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9 de abril de 2019

Una onubense entre los arqueólogos que investigan en las pirámides egipcias de Giza


Cristina Morales. Todo lo que rodea a la civilización egipcia ha llevado siempre un halo de misterio, debido a lo llamativo de sus vestimentas, lo arriesgado de sus construcciones y la innovación que siempre estuvo presente en sus inventos y enseres cotidianos. Victoria Almansa Villatoro es una joven onubense de 28 años que siempre soñó con ser egiptóloga y participar, de primera mano, en las excavaciones en tierras egipcias. Un cómic de Asterix y Ovelix que le regaló su abuelo, y en el que las aventuras se desarrollaban junto a Cleopatra, fue su primer contacto con esta cultura y la mecha que encendió la llama de su inquietud por esta civilización. Vicky, como le gusta que le llamen, lleva desde sus inicios participando en varios museos y proyectos que tratan de conocer más sobre las pirámides de Egipto.

Estudió el Grado de Historia en la Universidad de Sevilla, donde además realizó un curso sobre Lengua y Escritura Egipcia Jeroglífica. Siempre tuvo clara su formación, por lo que, incluso antes de empezar la carrera, entró en contacto con el mundo de la investigación, pues con 17 años acudió todas las tardes durante casi un año al laboratorio de Arqueología de la Universidad de Huelva para ayudar a los arqueólogos. El último cursó de grado disfrutó de una beca Erasmus en Sicilia, entrando en contacto con varios proyectos. La onubense se graduó en 2013 y, nada más terminar sus estudios, se marchó a Pisa para hacer una especialización, el Máster de Orientalística y Egiptología en la Universidad de la ciudad italiana de dos años de duración. Además, también ha participado en varias excavaciones y proyectos en otras ciudades como Turín.

Actualmente reside en Providence, en la costa este de Estados Unidos, ya que es estudiante del tercer año de doctorado en el departamento de Egiptología y Asiriología de la Brown University. Entre sus tareas como doctoranda se encuentran servir de asistente para determinadas asignaturas del departamento y en el próximo año se encargará de impartir su propio curso de lengua egipcia. Precisamente, en estos últimos meses, ha estado inmersa en un trabajo de campo en Giza (Egipto), participando en la campaña de 2019 del Giza Plateau Mapping Project. Aunque ha participado en diversas excavaciones, lo cierto es que se considera más filóloga que arqueóloga, ya que su especialidad es el lenguaje egipcio antiguo y la escritura jeroglífica.

En dicho proyecto, la onubense está excavando el Templo a Valle de Micerinos, en el que ya ha conseguido importantes hallazgos. Entre los mayores descubrimientos de la campaña destaca la Ciudad Perdida de los Trabajadores de Giza, un yacimiento en el que se excavaron las casas y tumbas de las personas que participaron en la construcción de las grandes pirámides. Con un detallado estudio de su dieta y objetos de vida cotidiana, el proyecto determinó que estas personas se trataban de trabajadores cualificados y miembros de una clase social alta. Por lo tanto, la teoría del empleo de esclavos y látigos en la construcción de las pirámides (o incluso extraterrestres) que comúnmente se ha estudiado en el colegio, queda completamente descartada.

Todas las pirámides por regla general tienen un templo superior junto a la pirámide, y una calzada que baja hasta el nivel del Nilo donde se situaba el templo a Valle de Menkaura (IV dinastía) que es interesante por la presencia de casas que fueron construidas posteriormente (VI dinastía), decretos reales en piedra, y el descubrimiento de cuatro estatuas que representan uno de los ejemplos más bellos y mejor conservados del arte egipcio del Reino Antiguo, las tríadas de Menkaura, y la díada de Menkaura junto a una mujer. El grupo en el que participa Victoria Almansa, investiga justo la zona donde esas estatuas aparecieron entre 1909 y 1910. El templo fue excavado por primera vez por la expedición de Reisner, profesor en Harvard, y el Museum of Fine Arts de Boston. Una vez que terminó su excavación, lo cubrió enteramente de arena para su conservación, como es práctica común en la arqueología egipcia. Ahora este grupo, en el que está inmersa la onubense, trata de levantar esa arena y volver a sacar a la luz el templo, para realizar un nuevo estudio.

La egiptóloga nunca imaginaba participar en un proyecto de tal magnitud, ya que se están consiguiendo grandes avances y hallando informaciones de interés, lo que ha hecho que tenga una gran repercusión mediática. El director de este proyecto y del grupo Ancient Egypt Research Associates (AERA), al que pertenece la onubense, Mark Lehner, es uno de los arqueólogos más famosos de Estados Unidos y actualmente la mayor autoridad en cuanto a las pirámides, la esfinge y otros yacimientos en Giza. Lleva excavando en esa zona desde hace más de 40 años, consiguiendo volver a participar en grandes descubrimientos en el propio campo, algo muy complicado ya que pocos proyectos extranjeros consiguen concesiones arqueológicas en la meseta de Giza. Para conocer mejor su trayectoria y su participación en este último proyecto, hablamos directamente con la egiptóloga onubense Victoria Almansa Villatoro.

Háblanos sobre qué estás haciendo en estos momentos.

Actualmente soy residente en Providence, en la costa este de Estados Unidos. Soy estudiante de tercer año de doctorado en el departamento de Egiptología y Asiriología de la Brown University. Brown es una de las ocho universidades de la Ivy League junto con Harvard, Yale, Princeton, y otras de las más antiguas y prestigiosas universidades norteamericanas. Además de distintos proyectos de investigación y escribir mi tesis doctoral sobre cartas y textos administrativos del Reino Antiguo egipcio (aprox. 2700-2200 a.C.) bajo la supervisión del profesor James P. Allen, mi trabajo ha consistido en servir de asistente para determinadas asignaturas del departamento, y en el próximo año me encargaré de impartir mi propio curso de lengua egipcia en Brown. Actualmente me encuentro trabajando en Giza (Egipto) por dos meses, ya que participo en la campaña de 2019 del Giza Plateau Mapping Project excavando el Templo a Valle de Micerinos.

¿En qué consiste este proyecto?

Ancient Egypt Research Associates (AERA) es un equipo interdisciplinar que lleva excavando en la meseta de Giza desde hace más de tres décadas. Con una aplicación de avanzadas técnicas de detección remota, cartografía, y una metodología arqueológica impecable, AERA ha investigado, y puesto a disposición de un amplio público planos y nueva información sobre los monumentos del Reino Antiguo de Giza, entre los que se encuentran las pirámides de Keops, Kefren, y Micerinos, las canteras de las pirámides, los complejos funerarios de las reinas, etc. El director del proyecto, Dr. Mark Lehner, es una eminencia de la arqueología egipcia, y fue el primero en publicar un mapa con escalas precisas de la Gran Esfinge de Giza. Entre los mayores descubrimientos de nuestro proyecto destaca la Ciudad Perdida de los Trabajadores de Giza, un yacimiento en el que se excavaron las casas y tumbas de las personas que participaron en la construcción de las grandes pirámides. Con un detallado estudio de su dieta y objetos de vida cotidiana, el proyecto determinó que estas personas se trataban de trabajadores cualificados y miembros de una clase social alta. Por lo tanto, la teoría del empleo de esclavos y látigos en la construcción de las pirámides (o incluso extraterrestres) que todos hemos estudiado en el colegio queda completamente descartada. De hecho, no existe ninguna prueba del uso de esclavos en tareas de construcción en el antiguo Egipto. Los esclavos eran principalmente prisioneros de guerra, y la proporción era mucho menor que en otras civilizaciones antiguas como Grecia o Roma. En esta campaña nos estamos centrando en el estudio de otro monumento, el Templo a Valle de Micerinos. Todas las pirámides por regla general cuentan con un templo funerario junto a ellas, y una larga calzada que conecta con un edificio conocido como templo a valle. Aunque estamos acostumbrados a ver la zona de la meseta de Giza y las pirámides rodeada de desierto, durante el Reino Antiguo el Nilo llegaba hasta la zona de los templos a valle, junto a la Gran Esfinge. Estos meses de febrero, marzo y abril estamos excavando el área oeste del Templo a Valle que el faraón Micerinos mandó a construir a los pies de su majestuosa pirámide, y que fue objeto de reconstrucción y reutilización hasta tres siglos más tarde por reyes sucesivos.

¿Qué queréis conocer? ¿Qué intentáis hallar?

El Templo a Valle de Micerinos fue excavado entre 1908 y 1910 por George Reisner, profesor en la universidad de Harvard. Concretamente en el área que estamos excavando, la zona oeste, Reisner encontró una estatua que representa al faraón Micerinos junto a una mujer (quizás su esposa Khamerernebty II), y cuatro tríadas representando nuevamente al faraón, esta vez rodeado de la diosa Hathor y una provincia de Egipto divinizada con la forma de una mujer. Estas estatuas de una belleza impresionante, y actualmente repartidas entre el Museum of Fine Arts de Boston y el Museo del Cairo, se consideran la cumbre del arte y la escultura egipcia del tercer milenio antes de Cristo. Como es práctica común en arqueología egipcia cuando un yacimiento debe abandonarse por un período de tiempo considerable, Reisner cubrió el templo completamente de arena para su conservación, como él mismo cuenta en su diario de excavación en 1910: “lamentablemente, he decidido cubrir completamente la parte occidental del templo… quizás en otro siglo algún arqueólogo quiera comprobar la exactitud de nuestro trabajo, o resolver preguntas que quizás aparezcan más tarde”. Aceptando el reto de Reisner, AERA ha vuelto a la parte occidental del Templo de Micerinos para sacarlo a la luz por primera vez en más de 100 años, utilizando una técnica de registro arqueológico mucho más avanzada, y recogiendo para su estudio todo tipo de objetos menores que no interesaron a Reisner en su día, pero son completamente valiosos e informativos para la egiptología hoy en día como sellos con nombres y títulos de funcionarios, huesos y cerámica.

En esta campaña estamos excavando la parte occidental del templo, pero el objetivo a largo plazo es el de destapar completamente el templo para poder observarlo y estudiarlo en su totalidad, una visión que no ha sido posible desde hace más de 4000 años. Mientras el templo estuvo activo tuvo distintas fases de edificación durante el tercer milenio antes de Cristo, desde Micerinos hasta Pepi II, sabemos que Reisner no llegó a conocer al menos una fase arquitectónica en la parte oriental del templo, y no realizó un estudio sistemático de la estratigrafía arquitectónica del edificio (como no era común en la arqueología de la época). Esperamos que nuestro estudio nos ayude a comprender mejor las distintas fases de uso, abandono y reconstrucción del templo, con todas las implicaciones que estos resultados tendrían para un análisis del culto real, cronología, política y sociedad en el Reino Antiguo egipcio. Una particularidad de esta campaña es la de estar excavando la zona del templo donde Reisner encontró las magníficas esculturas de Micerinos en el siglo pasado. Reisner no las encontró en su posición original, por lo que un objetivo específico de esta campaña es dar con su enclave para así investigar la disposición de las estatuas reales dentro de la estructura templar.

¿Cuál es su nivel de dificultad?

Las dificultades son varias. Por una parte, el templo fue construido en gran parte con muros de adobe (ladrillos de barro crudo secados al sol, típicos de la construcción egipcia desde época faraónica hasta la actualidad, y cuyo nombre curiosamente ha pasado desde el egipcio antiguo al español gracias a la influencia árabe), por lo que al eliminar las capas de tierra solidificada hay que tener un cuidado especial de no echar abajo por error un trozo de muro. Como en cada excavación moderna es necesario registrar, etiquetar, dibujar, rellenar formularios, cribar… cada capa de despojos que eliminamos. La arqueología nos permite conocer mejor la vida de nuestros antepasados, pero es esencialmente una técnica destructiva. Por lo tanto, es fundamental registrar, dibujar y fotografiar toda la información que vamos perdiendo a medida que excavamos, pero esto conlleva tiempo y ralentiza la exposición de yacimientos para los que se dispone de apenas dos meses de campaña al año. Por otro lado, como he mencionado, estamos re-excavando un templo en el que trabajaron con posterioridad Reisner y el arqueólogo Selim Hassan en los años 30. Reisner por ejemplo, cubrió la zona occidental del templo con depósitos que fue sacando de la zona central donde se encuentran algunas casas de finales de Reino Antiguo, y por tanto hay que tener cuidado de no mezclar estratigrafías, cronologías, y material que encontramos en un área pero proviene en origen de otra. La meseta de Giza, por su antigüedad, monumentalidad, y atracción masiva de turistas es un yacimiento especial, y estar excavando a la sombra de las pirámides es un privilegio, pero conlleva una gran responsabilidad. AERA sigue una metodología arqueológica particularmente impecable y cuidadosa, y todos los miembros del equipo estamos altamente concienciados e involucrados con la preservación de un yacimiento tan delicado como el nuestro.

¿Cómo surge tu participación en el estudio?

Conocí a Mark Lehner durante una conferencia que dio junto al profesor Pierre Tallet en el Museum of Fine Arts de Boston a principios de 2018. Allí tuvimos una conversación sobre mi tesis doctoral y mis intereses de investigación y acabó invitándome a unirme al equipo en la campaña de 2019. Además del hecho de estar escribiendo una tesis doctoral sobre, y trabajando con material del Reino Antiguo, a Mark le interesó particularmente mi estudio de los escarabeos de Ayamonte que se encuentran actualmente en el Museo de Huelva, y pensó que mi experiencia podría ser de utilidad para el análisis de los numerosos sellos que han ido apareciendo en sus distintas excavaciones en Giza a lo largo de estos años. Así, en cierto modo, los escarabeos de Ayamonte me llevaron a las pirámides de Giza. Como dato curioso, uno de los seis escarabeos de Ayamonte lleva el nombre del faraón Kefren, cuya pirámide contemplo todos los días desde el yacimiento mientras disfruto de mi ta’meyya y té durante la pausa desayuno. Naturalmente, el escarabeo de Ayamonte fue fabricado más de 1500 años después de Kefren, pero es prueba de la admiración que las pirámides y sus faraones seguían ejerciendo en el Mediterráneo antiguo durante el primer milenio antes de Cristo.

¿Cual es tu línea de investigación?
Por mi tesis doctoral estoy estudiando cartas y textos administrativos del Reino Antiguo egipcio, con un interés especial en el estudio de las jerarquías sociales y como los sociolectos y el cambio lingüístico se ven afectados por las mismas. Por lo tanto, antes que arqueóloga, soy filóloga, y mi especialidad es el egipcio antiguo y la escritura jeroglífica. Para entendernos, soy más un ratón de biblioteca que una Indiana Jones. Sin embargo, tengo publicaciones en prestigiosas revistas científicas a nivel internacional tratando distintos argumentos como la literatura, religión, semiótica y cultura material. Pienso que un egiptólogo debe tener una buena formación en todos los ámbitos, para ser capaz de reconocer y usar las fuentes, sean estas escritas o arqueológicas. Durante esta campaña estoy realizando un trabajo arqueológico de campo y estoy descubriendo ciertos detalles que van a tener una importante repercusión para mi tesis doctoral (y no son textuales). Durante las próximas campañas, inshallah, intentaré centrarme más en el estudio de sellos e inscripciones en el laboratorio en Giza, aunque ahora que el bichillo de la arqueología me ha picado, no sé cuánto tiempo podré mantenerme lejos del campo.

¿Qué crees que puede aportar a la sociedad este proyecto?

El público académico e interesado podrá tener un estudio y planos actualizados del templo, con un análisis perfeccionado de la estratigrafía del mismo. Estos estudios tienen importantes repercusiones para la comprensión de la historia de Egipto en la época de las pirámides. Cualquier descubrimiento en Giza y la zona de las pirámides suele tener una gran repercusión mediática, y esto conlleva un aumento del interés en la historia, cultura y el antiguo Egipto en general. Cuando digo que trabajo en Giza suelo recibir comentarios del estilo “¿Y cuál es la edad de la esfinge? Pero no la académica, la verdadera edad de la esfinge”, o cuándo va a ser activado el Stargate, y demás. AERA está llevando a cabo importantes descubrimientos que continuamente desmienten las teorías New Age y nos cuentan cada vez más acerca de las personas que construyeron las pirámides. Por ejemplo, la Ciudad Perdida de los Constructores de las Pirámides que mencioné con anterioridad, los análisis geológicos de las canteras de las pirámides y la esfinge, y cronologías detalladas de sus fases de construcción. Tengo la esperanza de que a medida que estos descubrimientos se vayan haciendo más conocidos, aumentará el interés serio en la historia de una civilización tan interesante como la egipcia. Hay que acabar con una imagen eurocéntrica y peligrosa de los antiguos egipcios como incapaces de lograr lo que lograron. Nos separan milenios, pero los constructores de las pirámides eran personas de carne y hueso como nosotros, y sus magníficas construcciones son el resultado de siglos de perfeccionamiento y estudio.

Y a nivel personal, ¿Qué supone para ti participar en un estudio así?

Para mí, es evidentemente un sueño que todavía no termino de creer. Mi primera excavación en Egipto (mi primera vez en Egipto) me dan un trowel, un metro, una hoja milimetrada y me sueltan en el Templo a Valle de Micerinos. Me despierto por la mañana, abro la ventana de mi habitación en la villa de AERA y veo las pirámides. Estoy recibiendo una formación excelente a nivel arqueológico, y tengo la oportunidad de estar trabajando en uno de los pocos yacimientos que son relevantes para mi tesis doctoral. Es un gran avance para mi carrera, y espero poder colaborar con AERA por muchos años más.

¿Es un sueño cumplido o te gustaría llegar a más?

En parte es un sueño cumplido. Una parte de mí había empezado a dudar que alguna vez participaría en una campaña arqueológica en Egipto. Visitar Egipto ha sido mi sueño desde que recuerdo, pero nunca se me había presentado la ocasión. Un pequeño consuelo era pensar que Jean François Champollion realizó el mayor descubrimiento egiptológico hasta la fecha, el desciframiento de los jeroglíficos, antes de su primera visita a Egipto, y como mis investigaciones son esencialmente filológicas, hasta ahora creo que he sido capaz de contribuir a la ciencia sin estar en Egipto. Sin embargo, me doy cuenta cada vez más de que un egiptólogo necesita, y debe, ir a Egipto para comprenderlo. Por supuesto, me gustaría conseguir más en mi carrera. En primer lugar, terminar mi doctorado y luego conseguir una posición académica, preferiblemente como profesora en una universidad.

Envía un mensaje a los onubenses.

Yo llevo siempre por bandera Huelva, allá donde vaya. Todos mis compañeros de departamento y proyectos saben de las maravillas de nuestra ciudad y yo siempre diré que como en Huelva no se vive en ningún sitio. Sin embargo, animo a los onubenses que creen en un sueño imposible a cumplirlo, aunque ello implique dejar la ciudad por un tiempo determinado para formarse en algo que no se pueda hacer desde Huelva, como por desgracia fue mi caso. A veces pienso con ternura en la niña que se recorría todas las librerías de la ciudad para comprar y leer todos los libros sobre el antiguo Egipto que llegaban. Y recuerdo el gran paso que para mí supuso con 18 años irme a estudiar a Sevilla para poder cursar egipcio antiguo, que ya llevaba estudiando como auto-didacta desde hacía un par de años, pero para el que definitivamente necesitaba instrucción académica. Pronto hará tres años desde que me mudé a Estados Unidos, después de haber vivido en Italia durante varios años y actualmente me encuentro en Egipto. El camino no ha sido fácil, se sigue haciendo duro y me ha conllevado enormes sacrificios personales, pero yo tenía un sueño imposible y quería cumplirlo. En Huelva tenemos una comunidad magnífica que me formó inicialmente enseñándome a dibujar cerámica en el laboratorio de arqueología de la UHU cuando yo estaba en Bachiller y hacía voluntariado allí por las tardes. La ciudad me ha acogido siempre a mi vuelta del extranjero con brazos abiertos, desde la asociación egiptológica la Mirada de Horus, y el Museo de Huelva, facilitando mi estudio de los escarabeos (que como he dicho, en parte me han llevado a Giza ahora), e invitándome a impartir charlas. Tal cohesión no he visto nunca en ningún otro sitio en el que he vivido, y por ello y tantas otras cosas estaré siempre orgullosa de ser onubense.

Artículo: Huelva buenas noticias.

Revista Egiptología 2.0


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