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30 de diciembre de 2012

Adornos de pelo


La diadema más antigua de la que tenemos referencia pertenecía a una princesa cuya tumba fue descubierta en Abydos. Consistía en una serie de cuentas de turquesa y malaquita con intervalos de anillitos de oro. Y una sección de cuentas de oro formaban el cierre trasero. Indiscutiblemente se trata de una diadema ya que fue encontrada en su lugar, es decir sobre la cabeza de la difunta. Esta diadema aún mantenía un fragmento de velo que cubría la cara. La datación de esta pieza se remonta al 3200 a.C., la época del predinástico que denominamos Nagada II.

Aproximadamente un milenio más tarde, ya en el Reino Medio aparecen nuevos ejemplares de diademas, que ponen de manifiesto el refinamiento alcanzado por la orfebrería en esta época. Los descubrimientos que nos han aportado mayor información en este campo fueron los de Lisht, de Dashur y de Lahun.

En primer lugar citaremos la sutil diadema de la dama Senebtisy, cuyo enterramiento descubrió Herbert Winlock en Lisht al lado de la pirámide de Amenemhat I, fundador de la Din XII. Se trata de una diadema calada formada por hilos de oro torsionados y formando un intrincado dibujo. Sobre la frente lleva un corazón invertido. Un total de 98 rosetas de oro adornan los mechones de su peluca.


Diadema de la princesa Sithathoriunet.

Pero esta diadema no sería más que la versión plebeya de las exquisitas diademas que poseía la princesa Khnumit, hija de Amenemhat II. El tesoro fue descubierto en 1895 por De Morgan en Dahshur, cerca de la pirámide de su padre. Esta princesa fue enterrada con dos diademas, una de ellas más formal, y la otra una verdadera fantasía.

La diadema formal está compuesta de ocho grupos de adornos. Cada uno de estos grupos consiste en una roseta de oro y lapislázuli, con los pétalos de turquesa incrustada alrededor de un disco de cornalina. A los lados de las rosetas aparecen los Lotos del Alto Egipto fabricados en los mismos materiales. Para separar cada grupo aparece una de estas rosetas con un loto vertical. El elemento central de la diadema es un buitre de lámina de oro con las alas extendidas. Este buitre (seguramente una alusión a Nejbet o a Mut) presenta con gran detalle el plumaje del ave, y se cree que sus ojos tenían incrustaciones de obsidiana.

La otra diadema no por muy conocida deja de sorprender. Se trata de una diadema también calada, pero aún más sutil que la anterior. La forman seis elementos en forma de cruz de Malta, que consta de un disco central de cornalina rodeado por cuatro flores de papiro abiertas con incrustaciones de turquesa. De estos seis elementos parten alambres de oro, diez en total, en grupos de tres, cuatro y tres, que sostienen infinidad de pequeñas flores silvestres de cinco pétalos, y pequeños capullos de papiro.

Otra afortunada poseedora de preciosa diadema y adornos fue la princesa Sithathoriunet, de la época de Amenemhat III, Din XII, que fue enterrada al lado de la pirámide de Sesostris II en Lahun. El enterramiento fue descubierto por W.M.F. Petrie, aunque quien realmente lo sacó a la luz fue Guy Brunton. Esta diadema consistía en una simple banda rígida de oro con quince rosetas con incrustaciones. En la frente tiene un ureus desmontable con cabeza de lapislázuli. A los lados lleva unas tiras de oro que salen de debajo de una de las rosetas, y en la parte de atrás, se invierte este adorno, y se redondean las puntas para dar el aspecto de una doble pluma. Aunque los cilindros para el pelo los veremos después, la imagen de esta diadema nos muestra igualmente la técnica de adornar los mechones o rastas con cilindros de oro, cuyo peso total podía llegar a un kilo. El original de esta diadema esta en el Museo Egipcio de El Cairo.

Tenemos otra diadema que los estudiosos consideran de estilo hicso, o bien egipcia, aunque con influencias asiáticas. Se trata de una diadema rígida de electrum, con orificios en los extremos para los cordones que servían para atarla. En la banda de electrum hay unas curiosas rosetas de pétalos puntiagudos, casi como pinchos. Entre estas rosetas hay cuatro cabezas de gacela, dos a cada lado, y en el centro una cabeza de ciervo en tamaño algo mayor. Este ciervo tiene una cornamenta curiosamente espinosa. La fecha de datación de esta pieza como del II Periodo Intermedio no está contrastada.

Aunque no solo las mujeres llevaban diademas, sino que su uso era generalizado. Como muestra todos recordamos la famosa diadema de Tutankhamon, fabricada del modo tradicional de banda rígida y rosetas, con ureus desmontable. Igualmente igual que todos hemos visto faraones, sacerdotes y nobles utilizando estos adornos sobre sus pelucas.

Diadema de Tutankhamon.

En el llamado ¿tesoro de las tres princesas¿ aparecieron igualmente espectaculares diademas y adornos para el pelo. Estas tres princesas eran tres jóvenes sirias que formaban parte del harén de Tutmosis III. Una de estas diademas es la tradicional banda de oro con rosetas y ureus desmontable en la frente, si bien en este tesoro apareció uno de los elementos ornamentales para el cabello más sorprendentes del Antiguo Egipto.

Se trata de algo que podríamos llamar ¿cubrepeluca¿. Consiste en una plataforma de oro en lo alto de la cabeza de la cual cuelgan unas cuarenta tiras de rosetas de oro incrustadas con piedras semipreciosas de diferentes colores. Originalmente, tuvo 850 rosetas y debió llevar una fila de colgantes en la frente que han desaparecido. Estas rosetas son menores en la parte alta y mayores en los extremos. Cada tira termina en medias lunas. Estas tiras eran articuladas, y no rígidas. Cubren una peluca morena de pelo ondulado terminado en rastas o tirabuzones en las puntas, que asoman bajo las tiras de oro.

Ahora bien, las cintas, más o menos decoradas fueron sin duda el elemento más utilizado tanto para adornar, como para mantener la melena en su sitio sin que les cayera a la cara. Las cintas se usaban tanto sobre las pelucas, como sobre el pelo natural. Estas cintas iban atadas detrás y a veces caían por la espalda y podían ir pintadas, o teñidas, o bien llevar rosetas cosidas. Las rosetas podían ser incluso de metales nobles. En el caso de dioses y diosas, las cintas son el elemento predominante sobre sus tradicionales pelucas tripartitas. Las cintas de los dioses suelen ser blancas y sin más adorno que el nudo trasero.

Las guirnaldas de flores también eran muy usadas para adornar el cabello. Si bien este tipo de adorno era perecedero y por lo tanto muy puntual. Creemos que los egipcios gustaban mucho de tejer guirnaldas con flores y tallos, tanto para las mesas de ofrendas como para adornarse ellos mismos.

Es muy frecuente ver a las tebanas en los banquetes funerarios con guirnaldas de hojas y flores, y con una gran flor de loto cayendo sobre su frente. El perfume que emanaría esta flor debía resultar muy agradable. A veces no eran guirnaldas de flores verdaderas, sino cintas con las hojas y las flores pintadas.

Luego tenemos los elementos pequeños como son los los pasadores, los cilindros, las rosetas o plaquitas y las bolitas de terracota.

Los pasadores también fueron muy populares, y se utilizaron fundamentalmente para sujetar los mechones de juventud, y las trenzas (quizás naturales). En las representaciones no queda claro cómo se sujetaban, pero quizás los ataran por detrás con algún cordel o hilo de metal.

Los discos utilizados por las bailarinas, y los que se ponían en los mechones delanteros de las pelucas hathóricas estaban hechos de terracota o metal, suponemos que hueco. En el caso de las bailarinas los llevaban entrelazados con su cabello. Pero en el caso de las pelucas hathoricas ya mencioné que sería muy difícil mantenerlos en su sitio de la manera que los vemos en las representaciones.


Anillos y rosetas para el pelo.

En cuanto a los cilindros o anillos de pelo podían estar fabricados de diversos materiales desde la simple terracota al oro, material que estaría reservado sólo para la realeza y las clases altas, pasando por la pasta de vidrio, la turquesa, la cornalina, etc. Hemos visto antes la fastuosa peluca de la princesa Sithathoriunet con infinidad de estos cilindros de oro, como correspondía a una princesa.

Con las rosetas sucedía lo mismo, dependiendo del rango social del personaje (generalmente mujer) que las utilizase. Desde la terracota al oro, han aparecido multitud de estos adornos en muchos enterramientos. Tenían un anillo por la parte trasera para poder pasar el mechón o trenza.

En Nubia las mujeres solían trenzar su pelo natural y sujetar cada trencita con anillos o bolitas de barro pintado. Esto se sigue haciendo en muchos lugares de África.

Una mención especial merecen los amuletos que también tenían cabida entre los adornos del pelo. Entre ellos estuvieron muy de moda los pájaros con las alas apuntando hacia el suelo. En el enterramiento de Khnumet aparecieron 24 de estos pájaros, de factura bastante rudimentaria y que sin duda eran amuletos. Contaban con un aro posterior que serviría para meter los mechones o trenzarlos con ellos. Si bien los más populares eran los que tenían forma de pequeño pez. Los peces eran un elemento apotropaico que serviría de protección para no morir ahogado. Solían ponerlos al final de alguna de las trenzas. Una vez más los que usaban las mujeres de la realeza eran de oro.

Revista Egiptología 2.0


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