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7 de mayo de 2011

Nefertiti, la hermosa y misteriosa reina del Nilo


La figura de la esta reina egipcia, además de su belleza esconde todo un misterio, ya que de un momento a otro desapareció. Algunos teóricos postulan que esta mujer habría ocultado su feminidad para convertirse en hombre.

La imagen más conocida de la reina egipcia Nefertiti es un busto de tamaño real que reposa en el Museo Altes de Berlín. Fue encontrado en 1912, en el sitio de Amarna. Quienes la han visto dicen que es divinamente hermosa, y que si efectivamente la monarca del Nilo tenía los finos rasgos de esa mujer coronada con un espléndido tocado egipcio, todo hace honor a su nombre.

Rodeada de misterio, Nefertiti, que se traduce como "la hermosa mujer que viene" (1390 A.C.-1360 A.C.), es una figura que aún produce discusión entre los expertos egiptólogos.

Tanto el origen como el destino de una de las mujeres más famosas de la Antigüedad permanecen inciertos, y los especialistas siguen debatiendo en torno a la línea dinástica de sus ancestros, tanto como sobre el lugar donde reposaría su cuerpo, supuestamente preservado por los egipcios para la eternidad.

Sobre su origen se especula que pudo ser una princesa extranjera, probablemente de Irak, mientras otras versiones la identifican como hija de Ay, hermano de la madre del faraón que se transformaría en su esposo, a quien le daría seis hijas; dos de las cuales serían también reinas de Egipto.

Sí hay certeza histórica acerca de que fue la primera esposa del faraón Amenofis IV o Ajnatón o Akenatón ("el que agrada a Atón") -líder de la XVIII dinastía-, y que en numerosos grabados y dibujos que los inmortalizan juntos, como en el Templo de Karnak, recibió títulos regios, entre los que destacan Alteza esposa del Gran Rey; Llena de Gracia; Dueña del Encanto; Plena de Felicidad; Maestra del Alto y Bajo Egipto, y Señora de las Dos Tierras.

Nefertiti tendría un rol clave en la revolución religiosa que lideró su esposo y que transformó al Egipto politeísta en una nación centrada en el exclusivo culto de Atón, el Dios Sol, Supremo y Único.

El rol de la soberana sería inédito, señalan los expertos, a la luz de las pinturas que la muestran en igual proporción y estatura que el faraón durante los actos ceremoniales, cuestión infrecuente entre las compañeras de los monarcas.

Nefertiti también secundó la decisión del faraón de trasladar la capital egipcia desde Tebas, ciudad del dios Amón, a Ajtatón, en Amarna, donde se centralizó el culto al nuevo dios Atón.

Pero algo impreciso ocurrió alrededor del año 14 del reinado de Amenofis IV. Nefertiti parece desaparecer de la escena política de Egipto. Algunos expertos señalan que habría sido desterrada al Palacio de Amarna, capital del entonces reino, al perder el favor de su esposo; otros sostienen que habría muerto repentinamente y que fue reemplazada, primero por Meritaten, y luego por Ankhesenpaten al lado del faraón.

Una hipótesis más surrealista la señala ocultando su identidad femenina para convertirse en un nuevo rey, Smenkhakre, que sucedió brevemente a Amenofis IV. Al mismo tiempo, otros piensan en un fin trágico, con la reina asesinada en un intento de revertir el orden religioso forzado por su esposo.

Otra interpretación dice que tras la muerte del faraón, Nefertiti ocupó el trono de Egipto brevemente, antes de la breve asunción de Smenkhakre, quien fue seguido por su supuesto sobrino Tutankamón, quizás el más famoso faraón del Nilo.

Sin embargo, una de las más recientes y atractivas teorías sugiere una segunda lectura para la misteriosa desaparición de Nefertiti. En 2003, Discovery Channel premió una investigación que sugiere que la hermosa reina inauguró una suerte de arte herético en el antiguo Egipto. Y que el busto que está hoy en Berlín es una prueba fehaciente de la llamada Escuela de Amarna, que privilegió la expresión realista del mundo, en particular de la imagen humana, cuestión hasta entonces no cultivada por los maestros egipcios.

Esta manifestación artística, según quienes sostienen esta teoría, no sería más que el reflejo de la profunda revolución religiosa -para entonces también herética-, llevada a cabo por el faraón Amenofis IV.

Nefertiti sigue aquí. A pesar de siglos de especulación acerca de la verdadera naturaleza de la soberana del Nilo, es fascinante que fuera su belleza, el más efímero de los atributos femeninos, el responsable de su eternidad. Y de su leyenda.



Artículo: Beatriz Burgos.

Revista Egiptología 2.0


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