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22 de agosto de 2011

Por qué las momias maldijeron


La más conocida quizás es la del faraón Tutankamón, que nació cuando, en 1923, poco después de presenciar la apertura de un hueco en la puerta de la tumba del faraón, el aristócrata inglés que financió la excavación, George Edward Stanhope Molyneux Herbert, quinto conde de Carnarvon -más conocido como Lord Carnarvon- murió por la picadura de un mosquito que le envenenó la sangre.

Esa historia recorrió el mundo y generó un montón de supersticiones, por lo que muchos historiadores piensan que ése fue el origen de esas maldiciones de ultratumba.

Pero Roger Luckhurst, experto en literatura victoriana y profesor de literatura moderna en la Universidad de Londres, le contó a la BBC que había una historia de otros dos caballeros ingleses que precedía a la tan famosa maldición de Tutankamón.

Thomas Douglas Murray compró en Luxor en 1865 una bellamente decorada tapa interna del sarcófago de una sacerdotisa de la dinastía XXI de Egipto. Poco después de la adquisición, Murray se fue de caza y se voló su propio brazo con un disparo. Entre tanto, su compañero de viaje en Luxor, Arthur Wheeler, retornó a Cairo y descubrió que el colapso de un banco en China le había costado su fortuna.

Esa doble desgracia disparó una gama extraordinaria de rumores y superstición. Y la mala suerte viajó con el sarcófago de la momia hasta Londres, donde "causó" dos décadas de líos a la familia Wheeler.

Las historias de lo que sucedía por la mera presencia de la momia eran dignas de un clásico de horror. Incluían enfermedades, muertes prematuras y una serie de accidentes que le ocurrían a cualquier persona que intentara tomarle una foto.

En 1889, para deshacerse de él, los Wheelers le donaron el sarcófago al Museo Británico y empezaron a correr rumores de que en los Salones Egipcios del museo había fantasmas. La momia todavía es conocida como "La momia de la mala suerte".

Llamado a la razón

Varios famosos tuvieron que ver con la historia de ese sarcófago, entre ellos el escritor Arthur Conan Doyle, la gran dama del ocultismo Madame Helena Blavatsky y el periodista W.T.Stead, quien advirtió que hasta hablar de la maldición era peligroso.

Lo curioso es que, a pesar de lanzar la alerta, Stead habló de ella durante un viaje en un barco transatlántico en 1912. Unas horas después, él junto con otros más de mil pasajeros del R.M.S. Titanic murieron.

Nuestra mente racional grita que todo esto son bobadas. Pero sí, esas cosas efectivamente ocurrieron...

"Sí, yo creo que todos pensamos eso", le dice a BBC Mundo Roger Luckhurst entre risas.

"Pero lo que hay que recordar son detalles como que, por ejemplo, que Thomas Douglas Murray se quedó sin un brazo, ¡pero vivió hasta los 70 años! Sobrevivió por 50 años la supuesta maldición".

Un egiptólogo diría, con razón, que todas esos cuentos son basura, señala Luckhurst. "Pero como yo soy un historiador cultural, lo que me interesa es entender por qué estas historias son tan atractivas, por qué nos gusta tanto poner en circulación este tipo de narrativas".

Pero la tarea de investigarlas es difícil. Las supersticiones no sólo funcionan conectando coincidencias, sino que viven de rumores, por lo que es difícil encontrar material de estudio.

Entrando a la casa de los muertos

Una posible explicación del surgimiento de la superstición es quizás la culpa. Al fin y al cabo, lo que estos aristócratas británicos estaban haciendo podría considerarse como profanación.

Sin embargo, "según lo que he leído e investigado, los exploradores y primeros arqueólogos no tenían esa actitud reverencial ante la muerte; eso es un sentimiento moderno", señala Roger Luckhurst.

Luckhurst nos recuerda que hasta hace relativamente poco, momias -aunque no de faraones, sino de gente común y corriente- se usaban como combustible, tanto en hogueras como en motores a vapor, pues permanecen prendidas por mucho tiempo. No sólo eso. Durante siglos Occidente había usado el polvo de momias molidas como una medicina. Y hasta 1905, polvo de momia fue utilizado como pigmento en pinturas.

Además, en el mundo británico del siglo XIX, la muerte era algo más cercana y cotidiana que en la actualidad. Mucha más gente moría en casa, muchas madres morían por sólo parir y si sobrevivían, no era raro que vieran morir a sus hijos.

Paranoia

Los que sí había, le señala Luckhurst a BBC Mundo, era "una serie de presiones muy particulares en el siglo XIX".

"La investigación sobre la Biblia la había convertido en un documento histórico. Ya no era la voz de Dios. Se podía probar que había sido escrita por varias personas en varias épocas. Eso, conjugado con el crecimiento de la ciencia y el Darwinismo, había sacudido las creencias tradicionales religiosas".

Ante eso, no era tanto la muerte sino la vida después de la muerte lo que preocupaba.

"Es por ello que hay tal auge en el espiritualismo. Pero yo creo que la maldición de las momias también tiene que ver con el colonialismo. Los rumores empiezan a circular después de 1882, cuando Reino Unido ocupa físicamente Egipto".

"Es un relato de ocupados defendiéndose. Es paranoia", señala Luckhurst.

Los objetos que los británicos traían de Egipto eran algo que el invasor le había quitado al invadido.

"Si la despiadada momia amenaza su hogar, sus posesiones y hasta su bella mujer, es como si los roles se hubieran invertido".

Y luego, hay que acordarse que se trataba de Egipto: exótico, pero no salvaje.

Lo que estaban encontrando eran vestigios de una cultura deslumbrante.

"Podían admirar la cultura de los antiguos egipcios pero al mismo tiempo sentir ansiedad, pues era una cultura en ruinas: representaba el hecho de que todos los imperios caen", explica el especialista.

Artículo: BBC.

Revista Egiptología 2.0


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