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16 de octubre de 2017

Los secretos del antiguo Egipto que ha revelado la ciudad faraónica de Oxirrinco


La arena del desierto, como un velo dorado, ha ido cubriendo a lo largo de los siglos la antigua ciudad de Oxirrinco, activa capital faraónica del XIX nomo del Alto Egipto. Actualmente se ha convertido en uno de los cinco yacimientos arqueológicos más grandes del país, donde trabaja desde hace 25 años la misión liderada por el doctor Josep Padró, catedrático emérito de Egiptologia de la Universitat de Barcelona (UB), entidad que colabora en la excavación junto a la Societat Catalana d’Egiptologia (SCE) y la Université Paul-Valéry de Montpeller, siempre con la complicidad del Servicio de Antigüedades de Egipto.

Oxirrinco debe su nombre a un pez, muy popular en esta zona y en la mitología egipcia, ya que un ejemplar de esta especie se comió el falo del dios Osiris después de que su hermano, el dios Seth, lo matara y descuartizara para hacerse con el poder de Egipto. Es por eso que incluso se prohibiese su consumo en época greco romana.

Pero en la antigua Per-Medyed, tal y como la llamaban los egipcios, el oxirrinco era mucho más que esto. El pez se identificaba con la diosa Tueris, la protectora de la ciudad.

De hecho, su representación divinizada en una tumba del yacimiento (con su tocado de cuernos bovinos, una serpiente uraeus y el disco solar) es uno de los hallazgos destacados de la misión arqueológica que cumple sus bodas de plata en este rico paraje para conocer, sobre todo, la historia de la última dinastía propiamente egipcia, la Saíta, y las épocas posteriores correspondientes al bajo imperio, el dominio greco romano y el periodo bizantino con los primeros cristianos, lo que significa hablar de una cronología que abarca del 664 aC hasta el siglo VIII dC.

Olvidada por el tiempo, una de las primeras personas en la época moderna que empezó a desempolvar su recuerdo fue Vivant Denon, miembro de la expedición científica de Napoleón Bonaparte en su campaña sobre Egipto, que dibujó en sus famosas láminas publicadas en el mítico libro Description de l’Égypte algunos de los restos que podían verse a simple vista.

A finales del siglo XIX, Oxirrinco se convirtió en uno de los primeros yacimientos para los pioneros de la arqueología. Fue así que Grenfell y Hunt descubrieron cien mil fragmentos de papiros, la mayoría escritos en griego, que fueron llevados a Inglaterra y que hoy son conocidos como los Papiros de Oxirrinco.

Con la I Guerra Mundial empezaron los saqueos modernos de la ciudad y en la década de los años veinte del siglo pasado, arqueólogos famosos como Petrie o Breccia intentaron salvaguardar el rico patrimonio histórico de esta zona, pero por poco tiempo.

Oxirrinco volvió a caer en el olvido hasta que en 1992 la misión catalana se hizo cargo del yacimiento, diez años después de que tuviera lugar uno de los saqueos más sonados en una gran tumba saíta, hoy conocida como la tumba número 1.

Empezaba así un periodo ininterrumpido de excavaciones y preservación que ha logrado recuperar del fondo del desierto parte de la historia delantiguo Egipto. “Este yacimiento nos explica cómo era la vida y la muerte en una ciudad de finales de la época faraónica hasta el fin, también, de la época cristiana”, apunta el jefe de la misión, Josep Padró.

Artículo: Silvia Colomé.

Revista Egiptología 2.0


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