Novedades editoriales

18 de marzo de 2012

El Valle de los Reyes


Si hablamos de hallazgos sensacionales en arqueología, hablamos de Egipto. Allí se encuentra uno de los lugares más ricos desde el punto de vista de la investigación y de la arqueología actual, el Valle de los Reyes.

Normalmente, la gente tiene una idea equivocada de lo que fueron los antiguos egipcios. Se trata de una imagen preconcebida de su cultura, a partir de los restos arqueológicos que nos han llegado de ella.

Cuando entramos en un museo para visitar una colección de arte faraónico nos entran por los ojos sus ataúdes de madera, los vasos canopos en donde depositaban las vísceras de la momificación, las propias momias, los papiros con las fórmulas mágicas para que el difunto pudiera superar las trabas de su viaje al Más Allá, etcétera. Si visitamos Egipto, casi la totalidad de los lugares arqueológicos que vamos a ver serán tumbas, ya sean pirámides, mastabas o hipogeos (del griego hipo y geo, "debajo de la tierra"), y templos funerarios.

Todos ellos tienen un elemento en común. Son las partes de un todo relacionado con la muerte y la vida de ultratumba. Es cierto que conservamos numerosos objetos de la vida cotidiana, vasos, muebles, ropas, e incluso alimentos. Pero no es menos cierto que estos elementos proceden de las excavaciones realizadas en tumbas.

De esta manera, en el inconsciente colectivo permanece la idea de que los antiguos egipcios eran una especie de adoradores de la muerte, obsesionados por lo que había en el Más Allá. Y si a esto le sumamos el que el resto de su arte es religioso, con escenas protagonizadas por grotescas deidades con cabezas de animal, representando rituales de lo más insólito, la mezcla puede resultar explosiva. Normal que luego encontremos por ahí grupos de iluminados que tomando como le vienen en gana estos ingredientes saquen sus propias conclusiones y hagan propuestas a cada cual más disparatada, como, por ejemplo, hablar de la reencarnación, algo que pondría los pelos de punta a cualquier egipcio de hace 3.000 años.

Pero, curiosamente, la realidad es, de cabo a rabo, distinta. Los antiguos habitantes del Valle del Nilo amaban la vida como el que más. Las pruebas están ahí. El hecho de hacerse enterrar con todos esos objetos cotidianos no significa que les encantara la muerte. Todo lo contrario, amaban la vida y de ahí que quisieran prolongarla por toda la eternidad.

Ésta es la realidad y sé que, por mucho que los especialistas lo repitan, la gente seguirá pensando de manera un tanto frívola en la idea escatológica (en su sentido funerario) de los antiguos egipcios. Muchos continuarán haciendo bromas con las momias como si a eso se redujera la cultura faraónica y en el colectivo de nuestra cultura planeará esa idea absurda del apego a las tumbas y los sarcófagos.

Por otra parte también sé que es difícil entender lo contrario. La dificultad que plantea la comprensión de los textos funerarios egipcios es quizá la clave de todo ello. Para entender lo que viene a continuación de estas páginas hay que hacer cierto ejercicio de abstracción y no pensar como un hombre del siglo XXI, sino como un antiguo egipcio.




Artículo: Nacho Ares.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.