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16 de septiembre de 2012

La verdad sobre Egipto, según la arqueoastronomía


El Antiguo Egipto ha fascinado siempre a historiadores, científicos y aventureros pero, quizás por eso mismo, es muy difícil distinguir el grano de la paja. Desde que nació la egiptología como disciplina histórica se ha aprendido mucho sobre la civilización egipcia. Por suerte, la mayoría de las investigaciones se han basado en la observación empírica y el estudio de los textos, muy abundantes en el Antiguo Egipto. Pero junto al estudio serio de la historia, el esoterismo ha campado a sus anchas, dando lugar a interpretaciones sobre la construcción de templos y pirámides más o menos populares pero, en la mayoría de los casos, completamente erróneas.

El astrofísico Juan Antonio Belmonte (Murcia, 1962) lleva toda su carrera estudiando los conocimientos astronómicos de los antiguos egipcios, un campo que muchos relacionan con el mundo de los misterios y lo paranormal más que con la investigación científica. Belmonte ataca todo el entramado del mundo del misterio, a los “piramidiotas”, y reivindica el estudio serio de la arqueoastronomía, disciplina en la que es uno de los mayores expertos del mundo. Para dar a conocer sus últimas investigaciones, y a modo de recopilación divulgativa, ha escrito un nuevo libro, Pirámides, templos y estrellas. Astronomía y arqueología en el Egipto antiguo (Crítica).

¿Cuál era la relación de los egipcios con la astronomía?.

Según ha explicado Belmonte a El Confidencial, “los egipcios debieron alcanzar un nivel de conocimiento astronómico bastante sofisticado”. Conocer el movimiento de los astros no sólo tuvo una motivación religiosa, que según el científico fue fundamental, además tenía importancia para el día a día de los egipcios. Tal como explica Belmonte, gracias a la observación empírica del firmamento se logró crear un calendario preciso que permitía saber con bastante exactitud en qué momento iba a crecer el Nilo, lo que era fundamental para todo su entramado productivo: “Se sabía que llegaba la inundación con la llegada de una estrella”.

“Los egipcios”, explica Belmonte, “lograron desarrollar un calendario de 365 días absolutamente regular que permitía hacer predicciones acertadas. El mismo calendario fue utilizado mucho después por Ptolomeo y Copérnico.De hecho, nuestro actual calendario es igual que el egipcio pero con las deidades del romano y mejorado con el año bisiesto. Los egipcios tenían meses regulares de 30 días y el sistema de 24 horas que inventaron perdura hoy en día”.

El estudio del firmamento, que los egipcios lograron cartografiar de manera bastante precisa, tuvo fuertes connotaciones religiosas. Estrellas, planetas y constelaciones se asociaron con deidades y se elaboraron numerosos techos astronómicos y zodiacos, como el de Dendera, que se conserva en el Museo del Louvre de París y que Belmonte ha estudiado en profundidad.

La colocación de las pirámides responde a motivaciones religiosas.

Según cuenta Belmonte, los egipcios creían que los ciclos astrónomicos, el hecho de que las estrellas desaparecieran y volvieran a aparecer, permitían trascender la muerte. Esto explica, por ejemplo, la colocación geográfica de muchas pirámides: “Los conductos de las pirámides se orientan hacia el norte porque allí estaban las estrellas que no desaparecían nunca del firmamento, las estrellas circumpolares, que nunca morían”.

Durante décadas de investigaciónBelmonte y sus compañeros han recorrido la práctica totalidad de los templos y pirámides de Egipto. A lo largo de seis campañas han medido unos 350 templos y santuarios, aproximadamente un 98% de todos los templos que aún existen en el país, pertenecientes a todos los períodos de la historia del Antiguo Egipto. “Sólo me quedan por ver unos pequeños templos que están cerca de Sudan”, asegura el científico, que planea ir a visitarlos en cuanto le sea posible.

Tras medir cómo están colocados los templos, y comparar los datos estadísticamente, Belmonte ha llegado a una contundente conclusión, todos los templos y pirámides de Egipto tienen una ubicación muy bien planificada: “La orientación dominante de los templos cercanos al Nilo es en paralelo a éste, es topográfica, pero hay muchos templos orientados astronómicamente, y otros en los que coinciden ambas orientaciones. Estos templos son de especial importancia. Carnac está en el único punto de Egipto en el que la perpendicular del Nilo marca el orto del Sol. No es algo casual, los egipcios eligieron ciertos lugares de su país por su relación entre lo que ocurría en la tierra y en el cielo”.

Mucha gente cree que las pirámides y templos están orientados astronómicamente porque funcionaban a modo de observatorios. Belmonte cree que los egipcios nunca llegaron a alcanzar tanta precisión, y la colocación de los templos respondía a cuestiones meramente religiosas: “Son lugares de culto. Del mismo modo que las iglesias cristianas se orientaban según los meridianos, los egipcios orientaban las pirámides respecto al Sol. Los efectos de luz resultantes tendrían un componente místico, no tanto científico, aunque no está claro. Hay cosas sobre las que siempre nos quedará la duda”.

La orientación astronómica de los templos no es algo propio solo de Egipto, Belmonte asegura que es una constante universal de las civilizaciones antiguas. Es más, el astrofísico cree que los egipcios no estaban especialmente avanzados respecto a otras civilizaciones contemporáneas, pero sabemos más de ellos por una razón principal: tenemos sus textos y podemos leerlos. “Con Egipto no tenemos el problema que surge al estudiar los monumentos megalíticos. ¿Quién sabe para que servía Stonehenge? Solo podemos hacer suposiciones. En Egipto podemos comparar resultados y ver si cuadran con los textos”.

“Aún quedan muchísimas cosas por aclarar”.

Han pasado siglos desde que los primeros arqueólogos empezarán a excavar las tumbas y templos de Egipto, pero en opinión de Belmonte, al margen de verificar teorías sobre lugares ya conocidos, a los egiptólogos aún les quedan muchas tumbas por descubrir, muchos yacimientos que excavar y muchos textos que traducir.

De las pirámides, cuenta el astrofísico, sabemos mucho, pero desconocemos bastante. Ni siquiera sabemos bien cómo se construyeron. Sobre esto último, uno de los grandes misterios del antiguo Egipto, Belmonte cree que la teoría del arquitecto francés Jean-Pierre Houdin podría estar acertada y sería fácilmente demostrable: “Según Houdin las pirámides se construyeron por dentro, gracias a una rampa interna que quedó dentro de la pirámide, algo que podría verificarse pronto”.

Artículo: Miguel Ayuso.

Revista Egiptología 2.0


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