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19 de noviembre de 2018

La joven egipcia que permaneció 3.700 años con el feto "cabeza abajo" dentro de su tripa


Hace 3.700 años una madre murió poco antes de dar a luz al hijo que había gestado durante meses. El óbito de ambos acaba de aparecer en una pequeña tumba en el sur de Egipto, fruto de las excavaciones de una misión italo-estadounidense que horada las entrañas del lugar desde más de una década en busca de respuestas a la vida en tiempo de los faraones.

La progenitora, cuyo nombre se desconoce, tenía alrededor de 25 años y estaba cercana al parto. Su cadáver permanecía en una estrecha oquedad en posición contraída y envuelto en cuero. El bebé descansó durante milenios en el interior de su madre, alojado en su área pélvica. Según los primeros análisis, el feto ya se hallaba cabeza abajo, por lo que los estudiosos barruntan que madre e hijo pudieran fallecer durante el nacimiento.

El esqueleto de la parturienta también revela que sufría una desalineación pélvica, "probablemente resultado de una fractura que no se curó correctamente", según la nota divulgada por el ministerio de Antigüedades egipcio. Un achaque que, a juicio de la misión liderada por la egiptóloga italiana Maria Carmela Gatto, de la universidad británica de Leicester, podría haber provocado complicaciones durante el parto y desembocado en la muerte de ambos.

Los restos de madre e hijo han asomado en un enterramiento casi intacto excavado en un pequeño cementerio usado inicialmente por nómadas que se trasladaron a Egipto desde una zona desértica de la vecina Nubia durante el Segundo Período Intermedio (1750-1550 a.C.).

En la sepultura, dos vasijas de cerámicas acompañaron a la pareja en su viaje hacia la otra vida: una pequeña jarra bellamente modelada y desgastada por años de uso y un tazón con una superficie pulida roja y un interior negro manufacturado por comunidades nómadas siguiendo como patrón el estilo nubio.

La sorpresa que ha captado el interés de los arqueólogos es una ofrenda que completaba el ajuar de la tumba, elaborada a partir de cáscaras de huevo de avestruz sin terminar de ensamblar. Algunas de ellas aún conservan el orificio central que debía atravesar el collar. La razón de su hallazgo desconcierta a la expedición. Algunos sostienen que podría proporcionar algún dato de la difunta, como su trabajo como reputada fabricante de cuentas y el deseo de su familia de colocar en su enterramiento el material en el que trabajaba para honrar su memoria.

El proyecto arqueológico Asuán-Kom Ombo -que horada desde 2005 zonas arqueológicas próximas a la sureña ciudad de Asuán, a 800 kilómetros al sur de El Cairo- ha firmado investigaciones que desvelan una "época histórica crucial" anterior a la unificación del valle del Nilo en la que se establecieron los fundamentos políticos sobre los que se construyó el fascinante Egipto de los faraones.

En 2011 el proyecto de Gatto rescató una inscripción tallada en roca con el dibujo más antiguo de un monarca egipcio, que data de la llamada Dinastía cero (3.200-3.000 a.C.), un período que asistió a un complejo proceso de unión política hasta la creación del estado y el nacimiento de la primera dinastía. El hallazgo incluía una serie de jeroglíficos y las primeras estampas de una celebración real, que -para asombro de los egiptólogos- es exactamente igual que la conocida en las diferentes épocas faraónicas.

Hace dos años la misión anunció el hallazgo del esqueleto de un bebé de dieciséis meses que se convirtió en el primer caso de escorbuto detectado entre los habitantes del antiguo Egipto. Las huellas de la falta de vitamina C -necesaria para la síntesis de colágeno en los seres humanos- aparecieron desperdigadas por el cuerpo del menor en Nag el Qarmila, un pequeño asentamiento ubicado a 15 kilómetros al norte de Asuán que data de la época predinástica (3800 a 3600 a.C.).

"En algunos textos del antiguo Egipto se informa de una enfermedad que coincide con el escorbuto pero hasta el momento no se habían hallado restos con pruebas de esa enfermedad", relata Gatto. "El hecho de que fuera hallado dentro los límites de la aldea resulta muy intrigante: ¿era una enfermedad considerada poco común o desconocida por los vecinos y lo suficientemente única como para colocar su tumba en un lugar tan especial?", se interroga.

Su labor avanza en la intención primigenia de trazar un daguerrotipo de la existencia que latió en los confines de la misión en tiempos cruciales para el antiguo Egipto. "Las investigaciones, los análisis sistemáticos y las excavaciones de rescate han descubierto muchos asentamientos predinásticos, cementerios y arte rupestre con suficiente información como para reconstruir el panorama social y cultural en la parte más meridional de Egipto", esboza Gatto.

Artículo: Francisco Carrión.

Revista Egiptología 2.0


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