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4 de noviembre de 2015

Esnofru, el gran constructor


En contra de lo que podría pensarse, el mayor constructor de pirámides de la historia de Egipto no fue Keops, el faraón al que se debe la Gran Pirámide de Gizeh. Ese título corresponde en realidad a su padre Esnofru, quien, según han calculado los estudiosos, empleó para la construcción de las tres pirámides que se le atribuyen un cuarenta por ciento más de metros cúbicos de piedra que su hijo Keops, el constructor de la Gran Pirámide de Gizeh. Esnofru, además, fue el primer soberano egipcio que levantó una pirámide perfecta de caras lisas y que desarrolló la estructura clásica de los complejos funerarios egipcios, que perduraría durante varios siglos.

Los tres grandes monumentos funerarios creados por Esnofru coronaron el sensacional desarrollo de la arquitectura funeraria egipcia a partir de la dinastía III. El rey Djoser, gracias a su conocido arquitecto Imhotep, fue el primero que construyó su tumba totalmente en piedra, ofreciendo así un sentido de eternidad a unos edificios que anteriormente se hacían de adobe y que por ello se desvanecían al poco tiempo. Además, en esta gran obra que llevó a cabo en Saqqara (una necrópolis próxima a Menfis, la capital de Egipto), Imhotep prescindió de la típica mastaba, un edificio funerario rectangular con paredes en talud. La sustituyó por una pirámide escalonada, compuesta por un total de seis niveles que alcanzaban los 62 metros de altura. Cabe señalar que éste fue el edificio más alto del mundo hasta el reinado de Esnofru.

Gesta de la ingeniería y plasmación del poder del Estado faraónico, la pirámide escalonada tenía una estructura característica, en la que los estudiosos han visto el reflejo de un simbolismo estelar propio de la cultura egipcia en esa época. Así, el eje principal del complejo, de 544 metros de longitud, se orienta de norte a sur y la entrada a la pirámide se sitúa en el lado norte, al igual que el templo funerario del faraón, adosado a la pirámide sobre una base de dos metros de altura. Además, el denominado serdab –una habitación en el lado norte de la pirámide en la que estaba colocada la estatua del ka del faraón (su espíritu o fuerza vital)– poseía dos orificios a través de los cuales una estatua de Djoser podía observar Dubhe y Kochab, dos importantes estrellas circumpolares. La propia forma de la pirámide, como un edificio de seis escalones, evoca las escaleras por las que el espíritu del faraón ascendía al cielo.

El soberano innovador

Durante la dinastía III, los reyes Sekhemkhet y Khaba levantaron en Saqqara y Zawiyet el-Aryan construcciones similares a la pirámide escalonada de Djoser. Lo mismo hizo Esnofru en su pirámide de Meidum, una necrópolis situada 55 kilómetros al sur de la pirámide escalonada de Saqqara. Allí el faraón erigió un gran monumento funerario a modo de pirámide de ocho escalones, con una torre central de mampostería y paredes en talud, a la que se añadieron capas superpuestas también en talud con una inclinación de 75º.

Sin embargo, a finales de su reinado Esnofru puso en marcha una tercera fase constructiva que cambiaría radicalmente la fisonomía de la pirámide de Meidum. En la base, los obreros levantaron una plataforma nivelada de bloques de caliza, y sobre ésta fueron colocando sucesivas hiladas horizontales de piedra. Por último, toda la construcción recibió un revestimiento exterior de fina caliza de Tura. De este modo se obtuvo una pirámide perfecta, con cuatro caras lisas de 51º de inclinación, 144 metros de base y 92 de altura.

La pirámide de Meidum

La innovación arquitectónica impulsada por Esnofru en Meidum está relacionada con el auge del culto solar durante la dinastía IV, que promovió la identificación del faraón con el dios sol Re. No es casualidad que Huni, el predecesor de Esnofru, fuese el primer monarca en inscribir su nombre y títulos en un cartucho, el óvalo que simboliza el recorrido de Re; y tampoco que Didufri, nieto de Esnofru, fuera el primer faraón en llamarse Hijo de Re.

De acuerdo con esta visión, la pirámide simbolizaría el benben, la colina primordial, ese primer trozo de tierra que, tras la creación del dios solar Atum, emergió de las aguas del nun, el inerte, oscuro y silencioso océano primordial. La pirámide, como la colina primigenia, representa la creación y el renacimiento y se convierte en el vehículo de la revitalización del faraón difunto. Si las pirámides de la dinastía III simbolizaban escaleras al cielo estrellado, ahora la pirámide, como elemento solar, podía expresar también la idea de los rayos del Sol que permitían el ascenso del rey hasta la divinidad solar.

Con sus caras lisas que resplandecían gracias a su recubrimiento con caliza blanca de Tura, los colosales edificios podían ser vistos desde la lejanía y se convertían en perfectos marcadores geográficos y manifestación del poder de Re y del dominio del faraón.

De acuerdo con esta nueva concepción, el eje de construcción principal del complejo funerario pasó a ser el este-oeste, en lugar del norte-sur anterior. Así se pretendía propiciar la unión del rey con el dios solar en su recorrido diario, desde que se asomaba por el este en forma del escarabajo Khepri, pasando por su culminación al mediodía como Re, en forma de disco solar, y su ocaso por el oeste en forma de carnero, Atum.

La pirámide de Meidum marcó el triunfo definitivo de este nuevo modelo de conjunto funerario. La obra de Esnofru incluye por primera vez todos los elementos característicos de los complejos funerarios faraónicos a partir de entonces: una pirámide satélite junto a la principal, un templo funerario, otro templo situado a la orilla del río y una rampa que enlazaba estos dos edificios. De acuerdo con el modelo solar, el templo funerario quedó adosado a la cara oriental de la pirámide, en vez de la septentrional, aunque el acceso al interior se realizaba aún por el lado norte, como en la pirámide de Djoser. Desde esta entrada, a unos 18 metros de altura, parte un corredor descendente de casi 60 metros de longitud y una inclinación de 28º. Este conducto termina en un pasillo horizontal que desemboca en el fondo de un pozo, cuya parte superior da acceso a la cámara sepulcral, construida con una técnica típica de inicios de la dinastía IV: la falsa bóveda por aproximación de hiladas.

La pirámide Romboidal

Esnofru construyó una segunda pirámide en la necrópolis de Dashur, a 45 kilómetros al norte de Meidum. La forma final que adoptó este monumento es singular. Comenzada como una pirámide de 60º de inclinación, posteriormente se le añadió una envoltura a base de bloques inclinados 6º hacia el interior y una rebaja de la pendiente en cinco grados. A partir de los 47 metros de altura, se redujo la pendiente de las caras de la pirámide a 43º, dándole así el peculiar aspecto de «pirámide romboidal», como se la conoce. No se sabe si este cambio de pendiente se debió a problemas estructurales que hubo que resolver sobre la marcha o bien tenía un significado simbólico: la doble pendiente representaría, por ejemplo, la unidad del Alto y el Bajo Egipto. Una vez concluida, la pirámide alcanzó los 105 metros de altura, con una base de 188 metros de lado.

La pirámide Roja de Dashur

La estructura interna de la pirámide Romboidal es inusual a causa de sus dos entradas. Una se halla, como era costumbre, en el lado norte, a 12 metros de altura, y da paso a un corredor de 80 metros de longitud que lleva a un pasillo horizontal; éste, a su vez, conduce a una cámara con falsa bóveda de 17 metros de altura. La segunda entrada, originalmente camuflada tras un bloque de revestimiento, se halla en el lado oeste, a 33 metros de altura. Da a un corredor descendente que al cabo de 65 metros continúa a modo de un pasillo horizontal, donde se dispusieron dos cámaras con bloques de cierre y, finalmente, una cámara funeraria con falsa bóveda de 16 metros de altura.

La tercera pirámide de Esnofru, conocida popularmente como «pirámide Roja», fue construida dos kilómetros al norte de la anterior, en Dashur. Es la segunda pirámide con mayor base (220 metros), sólo diez metros menor que la de la Gran Pirámide. Sin embargo, también es la que tiene menor pendiente de sus caras (43º), por lo que sólo alcanzó los 105 metros de altura. Su acceso se encuentra a 28 metros de altura en el lado norte, y desde allí parte un corredor descendente de 63 metros que termina en un pasillo horizontal. Éste atraviesa dos cámaras con falsa bóveda y luego da acceso a una cámara sepulcral, situada a un nivel superior, también con falsa bóveda y de casi 15 metros de altura. Tal vez el faraón fue enterrado allí.

Artículo: José Lull (National Geographic).

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.