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20 de septiembre de 2015

"Trabajamos un periodo que ha sido despreciado por la egiptología"


En la actualidad participa en tres proyectos de investigación, uno de ellos liderado por la Universidad de La Laguna, que este verano ha generado avances extraordinarios en la localidad egipcia de Luxor. "Si lo hacemos bien, que creo que lo estamos haciendo realmente bien, nos vamos a posicionar en un lugar de privilegio a nivel internacional", dice Miguel Ángel Molinero, profesor de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la ULL, como avanzadilla de los trabajos que llevan a cabo los miembros de la expedición que dirige desde hace cuatro campañas.

¿Esperaba los resultados obtenidos este verano en la TT209?

En arqueología nunca se sabe de antemano a qué punto vas a llegar al final de una expedición. Otra cosa es la planificación que se hace antes de viajar. Este año teníamos previsto excavar la cámara lateral, terminar la sala transversal e iniciar trabajos en otros puntos. De hecho, ya tenemos decidido qué queremos hacer en 2016. Pueden darse factores que cambien los planes, pero eso no se deja al azar.

¿Cuál es su valoración sobre los hallazgos más recientes logrados por este equipo de la ULL?

Este año se consiguieron unos resultados que no esperábamos. No tanto porque sean radicalmente distintos a los anteriores, sino porque nos han proporcionado una precisión que hasta este momento no teníamos. La copa que apareció nos indica que hubo algún enterramiento en la Dinastía XXV, es decir, nosotros sabemos cuándo se construyó la tumba, pero aún no hemos llegado a los pozos. Aún no podemos saber si fueron ocupados, si efectivamente allí se enterró a las personas para quienes se construyó la tumba. Está apareciendo material de esa dinastía y eso nos indica que es probable que hubiera algún tipo de ritual. En principio, parece que ese es el lugar en el que están enterrados Nisemro y su madre, para la que también se edificó algún tipo de cámara.

¿La percepción que existe tras conocer esos avances es que aún queda mucho trabajo por hacer?

Esa tumba fue limpiada tres siglos después y reutilizada. En este sentido, tenemos documentado que se usó durante varias generaciones para funciones rituales que son muy posteriores al momento de la construcción; unos 300 o 400 años después. A partir de ahí ese espacio solamente tiene una utilización esporádica hasta que se cubre por completo. La tumba ya debía estar cubierta desde época romana, por lo que en principio allí no había entrado nadie hasta que accedieron los arqueólogos en el siglo XX, algo que fue muy puntual y que está bien documentado. Gracias a esas fuentes conocemos hasta dónde entraron, qué hicieron y la cantidad de cosas que nos dejaron... nos dejaron una buena parte para nosotros.

La quinta campaña "promete" nueve avances, ¿no?

Es mucho más grande de lo que esperábamos. El año pasado ya salió una puerta que se abría hacia una dirección de la que no había ninguna noticia, pero este verano esa puerta se ha convertido en un pasillo; un pasillo muy ancho que en un primer momento nos hizo pensar que aquel espacio podía ser una cámara. No es una cámara, es un pasillo... Es un pasillo que gira hacia el norte y que nos condujo a otra puerta. Ahí nos hemos quedado porque el tiempo era limitado.

¿Cuáles son los pasos que hay que dar desde La Laguna para que cuando el próximo verano regresen a Luxor todo ruede a la perfección desde el primer día?

Hay que estudiar todo el material; analizar la documentación que hemos realizado con mucha precisión porque ese material, lógicamente, se queda en Egipto. El más valioso acaba en unos almacenes del Ministerio de Antigüedades y nosotros tenemos derecho a estudiarlo durante un amplio número de años. Ningún otro equipo de investigadores lo puede estudiar. El material que no tiene tanto valor sí que se queda en el yacimiento. Está guardado dentro de la tumba, que, a su vez, está cerrada con puertas, cerrojos, muros... Las fotografías, las medidas, los dibujos que se han generado a partir de cada hallazgo es lo que estudiaremos en La Laguna antes de volver. Eso es lo que nos va a permitir sacar unas conclusiones históricas y generarnos preguntas que intentaremos resolver sobre el terreno.

Un profesor con su reputación está expuesto a "aventuras" tan interesantes como esta, pero no sé si este es el proyecto en el que va a volcar todos sus esfuerzos en los próximos años...

Este y el del templo de Debod (ríe)... Los dos me van a tener ocupado mucho tiempo. Son proyectos más grandes de lo que esperaba. Tengo la sensación de que cuando termine en la TT209 y en Debod no voy a tener demasiado tiempo para iniciar otra investigación.

¿Hasta qué punto un arqueólogo hace "suya" una investigación tan importante como esta? ¿Existe un vínculo afectivo con los descubrimientos que se dan en una excavación?
Una cierta identificación sí que hay, pero es una identificación que se acerca más a la broma que a la realidad. Hace poco coincidí con un compañero que trabaja con la dinastía que venció a la dinastía en la que he centrado mis estudios. Yo no me debería hablar con él porque ellos fueron los que nos expulsaron, pero más allá de esa cierta identificación no hay ninguna cuestión personal que pueda condicionar el desarrollo de una investigación... La sensación de cariño entre el arqueólogo y el yacimiento sí que se da, pero cuando trabajas en una excavación la racionalidad prima por encima de tu emocionabilidad.

¿Un arqueólogo de su trayectoria, con la cantidad de veces que ha estado en Egipto, percibe alguna situación de cambio respecto a los investigadores como consecuencia de la primavera árabe?

Al principio sí que se dieron situaciones de saqueos, efectivamente, pero la reglamentación funciona igual que siempre... Todo lo estipulado en torno a los permisos y los procesos administrativos que hay que realizar en cada campaña no se han visto afectados por esa "revolución" social.

¿Esa "revolución" no condiciona el día a día en una excavación?

Los procesos administrativos son independientes a los procesos políticos. Sí que se han producido cambios que tienen que ver con nuestra estancia en Egipto, pero no con los trabajos que realizamos en una excavación. Nosotros nos movemos en una dinámica de solicitudes y permisos que está al margen de la situación política que se está dando actualmente en ese país.

¿Hay mucha competencia sobre el terreno entre los diferentes equipos de investigación?

Todos los equipos tienen unas concesiones delimitadas que se marcan precisamente para evitar cualquier conflicto. Justo enfrente de la expedición de la Universidad de La Laguna hay un equipo norteamericano y, a su vez, un poco más arriba existen 20 o 3o equipos, pero todo el mundo tiene claro cuál es su espacio de trabajo.

¿Y cómo empezó todo?

Los estudios previos son de 2006, pero la primera solicitud para trabajar allí la gestionamos en 2008. Entonces se habían parado las concesiones y no nos quedó más remedio que esperar. Lo volvimos a solicitar en 2012, justo después de la primavera árabe, y esta vez sí que nos autorizaron estos trabajos. En la primera campaña lo único que hicimos fue identificar la tumba porque hubo riadas muy fuertes que modificaron el terreno. Elegimos un yacimiento un tanto particular porque está en un barranco seco, pero los sedimentos habían cubierto los accesos y desde fuera era muy complicado distinguir la entrada. Se podía intuir por unas curvas de nivel que aparecieron en la zona, pero no estábamos convencidos al cien por cien de que estábamos excavando en el lugar exacto. Normalmente podíamos haber recurrido a unas coordenadas topográficas, pero como habían retirado unas construcciones y el suelo se removió se perdieron los hitos topográficos... Más tarde los volvieron a colocar, pero cuando empezamos sí que estábamos algo ciegos y hubo unas semanas de muchos nervios.

¿A qué velocidad han avanzado los trabajos desde 2012; es una excavación que está proporcionando resultados con rapidez?

Cualquier excavación arqueológica muy rápido no avanza... Los tiempos están marcados por los avances que se realizan estrato a estrato: cada vez que aparece algo novedoso se retira, se mide, se fotografía, se documenta... El proceso es lento y largo. La TT209 ha tenido un ritmo arqueológico adecuado. En las primeras campañas hallamos materiales muy recientes, pero aún así los tratamos con el mismo cuidado que si estuviéramos estudiando estratos antiguos porque nuestro objetivo es estudiar toda la historia de ese yacimiento. No solo la que está vinculada con la fecha en la que se construyó, sino cómo se reutilizó ese espacio. La primera campaña se centró en el reconocimiento del yacimiento, lo más significativo de la segunda fue el descubrimiento de los primeros textos y relieves y, por último, en la tercera y cuarta el ritmo de descubrimientos ha ido más rápido. Seguramente el año que viene iremos igual de rápido: ya estamos en unos estratos bajos en los que documentamos la creación de la tumba y su posterior reutilización.

El profesor Miguel Ángel Molinero cree que una de las claves de los avances que se están dando en la TT209 tiene que ver con el hecho de que "trabajamos un periodo que ha sido despreciado por la egiptología. Para nosotros eso es una ventaja porque significa que aún tenemos muchos conocimientos que aportar", confiesa el director de un proyecto en el que también colaboran expertos locales. "A lo mejor la gente no espera que ocurra esto en Egipto, pero a nosotros nos están saliendo una cantidad de cerámicas completas que son excepcionales. Tradicionalmente se interesaron por otras cosas y eso provocó que se dejara a la cerámica de lado, pero en cualquier yacimiento arqueológico la cerámica es la guía", defiende el historiador. En la TT209, de hecho, apareció un objeto que ha sido definido como una especie de Grial. "El valor de esa pieza está asociado con el hecho de que esa tumba estaba ocupada por la Dinastía XXV, pero en los estratos de ocupación ceremonial recuperamos alrededor de treinta recipientes (de 30 a 40 centímetros de alto) que se corresponden con el periodo de dominio persa y los primeros instantes de la época ptolemaica. Eso es algo muy poco frecuente", destaca el arqueólogo que imparte clases la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna. "No nos interesa la cacharrología, sino aportar una información fiable sobre un objeto", puntualiza justo antes de desvelar, no sin una generosa dosis de emoción, un hecho sorprendente. "Se ve en varias fotografías, pero no lo hemos destacado demasiado... A todos los recipientes los habían matado; pasaron por un ritual que consistía en darle un golpe que los deja inutilizados. De esa forma solo podían ser útiles para el muerto. Todos tienen un golpecito de medio centímetro. Eso nos pareció emotivo porque casi pudimos sentir ese instante en el que los mataron", concluye.

Las claves

Seis semanas es el tiempo que permaneció en Luxor el equipo de la ULL. Antes de volver hallaron una puerta que conduce a una estancia que se excavará en 2016.

Un presupuesto ajustado, pero que garantice buenos resultados. Ese el "modus operandis" de las campañas lideradas por la ULL. "Una expedición puede ser carísima o barata; nosotros vamos con el cinturón apretado. No vamos a todo lujo, pero sí con los medios que garanticen el descanso que se requiere para sacar el máximo provecho a una campaña", precisa.

Las cifras

2006 Los estudios previos y las primeras gestiones con las autoridades egipcias están "datadas" ese año, pero el estallido de la primavera árabe relantizó todas las decisiones hasta 2012.

1987 Fue el año de su primera expedición a Egipto. Casi tres décadas después, el arqueólogo de la ULL ha realizado medio centenar de campañas.

42 grados es la temperatura exterior en un yacimiento. "Dentro podemos estar a 28... Los ordenadores se queman con tanto calor",

Las claves

La parte más complicada no es el trabajo de campo, sino lo que viene por la tarde, cuando se analiza y documenta la información.

Artículo: Jorge Dávila.

Revista Egiptología 2.0


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