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11 de junio de 2019

Los gatos como deidad, los egipcios los amaban por el mismo poder que tienen hoy


Majestuosos, ladinos, taimados pero cariñosos. Cuando ellos quieren, claro. Los gatos nos acompañan no sólo en esa ficticia rivalidad con los perros, sino desde tiempos inmemoriales en la historia de la humanidad. Tanto que la civilización egipcia siempre les dio un lugar preponderante erigido en históricos monumentos.

Y ese amor felino, que empezó hace no menos de 5,000 años -según sabemos por un estudio que indica que hay registros desde el período predinástico- y hoy sigue hasta en los videos de YouTube, tiene una explicación bastante mundana: los gatos eliminaban a los roedores que se comían las cosechas. Y muchas otras cosas molestas (y sobre todo peligrosas).

El vínculo fue reforzado cada vez más por antropólogos e historiadores: el año pasado se descubrió, en el milenario Saqqara, cerca de El Cairo, una tumba de al menos 4,500 años con decenas de gatos momificados, en perfecto estado. Fue sólo un ladrillo más en una pared que se construyó desde hace mucho tiempo, y que es un clásico: es casi imposible pensar en el antiguo Egipto y que no se nos venga un gato a la cabeza.

Las distintas implicancias que tenían los felinos, además de sus usos, siguen siendo hoy objeto de debates a partir de estudios recientes.

Además de las cuestiones prácticas que podemos pensar (gatos ahuyentando roedores) había implicancias religiosas: ¿quién no ha visto a su peludo amigo tirado panza arriba tomando sol en el living? Bueno, precisamente ese tipo de comportamiento fue, en más de una ocasión, asociado con Ra, el dios del Sol.

Lo cierto es que este vínculo es muy fuerte: según el antropólogo James Allen Baldwin, “la evidencia arqueológica del Egipto predinástico (antes del 3100 a.C.) revela que la familiaridad del hombre con el gato antecede incluso a la domesticación”. Sucede que en los casos en los que se encontraron gatos enterrados con humanos no necesariamente hay domesticación, debido a que la costumbre de enterrar animales con hombres antecede estas prácticas.

La conexión divina con los gatos tiene que ver mucho con cómo concebían a los dioses en la cultura egipcia: no eran seres espirituales, sino más bien “inteligencias” -idea que tomarían luego los griegos- y por esto les asignaban un rol preponderante.

Las razones del vínculo gato-egipcio van mucho más allá de lo divino. Debido a la gran importancia de la agricultura en la economía del Nilo, los gatos tomaron, según estos estudios, un rol preponderante: naturalmente se sintieron atraídos por los roedores, que a su vez merodeaban por las zonas de plantaciones muy importantes para la subsistencia egipcia.

Pero no sólo oficiaban de guardianes económicos. También se han encontrado pintadas donde los gatos protegen a las casas de serpientes, como asistentes de cazadores de aves y, por supuesto, en muchos casos como mascotas. Es decir, pululando por las casas de los egipcios.

Pero en algún momento toda esta practicidad fue mutando a lo religioso, que si bien hay evidencia en torno a que se construyó de a poco, no se sabe exactamente cuándo comenzó. Alrededor del 1.000 a.C. se encontraron gigantescos cementerios con toneladas de gatos que en muchos casos estaban muy decorados, con ofrendas. De hecho, matar a un gato podía ser visto como una ofensa capital, y esto refuerza la idea de la divinidad.

Artículo: Diego Jensen.

Revista Egiptología 2.0


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