Novedades editoriales

11 de mayo de 2011

El Nilo Sagrado


Considerado por los antiguos egipcios como el eje absoluto, la ruta por excelencia, sus aguas dieron vida a una civilización que todavía hoy, después de cinco mil años, sigue asombrando al mundo.

Sus aguas proceden del Nilo Azul, que nace en las tierras altas de Etiopía, y del Nilo Blanco, una maraña de riachuelos en el Sudán Meridional y que proceden del Lago Victoria, en África Central. El Nilo Blanco se alimenta con las lluvias de la zona tropical y proporciona un caudal relativamente constante a lo largo de todo el año, aunque demediado por toda la región del Sudd, que absorbe la mayor parte del agua durante la estación de las lluvias. El Nilo Azul y el Atbara, que desemboca en el Nilo a cierta distancia al norte de Jartum, aportan un gran caudal de agua del monzón del verano de Etiopía, y proporcionan casi toda el agua del río de julio a octubre (y antes, en el propio Sudán). Este período corresponde a la época de las lluvias en la sabana del Sudán central.

En Egipto, el agua del río alcanza su nivel más bajo de abril a junio. Ya en julio sube el nivel, y la inundación empieza normalmente en agosto, cubriendo la mayor parte del valle desde aproximadamente mediados de agosto hasta finales de septiembre, lavando las sales del suelo y depositando un estrato de sedimentos que crecía a un ritmo de varios centímetros por siglo.

El Nilo es la fuente de agua más regular y predecible de todos los grandes ríos del mundo. Mide 6.650 Km., siendo el río más largo de África y de todo el mundo. Al territorio egipcio corresponden 1.100 Km. Desemboca en el Mar Mediterráneo, formando un delta.

Desde las primeras dinastías se acometieron todo tipo de obras para mejorar la navegación: dársenas, muelles y puertos, canales para sortear los rápidos en el Alto Egipto, drenajes en los brazos del delta para poder acceder sin peligro al Mediterráneo.

Los aluviones del Nilo han alterado por completo en treinta siglos el área de su delta, que paulatinamente se adelanta mar adentro. En la antigüedad, la boca principal del Nilo se llamaba Palusiana y hasta ella llegaba desde Suez el canal del Necho, abierto por el Rey de este nombre. Después de la derrota de Antonio y Cleopatra en Accio, una parte de la flota pasó al Mar Rojo por este canal, lo que denota la profundidad que le dieron sus antiguos ingenieros.

Plinio nos describe las operaciones efectuadas para el transporte del obelisco levantado en Alejandría por Ptolomeo Filadelfo. Desde el Nilo hasta el punto en que estaba situado el obelisco se construyó un canal en el que se dispusieron dos embarcaciones con piedras de un pie de volumen, cuyo peso total era exactamente el mismo que el del obelisco. Las embarcaciones calaban lo suficiente para estacionarse debajo del obelisco, que estaba tendido a través del canal, y una vez allí se fue arrojando poco a poco el lastre, con lo que subía la línea de flotación de las embarcaciones hasta cargar sin dificultad el obelisco, que de ese modo fue transportado por el río.

Desde el punto de vista simbólico, el Nilo terrestre imita en su recorrido al Nilo Celeste o Vía Láctea. Para Egipto es el eje absoluto, la ruta por excelencia. Procede desde el “comienzo del mundo”, en función del cual uno se orienta frente al Sur. Cualquiera que sea la dirección real que tome, su curso es el meridiano que separa al Este del Oeste.

Cuando en junio se producía la primera inundación, Sirio, la estrella más brillante del firmamento meridional, aparecía sobre el horizonte.

Los egipcios decían que el Nilo crecía debido a las lágrimas que derramaba Isis por Osiris, y Plutarco afirma que las almas de las entidades divinas brillan en las estrellas: “Sirio está consagrada a Isis porque trae el agua”. La constelación de Orión que aparece justo antes que la estrella Sirio, está dedicada a Osiris.

En Egipto los mitos y símbolos de Osiris e Isis personifican metafísicamente los elementos Fuego y Agua, y físicamente el Sol y el Nilo.

El número del año solar de 365 días corresponde en su valor numérico a la palabra “Neilos” (Nilo). Era, pues, el río del tiempo. El antiguo nombre de este río era Eridanos, el Iordan hebreo, con el sufijo copto o griego antiguo. La palabra hebrea Jared (fuente, origen) del río Jordán tenía el mismo significado mítico entre los hebreos que el Nilo para los egipcios: era la fuente de la descendencia y contenía las aguas de la vida.

Osiris era el Sol y también el Nilo, así como el año de 365 días; mientras que Isis era la Luna, el lecho del río y la Madre Tierra, para cuyas energías reproductoras eran necesarias las aguas. Isis también simbolizaba el año lunar de 354 días, el tiempo hacedor de periodos de gestación.

Como dios de las aguas primordiales, el Nilo se considera simbólicamente el diámetro de la circunferencia formada por el “cinturón” del océano.

En sus orillas nace la flor del loto, símbolo sagrado representativo de Egipto. El río mismo, visto desde el cielo, parece un loto, con la flor del delta sobre el larguísimo y fino talle del valle del Nilo, y portando el capullo del El-Fayum.

El loto es el arquetipo de la ideación cósmica, el modelo para todo. Sale de las aguas primordiales brotando de los limos del Nilo, eleva su tallo a través de las aguas fecundas y alcanza el aire hasta abrirse a la luz del sol perfumando su entorno. Es la representación ideal del ser humano que con sus pies en la tierra eleva su espíritu al infinito. La semilla del loto simboliza el “huevo del mundo” porque en ella la futura planta en miniatura incluye todas las potencialidades de infinitas plantas. Una sola semilla sería capaz, en condiciones ideales, de llenar el mundo.

Toda la tierra de Egipto estaba cubierta de templos que se hallaban a la orilla del Nilo, y cada ciudad honraba particularmente a una divinidad, y el Nilo es el unificador de todos ellos. En el mito osiriano, el Nilo es el que transporta el sarcófago de Osiris, que se detiene en Byblos.

El Buey Apis nació de un rayo de fuego que cayó sobre sus aguas, y Thoth hizo al primer hombre con barro del río sagrado, sobre un torno de alfarero.

Hapi, espíritu del Nilo, es verde y azul como sus aguas, y muestra su aspecto de batelero o pescador. Su vientre abultado parecía sugerir las buenas comidas y sus senos prominentes, la fecundidad. Residía en una gruta cerca de la primera catarata, y desde allí regulaba la crecida de las aguas.

Sebek, el cocodrilo, es símbolo de la creación. Representa la “séptima alma”, el “vidente invidente”. El cocodrilo físico, material, aparece en la ribera del Nilo cuando las aguas de la inundación empiezan a retroceder y nacen las primeras plantas.

Tal vez desde siempre se eligió la costa occidental del Nilo como lugar de enterramiento. Reflejo de la magnitud e importancia de las necrópolis son las grandes ciudades de los muertos: junto a la simbólica Montaña Occidental o Montaña Roja, en los acantilados, existen millares de tumbas de todas clases, desde las dedicadas a los grandes faraones a las de las personas más humildes.

Revista Egiptología 2.0


Curso on-line



Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.