueblo y otros residentes no locales de Egipto.

6 de julio de 2020

Egiptología 2.0 nº20 (julio 2020)


Bienvenidos al Nº 20 de la Revista Egiptología 2.0, correspondiente al mes de julio de 2020. Un refrescante y veraniego número, repleto de interesantes temas y grandes contenidos que esperamos disfrutéis.

Abrimos este nuevo número con un artículo de Marco Antonio Loáiciga Vargas: ‘‘Vasos canopos: Hijos de un dios y protectores para la eternidad’’.

Los vasos canopos eran los recipientes donde se depositaban las vísceras de los difuntos, lavadas y embalsamadas, para mantener a salvo la imagen unitaria del cuerpo. Estos vasos se introducían en una caja de madera, o caja canópica, que, durante el cortejo fúnebre, era transportada en un trineo.

La denominación de vasos canopos es fruto de un error, pues fueron asociados por los primeros arqueólogos con este tipo de recipientes que poseían tapas con forma de cabeza humana, hallados en la ciudad de Canopus, en el Bajo Egipto, aunque no había ninguna relación entre ellos.

Al principio, desde su aparición durante la VI Dinastía, se cerraban con una losa plana pero a principios del Imperio Nuevo el tapón adquirió la forma de la cabeza del difunto y ya desde finales, en época ramésida, la de la cabeza de cada uno de los genios que protegían el funcionamiento del órgano en el cuerpo vivo.Llamados Hijos de Horus, protegían su contenido de la destrucción.

En la sección de entrevistas, hablaremos con Vicky Almansa, una joven estudiante del cuarto año de doctorado en Egiptología. Obtuvo su grado de Historia (Universidad de Sevilla, 2013) con una tesis sobre la Tumba de Meryra II en Amarna realizando una nueva aproximación arqueológica-filológica al monumento y sus textos. Obtuvo su máster ‘‘cum laude’’ en Egiptología y Orientalística (Universidad de Pisa, 2015) con una tesis sobre la voz pasiva en los Textos de las Pirámides.

Bartomeu Egea nos hablará de una pequeña figura de Imhotep conservada en el Museu de Menorca, conoceremos el comercio en la Edad del Bronce en Egipto y Chipre de la mano de Lucía Avial-Chicharro, con Julio López Saco descubriremos como fueron los inicios del arte en el Antiguo Egipto, Luis Miguel Carranza nos explicará todo sobre los denominados Pueblos del Mar, Ildefonso robledo nos mostrará todo lo relacionado con el hombre y la muerte en el Egipto de los faraones, conoceremos a Kha y Meryt con Jose Antonio Moya, Alberto A. Vela nos hablará de Martín Almagro y el Comité científico para la salvación de los tesoros de Nubia, María Isabel Cubas nos explicará como los nubios pasaron de esclavos a faraones de Egipto, conoceremos a la joven reina Ankhesenpatoon con Marta Pérez, Sandra Pajares Sotillo nos desvelará todos los secretos de la pirámide de Menkaura y conceremos los principales dioses del pateón egipcio con Heródoto de Halicarnaso.

Todo ello junto con nuestros contenidos habituales y un artículo especial de Alfonso Daniel Fernández: ‘‘De piedras y de estrellas: Simbolismo de la alineación solsticial de la Gran Esfinge de Guiza’’.

Sumario

6. Entrevistas - Vicky Almansa: ‘‘He sabido que quería ser egiptóloga desde que era pequeña’’.

11. Testimonios del pasado - Figura votiva de Imhotep.

15. Momificación - Vasos canopos: Hijos de un dios y protectores para la eternidad.

24. Historia - Egipto y Chipre: el comercio en la Edad del Bronce.

30. Arte - Los inicios del arte en Egipto: el Predinástico.

36. Historia - Egipto y los Pueblos del Mar.

43. Creencias - El hombre y la muerte en Egipto. Creencias y prácticas.

53. Personajes - Kha y Merit: Una vida en el poblado de Deir El-Medina.

59. Arquitectura - Martín Almagro Basch y el Comité para la salvación de los tesoros de Nubia.

64. Historia - Los nubios, de esclavos a faraones de Egipto (Parte I).

70. Personajes - Ankhesenpaaton, la Reina niña.

75. Arquitectura - La pirámide de Menkaura.

82. Mitología - Los principales dioses del panteón egipcio.

95. Especiales - De piedras y de estrellas: Simbolismo de la alineación solsticial de la Gran Esfinge de Guiza.

173. Novedades Editoriales - Secretos del Antiguo Egipto / Cleopatra.

175. Noticias - Noticias destacadas del trimestre.

Descargar - Egiptología 2.0 nº20 (julio 2020)

21 de junio de 2020

Rehabilitación del templo de Debod: cinco meses para subsanar los daños del monumento milenario


Mientras se decide la solución arquitectónica más idónea para proteger de forma definitiva el templo de Debod en el futuro, en un concurso de internacional de ideas que se celebrará el año que viene, el monumento más antiguo de Madrid será sometido a una rehabilitación para mantener su esplendor. Los trabajos de reparación comenzarán durante la primera semana de julio, según confirmaron desde el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento. Con esta actuación, que se prolongará durante cinco meses, se pretenden atajar las patologías que atacan sus losas milenarias.

Fruto de un extenso análisis, se han extraído una serie de conclusiones técnicas sobre los daños que hay que subsanar en el oráculo nubio. Tras recabar los datos de los estudios petrológicos, de morteros, de subsuelo, de variables ambientales y funcionamiento climático del templo y altimetría de relieves, entre otros, durante el confinamiento se redactó un proyecto de actuación para paliar esos desperfectos y las causas que los producen.

En primer lugar, la climatología de la capital dista mucho de la de su lugar de origen, al sur de Egipto, donde sólo se producen precipitaciones en contados días al año. Las losas del templo, de tipo arenisca, se desgastan con mayor facilidad que otros materiales, por lo que su exposición al clima local multiplica su deterioro. Sin embargo, los técnicos del Área que dirige Andrea Levy han ideado una forma de aliviar la presencia de agua en la base del monumento y así mejorar su conservación.

La inclinación del terreno sobre el que se asientan los muros exteriores y la ausencia de protección ante la lluvia provoca que la primera hilera de sillares reciba todo el agua que discurre por la fachada. Por ello, se ejecutará un drenaje perimetral para canalizar la escorrentía y permitir de esta manera la ventilación de las piedras del zócalo, lo que aminorará las posibilidades de generar humedades y filtraciones.

En segundo lugar, se intervendrá en la cubierta del edificio. Tras el desmontaje, el complejo traslado e instalación en Madrid del templo, entre 1970 y 1972, se construyó el tejado de nuevo, para cubrir la terraza y permitir tanto el desarrollo museístico del monumento como para protegerlo de la climatología. El tiempo transcurrido desde entonces obliga ahora a la reparación y sustitución de algunos de sus elementos de plomo. «Su conservación supera en intensidad y detalle las labores de mantenimiento continuado que se desarrollan habitualmente en el monumento», explican desde Cultura.

1 de junio de 2020

El templo de Debod, del Nilo al centro de Madrid


Las especulaciones sobre dónde y cómo podremos viajar no cesan. ¿Será posible visitar el extranjero? ¿Solo la Unión Europea? ¿Únicamente el territorio nacional? ¿Tendremos que ceñirnos a nuestra provincia? A día de hoy, pocas son las certidumbres en cuanto a la normativa. A lo que hay que sumar las dudas de cada cual. ¿Nos atreveremos a cruzar fronteras? ¿A embarcar en un crucero? ¿A volar? Todos son incógnitas que el tiempo va a despejar pronto.

Mientras tanto lo único seguro son los deseos de salir, de viajar, de ir olvidando el confinamiento y aprovechar cada desplazamiento y salida al máximo. De manera que aquí va una propuesta de viajar en el tiempo y en el espacio sin salir de Madrid . Descubrir el templo de Debod. Un trozo del antiguo Egipto instalado en el madrileño parque del Oeste, a un paso de la icónica plaza de España.

¿Cómo llegó esta construcción del Egipto de los faraones hasta aquí? Tiene que ver con embalses y favores entre estados. A mediados del siglo XX, en Egipto se decidió construir la imponente presa de Asuán, al sur del país, para poner fin a las temidas y cíclicas inundaciones del río Nilo. Sin embargo, el grandioso embalse que iba a crearse en la región de la Baja Nubia supondría que todo el patrimonio histórico de esa zona quedaría sumergido bajo las aguas.

De hecho, una de las más grandes atracciones de los tours turísticos por Egipto, el templo de Abu Simbel a orillas del lago Nasser, iba a quedar inundado por las aguas. Sin embargo, se decidió desmontarlo íntegramente, para trasladarlo y reconstruirlo en su actual ubicación. No obstante, Abu Simbel no fue el único templo que pudo convertirse en un “pecio” hundido. Hubo más templos que también fueron desmontados piedra a piedra para evitar su pérdida. Fue un trabajo ingente y muy costoso, y dado el carácter universal de este patrimonio excepcional fueron varios los países que colaboraron en esas labores a medio camino entre la arqueología y la conservación.

Uno de esos países fue España. De manera que en señal de agradecimiento, el Gobierno egipcio decidió regalar al Estado español el Templo de Debod, una construcción con 2.200 años de antigüedad, aproximadamente. Aquel viejo edificio de enormes bloques de arenisca se desmontó para ser trasladado por el Nilo hasta la ciudad de Alejandría a orillas del Mediterráneo. Allí embarcó poniendo rumbo al puerto de Valencia. Desde ahí, a todas esas grandes piedras, ya solo les quedaba un último trayecto por carretera para llegar a su destino: Madrid.

En la capital, como si fuera un inmenso puzle, se reconstruyó. Fue una tarea de paciencia e ingenio, ya que para ser justos hay que decir que no todas las piezas estaban bien marcadas, e incluso faltaba alguna, por lo que en términos técnicos la reconstrucción del templo de Debod es una anastilosis, en la que podemos distinguir lo original de aquellas piedras que se realizaron ex profeso para culminar este gigantesco mecano pétreo. Pero finalmente, en el año 1972 se inauguró la reconstrucción y así España contaba con un templo de la dinastía ptolemaica, la última saga faraónica que reinó en Egipto y que se extinguió con el suicidio de Cleopatra.

Una investigadora de Huelva descubre que los egipcios conocían la relación entre el hierro meteorítico y el espacio


La egiptóloga de Huelva Victoria Almansa Villatoro, investigadora en Brown University (Estados Unidos) donde cursa su doctorado, ha descubierto que una de las creencias religiosas de los egipcios era que el cielo era un recipiente de hierro que contenía agua, trozos del cual podían caer a la tierra en forma de meteoritos, por lo que ha llegado a la conclusión de que conocían la existencia de los mismos, que contenían hierro y que provenían del espacio, 1.000 años antes de lo que se pensaba.

Este descubrimiento lo ha llevado a cabo en una investigación realizada en los textos religiosos más antiguos del mundo, que se encuentran grabados en las paredes de una serie de pirámides en Saqqara --entre el 2300 y el 2100 antes de Cristo (a. C.) aproximadamente--, que comenzó en 2016 y que fue publicada el pasado 23 de abril en el 'Journal of Egyptian Archaeology' una de las revistas científicas más prestigiosas sobre egiptología del mundo, según ha indicado a Europa Press.

Así, Almansa ha explicado que la relación entre el hierro y el cielo en Egipto, hasta ahora, se creía que no existía hasta el segundo milenio antes de Cristo, mientras que los textos estudiados son del tercer milenio a. C.

Esto, según ha detallado, "demuestra que los egipcios ya desde el tercer milenio, pero posiblemente incluso desde el cuarto, sabían que los meteoritos caían del cielo y contenían hierro". De esta manera, ha remarcado que "este es un conocimiento que, por ejemplo, no se había alcanzado en textos científicos del siglo XVIII en Europa, en los que a veces aparece escrito que los meteoritos provienen de erupciones volcánicas y no del espacio".

Este descubrimiento viene implícito en otro hallazgo que llevó a acabo durante esta investigación, ya que la egiptóloga averiguó que el signo para 'bjA' --que aparece como un recipiente de forma semicircular-- se encuentra en palabras relacionadas con metales, mujeres y agua, y "hasta el momento, su significado había sido un misterio para los egiptólogos".

En este sentido, Almansa ha detallado que "notando una serie de referencias metafóricas en los Textos de las Pirámides acerca del faraón que tiene que alcanzar su posición en el cielo junto a las estrellas imperecederas --las estrellas circumpolares que los egipcios ya observaron que no se ponían bajo el horizonte-- después de su muerte", vio que "había una relación constante entre el metal, el jeroglífico 'bjA' y el cielo".

Este símbolo (N 41) que se lee 'bjA', se ha traducido casi siempre como 'cobre', pero destaca que una palabra que aparece 1.000 años después es 'bjA n pt' que significa 'bjA del cielo', y esa "ya se traduce como 'hierro'. Sin embargo, algunos egiptologos han sido reacios a aceptar que la relación entre el hierro --como material meteorítico-- y el cielo se conocía ya desde la época de las pirámides --2300 a.C.--, o quizás desde siglos antes considerando una temprana composición oral de estos textos".

12 de mayo de 2020

Los arqueólogos denuncian el traslado de cuatro esfinges de Luxor a la plaza de Tahrir de El Cairo


Durante la última década la plaza Tahrir de El Cairo, el corazón de la rebelión contra Hosni Mubarak, ha mudado de piel mil veces. Una cadena de transformaciones, acordes a los tiempos y la narrativa oficial imperante, que firma ahora su enésima metamorfosis. Hace meses apareció en mitad del cruce de caminos un obelisco, al que se le acaban de sumar cuatro esfinges procedentes del templo de Karnak en Luxor. Un traslado polémico que ha cosechado la oposición de arqueólogos y expertos.

Las figuras mitológicas con cabeza de carnero han asomado por la céntrica Tahrir en plena oscuridad, aprovechando el toque de queda nocturno decretado por el régimen egipcio para detener la propagación del coronavirus. Durante los meses previos, mientras se construía el pedestal en el que han sido situadas, fueron sometidas a una completa restauración.

Las estatuas habían permanecido hasta su viaje a la capital egipcia en el primer patio del templo de Karnak, el gran santuario del dios Amón construido durante más de dos milenios por una sucesión de faraones que buscaron siempre dejar su huella en su monumental recinto. El complejo y su inmenso universo de pilones, estatuas y patios se halla en la actual Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo. Todas las joyas arquitectónicas de la urbe figuran en el listado de patrimonio mundial de la Unesco desde 1979.

El cuarteto, aunque ya situado en su lugar definitivo, seguirá oculto a la mirada de los transeúntes por unas cajas de madera hasta su inauguración oficial, para la que no se ha comunicado aún fecha. "Cuando vamos a las capitales europea como Roma, París o Londres y también Washington vemos que usan obeliscos egipcios para decorar sus principales plazas turísticas, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?", se interrogó hace meses Jaled el Anani, ministro de Antigüedades y Turismo del país árabe.

De la pregunta del ministro nació un proyecto, el enésimo lifting a Tahrir, que ha suscitado la censura de académicos y expertos. La arqueóloga egipcia Monica Hanna ha presentado una demanda en los tribunales contra el primer ministro, Mustafa Madbuli, y el titular de Antigüedades exigiendo la cancelación de la mudanza de las esfinges. La petición lleva también la firma del parlamentario Haizam al Hariri -uno de los contados políticos rebeldes del hemiciclo- y el abogado Tarek al Awadi.

El órdago legal alega el riesgo que afrontan las esculturas, emplazadas en uno de los puntos con más tráfico de la megalópolis cairota, con 20 millones de almas. Los autores de la demanda, que han rehusado hacer declaraciones a EL MUNDO, muestran su inquietud por la preservación de las piezas en un entorno de elevada contaminación y el daño causado a la integridad del templo de Karnak. Proponen, en cambio, el uso de réplicas, una alternativa empleada para decorar la nueva capital administrativa que se levanta en las áridas afueras de El Cairo.

Los seis órganos de la momia Didibastet, el último misterio de Egipto



Oculta bajo un muro de piedra con 2.600 años de antigüedad y construida al final de un pozo de 30 metros de profundidad que una vez guardó los secretos de un insólito y boyante taller de momificación. Una nueva cámara funeraria ha aflorado bajo las arenas de la necrópolis de Saqqara, a los pies de la pirámide de Unas. Y de sus entrañas ha emergido el ataúd de una mujer llamada Didibastet con un enigma enredado entre sus pliegues: fue enterrada con seis vasos canopos, donde se depositaban los órganos de la difunta, desafiando la tradición conocida de cuatro recipientes.

"Sus seis vasos canopos son una auténtica sorpresa pues la tradición consistía en extraer, embalsamar y almacenar en cuatro recipientes los pulmones, el estómago o bazo, el hígado y los intestinos", reconoce en conversación, Ramadan Badri Husein, director de la misión germano egipcia de la Universidad de Tübingen, que desde hace cuatro años horada el área sur del cementerio de Saqara, un complejo emplazado a unos 40 kilómetros al sur de El Cairo y que -junto a las de Abusir, Saqara y Giza- es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

"Parece que Didibastet había ofrecido o solicitado una forma especial de momificación que suponía guardar todos sus órganos en seis vasos. Es una indicación de su posición socioeconómica", relata el egiptólogo. Una anomalía para una costumbre funeraria, que encomendaba la protección del cuarteto de recipientes a cuatro deidades, los conocidos como cuatro hijos de Horus: Kebehsenuf, Imset, Duamutef, Hapi. Sus nombres asomaban por las tapaderas de los vasos en correspondencia al órgano que cada uno de ellos tenía asignado. Kebehsenuf cuidaba de los intestinos; Imset, del hígado; Hapu, de los pulmones y Duamutef, del estómago.

La misión ha sometido las dos vasijas extra halladas en el ataúd de la mujer a una tomografía computarizada. El análisis preliminar sugiere que ambas guardan tejidos humanos. El radiólogo del equipo trata ahora de identificar los órganos que, fuera de la norma conocida, acompañaron a Didibastet en su vida por el más allá. La fémina y su misterioso embalsamamiento fueron descubiertos en una cámara funeraria, la sexta localizada en el pozo, que compartía con otros tres ataúdes de madera, muy deteriorados por el paso del tiempo.

3 de mayo de 2020

¿Quién fue Makaria?, un nuevo misterio del antiguo Egipto


Makaria. Un simple nombre, en una lápida funeraria a las puertas del desierto, es uno de los misterios y a la vez de las delicias de la última campaña de excavaciones catalanas en el yacimiento de Oxirrinco, 190 kilómetros al sur de El Cairo.

Este invierno, como los últimos 28 años, una expedición arqueológica española ha excavado en ese lugar, uno de los cinco yacimientos más grandes de Egipto, para seguir poniendo piezas del infinito puzle de la historia.

Oxirrinco es un yacimiento fechado entre los años 664 aC y 7dC, y superpone por ello restos de diferentes épocas: saíta (el último momento de apogeo de la civilización faraónica, con capital en Sais), persa, griega y romana. Por ello, la necrópolis –epicentro de las excavaciones de este año– ha sido una mina de sorpresas funerarias, con sistemas de enterramientos que se mezclan unos con otros.

La misión de este año, entre el 14 de febrero y el 14 de marzo, debió acabar a toda prisa por la crisis sanitaria. “Bajamos del avión y nos metimos en casa, por los pelos”, relata la arqueóloga Maite Mascort, egiptóloga del Institut del Pròxim Orient Antic, adscrito a la Universitat de Barcelona y codirectora de la misión, junto a Es­ther Pons, conservadora del Museo Arqueológico Nacional.

La referencia a Makaria está en estudio. Aparece sobre una lápida funeraria escrita en griego en un gran edificio religioso de época cristiano-bizantina, en el que se han recuperado muchos elementos decorativos, ricos en flores y cenefas, así como lámparas y monedas y restos de una canalización de drenaje y, sobre todo, restos de un papiro con una inscripción en griego que podría hacer referencia a un texto paraliterario. Ni un dato más sobre Makaria.

La excavación de este año se centró en la llamada Necrópolis Alta, donde se superponen restos funerarios, desde la Época Saíta hasta el periodo cristiano-bizantino, y donde aparecen un total de 65 individuos, momificados o no, que están siendo analizados para averiguar sexo, edad, posibles enfermedades y modo de enterramiento. Todo eso perfila una fotografía de los últimos momentos de uno de los reinos más fascinantes de la antigüedad. El yacimiento es gigantesco, posiblemente Oxirrinco fue una de las ciudades más importantes de Egipto tras la fundación de Alejandría. “No sabemos ni el perímetro del lugar”, explica Mascort.

26 de abril de 2020

El Proyecto Djehuty halla el ataúd y la momia de una joven que vivió hace 3.600 años con su ajuar


El Proyecto Djehuty, liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha hallado en la colina de Dra Abu el-Naga, en Luxor (antigua Tebas), un ataúd antropomorfo de la dinastía XVII del Antiguo Egipto (hace unos 3.600 años). En el interior descansaba sobre el costado derecho la momia de una mujer de unos 15 o 16 años y 1,59 metros de altura con su ajuar: dos pendientes, dos anillos y cuatro collares, uno de ellos de gran valor. El hallazgo se enmarca en los trabajos de excavación llevados a cabo los pasados meses de enero y febrero en Luxor, durante la 19ª campaña de esta misión arqueológica.

El ataúd, de madera pintado de blanco, ha sido descubierto a unos metros del patio de entrada a la tumba-capilla de Djehuty (supervisor del Tesoro y de los trabajos artesanos de la reina Hatshepsut), junto a una pequeña capilla hecha en adobe del año 1600 a. C. El ataúd fue tallado en un solo tronco de árbol, probablemente sicomoro, y mide 1,75 de alto por 0,33 de ancho. Según los investigadores, el ataúd fue abandonado sobre el suelo por saqueadores de tumbas en época antigua. A pesar de ello, fue dejado con cierto cuidado y sin abrir.

Tras realizar una radiografía a la momia dentro de su ataúd, los arqueólogos descubrieron que llevaba dos pendientes en la oreja izquierda y dos anillos (uno en cada mano), uno de hueso y otro de vidrio azul con un engarce y un cordel alrededor del dedo. Sobre el pecho se habían colocado, formando un pequeño montón, cuatro collares de entre 61 y 70 centímetros de longitud. Dos de ellos están hechos con cuentas de fayenza (un tipo de cerámica artesanal con acabado vidrioso) de distintos tonos de azul. Un tercero combina cuentas de fayenza con cuentas verdes de vidrio.

"El cuarto es el más elaborado y valioso, pues está formado por 74 piezas de distintas formas talladas en amatista, cornalina y otras piedras semipreciosas que todavía no han sido identificadas, además de vidrio, y siete amuletos de fayenza. Un halcón de ámbar, representando al dios Horus, parece haber sido la figura central, flanqueado por dos escarabeos (amuletos egipcios con forma de escarabajo pelotero). Sorprende la riqueza del ajuar para una persona tan joven y con un ataúd relativamente modesto", destaca José Manuel Galán, investigador del CSIC en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo y coordinador del Proyecto Djehuty.

En la zona de la necrópolis donde se han desenterrado estos objetos se ordenó enterrar a al menos tres reyes de la dinastía XVII y, junto a ellos, a algunos miembros de sus familias y cortesanos de la época residentes en Tebas. "En el yacimiento se ha hallado hasta la fecha una docena de ataúdes dejados sobre el suelo sin protección alguna, algo inusual. Además, el porcentaje de enterramientos infantiles y mujeres es también más elevado que en otras partes de la necrópolis", detalla Galán.

Revista Egiptología 2.0


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