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8 de septiembre de 2016

Egipto, un invento griego


Sin los griegos, Egipto no habría tenido su trascendencia histórica ni su impacto. Casi todo lo que se conoce del antiguo país del Nilo llegó a través de los helenos, que visitaron, admiraron y llegaron a controlar el territorio, donde fundaron factorías e incluso ciudades. El propio nombre de Egipto es griego. Los nativos denominaban Kmet a su país, que significa La Tierra Negra, es decir, la que es fértil, frente al Dsrt, la Tierra Roja, el desierto, colores que aún hoy siguen en la bandera egipcia. La explicación: durante los años del Imperio Antiguo, el centro espiritual y político, la auténtica capital, se situó en un lugar conocido como Men Nefer, o Menfis, que significa Belleza Eterna o Permanente.

Allí se erigía el templo principal del Dios Ptah, considerado como uno de los creadores del mundo y patrón de los artesanos. En egipcio se le denominaba Hat Ka Ptah (literalmente, La Casa del Alma de Ptah), que los griegos tradujeron por Aekeptos, denominación que extendieron al resto del país y popularizaron los romanos.

No muy lejos se encuentran las pirámides, otro nombre griego, igual que la Esfinge, conocida así por los helenos por su parecido con los animales alados de su propia mitología, siendo la más famosa la que custodiaba la ciudad de Tebas. Las pirámides se llamaban “Horizonte”, por cuanto se tenían como instrumentos para la unión del faraón con las estrellas.

La denominación de los faraones también es a menudo griega. Los tres famosos reyes de Guiza, Keops, Kefren y Micerinos, se titulaban en realidad Jufu, Jef-re y Men-kau-re, siendo los dos últimos los primeros en introducir al Dios del Sol en su nombre propio. Men-kau-Re quiere decir “Eternos son los espíritus de la Luz Divina”.

Griego era también el nombre del Nilo, que los nativos denominaban Hapi, y el tardío Dios Serapis, una confluencia entre Zeus y Osiris que se promovió con éxito desde el poder tras la conquista de Alejandro Magno. Fue el momento de mayor influencia por cuanto supuso la llegada de una dinastía helena, que gobernó durante 300 años, desde el general Ptalmis hasta Cleopatra, su última representante, nombre por completo griego que significa La Gloria del Padre, soberana con corte y capital en Alejandría, fundada por el rey macedonio a orillas del Mediterráneo.

También es una palabra con origen extranjero obelisco, que significa “aguja”, que para los egipcios eran “tejen”, rayos de Amón-Ra.

En cambio “faraón” sí es egipcio, aunque sus reyes eran habitualmente reconocidos como “Hijos de Ra” o “Señores de las Dos Tierras” y también “El de la abeja y el junco”. “Faraón” viene de “Pher-Aa”, que se traduce como “Casa grande”, sinónimo de palacio. Parece que fueron los hebreos quienes comenzaron a utilizar la palabra para designar primero al lugar donde vivía el soberano y más tarde al propio monarca, ya a partir de la Dinastía XVIII, en el Imperio Nuevo.

Así que Keops ni se llamaba así ni fue “faraón” ni tampoco fue enterrado en una pirámide en Egipto. En realidad se trataba de Jufu, el Señor de las Dos Tierras, sepultado en el Horizonte de Ra en Kmet…

Artículo: José Teo de Andrés.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.