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3 de junio de 2015

Sesostris III


En la historia del antiguo Egipto, el Imperio Medio representó una época de unidad y de paz interna. Bajo los faraones de las dinastías XI y XII, el país vivió una relativa prosperidad económica, acompañada por intensos contactos comerciales con el exterior. Las ciudades fenicias, Creta y Mesopotamia fueron destinos privilegiados de las ansias expansionistas egipcias, hasta el punto de que en algún caso, como en Biblos, los faraones egipcios fueron reconocidos como soberanos. El otro eje de la expansión egipcia pasaba por los territorios situados más allá del Alto Egipto. Y fue aquí donde un soberano de la dinastía XII, Sesostris III, protagonizó una serie de campañas militares que buscaban extender el control de Egipto sobre Nubia, la vasta región que se extendía al sur de la primera catarata del Nilo.

Desde los orígenes del Estado faraónico, Nubia había tenido gran importancia para la economía egipcia. De allí procedía el oro que consumían generosamente la realeza y la aristocracia de altos funcionarios religiosos y militares, y a través de Nubia pasaban bienes procedentes del interior del continente africano de los que Egipto carecía, como ganado, pieles de felinos, marfil, piedras semipreciosas, resinas y maderas exóticas. Eso sin contar, además, el gran número de nubios que eran capturados y deportados para trabajar en los campos, las minas y las obras públicas de Egipto. Todo ello hizo que los faraones trataran de controlar las rutas que transitaban las expediciones comerciales hacia el sur.

Con ese fin, Sesostris I, el segundo faraón de la dinastía XII, ordenó construir una serie de fortalezas en la Baja Nubia, entre la primera y la segunda catarata del Nilo, en lugares como Aniba, Suban, Ikur, Kor y Buhen. Estas plazas fuertes dieron cierta tranquilidad a las expediciones comerciales frente a los posibles ataques de tribus hostiles.

Las primeras campañas

Sesostris III quiso ir más lejos que sus predecesores y pacificar la Alta Nubia, al sur de la segunda catarata. Para lograrlo, a principios de su reinado el faraón impulsó la más importante obra civil nunca antes emprendida por Egipto: un canal navegable que permitiera a su flota bordear la segunda catarata. Dos inscripciones grabadas en los peñascos de la isla Sehel atestiguan que el canal, una vez construido, tenía 78 metros de longitud, diez de anchura y una profundidad de algo más de nueve, y que su nombre era «Bellos son los caminos de Khakaure por la eternidad» (Khakaure es el nombre de entronización de Sesostris). La estela aclara que el canal se excavó para que el rey «pueda seguir su camino, remontando el Nilo, para abatir al vil país de Kush», como se denominaba la Baja Nubia.

Sesostris III organizó cuatro expediciones contra Nubia, y todo indica que las dirigió personalmente. Sobre las dos primeras, en los años 8 y 10 de su reinado, tenemos muy escasos datos. Una estela erigida en Semna, al sur de la segunda catarata, puntualiza que en el año 8, el faraón estableció allí la frontera meridional de Egipto, prohibiendo el paso a todo nubio que no dispusiera de autorización para comerciar con Egipto. La campaña del año 10, por su parte, está atestiguada por dos inscripciones grabadas en la roca, más de ochenta kilómetros al sur de Semna, en las que se dice que Sesostris había emprendido el camino del sur para rechazar a los kushitas. Es muy probable que su objetivo fuera reprimir un levantamiento de la gente de Kerma, región nubia muy beligerante. Las fuerzas egipcias debieron de regresar precipitadamente por el riesgo que suponía pasar con los barcos la segunda catarata con un nivel de agua muy bajo, según indica un escrito rupestre de Asuán, fechado en el segundo mes de la inundación de aquel año.

Los «viles kushitas»

La tercera campaña contra Nubia, desarrollada en el año 16 del reinado de Sesostris, debió de ser, como las dos anteriores, una operación de castigo más que una misión bélica planificada, e incluso cabe dudar de que el rey llegara a enfrentarse directamente con su enemigo. Esto es lo que se desprende de la velada descripción de la campaña que se conserva en dos estelas erigidas en Semna y en Uronarti con motivo de la inauguración de una nueva fortaleza en esta última localidad, al sur de la segunda catarata. En ambos monumentos, Sesostris, que habla en primera persona, alardea de haber ampliado las fronteras del reino: «He puesto mi frontera más allá de mis padres; he aumentado lo que me legaron. Soy un rey que habla y ejecuta; lo que mi corazón concibe es lo que ocurre por mi mano».

A continuación expone sus victorias frente a los kushitas, reprochándoles que rehúyan el combate cuerpo a cuerpo y sólo ataquen posiciones egipcias cuando éstas se hallan momentáneamente despobladas: «Cuando uno es decidido frente a él [el enemigo kushita], vuelve su espalda; cuando uno titubea, él ataca. Pero no son un pueblo poderoso, son pobres y miserables». Sesostris asegura que les ha infligido un merecido castigo: «Mi majestad los ha visto. He capturado a sus mujeres, me he llevado a sus súbditos, he secado sus pozos, he masacrado su ganado, he segado su grano y he quemado sus campos». Por último, el faraón asegura orgulloso que la herencia recibida pasará, agrandada, a sus sucesores inmediatos.

La leyenda de Sesostris

Tres años después, Sesostris III realizó su última expedición contra Nubia, que conocemos de nuevo gracias a una inscripción rupestre grabada en el puerto de la fortaleza de Uronarti. El texto conmemora el paso del faraón por esa fortaleza a su vuelta de la expedición: «Año 19, cuarto mes de la estación de la inundación, el día 2, bajo la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto, Khakaure, ¡que viva eternamente y para siempre! El rey, vida, salud y fuerza, avanzó hacia el norte después de haber vencido a la vil Kush». Esta última referencia a la «victoria» sobre Kush no aclara si se trató de una victoria total, cosa poco probable, o si las operaciones militares se limitaron a enérgicas intervenciones de castigo. En cualquier caso, la inscripción destaca sobre todo las dificultades a las que tuvieron que hacer frente las tropas egipcias en su camino de regreso, especialmente a la hora de atravesar el Nilo con las barcas, a causa del escaso caudal que éste llevaba: «Debe haber calado para pasar Ishmyk y remolcar los barcos en esta estación, cada banco de arena es parecido a […]. Fue difícil, había poca agua para pasar y remolcar los barcos sobre ella, a causa de la estación».

El faraón posiblemente murió justo después de esta última expedición, puesto que los estudiosos suponen que su reinado duró entre 17 y 19 años. Sesostris III fue enterrado en la necrópolis de Dahshur, cerca de Saqqara, en el norte del país, en una pirámide de adobe de 60 metros de altura. Su figura dejó una fuerte huella en la conciencia de los egipcios de su tiempo, y ésta llegó al período grecorromano. Son varios los autores clásicos –como Diodoro Sículo, Plinio, Plutarco o Estrabón– que glosaron las proezas militares de aquel rey guerrero y, muy particularmente, sus dotes de gran estadista. Pero fue sin duda Heródoto quien más hizo para dar a Sesostris un lugar propio en la historia, al presentarlo como uno de los mayores conquistadores de Egipto y como «el único rey egipcio que imperó en Etiopía», es decir, en Nubia.

Artículo: Maite Mascort (National Geographic).

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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.