Novedades editoriales

1 de mayo de 2011

Djehuty y Hery, dos tumbas unidas por un pasadizo


En esta ocasión os contaré una iniciativa sobre un par de tumbas que están llamadas a ser referentes para la egiptología española. Se trata de dos sepulcros conectados: la tumba de Djehuty –TT 11–, que da nombre al proyecto y la de Hery –TT 12– de más de 3.000 años de antigüedad situadas en la falda de una colina, Dra Abu el –Naga, en la parte occidental del valle del Nilo y en las cercanías de la gran ciudad de Luxor –la Tebas de “cien puertas” como la denominaban los griegos–.

En una zona tan especialmente rica en lugares de interés histórico resulta normal el hecho de que se tardarán en investigar en profundidad. Cerca se encontraba el enorme complejo de Karnak y Luxor, con sus avenidas de esfinges y necrópolis. Jean-François Champollión, el descubridor de las claves de la escritura jeroglífica entró en las tumbas en 1844 pero apenas escribió unas líneas sobre ellas. Lepsius en 1849 también las visitó pero sin detenerse demasiado. La campaña de 1898-99 del Marqués de Northampton las recogía como áreas de interés y en 1908 algunos textos de las tumbas ya se encontraban recopilados pero seguía sin darse una excavación en profundidad. De hecho la actividad más destacada fue la de 1915, cuando el Servicio de Antigüedades reparó el techo de madera del vestíbulo de la tumba de Djehuty y colocó un muro de contención. Hubo que esperar hasta el año 2000 cuando José Manuel Galán Allué, investigador del CISC, visitaba la zona con Mohamed el-Bialy, Director General del Servicio de Antigüedades en la orilla Oeste de Luxor.

El investigador español se dio cuenta enseguida de lo desaprovechados que estaban los sepulcros y realizó una enorme labor de documentación para comprobar lo que se sabía de los monumentos gracias a una beca de investigación de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EEUU). Ante la escasez de datos claros buscó la aprobación de las autoridades locales, consiguiendo la licencia para excavar en abril de 2001. Y aunque a veces lograr superar semejante odisea burocrática parece una hazaña de tintes homéricos, lo cierto es que quedó otra no menos crucial: la financiación. A pesar de que siempre se podía acudir al Ministerio de Cultura, los procedimientos a seguir eran lentos y difíciles, por lo que se optó por otras fuentes. Finalmente Telefónica Móviles, el CSIC y la Asociación Española de Egiptología concedieron los recursos financieros, humanos y tecnológicos para iniciar la aventura en la zona tebana. Incluso se creó una página web -http://www.excavacionegipto.com/index.jsp.htm- para informar sobre el progreso de las excavaciones y publicar artículos y estudios específicos sobre algunos aspectos del mismo.

Por fin, en enero de 2002 –excavar en verano en Egipto es una acción con cierto riesgo– se reunió un equipo de expertos y entusiastas de diferentes centros de investigación de Madrid, Sevilla y Salamanca y se contrataron hasta 70 peones encargados de remover la pesada cantidad de tierra que cubría las tumbas. La primera campaña apenas duró cuatro semanas, pero los resultados fueron tan esperanzadores que desde entonces cada año se revaloriza su importancia.

Básicamente hablamos de dos tumbas excavadas en paralelo, pero unidas entre sí por un pasadizo. Entre ambas se encuentra otro enterramiento, más las autoridades egipcias todavía no han dado permiso para su sondeo y trabajo sistemático por lo que permanece sin identificar. La primera, la TT 11 perteneció a un hombre que fue apodado Djehuty –relacionado con el nombre del dios Tot o Djehut- y que vivió en tiempos del reinado de la mítica Hatshepsut y Tutmosis III en el siglo XV antes de la Era. Su carrera incluyó cargos sacerdotales en Hermópolis –la ciudad de Hermes, asimilación helena de Tot- y en Cusae en el templo de Hathor para acabar siendo “Supervisor del Tesoro y de los Trabajos”, ocupación sin duda de enorme prestigio y responsabilidad. En los escritos de la tumba se habla de que tuvo como tarea la de contabilizar los objetos traídos de la gran expedición que la reina ordenó al país del Punt. La TT 12 era aún más antigua, del inicio de la Dinastía XVIII y fechable en el siglo XVI a. C., cuando los hicsos acababan de ser expulsados y se reinstauraba la unidad del país por Ahmose.

El ocupante principal de la tumba, Hery, tampoco se quedó “manco” a la hora de copar puestos administrativos. Ni más ni menos que “Supervisor del granero de la esposa del rey”, algo que le abrió la posibilidad de erigir una morada para la eternidad como la que nos legó. A día de hoy, con un equipo cada vez mayor, es incontable la cantidad de datos que han aportado ambas sepulturas, con sus decoraciones pictóricas, inscripciones biográficas, himnos a los dioses –dos a Amón-Ra y otra a Ra en solitario- estelas, conos funerarios, sarcófagos de madera y algunas momias de personas allegadas a los individuos principales. Por todo ello el Proyecto Djehuty se ha convertido en una fuente de información de ciertos aspectos de organización política y económica del inicio del Reino Nuevo, además de ofrecer la posibilidad de interesantes estudios paleopatológicos –de enfermedades y afecciones antiguas-.

Estas iniciativas prueban que España, por “atrasada” que esté en cuanto a empresas internacionales, tiene la capacidad científica de emprender misiones ambiciosas. Son docenas las universidades en este país que cuentan con programas de formación para el estudio y la investigación de alto nivel.

Artículo: Ignacio Monzón.

Revista Egiptología 2.0


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