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20 de agosto de 2014

El origen del arte de embalsamar


Las momias egipcias no son las más antiguas del mundo, pero probablemente sí son las más admiradas por la fabulosa técnica que sus embalsamadores lograron perfeccionar a lo largo de milenios para intentar hacer realidad el mayor deseo de cualquier ciudadano de la época: conseguir un cuerpo eterno para pasar la eternidad.

Para lograr preservar durante mucho tiempo los tejidos humanos y los vendajes que usaban para envolver los cadáveres, investigaron y utilizaron sabiamente los productos que les ofrecía la naturaleza.

Pero antes de desarrollar el proceso de embalsamiento, la momificación se hacía de forma natural. Los cadáveres, normalmente envueltos en pieles de animales, se dejaban secar debido a la acción del calor, la sequedad y la arena del desierto.

Los científicos pensaban que los egipcios usaron resinas para fijar las vendas de forma ocasional durante el Reino Antiguo (se hallaron restos de resina de conífera en una momia del 2200 a.C aproximadamente), y de manera más generalizada durante el Reino Medio, entre el 2000 y el 1600 a.C. Sin embargo, el análisis químico de momias mucho más antiguas ha revelado que, en realidad, comenzaron a utilizar productos para embalsamar al menos 1.500 años de lo que se creía.

Los investigadores que firman esta investigación, publicada esta semana en la revista Plosone, eligieron vendajes de momias procedentes de uno de los cementerios más antiguos que han sido encontrados en el país del Nilo. Las tumbas donde se encontraron están en la necrópolis de Mostagedda, en la región de Badari, con una cronología estimada de entre el 4500 y el 3350 a. C.

En su artículo, los científicos explican que hasta ahora no se habían realizado análisis químicos para detectar componentes orgánicos en los vendajes del periodo prehistórico de Egipto: «Se asumía que la preservación de los tejidos se debía sobre todo a las favorables condiciones del lugar donde estaban enterrados, en lugar de a la intervención deliberada mediante el empleo de las técnicas químicas que caracterizan las momificaciones posteriores», relatan.

En concreto, el análisis bioquímico de las vendas de lino reveló que contenían restos de resina de pino, extracto de una planta aromática, una goma, petróleo y aceites de origen vegetal y animal.

Los ingredientes naturales utilizados para preservar las momias de Mostagedda hace cinco milenios son muy parecidos a los usados durante la época faraónica, en la que el embalsamiento de cuerpos estaba muy perfeccionado. «Las propiedades antibacterianas de algunos de estos ingredientes y la preservación de tejidos localizada que hacían nos lleva a la conclusión de que [estas momias] representan el inicio de la experimentación que evolucionaría hasta las prácticas de la momificación de la época faraónica», afirma Stephen Buckley, investigador de la Universidad de York (Reino Unido)y coautor de este estudio, en el que participan científicos de la Universidad de Oxford y de la Universidad Macquarie (Australia).

Buckley, que anteriormente llevó a cabo una investigación sobre las resinas empleadas en el Antiguo Egipto durante la dinastía 18 en el Valle de los Reyes (Luxor), afirma que la proporción de ingredientes antibacterianos usados en los linos prehistóricos que protagonizan su último estudio es la misma que utilizaban los embalsamadores en su época de máximo esplendor, unos 2.500-3.000 años más tarde.

Los vendajes de lino analizados en este estudio fueron encontrados a principios del siglo XX y llevados a Reino Unido. Egipto estaba de moda y numerosos arqueólogos europeos excavaban allí. Los linos se conservaron en el actual Museo Bolton (antes llamado Chadwick). En la actualidad, está prohibido sacar del país cualquier objeto o tomar muestras en las excavaciones.

Sin embargo, el uso de escáneres y radiografías combinado con análisis de muestras de ADN, restos humanos o tejidos textiles está desvelando muchos aspectos desconocidos de esta fascinante cultura, en la que el embalsamiento de sus muertos era una de los procesos más importantes.

Aunque representaron en dibujos cómo lo hacían, no dejaron documentos escritos que detallaran los ingredientes y cantidades que usaban. En el s. V. a. C, el griego Heródoto describió con detalle las técnicas que empleaban en un texto de gran utilidad para los egiptólogos.

Artículo: Teresa Guerrero.

Revista Egiptología 2.0


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