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27 de junio de 2017

La “falsa puerta” entre los vivos y los muertos que resalta la figura de Keops


La “falsa puerta”, el umbral entre el mundo de los vivos y los muertos, es uno de los elementos más comunes en los complejos funerarios del Egiptode los faraones, además de ser una de las piezas arquitectónicas más importantes de las tumbas del Imperio Antiguo. La mayoría de estas puertas están ubicadas en la pared oeste (la coordenada en la que asociaba la tierra de los muertos) de la capilla y se creía que las entidades espirituales de los difuntos podían atravesarlas.

Una de las más excepcionales de estas “falsas puertas” es la de Juenptah y Meritites, que exhibe a partir de este martes 27 de junio -y de forma permanente- la Sala de los Faraones del Museu Egipci de Barcelona. Su superficie está llena de jeroglíficos dedicados a los dos difuntos, además de incluir peticiones de ofrendas a divinidades de la época.

Se estima que esta estela de piedra caliza de 72 centímetros de alto proviene de Guiza y fue realizada en la última etapa del Imperio Antiguo, durante la dinastía VI (alrededor del año 2200 a.C.). Su mayor atractivo es que hace referencia a Keops (o Jufu, en egipcio antiguo), el segundo faraón de la cuarta dinastía (2551-2528 a.C.) y uno de los grandes gobernantes de la historia de Egipto.

Durante su mandato, de la que aún se conserva la gran pirámide erigida en la meseta de Guiza, la más antigua de las siete maravillas del mundo y la única que aún perdura, la monarquía disfrutó de un poder difícilmente superable. Keops lideraba Egipto desde su posición de faraón-dios y estaba apoyado por su entorno familiar más inmediato.

Los investigadores consideran que ese poder absoluto se transformó con los años, y gracias al papel de los sacerdotes que transmitían la historia, en una imagen pésima de este faraón tan “acaparador”. Incluso el historiador griego Herodoto retrata a Keops como un monarca cruel, que sumió a Egipto en la miseria, que cerró los templos y que llegó incluso a prostituir a su hija para financiar la construcción de su pirámide.

Estudiando las fuentes primarias egipcias, sin embargo, la imagen del faraón es muy distinta. Su culto funerario, por ejemplo, se mantuvo en activo y de manera intensa hasta el final del Imperio Antiguo, más de cuatrocientos años después de su muerte.

Los investigadores consideran que ese poder absoluto se transformó con los años, y gracias al papel de los sacerdotes que transmitían la historia, en una imagen pésima de este faraón tan “acaparador”. Incluso el historiador griego Herodoto retrata a Keops como un monarca cruel, que sumió a Egipto en la miseria, que cerró los templos y que llegó incluso a prostituir a su hija para financiar la construcción de su pirámide.

Estudiando las fuentes primarias egipcias, sin embargo, la imagen del faraón es muy distinta. Su culto funerario, por ejemplo, se mantuvo en activo y de manera intensa hasta el final del Imperio Antiguo, más de cuatrocientos años después de su muerte.

Sin ir más lejos, la “falsa puerta” que expone el Museu Egipci explica que Meritites (cuyo nombre significa “amada por su padfre”) tenía el cargo de supervisora en el templo que mantenía en activo del culto funerario a Keops. Además, ostentaba con los títulos honoríficos de Conocida del Rey y de Sacerdotisa de Hathor.

Entre los más de setenta personajes documentados que estuvieron vinculados al culto del faraón Keops desde su muerte (2528 a.C.) hasta el final del Reino Antiguo (2150 a.C.), únicamente dos de ellos, además de Meritites, fueron mujeres. La pérdida de los jeroglíficos que en la estela vendrían a continuación del término “supervisora” impiden conocer la actividad específica a la que se dedicó.

Meritites era la madre de Juenptah (su nombre significa “protegido por el dios Ptah”). La estela -definida por dos jambas laterales y un dintel superior- explica que este hombre era un Jenty-she (arrendatario) que trabajó también como carnicero en el Matadero Real. Ejerció ocasionalmente de sacerdote y ostentó el título honorífico de Confidente (Secretario).

En los laterales aparecen las inscripciones que muestran los nombres y títulos de los fallecidos, así como buenos deseos para ellos. En la parte central se encuentra un profundo umbral, rematado por una pieza que correspondería a una tela o una esterilla enrollada (tambor), ocupada también por dos registros con textos.

Entre esta pieza y el dintel se aprecia una cavidad rectangular que en otros ejemplares suele estar ocupada por una escena que muestra al difunto sentado ante una mesa de ofrendas. Dichos regalos son depositadas por familiares o responsables del culto funerario para garantizar la vida del propietario de la tumba en el Más Allá.

En la superficie es visible una línea de rotura reparada que atraviesa la estela de extremo a extremo. Es una señal que indica que la pieza se partió en algún momento, aunque fue restaurada en época reciente.

Son muy pocas las representaciones de Keops en las que aparece su nombre. La más conocida es una estatuilla de marfil conservada en el Museo Egipcio de El Cairo y ahora el Museu Egipci de Barcelona cuenta con una cabeza atribuida al faraón que data de alrededor del 2550 antes de Cristo. Los atributos, la expresión y los rasgos faciales son suficientemente próximos a la estatua de El Cairo como para poder plantear una identificación entre ambas, apuntan los investigadores.

Artículo: David Ruiz Marull.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.