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3 de junio de 2018

Myriam Seco: ''Sandel es un hombre con ideas y valores, lo que el mundo necesita''


Myriam Seco Álvarez (Sevilla, 1967) supo que quería ser arqueóloga desde niña y hoy se ha convertido en una egiptóloga de referencia. Seco, que estudió en la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Historia Antigua en 1990, se doctoró cinco años después con la tesis 'Representaciones de niños en las tumbas privadas de Tebas durante la XVIII dinastía en Egipto' en la Universidad de Tubinga.

Posteriormente, trabajó en diversos yacimientos arqueológicos en Egipto y Líbano, haciendo también incursiones en la arqueología submarina y, desde hace dos décadas, la andaluza, que habla seis idiomas y ha fijado su residencia en el país de las pirámides, dirige las labores de excavación del templo funerario del faraón Tutmosis III en Luxor. Considerada como la arqueóloga española más importante, esta semana se estrenó como jurado del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.

-¿Qué le parece el premiado que han elegido, el filósofo estadounidense Michael J. Sandel?

-Me gusta mucho que haya sido un filósofo, un hombre con ideas y valores, que es lo que hace falta en el mundo, en la sociedad actual.

-¿Y su primera experiencia como jurado de estos premios?
-Me ha encantado, porque hay gente de todos los campos académicos y de mucho nivel. Se aprende mucho.

-Usted no se queda atrás: la llaman la Indiana Jones española.
-(Ríe) Cuando me lo dicen, me da risa porque la vida de un arqueólogo no tiene nada que ver con la de la película.

-Supongo que lo suyo es bastante más arduo.
-Así es. El trabajo de campo sí se puede considerar aventurero, pero luego es bastante complicado y hay que tener una vocación muy grande para llevarlo a cabo. Se necesita mucha paciencia y saber gestionar y coordinar a diferentes equipos.

-¿El miedo a las maldiciones es una cosa del pasado?
-Claro. Todo se debe a que los egipcios, para evitar robos en tumbas, escribían cosas como «el que entre en esta tumba sufrirá». Y la cinematografía se ha encargado de darles gran protagonismo (Ríe).

-Su centro de trabajo hoy son las excavaciones en el templo de Tutmosis III.
-Sí. Llevamos diez años trabajando allí. Ahora mismo somos un equipo de treinta especialistas. Hay arqueólogos, egiptólogos, epigrafistas, restauradores, dibujantes, topógrafos, arquitectos...

-¿Ha tenido problemas a la hora de dirigirlos por ser una mujer?
-No. Llevo veinte años trabajando en Egipto. Cuando empecé el proyecto de Tutmosis ya llevaba diez años allí y los obreros y capataces ya me conocían. Además, al hablar árabe, ha sido mucho más fácil poner en marcha todo ese proyecto. Tengo un equipo de 150 obreros trabajando en la excavación. Es un número que puede parecer elevado, pero, en una extensión tan grande como la que ocupa el templo, no lo es. Así que, a las seis de la mañana, cuando empezamos todos los días con nuestra tarea, todo el mundo se va repartiendo por su lugar de trabajo y es muy bonito ver en funcionamiento el yacimiento arqueológico.

-¿Les han afectado los recortes en investigación?
-Eso siempre es un problema. En mi caso, tengo patrocinio privado. La Fundación Botín, Santander Universidades, Fundación Cajasol, la empresa Cemex y la Fundación Gaselec son mis principales patrocinadores, pero, claro, es una de las labores que hay que combinar con la investigación: la gestión y la búsqueda patrocinio. Del Gobierno español no tengo ninguna financiación.

-¿Y la inestabilidad política en la zona?
-El país, ahora mismo, está en una situación bastante estable. Sí que 2011 fue un año de inestabilidad y, sobre todo, de incertidumbre, de no saber qué iba a pasar, pero las misiones arqueológicas han seguido trabajando con normalidad. Nosotros no hemos tenido problemas y, además, nuestra excavación está en Luxor, que es uno de los lugares más seguros de Egipto. Allí, nuestra próxima campaña, que será la undécima, empezará en septiembre.

-¿Qué es lo que le atrajo de la civilización egipcia?
-Su perfeccionismo. Eso es lo que sigue llamando la atención y lo que los hace tan especiales. Llegaron a tener una gran profesionalidad en diferentes áreas y eso sigue fascinando al mundo entero. Tanto en astronomía como en el trabajo de materiales, movimiento de piedras... Fueron unos expertos constructores, arquitectos... Sin duda, fue una de las primeras grandes civilizaciones del mundo.

-¿Aún esconde muchos secretos?
-Sí. Egipto siempre depara sorpresas. El patrimonio arqueológico es inmenso y cada vez que un equipo se pone a trabajar encuentra cosas nuevas. Ten en cuenta que fue una civilización que duró tres milenios y hay mucho material enterrado en la arena.

-Y también bajo el agua...
-Claro. También en el mar hay todavía mucho por descubrir. Yo, desde 2011, no he vuelto a bucear, pero, indudablemente, tanto el Nilo como el Mediterráneo y el Mar Rojo esconden aún muchos hallazgos en sus fondos. Los tesoros aparecen cuando menos te lo esperas.

-¿Cuál es su hallazgo preferido?
-Es difícil decir uno porque hay descubrimientos que son bellos en sí mismos, otros te dan mucha información histórica... Cada descubrimiento tiene su importancia. A mí lo que más me ha fascinado del templo de Tutmosis III es la cantidad de nueva información que ha salido y que nunca imaginé que pudiéramos tener. Información no solamente de la época de Tutmosis III, sino de otras épocas, porque hemos encontrado tumbas anteriores y posteriores al templo. Así que nuestras expectativas iniciales se han ampliado enormemente. Hemos encontrado mucho más de lo que yo esperaba sacar.

-Lo llamaban el faraón guerrero y expandió los límites del imperio.
-Sí. Y, de hecho, se le conoce como el Napoleón egipcio.

-¿Qué planes tiene para él?
-Mi sueño es convertir ese yacimiento en un museo al aire libre y que, en el futuro, los turistas que vayan a Egipto pueden conocer más a Tutmosis III y la inmensa obra que llevó a término.

-Lo que ya es una realidad es el Gran Museo Egipcio, que abrirá sus puertas en 2020, tras 15 años de obras.
-Va a ser una revolución, un museo interesantísimo, con unas dimensiones espectaculares y en el que se va a poder ver una gran cantidad de piezas siguiendo un orden. Una maravilla. Y, además, por primera vez se va a exponer todo lo que se descubrió en la tumba de Tutankamón.

-Descartada la existencia de cámaras ocultas, parece ser que su necrópolis no esconde más secretos.
-Parece ser, pero, en Egipto, nunca se sabe.

-¿Qué me dice sobre el conflicto ético de mostrar o no las momias humanas al público?
-Las momias te dan mucha información y nosotros, a veces, cuando terminamos de estudiarlas, proponemos volver a meterlas en las tumbas. Pero hay algunas que, por su gran importancia, terminan en los museos.

Artículo: A. Villacorta.

Revista Egiptología 2.0


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