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20 de mayo de 2019

La fortaleza oriental del ejército del faraón, al descubierto


Los faraones no contaron con un ejército profesional y nacional hasta el reino nuevo, hacia el 1500 a.C. Hasta entonces las tropas eran más bien milicias controladas y armadas por patriarcas familiares, ya fueran alcaldes de pueblos o gobernadores de provincia. Cuando el monarca les necesitaba para emprender una campaña, sus cabecillas cedían a sus uniformados. Retazos de la historia castrense de los faraones acaban de aparecer en el norte de la península del Sinaí, la frontera oriental del imperio.

Una misión egipcia ha firmado el hallazgo de las ruinas de una fortaleza militar. Fueron levantadas durante la dinastía XXVI (664-525 a.C.), en tiempos de la última estirpe de faraones nativos que gobernaron el país antes de la conquista de los persas en el 525 a.C. Un siglo que la historia bautizó como período saita, porque la corte estableció su sede en la ciudad de Sais, emplazada en el delta del Nilo.

El descubrimiento ha arrojado luz sobre nuevas zonas del yacimiento de Tell el Kadwa. La labor de los arqueólogos ha rescatado los vestigios de lo que fueron las torres norte y sur de la fortaleza militar, construida en ladrillo de barro. Hace una década, otra expedición había desenterrado ya el muro oriental de la fortificación, considerado entonces el más antiguo de la historia egipcia.

La misión, no obstante, está aún lejos de concluir. El último castillo construido en el páramo llegó a tener 16 torres, de las que de momento solo han aparecido cuatro. Los vestigios de los castillos previos también ha comenzado a aflorar. Según Nadia Jedr, jefa del departamento del Bajo Egipto en el ministerio de Antigüedades, las tapias de las fortificaciones más vetustas tenían siete metros de anchura en comparación con los once metros de las más recientes.

El proyecto ha desvelado, además, que intramuros del recinto más antiguo se crearon estancias colmadas de arena, restos de cerámica y escombros con la intención más probable de mitigar la presión de los muros. A juicio de Jedr, las salas pudieron ser usadas también como almacenes de agua, un rasgo distintivo de la arquitectura saita.

La aparición de ambos muros ha dejado al descubierto otras partes del callejero del enclave, que habían permanecido más de dos milenios ocultas bajo la arena. Los miembros del equipo se han topado con restos de viviendas edificadas en el lado occidental del castillo. En el área, ha aparecido un fragmento de amuleto de fayenza (cerámica con un acabado vítreo) que lleva el nombre del rey de Psamético I, el fundador y primer rey de la dinastía.

Una pista, según el equipo, que aporta la clave del faraón que mandó construir la fortificación, empleada como puerta y centinela oriental de Egipto. La excavación también ha servido para localizar una entrada al castillo ubicada en la parte noreste de uno de los nuevos muros desenterrados. A unos metros del acceso, se han hallado los restos de una sala de seguridad, una suerte de garita empleada por los soldados para vigilar la entrada y la salida de la fortaleza.

Entre los objetos recuperados, figuran algunas figurillas huérfanas de cabeza, una espada y fragmentos de cuchillos. Toda una colección de instrumentos del arte de la guerra. El castillo, que no fue inmune a las vicisitudes de la contienda, aporta nuevas pesquisas al establecimiento y crecimiento del ejército como institución faraónica, que fue mejorando su organización y dotación para hacer frente a las amenazas de las potencias enemigas que lindaban con el imperio y a las que terminaron sucumbiendo. La militarización creciente de la sociedad convirtió al ejército en un apoyo vital para los reyes y una fuente de mano de obra para los grandes proyectos de construcciones.

Artículo: Francisco Carrión.

Revista Egiptología 2.0


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