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1 de junio de 2017

Resucitar los tesoros faraónicos


Y las tres dimensiones obraron, al fin, el milagro. En las arenas de Asuán, a 900 kilómetros al sur de El Cairo, una misión arqueológica española ha comenzado a escanear los tesoros de sus nueve años de excavaciones con el propósito de crear réplicas que sirvan a la divulgación científica.

"La legislación de patrimonio prohíbe sacar del país las piezas halladas. El 3D soluciona ese problema", explica Alejandro Jiménez, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Jaén y director del proyecto que horada la montaña de Qubbet el Hawa, una necrópolis de nobles de los reinos Antiguo y Medio a orillas del Nilo.

El proyecto, pionero entre las misiones arqueológicas que trabajan en la tierra de los faraones, es aún más ambicioso. "Se trata de una tecnología con muchas posibilidades. El 3D nos permitirá llevar los objetos en formato digital a España y, una vez allí, poder trabajar con ellos. Si falta algún dato, siempre podremos recurrir al archivo", comenta Jiménez mientras observa la labor del ingeniero José Molinero, el alma de una iniciativa que en dos campañas ha logrado digitalizar más de un centenar de preciadas antigüedades.

En las oscuras entrañas de una de las tumbas, cavada en la piedra de la colina, Molinero se afana en inmortalizar los recovecos del ataúd de Sattjeni, madre de dos de los gobernantes de Elefantina durante el reinado de Amenemhat III, hacia el 1800 a.C.

A su lado, el escáner de luz estructurada captura la forma y características de las maderas que conforman el sarcófago mediante la proyección de un patrón de luz. "La resolución depende de cómo se configuren las cámaras pero puede fotografiar objetos con una resolución de 30 micras. El dispositivo se comporta como el zoom de una cámara. Si separo las cámaras, los píxeles se reparten por un campo de trabajo mayor y la resolución disminuye", explica el experto. A lo largo de la mañana, las joyas que sus colegas de misión han ido desenterrando, pasan por sus manos sin pausa. "Ayer escaneé 19 objetos. Varias máscaras funerarias, vasijas, cuencos, amuletos y un ushabti (una figurilla funeraria colocada en las tumbas del Antiguo Egipto con la creencia de que sus espíritus trabajarían para el difunto en la otra vida) que apareció esta campaña junto a una miniatura de sarcófago", detalla.

En cambio, para los objetos más menudos -que no superan el par de centímetros- el ingeniero emplea un picoproyector, un dispositivo portátil y manejable. "Es ideal para escanear, por ejemplo, un sello de adobe del tamaño de un pulgar. Proporciona detalles muy exactos de todas las imprecisiones de las piezas", asevera Molinero.

La tecnología 3D llega donde el ojo humano se extravía. "Nos demostró su capacidad en una inscripción situada en la entrada de una tumba. A simple vista no se veía bien. Al escanearlo se pudo leer. Es una de las aplicaciones derivadas de tener un fichero digital que puedes examinar con el máximo detalle". Una utilidad que hace dos años arrojó luz sobre la tumba de Tutankamón.

El británico Nicholas Reeves propuso la existencia de dos estancias tras los muros norte y oeste de la cámara funeraria del "faraón niño" a partir del estudio de las fotografías en alta resolución del taller madrileño Factum Arte. Al eliminar en la pantalla la distracción del color, surgieron las impurezas y las huellas de la pared.

Pero su contribución a desvelar nuevos misterios no es la única bondad del 3D. "La idea es imprimir los escaneados y usarlos como material docente en la Universidad de Jaén. Los alumnos de Egiptología podrán tocar réplicas exactas", subraya Jiménez.

La construcción de facsímiles suplirá una de las debilidades de la disciplina en España, donde -a diferencia de Reino Unido, Italia o Francia- no abundan las colecciones de arte faraónico. "La opción por la que nos hemos decantado es imprimir los objetos sin color. El proceso de coloreado se hará manualmente para que tenga mayor precisión y tonos más cercanos al original", esboza Molinero, que reconoce -además- las enormes posibilidades que abre la realidad virtual, una industria en pleno auge. La labor, que guarda similitudes con las iniciativas que en Siria e Irak han recurrido al escaneado e impresión 3D para recuperar el patrimonio destruido por el autodenominado Estado Islámico, forma parte del proyecto I+D+i concedido a la misión por el ministerio de Economía y Competitividad. "Cuando empezamos con la aventura, los ordenadores nos tiraban. Ahora ya contamos con equipos propios y el proceso es mucho más rápido. El resultado es magia", concluye Jiménez.

Artículo: Francisco Carrión.

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