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19 de febrero de 2017

Cuando Egipto se convirtió en un imán exótico para los pioneros de la fotografía del siglo XIX


La invención de la fotografía, que suele datarse en 1826 con una imagen borrosa tomada desde el alfeizar de una ventana, y el rápido desarrollo técnico del medio motivó un renacer del orientalismo como marco exótico de diferencia y encanto. En 1850 ya circularon por Europa fotos del destino favorito de los aficionados a las fotos: Egipto, lejano pero no inaccesible.

La exposición In Egypt: Travellers and Photographers, 1850-1900 (En Egipto: viajeros y fotógrafos, 1850-1900) propone un recorrido por las imágenes tempranas tomadas en la segunda mitad del siglo XIX a raíz de aquel boom. La iniciativa reúne fondos de los principales museos de Holanda en el Huis Marseille de Ámsterdam, entre el 11 de marzo y el 4 de junio.

Desde las animadas calles y las monumentales mezquitas de El Cairo, hasta los impresionantes monumentos de la lejana Nubia, casi un siglo antes de que fueran evacuados por la UNESCO durante la construcción de la enorme presa de Asuán (1958-1970), los escenarios de Egipto actuaron como imanes para quienes estaban iniciándose en la fotografía. Pese a los engorros de trasladar equipos primitivos, pesados y no siempre fiables, las fotos del país árabe eran una sensación en todo el mundo.

En la muestra pueden verse las serenas primeras fotos tomadas por el francés Maxime Du Camp, que no tenía demasiada idea de técnica pero aprendió sobre la marcha mientras acompañaba el viaje orientalista del escritor Gustave Flaubert, y las de Jan Herman Insinger, que llegó, como él mismo dijo, a "la tierra de las cataratas del Nilo", en lo que hoy es el sur de Egipto y el norte de Sudán.

A lo largo de las cinco décadas finales del siglo, Egipto siguió ocupando "un lugar único en la historia de la fotografía", con una pléyade de protorrepoteros produciendo copias de los yacimientos arqueológicos, como los relieves de Tebas, Memphis y Karnak, que los europeos sólo habían visto mediante dibujos o pinturas, pero nunca con la precisión del nuevo medio.

La egiptomanía que se había adueñado de Europa tras la invasión militar de Napoleón al país africano en 1798, multiplicó su intensidad de la mano de los fotógrafos, entre ellos algunos muy dotados para la composición y el estilo, como el británico de origen italiano Antonio Beato, que merodeó por la zona durante años, acumulando panoramas de yacimientos como el templo de Luxor y los colosos de Memmom o vistas de la ciudadela de El Cairo.

El desarrollo de la egiptología como disciplina académica, el nacimiento del turismo y el desarrollo tecnológico de la fotografía se entrelazaron a medida que el siglo XIX llegaba a su fin. Los fotógrafos trabajaban de manera simultánea para los mercados de la egiptología y el turismo.

Los fotógrafos también ampliaron los temas y comenzaron a retratar a beduinos, escenas callejeras o, como en el caso del citado Jan Herman Insinger, cadáveres momificados que los arqueólogos le encargaban para tener constancia en papel de los hallazgos.

Artículo: José Ángel González.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Animales sagrados del Antiguo Egipto (Museo Egipcio de Barcelona). Del 22 de febrero al 30 de septiembre de 2017.