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1 de mayo de 2019

La tumba de una madre y su hijo, la huella de los últimos faraones en Asuán


Desde su muerte en 1957, un sencillo edificio de arenisca rematado con una cúpula alberga el cuerpo del Aga Khan III, líder religioso de la secta musulmana de los ismaelíes. No es el único que descansa sobre la colina con vistas al Nilo. Una misión italo-egipcia ha hallado ahora una tumba con 35 momias, difuntos de la época grecorromana, la última de los faraones.

Al enterramiento, horadado en la roca de la montaña, se accede por una escalera flanqueada por bloques esculpidos que conducen hasta las cámaras funerarias. La puerta, encontrada durante los trabajos de excavación, estaba sellada por un muro de piedra. La tumba, sin embargo, fue expoliada en la antigüedad.

La sepultura está ubicada en Asuán, a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo. "Es un descubrimiento muy importante porque añade información a una parte de la historia de Asuán que estaba perdida", comenta Patrizia Piacentini, profesora de Egiptología de la universidad de Milán y directora de la expedición que ha sellado el hallazgo.

Sus entrañas han arrojado el nombre de su propietario. Los fragmentos de un ataúd de madera contenían el nombre de su dueño, identificado como Tjt y arropado por invocaciones a las deidades de la primera catarata, Khnum, Satet y Anuket, y Hapy, el dios del Nilo. "Conocíamos tumbas y necrópolis que datan del segundo y tercer milenios pero no sabíamos dónde se hallaba la gente que vivió en los últimos tiempos de los faraones", desgrana la académica.

El enterramiento y sus moradores vivieron en una época que discurre entre el 332 a.C. y el 395 d.C. En la oquedad el equipo ha rescatado restos de una treintena de hombres, mujeres y niños. Cuatro de las momias fueron localizadas en una pequeña estancia y el resto en una sala en la que han aparecido también cadáveres de niños sepultados en un nicho lateral.

En la habitación se guardaban, además, objetos relacionados con el tráfico funerario como vasos de betún empleado en el embalsamamiento y una camilla realizada con madera de palma y lino. "Sobre la pared norte de una de las salas había una extraordinaria camilla intacta hecha de palma y lino, utilizada por la gente que depositaba las momias en la tumba", reseña Piacentini.

Los únicos cuerpos que sobrevivieron en condiciones aceptables, sin demasiados achaques, son dos momias que los arqueólogos creen que corresponden a una madre y su hijo. Una pareja que será ahora estudiada antes de ser devuelta a los confines de la tumba.

Entre los objetos desempolvados, figuran ánforas, vasos de ofrendas, máscaras decorativas pintadas en oro, una estatua de Ba -un ave con cabeza humana que representaba el alma del finado-, fragmentos de un sarcófago de madera policromado y cartonaje pintado.

La misión ha logrado elaborar un mapa de las 226 tumbas que rodean al mausoleo en el que yace Aga Khan III, que por prescripción médica solía pasar largas estancias en el clima cálido de Asuán. Los enterramientos fueron construidos entre el siglo VI a.C. y el IV d.C.

En la necrópolis cercana de Qubbet el Hawa, una misión de la Universidad de Jaén trabaja desde hace una década en busca del descanso eterno de nobles de los imperios Antiguo y Medio, en su mayoría, gobernadores de la isla de Elefantina.

Artículo: Francisco Carrión.

Revista Egiptología 2.0


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