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4 de mayo de 2017

Egiptólogos españoles desentierran un jardín funerario de hace 4.000 años


Naturaleza domesticada pensada y construida en la Tebas de Egipto, hace casi cuatro milenios. Una misión española que desde hace dieciséis años horada una árida ladera de la actual Luxor ha desenterrado un jardín funerario con el rastro de las raíces de un pequeño arbusto y un puñado de dátiles secos, un hallazgo único que puede proporcionar nuevas pesquisas sobre la flora en tiempos de los faraones.

"El descubrimiento del jardín podría arrojar luz sobre el medio ambiente y los jardines en la antigua Tebas durante el Reino Medio, alrededor del 2000 a.C.", reconoce José Manuel Galán, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del Proyecto Djehuty.

Los restos de este pequeño parterre -desentrañado durante la última campaña de excavaciones, entre enero y febrero pasados- estaba situado en los alrededores de las tumbas de Djehuty y Hery (aproximadamente 1500-1450 a.C.), talladas en la piedra durante la dinastía XVIII. Ambas se hallan sobre la falda sur de la pedregosa colina de Dra Abu el Naga, una laberíntica necrópolis repleta de sorpresas en la orilla occidental de Luxor.

El huerto, emplazado en el patio al aire libre de un enterramiento horadado en la roca durante Reino Medio, tiene unas dimensiones de tres por dos metros y está dividido en pequeños cuadrados de 30 centímetros que debieron albergar diferentes tipos de plantas y flores. Además, en el centro de la estructura se han localizado dos puntos más elevados que, según los expertos, habrían albergado un pequeño árbol o arbusto. El lugar formaría parte del ritual funerario celebrado en honor al difunto el día de su entierro.

"En una de las esquinas se han encontrado las raíces y el tronco de un pequeño árbol con 4.000 años de antigüedad que se ha conservado erguido con una altura de 30 centímetros", ha detallado Mahmud Afifi, jefe del departamento de Antiguo Egipto del Ministerio de Antigüedades egipcio, en el comunicado publicado este miércoles anunciando este "hallazgo único". "Junto al árbol -agrega- se ha localizado un recipiente que contenía dátiles secos y otros frutos, que podrían haberse usado como ofrendas".

"Se trata de una estructura que se eleva muy poco, unos treinta centímetros en su parte más alta, teniendo su interior compartimentado en espacios cuadrangulares. En el interior de cada espacio, delimitado por adobe, sólo había una pequeña capa de limo, consecuencia de haber retenido agua", detalla el equipo en el diario de campaña en el que levantan acta de sus vicisitudes diarias.

Un tesoro que, en palabras de Galán, "ofrece la confirmación arqueológica de un aspecto de la cultural y la religión del antiguo Egipto que hasta ahora solo se conocía a través de la iconografía". "En los muros de algunas tumbas del Reino Medio, a la entrada del monumento funerario, se representaba un pequeño jardín en forma de cuadrado con un par de árboles a su lado. Probablemente tenía un significado simbólico y habría desempeñado alguna función en los ritos funerarios", desliza el director de uno de los principales proyectos de la Egiptología española.

"Si -recalca el diario de campaña- se acude a las representaciones de cómo eran las tumbas en la antigua Tebas, como por ejemplo en la magnífica tumba del visir Rekhmira, de época de Tutmosis III, puede observarse cómo a la entrada de la tumba se construía un pequeño huerto compartimentado en cuadrícula, con pequeños árboles plantados a los lados". Y añade: "Una vez más, nuestro yacimiento nos ofrece una nueva sorpresa, que nos permitirá realizar una aportación al conocimiento de la cultura y la sociedad del antiguo Egipto".

El legado botánico de los faraones no es el único y preciado objeto descubierto durante la última expedición. Alrededor del recinto usado como jardín simbólico, han aflorado piezas de cerámica muy finas como una pequeña fuente con opérculos -pieza redonda que, a modo de tapadera, sirve para cerrar ciertas aberturas- o el citado cuenco con cuatro dátiles y otros frutos aún por identificar. También ha aparecido una jarra de cerveza hecha añicos, ya restaurada por la misión del CSIC.

Cerca del acceso a una tumba de Reino Medio, el equipo ha desenterrado, además, una pequeña capilla de ladrillo. En su interior guardaban aún tres estelas de la dinastía XIII (alrededor del 1800 a.C.). Los dueños de dos de las lápidas son Renef-seneb y "el ciudadano Khemenit, hijo de la señora de la casa Idenu". La tercera, en cambio, solo menciona a los dioses Montu, Ptah, Sokar y Osiris.

"Estos descubrimientos subrayan la importancia de la zona central de Dra Abu el Naga como un lugar sagrado para la realización de una gran variedad de actividades de culto durante el Reino Medio", apunta Galán. "Nuestro yacimiento podría dar para trabajar en él otros quince años. No tiene fin", reconoció hace un año el investigador español. "Tiene un enorme potencial. Empezamos centrados en la excavación de la tumbas de Djehuty y Hery en 2001 pero es un laberinto que que se acrecienta porque en época grecorromana, en el siglo II a.C., se rompen los tabiques de separación entre las grandes tumbas de Djehuty y Hery; se conectan entre sí y se convierte el interior de la montaña en unas catacumbas donde enterrar momias de ibis y halcones".

Artículo: Francisco Carrión.

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