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8 de abril de 2011

Que son los Ushebtis?


Con el nombre de Ushebtis se conocen unas formas especiales de pequeñas estatuillas que a veces por centenares se colocaban en las tumbas. Su función era muy sencilla: una vez el difunto hubiese llegado al Más Allá, se encontraba con la obligatoriedad de seguir trabajando, por lo que cada vez que tuviese que llevar a cabo alguna función, (transportar arena, cavar acequias, irrigar campos cultivados, manejar el arado, segar...), pronunciaba un conjuro a través del cual la figurilla se convertía en un sirviente, y de esta forma era este ultimo quien ejecutaba la tarea asignada.

Por ello, la palabra Ushebti suele traducirse por “el que responde”, aunque también se cree que podría derivar de Shauabti, término que en una antigua lengua africana designaba a las víctimas funerarias, es decir, aquellas víctimas que en tiempos primitivos se sacrificaban en los funerales de jefes importantes, para que trabajasen para su amo en el otro mundo.

Aunque se han encontrado Ushebtis en casi todas las épocas, (desde la dinastía VI hasta la época de la dominación romana), sus formas y características han variado con el paso de los siglos. Así por ejemplo, si en un comienzo las figuras no llevaban ningún tipo de inscripción, a partir de la dinastía XII solía grabarse sobre su parte frontal el nombre y títulos de la persona a la que estuvieran destinada. De este modo el conjuro solo podría hacerlo efectivo aquel a quien representaba. 


Sin embargo, durante la dinastía XVIII y posteriores esta costumbre cambió, pasando a escribirse entonces el capítulo VI del “Libro de los Muertos”, el cual contiene precisamente la “Fórmula para que un Ushabti ejecute los trabajos para alguien en el Más Allá”, fórmula que textualmente dice lo siguiente: "¡Oh ushebti de N.! (aquí se ponía el nombre del difunto): si soy llamado, si soy designado para hacer todos los trabajos que se hacen habitualmente en el Más Allá, sabe bien que la carga te será infligida allí. Como se debe alguien a su trabajo, toma tú mi lugar en todo momento para cultivar los campos, para irrigar las riveras y para transportar la arena de Oriente a Occidente". Ante ello, la figura tomaba la forma de una persona, respondiendo: "Heme aquí. Iré a donde me mandes, Osiris N. justificado".

Durante todo el reino egipcio la fabricación de Ushebtis fue una industria realmente floreciente, ya que se confeccionaron multitud de variedades en función del precio que cada cual podía pagar: desde los absolutamente sencillos y toscos, (fabricados masivamente por medio de moldes y de forma tan grosera que casi carecen de rasgos faciales), hasta los que se decoraban con ricos grabados policromos, (destacando aquellos en los que se intentaba en la medida de lo posible reproducir el parecido con el difunto a quien iban destinados).

Los materiales empleados fueron de lo mas dispar: alabastro, fayenza, basalto, arenisca, granito, diorita, pórfido, piedra caliza, cerámica esmaltada, barro cocido, madera, etc., siendo también muy variados sus tamaños, ya que se han encontrado desde figuras que tenían solo unos pocos centímetros de longitud, hasta otras de más de un metro, (como por ejemplo las halladas en la tumba del rey nubio Taharqa, que medía 1,21 mts. de alto, ejemplares en cualquier caso atípicos, ya que lo habitual era que tuvieran entre 15 y 25 cms.).

En cuanto a su forma general solían tener aspecto momiforme, llevando en muchos casos diversos útiles y herramientas en las manos, tales como azadas, picos, mazas, palancas, yugos, cestas, serones o vasijas para el agua. Algunos Ushebtis de madera hechos de manera específica para mujeres iban curiosamente adornados con pectorales dorados y brazaletes.

La disposición de los Ushebtis en las tumbas no era algo uniforme: en ocasiones, se ponían directamente sobre la momia; otras veces, se situaban al lado del ataúd o sarcófago del difunto; muchos estaban desparramados por el suelo, o se depositaban en un nicho especial excavado en una de las paredes de la cámara funeraria; y en el caso de altos funcionarios o de los mismos faraones, se introducían gran cantidad de ellos en unas arcas o cajas especiales, (llamadas capillas), las cuales tenían planta rectangular y tapadera abovedada, siendo ricamente decoradas entre otros elementos con falsas puertas por donde los Ushebtis pudieran entrar o salir mágicamente.

En ellas, los “sirvientes” se introducían por la parte superior, depositándolos de pié. En cualquiera de los casos, el número ideal de estos últimos era de 401, número resultante de sumar 360 + 36 + 5. (360 de los días que tenía el año egipcio: 12 meses de 30 días cada uno; 36 por los capataces, de los que había uno por cada 10 Ushabti anteriores; y 5 para los días Epagómenos. De esta forma, se aseguraba que el propietario de la tumba tendría al menos un “trabajador” para cada día del año).

Este número sin embargo no siempre se respetaba, pues por citar un ejemplo en la tumba de Tutanjamón se llegaron a encontrar más de 400, en la de Sethy I más de 700, y en la del citado Taharqa más de un millar.

En cuanto a los citados supervisores o capataces, destacar como detalle adicional que se les distingue porque en lugar de portar instrumentos agrícolas sobre su cuerpo, llevan en cambio algún atributo que refleje su autoridad, como un látigo o azote, además de ir cubiertos con una faldilla o delantal.

Los Ushebtis mas curiosos son aquellos que no solo se han colocado de una u otra forma en la tumba, sino que incluso, reposaban en su propio y particular pequeño sarcófago, y aun cuando a veces estos últimos se han encontrado desnudos yaciendo sobre cojines o fajas de lino, en otras ocasiones llegaron incluso a ser vendados como si de una momia se tratase.

Revista Egiptología 2.0


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