Novedades editoriales

1 de mayo de 2018

En las entrañas del Gran Museo Egipcio


Es mediodía y Mohamed Mustafa se emplea a fondo en uno de los carruajes ceremoniales hallados por Howard Carter en la tumba de Tutankamón. "Es un reto limpiar y conservar esta pieza porque está hecha de muchos materiales", explica el restaurador en una amplia y pulcra sala del centro de conservación construido junto al Gran Museo Egipcio, unas instalaciones de proporciones faraónicas que el país árabe confía en abrir parcialmente al público a principios del próximo año. El joven se afana en desempolvar el esplendor de uno de los seis carros rescatados de las profundidades del enterramiento, una joya destinada a la caza y elaborada a partir de madera, oro, cristal, alabastro, plata y fayenza, una cerámica con acabado vítreo. "Es la primera vez que salen a la luz algunos detalles muy curiosos del carruaje como el dibujo de una serpiente", relata Mohamed. "Estamos aún con un estudio pormenorizado para obtener nueva información sobre la fabricación y los materiales empleados", advierte.

En el laboratorio dedicado a la madera en el que Mohamed somete a examen a los carruajes del "faraón niño", otras trece personas escudriñan a contrarreloj decenas de piezas incluidas entre los más de 5.000 objetos encontrados por el arqueólogo británico en noviembre de 1922 en la antecámara, la cámara funeraria, la cámara del tesoro y un anexo de la tumba de Tutankamón, la KV62. El tesoro intacto, guardado durante milenios bajo las arenas del Valle de los Reyes de Luxor, ha protagonizado en el último año una aparatosa mudanza desde el decadente Museo Egipcio de la céntrica plaza Tahrir hacia el Gran Museo Egipcio que las autoridades levantan a un tiro de piedra de las pirámides de Giza. "El ajuar de Tutankamón se exhibirá en dos galerías con una superficie total de 7.000 metros cuadrados. El actual museo de Tahrir solo cuenta con 10.000 metros cuadrados para toda su colección", presume Tarek Taufik, supervisor general del Gran Museo.

"Hasta ahora el público solo había contemplado unos 1.500 objetos de Tutankamón. Por vez primera mostraremos las 5.000 piezas que fueron descubiertas en el interior de la tumba", detalla el máximo responsable de un proyecto iniciado en 2002 y lastrado durante años por la falta de financiación. "La colección de Tutankamón nos cuenta muchos detalles de la vida de ultratumba. Su exhibición hará que el visitante retroceda 3.500 años y pueda ver lo que el rey llevaba puesto o comía; los muebles o las armas que le rodeaban o las joyas que lucía. Nos va a permitir alejarnos de la imagen de faraón dorado para conocer a un representante de la dinastía XVIII a través de una tumba que fue hallada intacta", desliza Taufik desde un despacho por el que desfilan, sin pausa, sus colaboradores.

"Dirigir la puesta en marcha del museo es un privilegio y un desafío", confiesa. "El dinero -agrega- fue durante mucho tiempo un problema pero hemos logrado superarlo. Ahora el reto es respetar el calendario y mantener sincronizadas la construcción y la preparación de las obras para su exhibición". Financiada a golpe de préstamos del Gobierno japonés, la mayor galería de arte faraónico del planeta -con un coste aproximado de 550 millones de dólares- se ha conjurado contra las maldiciones que han aplazado durante años su inauguración. Su fachada, compuesta de icónicas formas piramidales, va tomando forma a unos metros de una de las carreteras que conducen hasta la necrópolis de Giza entre grúas y una legión de obreros. En su batalla contra el tiempo participa el cuerpo de ingenieros del ejército egipcio. "Vamos muy bien. Se ha completado el 76,5 por ciento del proyecto. Todos los trabajos de cemento y metal han finalizado. El paisaje está cambiando muy rápidamente", se felicita Taufik.

La labor tampoco se detiene en los laboratorios que alberga el complejo, donde la fecha de la apertura parcial -el próximo enero- se ha convertido en una obsesión. "Tenemos que tenerlo todo preparado para entonces", confirma Mohamed Abu al Said, uno de los encargados de la sección de objetos en piedra. En la estancia se amontonan esfinges, estatuas de faraones y estelas llegadas de la sureña Luxor o la mediterránea Alejandría. "Lo primero que hacemos es documentar el estado de las obras. Luego, tras la valoración, las limpiamos con las sustancias más adecuadas". Las figuras de gran tamaño darán la bienvenida al peregrino, a unos metros del coloso de Ramsés II -12 metros de altura y 83 toneladas- colocado en el atrio de acceso del museo el pasado enero durante una fastuosa ceremonia.

Una geografía en construcción, sitiada aún por la arena, que Taufik ya imagina. "El primer espacio es una gran plaza de 27.000 metros cuadrados que por primera vez en Egipto estará decorada un obelisco. Hasta ahora eran franceses e italianos los que presumían de plazas con piezas procedentes de Egipto", comenta el responsable. "Luego, se accede a un atrio presidido por Ramsés II y una gran escalera con 87 figuras de grandes proporciones, formadas por elementos arquitectónicos de templos, ataúdes o estatuas reales", detalla. Al final de la escalinata, espera una fachada de cristal de 25 metros de altura con vistas a las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos. "El monumento es parte de la exhibición", bromea. Y, tras admirar la última de la maravillas del mundo antiguo en pie, se abre el camino a una trepidante sucesión de galerías cuyo inauguración definitiva está programada a finales de 2020.

Para entonces, el museo albergará 45.000 piezas. "De ellas, 25.000 jamás han estado en exhibición y muestran la historia del Antiguo Egipto desde la prehistoria hasta el período grecorromano. Algunas proceden del sótano del museo de Tahrir y otras de las excavaciones realizadas durante las últimas tres décadas, incluidas algunas españolas", desgrana Taufik. "En el de Tahrir la exhibición estaba más orientada a los objetos. La idea ahora es que aquí proporcionemos contexto, que las piezas sean parte de una historia mayor".

En sus salas habrá cabida incluso para los paños menores del faraón Tutankamón. Una colección de 128 piezas de ropa interior de lino que Negm el Din examina con celo en el laboratorio especializado en textiles y papiros. "Estamos tratando de averiguar su técnica de elaboración y las condiciones y usos de los tejidos. Lo que buscamos es saber las características del cuerpo de la persona que lo llevó. No estamos seguros de si fueron usadas por Tutankamón o tal vez por personas de su entorno como su madrastra Nefertiti", indica el conservador. "Muchas de las piezas se habían guardado hasta ahora en almacenes y su estado de conservación es magnífico", admite mientras deambula por la habitación en la que una docena de compañeros examinan decenas de retazos de tejidos y papiros. "Nuestro objetivo es que, cuando lleguen a las vitrinas, se hallen en plena forma", murmura Negm.

Dos empresas, alemana e italiana, se encargan, entretanto, de modelar la exhibición, lejos de las vitrinas de madera de gusto decimonónico que aún luce el museo hermano de Tahrir, sepultado por el polvo y la contaminación. "Usaremos tecnología de última generación en las salas, a través de pantallas y aplicaciones móviles, pero hemos decidido mantener cierto equilibrio. Los objetos deben seguir siendo las estrellas de una experiencia única", concluye Taufik.

Artículo: Francisco Carrión.

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Exposición temporal: Pasión por el Egipto faraónico (Museo Egipcio de Barcelona). Del 12 de julio al 31 de diciembre de 2018.