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16 de mayo de 2016

Karnak: el gran santuario de Amón


A lo largo de más de dos milenios, los faraones embellecieron el principal centro de culto de egipto, dedicado a amón, el gran dios del imperio nuevo.

Hace más de cuatro mil años, Intef II, rey de la dinastía XI, comenzó las obras del templo de Amón-Re en Tebas, donde se alza la moderna población de Karnak. Fue el núcleo a partir del cual, durante los siguientes dos mil años, decenas de faraones fueron creando y remodelando uno de los lugares de culto más ricos y espectaculares de la Antigüedad, en el que los arqueólogos han catalogado más de doscientas estructuras.

Como cualquier templo egipcio, el santuario de Amón en Karnak empezó a construirse después de una larga serie de rituales con los que se pretendía purificar el espacio que iba a ser consagrado. Hay que tener en cuenta que un templo egipcio no era un lugar al que el pueblo acudiera a rezar, sino que constituía la residencia del dios (era su hut, su «mansión»). Por ello, a los sacerdotes se les llama en egipcio hemu-netjer, «los sirvientes del dios».

El primer ritual que se realizaba al inaugurar un templo era el «estiramiento de la cuerda», pedj-sesh, que se documenta desde la dinastía I (3065-2890 a.C.). Con este ritual, los sacerdotes buscaban orientar los ejes principales del templo hacia objetivos prominentes, bien fueran accidentes geográficos o puntos astronómicos. En el caso de Karnak, la orientación del eje este-oeste se hizo hacia el punto por donde sale el sol en el solsticio de invierno (entre el 20 y el 23 de diciembre), de modo que, si nos situamos en el muelle que hay ante la entrada del templo, ese día veremos salir el sol sobre la puerta oriental, llamada de Bab el-Makhara, situada casi a seiscientos metros de distancia.

A continuación, se esparcía yeso para purificar el área, se excavaban trincheras de fundación, se elaboraban los primeros adobes y se colocaban los depósitos de fundación, materiales enterrados en los cimientos de los edificios para conmemorar su construcción y atraer el favor de los dioses. Una vez acabada la construcción, se purificaba el edificio con fumigaciones y lecturas de textos sacros, y quedaba listo para ser consagrado al dios que iba a habitarlo.

La residencia del Oculto

El dios que iba a habitar el templo de Karnak era Amón, también llamado «el oculto». En su origen, Amón era el dios local de la ciudad de Tebas, pero con el tiempo se convirtió en el dios principal del panteón egipcio, asociado al dios solar Re. Su imagen se guardaba en el sanctasanctórum, el espacio más reservado del templo, en una gran barca llamada Userhat. En un texto del reinado de Amenhotep III (1402-1364 a.C.) rse dice que la barca de Amón «está rematada con plata pura y toda ella está trabajada en oro, y alberga en su interior un altar enorme de oro». Durante las grandes festividades tebanas, como la fiesta de Opet y la Bella Fiesta del Valle, la barca del dios se trasladaba hasta un punto del Nilo donde se había construido un muelle que se conserva intacto. A través de un canal, se unía con el río y permitía el atraque de las barcazas que transportaban por el Nilo a la Userhat.

Una avenida de esfinges une este muelle con el templo. Las esfinges de Karnak son crioesfinges, es decir, tienen cabeza de carnero, pues éste es uno de los animales con los que se identificaba el dios Amón, y actuaban como protectoras de las vías procesionales. Dado que los egipcios de a pie no podían entrar en el recinto sagrado, a veces se valían de intermediarios simbólicos para transmitir sus peticiones a la divinidad. En Karnak, esta función la ejercían las estatuas del sabio Amenhotep hijo de Hapú, escriba real y arquitecto de Amenhotep III, situadas ante la entrada del templo, en las que podemos leer: «¡Oh gentes de Karnak!, ¡vosotros los que deseáis ver a Amón, venid a mí! Yo comunicaré vuestras peticiones!» Los numerosos tebanos que solicitaron su intervención pulieron las estatuas con sus devotas caricias.

Lagos, pilonos y obeliscos

El templo egipcio representa el universo recién creado. Refleja el simbolismo del benben o colina primigenia que, con la creación, emergió de las aguas del Nun, el caótico océano primordial. De ahí que, en Karnak, el enorme muro de doce metros de altura que rodea el espacio sagrado, de 550 por 523 metros, esté hecho no con hiladas horizontales de adobes, sino formando ondas. De esta forma se simbolizaba que el caos (las aguas del Nun, representadas por las ondas) quedaba fuera del témenos o área sagrada.

Dentro del recinto de un templo, el espacio acuático más importante es el lago sagrado. El de Karnak, de 130 por 80 metros, fue remodelado por orden del faraón Taharqa (690-664 a.C.), el más activo de los faraones nubios de la dinastía XXV. El lago debía de servir como escenario para muy diversas ceremonias, más que para que los sacerdotes realizaran sus abluciones.

Al recinto se accedía a través de un pilono (bekhenet), una puerta monumental con dos grandes torres a los lados. Un texto del reinado de Amenhotep III describe el tercer pilono, que entonces era la fachada principal de Karnak: «Una enorme puerta ante Amón-Re, cubierta totalmente de oro y labrada con la imagen del dios bajo la forma de un carnero, decorada con lapislázuli verdadero y trabajada con oro y costosas piedras. Ninguna obra anterior la iguala. Está pavimentada con plata pura y en su cara exterior está cubierta de estrellas de lapislázuli a ambos lados». Ante los pilonos se erigían estatuas colosales; la de Amenhotep III se alza frente al pilono décimo, de 21 metros de alto.

En Karnak podemos ver hasta diez pilonos, seis en el eje principal y otros cuatro en dirección al templo de Mut, la consorte de Amón. El más grande es, precisamente, el de su fachada principal, obra de Nectanebo I (380-362 a.C.). Mide 113 metros de lado. Quedó inacabado, pero de haberse concluido hubiera alcanzado cuarenta metros de altura. Los pilonos son símbolos solares, pues representan las dos colinas del horizonte (akhet) por las que sale el sol. La escena principal que los decora muestra al faraón venciendo a sus enemigos, arrodillados ante él; es el triunfo del orden (el rey) sobre el caos (los enemigos). En Karnak, esta escena aparece en los pilonos séptimo y octavo.

Los pilonos se rellenaban a veces con material procedente de estructuras desmanteladas. Los bloques hallados en el tercer pilono de Karnak, levantado por Amenhotep III, han permitido restaurar la capilla Blanca de Sesostris I, la capilla de calcita de Amenhotep I, el peristilo de Tutmosis IV y la capilla Roja de Hatshepsut. En la fachada de los pilonos se colocaban altos mástiles de madera de cedro, con los extremos cubiertos de electro (una aleación de oro y plata) y banderolas de colores. Los mástiles se sujetaban con grandes anclajes de bronce. En el primer pilono de Karnak aún se ven grandes ventanas que indican el lugar donde se situaban estos anclajes.

Otros elementos de simbología solar que embellecían el frente de los pilonos eran los obeliscos, auténticos rayos petrificados, normalmente dispuestos a pares. En Karnak se conserva uno de casi veinte metros de alto, de Tutmosis I (hacia 1500 a.C.), para cuyo transporte se construyó una barcaza de 62 metros de eslora. El segundo que aún sobrevive, de casi treinta metros y 323 toneladas, es de Hatshepsut. Fueron necesarios siete meses de trabajo en las canteras de Asuán para extraerlo. El transporte hasta Karnak, a 220 kilómetros, no fue sencillo. Una representación hallada en Deir el-Bahari muestra la barcaza de transporte tirada por 27 remolcadores, encabezados por tres naves guía, en una operación en la que intervinieron más de mil marinos. También data del reinado de Hat-shepsut una inscripción en la que se dice que Djehuty, Inspector de Todos los Trabajos de Karnak, supervisó lo relativo a otros dos obeliscos de 108 codos de altura (56 metros), chapados completamente de electro. Tengamos en cuenta que el mayor obelisco que se conoce, el «inacabado» de Asuán, mide 43 metros y pesa 1.260 toneladas.

La zona privada del dios


Tras el pilono de entrada viene un patio a cielo abierto. Simboliza la apoteosis de Re, el Sol, con su victoria repetida cada noche sobre el caos y sobre la serpiente Apofis, su enemigo, a la que sigue un nuevo amanecer. Aquí hallamos dos grandes santuarios que sirvieron como reposaderos de las barcas portátiles de la tríada tebana, formada por Amón, su esposa Mut y el hijo de ambos, Khonsu. Con ocasión de las grandes festividades, las imágenes de los dioses eran trasladadas en barcas en el curso de largas procesiones, durante las cuales se utilizaban los reposaderos para dar descanso a las divinidades. Fueron construidos en tiempos de Seti II (1200-1194 a.C.) y Ramsés III(1184-1153 a.C.).

Después del patio, siguiendo el esquema típico de un templo, nos encontramos con una sala hipóstila o columnada. Esta sala da la idea de la espesura del cañaveral que rodeaba la colina emergida del Nun, el océano primigenio. El ejemplo de Karnak, cuya ejecución se remonta a Seti I (1305-1289 a.C.), es espectacular. La sala, de 103 por 52 metros, contiene 134 columnas papiriformes, de las que las doce centrales, con capiteles de más de cinco metros de diámetro, alcanzan los 21 metros de alto frente a los 15 del resto de columnas. La diferencia en altura de las columnas centrales respecto a las laterales permitía colocar grandes ventanas de piedra, que eran la única fuente de luz. Por ello, del mismo modo que sólo con la luz solar las plantas abren sus cálices, sólo los capiteles de las columnas centrales están abiertos, mientras que los capiteles de las columnas laterales, sumidas en la penumbra, están cerrados. Esta sala se convirtió en el lugar de coronación de los reyes en Tebas.

A medida que nos introducimos en el templo, no hacemos sino reproducir el ascenso por la colina primordial, desde su orilla hasta la cima. Por ello, con nuestro avance vamos subiendo a través de pequeñas rampas y escalones, acercándonos al sanctasanctórum, simbólica cima de la colina. Al mismo tiempo, los techos, decorados con estrellas, son cada vez más bajos, para reflejar que nuestro ascenso nos va acercando al cielo. Por desgracia, el núcleo del templo de Amón en Karnak no está tan bien conservado como para que podamos percibir este detalle, que sí podemos advertir en otros templos más tardíos, como el de Edfú.

Antes de acceder al lugar donde reposa el dios, llegamos al principal santuario para su barca portátil. En Karnak, este espacio se conserva perfectamente. Fue erigido en época de Filipo Arrideo (siglo IV a.C.), en el mismo lugar donde mil años atrás se levantaba, con la misma función, la famosa capilla Roja de Hatshepsut. Aquí se depositaba la barca portátil de Amón cuando éste no participaba en las procesiones. Más allá del santuario de la barca, donde ahora sólo hay un yermo, se levantó el centro neurálgico del templo: una sala en penumbra, donde una capilla o naos tallada en un monolito de piedra albergaba la estatua de Amón. Era el sanctasanctórum, la cima de la colina primordial, morada y trono del dios, el lugar más sagrado del templo, al que sólo el faraón o el sumo sacerdote y sus ayudantes más cercanos podían entrar. Todas las puertas que llevaban a este espacio eran cerradas y selladas cada día, pues nadie debía molestar a Amón en su morada.

Artículo: National Geographic.

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